“La trata de esclavos” – Hugh Thomas

“The Slave Trade: The History of the Atlantic Slave Trade 1440–1870”

¡Ah, el liberalismo! La única ideología que no te ofrece tó gratis sino que te exige esfuerzo y trabajo, que te trata como un adulto capaz de tomar sus propias decisiones, que respeta tu autonomía y la del prójimo, la que no te engaña con florituras buenistas, la que te permite demostrarle al mundo todo lo que vales. La única ideología, por tanto, apta para ONVRES de verdad. Pero claro: ¿qué hacemos con los que valen menos? ¿O directamente no saben valerse? Pues muy sencillo: ya que solo los ONVRES pueden tomar decisiones libres, habrá que buscarles un ONVRE que les sirva de mentor, guía o tutor. Alguien que les enseñe virtudes, entre ellas la del trabajo, y así con el tiempo lograr ser ONVRES también. Claro que el tutor no lo va a hacer de gratis, ¡que aquí todos somos homo economicus! Lo mínimo es que el tutor se beneficie en parte del trabajo del infraser durante la tutela, puesto que le está enseñando y el tutelado está en deuda con él. ¿Y cómo determinamos hasta donde llega esta deuda moral? Pues como lo hacen los ONVRES: con dinero contante y sonante. De esta forma ganamos también en flexibilidad, pues cuando un tutor ya no puede o desea seguir la fructífera relación, puede transferirle a otro ONVRE la deuda moral del tutelado junto al propio tutelado, a cambio de un dinero. Claro, puede que al tutelado esto no le guste e intente escaquearse o escaparse. Algo que solo puede describirse como un robo al pobre tutor, que por lo tanto estaría autorizado a castigar o incentivar. Por ejemplo, mediante unos educativos latigazos. Que no debemos limitar para no coartar la libertad del tutor, pero tranquilos, el castigo nunca será excesivo, ¡si el tutor se pasa y lo mata perdería dinero! ¡Jajaja, no contabais con esta, buenistas!

No obstante, hay que reconocerles a los buenistas una crítica: el no del todo descartable incentivo perverso de que el tutor pueda impedir la emancipación del tutelado. Retrasar o directamente negar su evolución a ONVRE para aprovecharse más tiempo del trabajo del tutelado. Es preciso, pues, determinar exactamente quien no es lo bastante ONVRE. Dado que el campo de acción de los ONVRES es la guerra, está claro que quien pierde una guerra y acaba prisionero pierde la condición de ONVRE de por vida. Por supuesto, tampoco puede ser ONVRE quien no pague sus deudas. Incluso, quien paseando tranquilamente por su aldea en el alto Senegal no exprese con suficiente claridad y en castellano normativo su rechazo a la tutela al ver como de repente aparecen unos ONVRES con barras de metal y redes de pesca para llevárselo a la Academia de Enseñarle a Pescar (aquí las almas más sensibles podrían tener objeciones morales, de modo que en aras de un mayor consenso y sin que sirva de precedente vamos a dejar de lado la razón pura randyana y a meter un razonable seguro moral: a los seguidores de la Religión Verdadera no podremos tutelarlos de esta guisa; con los herejes, vía libre – ¡a condición de que los iniciemos en la Fe Pura!).

 

Eso sí, de las biblias que usen los esclavos purgaremos Gálatas 3:28 y la liberación de los judíos por Moisés, pero José como esclavo en Egipto y Efesios 6:5 lo ponemos en letra grande. ¡Que estos en cuanto les das la mano te toman el brazo!

 

En fin, la analogía podría llevarse mucho más allá, pero con esto de momento basta. El caso es que este libro va del libre comercio; desde luego el comercio más propio de ONVRES LIVRES que jamás hubo. Como no nos cansaremos de recordar. Si en nuestro discurso público está firmemente asentado que el comunismo lleva al gulag, no está de más recordar los gulags del capitalismo. O como dijo alguno: el fascismo solo es colonialismo aplicado a europeos.

Hugh Thomas ya se ha asomado por las páginas de LPD. Eximio hispanista, conoce (conocía, pues falleció en 2017) bastante bien la historia de nuestro país, así como nuestra lengua (no vean el gusto de leer correctamente todos los nombres y expresiones españoles en un libro en la lengua de Shakespeare), lo que le permitía documentarse bien. Cosa que al parecer le encantaba –es el primer libro suyo que leo-, porque aquí se ha cascado una obra enorme en la que parece querer dar cuenta de todos y cada uno de los barcos (citando a sus capitanes, dueños, tonelaje y número de cañones) implicados aunque solo sea de refilón en el Pasaje del Medio. El libro, además, está concentrado casi exclusivamente en el propio comercio; la esclavitud como institución, sus diferencias regionales, o la historia de estas partes del mundo solo salen en la medida en que afectan al comercio. Menos mal, está uno tentado de decir, porque nos habríamos ido a las 2000 páginas. Es tanto material que llega a apabullar, y constituye así un fortísimo alegato contra la esclavitud sin necesidad de convertirse en un panfleto contra “los malos”, simplemente soltándote más y más y más datos, detrás de cada uno de los cuales se oculta una enorme tragedia humana.

El comercio de marras comienza en 1440 con los viajes de los portugueses, bajando la costa de África en busca de la ruta de la India. Ya que están, entran en el interior del continente africano usando los grandes ríos (el Senegal, el Gambia, el Volta, el Níger, el Congo…). Al principio vienen como piratas, capturando algún que otro nativo al que se llevan a Europa, donde suelen acabar como sirvientes domésticos exóticos, muchas veces regalados de un potentado a otro. Pero pronto lo de capturar se les hace pesado, y empiezan a comprarlos. En el otro lado, encuentran vendedores entusiastas. Los cientos de pequeños reinos y ciudades-estado (sin unidad política, pero no tan atrasados como nos gusta creer; por ejemplo, estaban conectados a las rutas comerciales del mundo musulmán que llegaban hasta China) están continuamente en guerra entre ellos y esto genera abundantes prisioneros. También españoles e italianos intentan meter baza en el comercio con la costa africana, pero los portugueses defienden su monopolio con uñas, dientes y bulas papales.

Los esclavos negros (también había en la época esclavos “blancos” disponibles en África, estos eran árabes o bereberes, pero se consideraban peligrosos por musulmanes, y nadie quería usarlos) están presentes en las Américas casi desde el principio. Fernando el Católico ordenó de pasada llevar los primeros, pero la cosa no despegó a lo grande hasta que llegó su nieto en 1518 e inició una operación europea con el inconfundible sello “Marca España”: un emperador hispano-austriaco le regaló a un favorito –Lorenzo de Garrevod, “el segundo más avaricioso de todos los flamencos”- una licencia (anotando en ella que estaría exenta de impuestos) para llevar 4000 esclavos negros al Caribe. El agraciado, sin embargo, en lugar de emprender, simplemente vende la licencia a un castellano, Juan López de Recalde, a la sazón tesorero de la Casa de Contratación, que a su vez la revende a un consorcio de mercaderes genoveses asentados en Sevilla. Consorcio que a su vez subcontrataría la labor a unos portugueses, que eran al fin y al cabo los que controlaban la costa africana. Y así, a golpe de caprichos para favoritos, empezó la cosa. En 1541, por cierto, Carlos I mandó que cada esclavo debía recibir una hora diaria de instrucción cristiana, y no trabajar ni domingos ni festivos; una regulación admirable para la época (aunque luego, y esto es un clásico de cualquier norma para proteger a los esclavos, apenas se cumplió).

 

Sí bueno sabesss, ¿no?, que el Lorenzzzo no tenía todavía un retrato de Tiziano, y o sea no, eso no puede ser, ¿sabesss?

 

Ahora: habrán oído ustedes que en la España de la época hubo un gran debate sobre la moralidad de todo esto (que lo hubo, y es de agradecer y mencionar), que los Reyes Católicos prohibieron esclavizar a los nativos (cierto también… aunque con la provisión de “con los caníbales hacemos una excepción por su extraordinaria maldad”, ¡y no vean la cantidad de “caníbales” que de repente empezaron a encontrar los adelantados!), y que Bartolomé de las Casas propuso suplir el problema importando esclavos africanos (el hombre, todo sea dicho, se arrepintió en su lecho de muerte). Lo que no se dice tanto es para qué tanto esclavo africano, y aquí Thomas viene a esclarecer: resulta que los empresarios españoles desplazados al Caribe no lograban sacar mucho rendimiento de los nativos, que preferían tumbarse a morir antes sufrir aquello, pero veían que “un africano trabajaba por cuatro indios, no sufría las enfermedades, y estaba habituado al calor”. ¿Y en qué trabajaban? Pues en los hogares, en las minas, pero sobre todo en las plantaciones de azúcar, previamente ensayadas en Madeira o las Canarias, donde la caña –proveniente seguramente de Valencia, donde la habrían implantado los musulmanes- crecía de maravilla en el clima tropical.

 

Un dulce comienzo

El azúcar, esa commodity que ahora compramos a 0.78€ el kilo, fue una auténtica bomba en su momento, con toda Europa enganchada al polvo blanco. Incluso familias pobres estaban dispuestas a dejarse sobre un 6% de sus ingresos en su dosis. El azúcar fue una burbuja en permanente crecimiento que –quitando ajustes puntuales- fue sostenible durante tres siglos. Vayan haciéndose a la idea de que las burbujas inmobiliarias igual han venido para quedarse.

 

La Corona española, sin duda impresionada por la experiencia portuguesa, hizo una famosa concesión a los plantadores de azúcar del imperio al mandar que los molinos de azúcar no debían ser garantías para deudas o hipotecas impagadas. Este “privilegio de ingenios” duró cientos de años – casi tanto como el propio imperio.

 

El caso es que cuando despegan las plantaciones de caña de azúcar, la demanda de mano de obra también lo hace. Esta mano de obra está compuesta casi exclusivamente de hombres (la caña crece con facilidad, pero cortarla y molerla es trabajo bien duro), con lo que hay que reponerla con frecuencia. Con mucha frecuencia, de hecho: la vida media de un esclavo en una plantación era de entre ocho y doce años. La importación de mujeres está más asociada a las plantaciones de café y algodón, donde incluso mujeres embarazadas y niños podían participar en las cosechas, dado que el esfuerzo físico era bastante menor. Estas plantaciones se concentraron en el Caribe y la costa brasileña, donde sus descendientes hoy constituyen gran parte de la población, mientras que en otras zonas la esclavitud apenas ha dejado un legado demográfico.

Las plantaciones de monocultivo surgieron primero en el Brasil portugués a mediados del siglo XVI, y pronto suministraron la mayoría del azúcar a Europa. Cuando en 1580 Portugal se integra en esa peazo Unidad de Destino en lo Universal que comanda Felipe II, la cosa en principio sigue igual, pero con el paso del tiempo los portugueses se van a ver cada vez más desplazados y perjudicados. Portugal es arrastrado a las guerras contra los holandeses, que se ceban contraatacando intereses portugueses. La puntilla llega cuando el lobby sevillano convence a la Corona que lo mejor es que todos los barcos negreros para la América española pasen por Sevilla para pagar impuestos. El comercio portugués, cuya ventaja competitiva se basaba en cruzar directos desde África, quedó seriamente tocado. El resto de su ruina vino -vía Inquisición- con la eliminación física de muchos de los comerciantes claves, acusados de “marranos”.

 

Going Dutch

Hacia 1600 los holandeses ya entran en el comercio, que dominarán durante gran parte del siglo. Para entonces ya tenían invertido mucho capital en el azúcar de Brasil (y suministraban gran parte del equipamiento necesario), así que ampliar ese comercio para formar el triángulo vino natural (doblemente porque la mitad de lo que los portugueses vendían en África se lo habían comprado inicialmente a los holandeses, con lo que estos siempre podían ofrecerlo más barato), aunque su Compañía Holandesa de las Indias Occidentales inicialmente había desechado el comercio de esclavos como inmoral e inhumano. Pero mercaderes independientes sí entraron en el negocio. Con la reanudación de la guerra entre España y Holanda, la Compañía capturó algunas factorías africanas y en 1630 el norte de Brasil. ¿Y cómo iban a explotarlo sin esclavos? Pues eso: la Compañía revocó la prohibición y se tiró de cabeza al comercio, expulsando poco a poco a los portugueses, que empezaban a ver que su participación en ese fantástico imperio no rentaba tanto como les contaban. Los holandeses también empezaron a vender esclavos a las pequeñas colonias que otros países europeos empezaron a meter cual cuñas en las Américas: Martinica, Bermudas, o Virginia, donde lo que lo petaba era el tabaco. En principio estas colonias, sobre todo las inglesas, habían intentado funcionar con mano de obra blanca, exportando sus indeseables, pero pronto se pasaron al uso de esclavos, siguiendo el ejemplo español, donde la mentalidad del señorito era hegemónica:

 

Buenos Aires se presentó [en una carta el rey] como una nueva ciudad necesitada sobre todo de esclavos […] los habitantes creían “somos tan pobres que no podríamos sufrir mayor necesidad, y sirva como prueba que aramos y cavamos con nuestras propias manos… tal es la necesidad que sufren los colonos que sus mujeres e hijos tienen que traer el agua del río… mujeres españolas, nobles y de alta cuna, por su gran pobreza llevan el agua sobre sus hombros… como en la más pequeña villa de España.”

Lo que, por supuesto, creían necesitar eran esclavos africanos.

 

Sin embargo, otras potencias no se quedan atrás: franceses e ingleses ya empezaron a mandar barcos a África a lo largo del XVI, en principio solo para comercial con oro y pimienta. Como buena católica, Bloody Mary respetó las bulas papales concedidas a los portugueses, pero la Iglesia Anglicana ya no tuvo ese impedimento. En 1562, John Hawkins realizó el primer comercio, con el apoyo de la reina Isabel (que se lavó las manos expresando la piadosa esperanza de que “los esclavos no fuesen llevados sin su consentimiento, algo que sería detestable e invocaría la venganza del cielo sobre quieres lo hicieran”). Hawkins embarcó 300 esclavos, “en parte por la espada y en parte por otros medios” (en realidad la mayoría se los robó a unos comerciantes portugueses), y navegó a La Española, donde atracó con el pretexto de tener que realizar reparaciones… que solo podía pagar vendiendo esclavos. La venta de los susodichos produjo, vaya por donde, cierta plusvalía en forma de azúcar y otras mercancías con las que volvió a Europa, donde sus amigos de la City “hicieron buen beneficio”.

 

Hawkins llegó a Secretario de la Royal Navy y fue hecho caballero. Su insignia: una mujer africana encadenada.

 

Los ingleses tomarían el relevo a los holandeses a finales del siglo, con empresas modernas como la Royal African Company donde metía pasta todo el mundo, incluyendo a varios miembros de la familia real, Lord Shaftesbury (a quien debemos el habeas corpus) y al gran filósofo de la libertad John Locke.

 

La conversión del Caribe en el archipiélago azucarero que fue durante más de 200 años fue una empresa mayormente francesa e inglesa; pero al principio estuvo inspirada en ideas holandesas llegadas de Brasil, y movida por esclavos proporcionados por comerciantes holandeses.

 

Estos son los años del mercantilismo à la Colbert, y todos los países intentan montarse su pequeño emporio azucarero autosuficiente con empresas estatales. Portugal, aún el más grande, se traía esclavos desde Angola a Brasil. España, cuyos esclavistas tenían predilección “por los esclavos más negros posibles con pelo corto y rizado”, importaba desde Guinea mediante el monopolio del Asiento de Negros para sus plantaciones, sobre todo en Cuba y Venezuela. La separación de Portugal (un informe de 1640 estimaba en unos 330.000 los esclavos en las colonias) paró durante varios años el comercio, hasta que las autoridades decidieron que el negocio era más importante que la Fe Verdadera: en 1680 el Asiento se lo llevó un hereje (por otra parte los herejes llevaban tanto de contrabando que en Buenos Aires los consideraban más fiables que al comercio oficial del Asiento). Francia por su parte tenía Martinica y Guadalupe, Inglaterra explotaba Jamaica. Un poco por debajo estaba Holanda con su colonia de las Antillas Holandesas; también Dinamarca jugaba a las colonias y los monopolios, e incluso los escoceses mostraban presencia. Todos ellos con sus estaciones comerciales en África para traerse la mano de obra. Incluso, snif, nuestros admirados brandemburgueses se asomaron brevemente al infame combo azúcar + esclavos (lo dejaron al cabo de poco tiempo e incluso se redimieron un poquito, bajo el patrocinio del Viejo Fritz, desarrollando un método para obtener azúcar de la remolacha que crecía en Silesia, que un siglo más tarde contribuiría a hacer obsoletas las plantaciones).

Por esta época el comercio de esclavos americano seguramente aún era menor que el trans-sahariano, igual de inhumano, aunque una vez vendidos los esclavos vivían un poco mejor que sus equivalentes en las plantaciones. No obstante, la existencia de grandes imperios esclavistas en el interior de África proporcionaba un mercado a las monarquías costeras que comerciaban con los europeos. Muchos esclavos eran prisioneros de guerra, otros condenados por crímenes, otros eran vendidos por sus propios padres por pobreza, y otros simplemente eran producto de secuestros. Una reina adúltera fue vendida por su marido… y azotada cuando se negó a trabajar.

 

El apogeo

En 1713, con el Tratado de Utrecht, Gran Bretaña se hace oficialmente con el Asiento. La noticia fue recibida con procesiones de antorchas en la City. El gobierno lo privatiza vendiéndoselo a la nueva Compañía del Mar del Sur (cuyos accionistas incluyen a la Reina Ana, medio parlamento, Daniel Defoe, Isaac Newton, y a Felipe V de España, que se lleva un 28% de las acciones, compradas además con un préstamo de la propia Compañía). Con la introducción de plantaciones en Jamaica, Haití y las Trece Colonias, amén de nuevos monocultivos como arroz, tabaco, algodón, cacao o café, el tráfico explotó. Manchester, Liverpool y Bristol se hicieron de oro. En la década de 1730, barcos británicos transportaron 170.000 esclavos en total, cuatro veces más que en la década anterior. Un tercio seguían yendo a territorio español. El dominio británico es tan grande que España ni se plantea revocar el Asiento, pese a que ambos países libran tres guerras entre 1713 y 1750. En ese año los españoles -¡al fin!- le retiran el Asiento a la Compañía, y en 1753 jubilan el Tratado de Tordesillas y empiezan a comerciar directamente con África, saltándose a los portugueses. Aun así, no pierden “su fe en las propiedades cuasi mágicas del Asiento”, creando a tal efecto una compañía propia, la Compañía Gaditana de Negros, fundada por inversores vascos. En 1777 empiezan a conquistar la futura Guinea Ecuatorial para tener una base africana para su comercio.

 

Encuentro de dos ex militares españoles. Uno limpió escaleras en la Capitanía General valenciana de Milans del Bosch, el otro se graduó como alférez en la Academia General de Zaragoza. Realizan el saludo secreto con el que intercambiar esclavos y doblones.

 

En la Guerra de los Siete Años, los británicos amplían si cabe aún más su negocio, quitándole Senegal y Gambia a los franceses (aun así los franceses transportarán casi 270.000 esclavos en la década de 1780, 100.000 a Santo Domingo.) También capturan Cuba, que aún no producía tanto azúcar (los españoles ricos podían comprarlo fuera, y los españoles pobres, “les nègres de l’Europe” en palabras de un francés, no importaban), y ponen las primeras piedras para la futura expansión, aunque luego tengan que devolver la isla. Los únicos que se libran de la plaga albiona son los portugueses, que siguen a lo suyo con Angola y Brasil. El triunfo británico los es también de sus colonias en Norteamérica: Virginia, las Carolina y Georgia van a introducir plantaciones de monocultivo, mientras que en Nueva Inglaterra despegan el comercio, la actividad naviera y la industria. Cuando las Trece Colonias se rebelan y proclaman su independencia (denunciando, sin ninguna ironía, que Gran Bretaña los trataba “como a esclavos”), el comercio se reduce bastante, pero pronto se recupera. En la década de 1780, en el pico del comercio, un total de 750.000 esclavos cruzarán el océano.

 

El funcionamiento

Thomas también dedica un capítulo a describir como era un viaje típico en el siglo XVIII: un horror, un infierno en la tierra, y una lotería de muerte. Si se siguió haciendo durante siglos fue porque también era un negocio fabuloso. En el principio, un grupo de inversores se juntaban y ponían el capital, con el que se compraba un barco entero. La mayoría de barcos estaban para el desguace tras hacer este viaje tres o cuatro veces, pero el negocio era tan lucrativo que con un solo viaje compensaba. Se contrataba a un capitán y a una tripulación de unas 30 personas, se les pagaba medio salario por adelantado, se compraba un seguro que costaba de media un 7-8% del precio del barco, y se zarpaba rumbo a algún puerto africano determinado de antemano. Allí, en factorías gobernadas por europeos, o en puertos nativos con intermediarios (sobre todo mulatos afroportugueses), los esclavos ya aguardaban hacinados en barracones. Estos se intercambiaban por las mercancías traídas desde Europa, como metales, textiles o alcohol, pero sobre todo armas. La decisión sobre cuantos esclavos llevar dependía en última instancia del capitán, que tenía que medir cuidadosamente los víveres necesarios. Cuantos más esclavos en un viaje, más beneficio, pero también mayor peligro de que se acabaran los víveres o enfermaran. La regla era llevar un esclavo por cada tonelada y media de peso del barco, unos 150-200, aunque llegó a haber barcos con más de 1200 esclavos en el siglo XIX. Un “cirujano” debía ir a bordo, para prevenir enfermedades y examinar a los esclavos durante la compra.

Con la bodega llena, el barco zarpaba e intentaba llegar a altamar lo antes posible. Esto se hacía para prevenir una revuelta de los esclavos, que con la costa a la vista podían pensar que esta era su última oportunidad. Una vez en mitad del mar (que muchos de los cautivos provenientes del interior no habían visto nunca), la mayoría caía en la apatía. La mayor parte del tiempo permanecían encadenados y hacinados en las bodegas, donde la pestilencia y la suciedad eran atroces. Para que no enfermaran, se los subía a todos a cubierta por turnos al menos una vez al día, para que se movieran, comieran e hicieran sus necesidades. Algunas tripulaciones les animaban a bailar y todo. Cuando el pasaje incluía mujeres, se abusaba de ellas a placer, pero se les permitía estar sin encadenar, así como a los niños. Si algún esclavo intentaba suicidarse rechazando comer, se le rompían los dientes y se le metía un tubo para alimentarle. Para incentivar la supervivencia del mayor número posible, las compañías solían pagar al capitán una prima de entre un 1 y un 3%, amén de los “esclavos de privilegio”: por cada 100 esclavos vivos, podía vender dos propios, que debía marcar previamente a fuego con su propia marca en presencia de sus oficiales. Todos los esclavos comprados eran marcados en el pecho, brazo u hombro, bien con la marca de la compañía, bien las armas reales (por alguna concesión), bien el puerto de destino. Algunas aduanas añadían una marca propia. Y a veces, un posterior bautismo implicaba que te quemaban una cruz latina encima de la marca anterior.

La duración de la travesía entre África y América, el “pasaje del medio”, era la que determinaba si el viaje era un éxito o un fracaso. Con buen viento podía durar entre uno y dos meses, más normal eran tres. Pero algunos barcos tardaron casi doscientos días. Pocos esclavos sobrevivían en este caso. La mortandad media de los esclavos era de un 15% (a sumar al 20% aproximado que morían en África entre la captura y la venta en el puerto, así que por cada dos esclavos que llegaban a una plantación, un tercero había muerto). Curiosamente, la mortalidad de la tripulación era mayor, entre un 18% y un 20%, ya que para esta el viaje duraba el triple. Muchos dormían al raso en cubierta, no tenían suficiente comida, y eran golpeados brutalmente por los oficiales. En uno de cada diez viajes, moría incluso el capitán.

 

“Si quieres aprender a orar, entra en la mar”

 

Para la llegada, cada puerto de las Américas tenía su propio procedimiento, que Thomas nos detalla puerto por puerto. En general, había una inspección lo antes posible por funcionarios de aduanas, por razones fiscales y para detectar enfermedades. Luego los esclavos pasaban por un campamento de recuperación donde los limpiaban, alimentaban, maquillaban, y en general hacían “apetecibles” para la venta, de la que solían encargarse un bróker local a cambio de un 2%. El pago solía ser a crédito o en especie, salvo en las colonias españolas donde casi siempre era en plata, por lo que casi todos intentaban vender allí. Tras esto ya se pagaban los impuestos (y los sobornos). Con los beneficios se compraba azúcar, tabaco o café, y el barco partía de vuelta a Europa. En total el viaje cubría 12.000 millas y duraba más de un año. Y todo esto, ¿para qué? Pues para lograr un importante beneficio, que de media rondaba el 35-40% del capital puesto, con el ocasional viaje afortunado (comprar barato, vender caro, y tener buenos vientos) que podía dar beneficios del 100% e incluso superior. Invirtiendo en dos o tres viajes se podían hacer fortunas inmensas. Numerosos edificios representativos en Nantes, Bristol o Barcelona dan fe de ello. No extraña que una y otra vez los europeos con posibles, en cuanto reunían cuatro duros, los invirtiesen en un barco negrero.

 

Los teóricos

En todo este tiempo, por supuesto, los intelectuales le daban un poco al tarro analizando la trata. Algo que venía de lejos: ya Aristóteles (defensor de la institución, y principal autoridad para justificarla en el siglo XVI) hablaba de la existencia de algunos “que argumentan que el dominio de un amo sobre esclavos es contrario a la naturaleza, y que la distinción entre amo y esclavo solo existe en las leyes… y siendo una interferencia en la naturaleza es injusta”. Vamos, que eso de “antes todos aceptaban la esclavitud” hay que cogerlo con pinzas. Sí, la mayoría lo aceptaba, pero siempre hubo gente que lo denunció. Incluyendo al liberalísimo Adam Smith, que rompe una lanza a favor del trabajador libre y en contra de la esclavitud porque “los trabajadores libres producen más”; es decir, es contrario a la esclavitud… por un tema de eficacia económica, no porque le parezca una salvajada (en su defensa, puede que simplemente estuviese usando argumentos que un hacendado pudiese entender, ya que lo de la empatía humana como que no).

Dentro de la propia Iglesia, y con el ambiguo silencio de Jesucristo al respecto, había para todos los gustos: el sínodo de Gangra condenó a aquellos que bajo pretexto de la religión enseñasen a los esclavos a rebelarse contra sus amos, aunque posteriormente la Iglesia sí buscó el fin de la institución (apelando a una “cadena de solidaridad” entre amos y esclavos, claro, nada de excomulgar a los dueños). Con el fin del imperio, decae también la esclavitud en Europa, gracias a -por una vez y sin que sirva de precedente- la mano invisible (como la economía se vuelve agraria, no tiene sentido tener esclavos a los que alimentar durante todo el año pero que solo son necesarios unos meses). Sin embargo, persiste residualmente bajo otros nombres, y en el área mediterránea por la influencia del mundo islámico, donde son omnipresentes y la economía se basa en ellos. Las Siete Partidas de Alfonso X se refieren a los esclavos como “siervos”, y marcan –con muchas enmiendas y al menos sobre el papel- la esclavitud en la américa española hasta prácticamente el siglo XIX: derecho del amo sobre el esclavo para fazer del lo que quisiere, aunque mantiene ciertos derechos. Y prohibición a no cristianos de tener esclavos cristianos. En general, Thomas les reconoce a los teólogos y juristas católicos una importante labor intelectual en favor de la abolición, no reconocida lo suficiente porque cayó en saco roto, pero queden aquí sus nombres: Domingo de Soto, Tomás de Mercado, Alonso de Montúfar, Bartolomé de Albornoz, Isidoro de Antillón, Pedro Brandão o Fernão de Oliveira.

 

Estos dispares desafíos a la antigua institución cayeron en oídos sordos. España, y Portugal con ella, estaba entrando un periodo intelectualmente muerto [el siglo XVII]. Se asumía que el statu quo debía ser mantenido. La era de los aventureros había pasado, y la de la filantropía aún no había llegado. El libro de Albornoz fue condenado por la Inquisición por indebidamente molesto. De todas formas, lo escrito en un monasterio dominico no iba a ser leído por mercaderes en el muelle.

[…]

La única consecuencia tangible de estas discusiones fue la decisión de Felipe III de insistir en que todos los barcos negreros debían llevar también sacerdotes.

Pese a este desprecio oficial de las críticas a la trata de negros, es difícil no sentir que había, en 1600, suficientes voces críticas para acabar con el comercio en el transcurso de una generación, si no hubiesen entrado en el negocio los protestantes del norte de Europa.

 

Abolición

Teóricos abolicionistas los hubo en todos los países implicados, claro, pero finalmente los que triunfaron fueron los británicos. ¿Por qué ellos? Thomas lo atribuye a la existencia de una fuerte sociedad civil con una larga tradición de reformismo gradual, la clase de cosa que el extremo centro gusta de poner como ejemplo a las izquierdas “malas”, ya saben, las que optan por ser un poco disruptivas (que el extremo centro hubiese sido esclavista a tope ni cotiza). En cualquier caso, les debemos mucho, y también se merecen ser nombrados: Aphra Behn, William Edmundson, John Woolman, Sir William Blackstone, toda la comunidad de los cuáqueros, Anthony Benezet, y el político que finalmente lo hizo real: William Wilberforce.

Como buenos gradualistas, sabían que un asalto frontal de abolición-total-libertad-inmediata habría fracasado, tan metida estaba la esclavitud en la economía atlántica, y blindada por un montón de argumentos cuñados: que si “son salvajes y los estamos civilizando”, “el esclavo está mejor en la plantación en América que libre en África”, “aquí al menos es bautizado y recibe instrucción cristiana”, “si no compramos los prisioneros de las guerras entre africanos, ¡los matarían ahí mismo!”, “si no los explotamos nosotros lo harán los sucios españoles/portugueses/franceses”, “hoyga que yo he pagao por mis esclavos y a mi quien me compensaría”, “vale, pero lo único que saben es trabajar en las plantaciones bajo dirección de los blancos, ¿de qué les serviría emanciparse? ¡se morirían de hambre!” De modo que eligieron el punto más débil y atacaron solo ahí. Y el punto más débil del esclavismo era el comercio, porque nadie podía defender como ético o sensato el ir a África, secuestrar a gente que vivía tranquila en su aldea, llevarlos encadenados hasta la costa y hacinarlos como ganado en un barco para acabar vendiéndolos, matando a uno de cada tres en el proceso. Al menos, no sin sonar como un sociópata. Especialmente el hacinamiento inhumano del pasaje se usó para remover conciencias.

 

Esquema de un barco esclavista mostrado en la Cámara de los Comunes durante el debate de abolición; al parecer, esto les tocó la patata a suficientes diputados para decantar el voto.

 

Fruto de este esfuerzo (y de 40 años de activismo; la paciencia, esa virtud tan inglesa), y tras varios fracasos en Westminster, se aprobó el Acta del Comercio de Esclavos en 1807. Retrasada primero por las Guerras Napoleónicas, y facilitada después por los 100 nuevos diputados irlandeses que entraron en 1800, contó para su aplicación con la enorme ventaja de que la Royal Navy controlaba los océanos y que casi todos los países de Europa necesitaban la ayuda británica contra Napoleón y estaban dispuestos a concederles a los locos buenistas esos lo de la abolición del comercio. Ídem las nuevas naciones independientes de América Latina, casi todas las cuales abolieron el comercio y posteriormente la esclavitud junto a los británicos en las décadas de 1820-1830.

¿Todas?

No: una última nación hispanoamericana (no hace falta que digan nada en los comentarios que ya lo hacemos nosotros: LPD odia a España porque Brasil también y los gringos ni te cuento) mantuvo la esclavitud durante varias décadas más. Un caso especial que ocupa casi todo el final del libro, y al que dedicaremos un apartado especial.

 

El caso de Cuba

Hasta principios del siglo XVIII, la economía cubana tocaba todos los palos, café sobre todo, pero a raíz de unos huracanes que arrasaron las plantaciones Cuba se pasó con armas y bagajes al azúcar. Como en la cosecha de café también podían trabajar mujeres y niños, los criollos cubanos ya tenían una casta esclava que se reproducía en gran medida sola, aunque luego a lo largo del siglo la complementaran con ingentes importaciones de hombres para el boom del azúcar. Hacia 1820, la economía cubana dependía hasta tal nivel de los esclavos que cuando estallaron las guerras de independencia hispanoamericanas con apoyo británico, Cuba se palpó la cartera pensando que subirse a ese carro implicaba estar a merced de los locos buenistas esos de Londres, y prefirió quedarse con España para asegurarse el suministro de esclavos.

Sin embargo, Gran Bretaña presionó directamente a España para prohibir el comercio. ¿Qué hacer? Pues un apaño Marca España Pata Negra Premium Deluxe que no sé a qué espera el Ministerio de Educación para meterlo en un libro sobre emprendimiento y public-private partnership para alumnos de secundaria. La cosa va así: España firma el tratado con Gran Bretaña y prohíbe el comercio (a cambio de 400.000 libras esterlinas que suponemos van directas al bolsillo de Fernando VII), pero los Capitanes Generales de Cuba hacen la vista gorda y no aplican las leyes. Las principales familias cubanas, casi todas con fortunas basadas en plantaciones, reciben títulos nobiliarios y el aseguramiento de que tranquilos, nadie os va a tocar mientras os quedéis en España. Paradigma de esto será Juan de Zulueta, marqués de Álava por la gracia de Alfonso XII (como extremocentrista “moderno pero tradicional”, Zulueta vacunaba y bautizaba a sus esclavos antes de embarcarlos). La isla de Cuba recibe el título de Siempre Fiel. Las patrullas de la Royal Navy en el Atlántico se evitan mediante una hábil regulación a la carta: resulta que lo único ilegal es llevar esclavos, si un barco de 35 tripulantes lleva comida para 400, agua para 400, juegos de esposas y cadenas para 400, y espacio para 400 personas bien apretaditas, los británicos no pueden hacer nada, ¿o es que ahora es ilegal ir por el mar con tu barco vacío; ni poseer cadenas te dejan ya? Y si están a punto de pillarte, pues nada: tiras los esclavos por la borda uno a uno, y los buenistas-que-en-realidad-nos-odian se quedarán a salvarlos. Y si te pillan con todo el carrito de los helados, como con la goleta Minerva en 1826, perseguida hasta el interior del puerto de la Habana con su buena carga de esclavos, pues el Capitán General Francisco Dionisio Vives (del que se decía en Cuba: “si vives como Vives, vivirás”) les decía a los británicos que él solo perseguía el comercio en alta mar, como decía el tratado, y que en el puerto de la Habana no se podían apresar barcos por ello.

 

…la actitud británica sobre el comercio era considerada absurda o maquiavélica. Henry Kilbee escribió en 1825: “es creencia universal [en España] que la abolición es una medida que Gran Bretaña, bajo el manto de la filantropía, pero en realidad por envidia a la prosperidad de esta isla, ha forzado sobre España por amenazas u otros medios” […]

[el agente secreto del Capitán General] José Ruiz de Apodaca (cuyo odio a los ingleses venía de haber sido capturado en Trafalgar), fue a Jamaica y “confirmó” que Gran Bretaña estaba entrenado a sacerdotes metodistas para destruir Cuba inspirando una rebelión de esclavos. Dos negreros, Joaquín Gómez y Francisco Martí y Torres, se convirtieron en los mejores amigos del Capitán General Tacón, al segundo de ellos le otorgó la venta de emancipados, y con sus amigos desarrolló una versión cubana del Almas Muertas de Gogol: cuando un esclavo moría (y un 10% lo hacía cada año) se le daba su nombre y lugar a un emancipado, cuyo precio en 1836 era de un tercio del de un esclavo. En estos años, los gobernadores de las colonias británicas imploraban a Cuba que les mandaran emancipados, pero Tacón encontró un uso mejor para ellos. Cuando volvió a la Península, los mercaderes de la Habana le obsequiaron con un sirviente negro de dos metros diez de altura en señal de gratitud. […]

Para los amos de Cuba la era entre 1820 y 1865 renovó “la magia de la edad de oro”[…]

Comerciantes británicos reportaban que el Capitán General ahora recibía 16$ por cada esclavo llevado a tierra, el comandante de la fuerza naval 4, el colector de aduanas 7, y oficiales inferiores sumas menores. Por esta época un esclavo costaba más de 300$.

Gran Bretaña estaba determinada a mantener presión sobre España. En 1840 demandó un censo de todos los esclavos en Cuba: todos los esclavos introducidos después de 1820 debían ser confiscados. El gobierno español rechazó el esquema […] Pasó a la ofensiva intelectual: ¿acaso no todas las naciones blancas habían tenido esclavos? Y –primer uso de un argumento que pronto iba a ser repetido continuamente- ¿acaso la situación en las colonias españolas [respecto al tratamiento de esclavos] no había sido siempre mejor que en otras? El incremento de esclavos en Cuba, el gobierno añadió falsamente, se debía al matrimonio y reproducción de los esclavos […]

… el Papa Gregorio XVI entró en la controversia sobre la esclavitud cuando emitió una bula el 3/12/1838 que con un lenguaje puramente abolicionista prohibía el comercio de esclavos a los cristianos. La bula denunciaba que los mercadores trataban a los esclavos “como si fuesen auténticos e impuros animales”, y les acusaba de fomentar guerras para que hubiese esclavos a la venta. Los traficantes sufrirían excomunión. La bula apareció en la Gaceta de Madrid en 1840; el cónsul británico pidió que se publicase en Cuba. El Capitán General, el Príncipe de Anglona, se negó: acciones remarcables tanto para un cónsul inglés como para un representante de su Católica Majestad.

 

Más allá de este feliz matrimonio entre el libre comercio y la Marca España, hay razones más mundanas para que este apaño se mantenga: el estado español de principios de siglo depende de los ingresos tributarios que le llegan de Cuba, y los sucesivos gobiernos liberales son tan débiles que ni se les ocurre intervenir para mejorar la vida de los esclavos, por temor a que los criollos cubanos se independicen o se unan a los Estados Unidos, donde les hacen ojitos desde el Sur esclavista. A propósito de Estados Unidos, allí el comercio internacional fue prohibido casi al mismo tiempo que en Gran Bretaña, pero no así la esclavitud en si ni el comercio intra-estados. Y por supuesto los astilleros, suministradores, empresas aseguradoras e incluso los comerciantes de Estados Unidos, Gran Bretaña o Francia siguieron comerciando, muchas veces bajo falsa bandera.

 

Había ahora casi 2.500.000 esclavos en Estados Unidos, vistos por James Henry Hammond, de Carolina del Sur, como “la más grande de todas las grandes bendiciones que la divina Providencia ha otorgado a nuestra gloriosa región”; su colega, “Waddy” Thompson, llegó a insistir que la esclavitud era “esencial para el mantenimiento de la libertad humana”, mientras William Cost Johnson, de Maryland, creía que era una bendición para los africanos estar en esclavitud. Los abolicionistas, incluso en el norte, aún eran una minoría; en el mismo Boston, un destacado enemigo de la esclavitud, William Lloyd Garrison, había sido recientemente paseado atado por las calles en burla de sus ideales.

 

Finalmente, los británicos decidieron actuar sobre la oferta. La práctica habitual era que el barco negrero llegara a un puerto africano donde los comerciantes locales ya tenían reunidos a centenares de prisioneros, y en apenas un día se realizasen compra, embarque y aprovisionamiento. Esto minimizaba gastos y evitaba que los barcos, como en siglos anteriores, tuviesen que ir de puerto en puerto comprando pequeños contingentes, teniendo a veces que zarpar sin rellenar todo el espacio para aprovechar los vientos. Ahora, la Royal Navy visitaba regularmente todos los puertos y quemaba los barracones de esclavos (con consentimiento del rey local si era posible, y si no pues por las malas).

 

Estas acciones causaron un shock en La Habana. Los negreros le parecieron al cónsul “paralizados por un tiempo… vinieron a mi expresando gran remordimiento y arrepentimiento por haberse dedicado a tal comercio, y esperaban que siguiendo vías legales de tráfico se pudiese hacer mucho bien.”

 

Y una última cita me van a permitir:

 

En España, las inversiones de estos emprendedores cubanos eran tan sustanciales que el sistema bancario del país era realmente creación suya. No había mala conciencia sobre estas inversiones en empresas españolas, no más de las habidas en Gran Bretaña o Estados Unidos medio siglo antes. El embajador británico en Madrid en 1836, George Villiers, le escribió a su hermano: “todos los españoles que no son absolutamente indiferentes a la abolición le son totalmente adversos. Nosotros creemos que una apelación a la común humanidad debería bastar, pero no entienden esa palabra… Cuba es la alegría y el orgullo y la esperanza de España, el lugar del que viene el beneficio, y a donde va todo español arruinado para robar ad libitum.”

 

Hacia 1860 Cuba produce una cuarta parte del azúcar mundial, y abastece la quinta parte del consumo británico (donde estallan importantes peleas sobre si es ético luchar contra la venta de esclavos si al mismo tiempo compras productos fabricados por esclavos). La isla es una fuente de riqueza, y el gobierno español hace unos malabares diplomáticos impresionantes entre los británicos, los estadounidenses y los criollos para que todo siga igual, y que genuinamente admiraríamos si no hubiesen sido al servicio de algo tan deleznable como la esclavitud. Pero el mundo cambia: en Estados Unidos estalla la Guerra de Secesión, con el resultado de la abolición de la esclavitud, y en Brasil se ponen a limitar el comercio en serio, no tanto por filantropía como para evitar una “africanización” de Brasil (la mitad de la población de Rio de Janeiro es esclava, unos 6 millones viven en todo el país) y por las cada vez más frecuentes revueltas. Políticos como Emilio Castelar y Laureano Figuerola empiezan a hablar en las Cortes sobre la necesidad de repensar la “peculiar institución” en Cuba, y se funda una asociación a tal efecto. En 1866 Cánovas propone una ley que prohíbe el comercio (e introduce por primera vez algo tan elemental como censar a todos los esclavos), en enero de 1870 se produce la última llegada verificada de esclavos, y en 1873 la Primera República Española al fin comienza a tramitar una ley para la abolición de la esclavitud en Cuba y Puerto Rico.

 

Caricatura de 1873 sobre la independencia de Cuba. Solo viendo la bandera está claro que algún espadón iba a estar triggered.

 

La ley emancipadora corre la misma suerte que la propia república, y es aplastada por un golpe militar, inaugurando una firme tradición nacional. No obstante, en Cuba hay una insurrección que el régimen de la Primera Restauración solo logra finiquitar mediante un tratado que otorga la libertad a los rebeldes. No hay que ser un lince para ver la contradicción entre liberar esclavos insurrectos y mantener sometidos a los leales, y finalmente en 1886 España abole por completo la esclavitud, batiendo por apenas dos años a Brasil.

 

Valoración

Hace poco, a raíz de la retirada de la estatua de un negrero, han surgido los clásicos, “no hay pruebas”, “todos lo hacían, era legal”, o mi favorito, “no podemos juzgar con criterios de hoy lo que pasaba hace 200 años”. A ver: pruebas difícilmente habrá porque tras 1830 lo hacían a escondidas; traficar con esclavos ya era una barbaridad incluso con criterios de 1830 en todos los entornos medianamente ilustrados y civilizados; y no, el tráfico ya no era legal, pero los cubanos se lo saltaron durante décadas con la vista gorda de las autoridades españolas porque a ver que se han creído los buenistas flipados estos de los británicos, que lo único que quieren es hundirnos con la escusa de la bondad, serán mala gente, si es que son peores que el que se lleva a rastras a un esclavo de su pueblo, que al menos así lo bautizan y no va al infierno.

El libro, sinceramente, es estupendo. Aprovechen que está barato y cómprenselo. Exhaustivo hasta el punto de apabullar (Thomas parece querer nombrar con nombre y apellido a todos los implicados), ni siquiera se tiene que cebar en los horrores propiamente dichos: la exploración de tantos y tantos detalles le da al libro un toque tan vívido y real que te lo puedes imaginar perfectamente. La esclavitud, concluye Thomas, no se abolió por razones económicas, sino por el esfuerzo de individuos concretos, casi todos europeos: los esclavos son casi siempre protagonistas silentes. Porque tras la esclavitud no hay solo razones económicas: esto también va de poder, y del sitio de cada uno en jerarquías que algunos quisieran “naturales”. Y esa mentalidad no murió con el comercio.


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  1. Comentario de Y (05/04/2020 19:26):

    Magnifico texto, gracias

  2. Comentario de parapartycium (08/04/2020 08:37):

    una maravilla como siempre Carlos, muchas gracias por lo artículos!,
    Mucho mejor estos libros que las reseñas de las series de tve :)

  3. Comentario de Latro (08/04/2020 10:18):

    El único sitio donde los esclavos no terminaron por ser “protagonistas silentes” (tampoco es que lo fuesen de verdad, pero en 99% de los casos nunca lograron nada mas allá de, por ejemplo, darse a la fuga y fundar quilombos, o pequeñas revueltas aplastadas fácilmente), fue Haití. Y es muy interesante el caso, porque todo el rollo de la independencia de Haití es un juego a cuatro bandas entre Francia, los blancos criollos en Haití, los esclavos… y los “negros libres”, que podian llegar a ser hasta mas ricos que los blancos, y que estaban muy por la labor de que la Revolución y todo eso les trajese la igualdad jurídica y de estatus… a ellos. A los esclavos es que hmmm… como te cuento, seremos negros pero el dinero sale de donde sale.

    Tanto así que inclusive con la guerra ya en pie y con claros movimientos de si, que queremos liberar a los esclavos… igual capaz teneis que seguir cosechando azúcar a toda hostia como siempre que sin azúcar a mi no me venden armas.

    De hecho, y en una de esas trágicas muestras de la interacción de la economía con todo lo demás, la reforma de Petión dándole tierras a los ex-esclavos le valió el cariño de la gente… y que la economía se fuese a la mierda, porque claro, con tierra el ex-esclavo lo que quiere es cultivar su comida y que le dejen en paz, asi que adios producción de azúcar. Lo cual en principio no es nada de lo que lamentarse, pero luego claro, lo dicho, no es fácil inventarse un país y unas instituciones partiendo de una masa de gente que ha sido traumatizada y marginada… sin pasta.

  4. Comentario de emigrante (08/04/2020 14:52):

    Muy interesante, me uno a los agradecimientos y felicitaciones.

    No veo que haga mención del efecto que tuvo el tráfico de esclavos en el interior del propio continente africano. Ya sé que convertir los prisioneros de guerra en esclavos era algo que se practicaba desde tiempos remotos y otros pueblos como vikingos y romanos también lo hicieron y eran los reyes del mambo en sus respctivas épocas, pero el aumento cualitativo que supuso la demanda de carne humana desde el otro lado del atlántico supuso una revolución. Se dice que la causa del atraso africano es consecuencia de la colonización pero Eric García Moral en “Breve historia del África subsahariana” sostiene que eso viene de antes, y que es consecuecia de la trata de esclavos. Según el autor, dicha revolución supuso un cambio radical en las estructuras sociales y económicas del continente. De un África que en la Edad Media basaba su cultura en la tradición oral de los griots y donde el consejo de ancianos era la máxima autoridad pasamos a otra donde los señores de la guerra que prosperaron con la caza de esclavos son los que coronan la pirámide social. El prestigio pasó del anciano guardián de las tradiciones al guerrero cazador de hombres. Y eso es algo que perdura hoy en día. Vamos que el problema no sería la esclavitud en si sino las dimensiones que adquirió su comercio en poco tiempo.

    De ser cierta esa teoría también debería cumplirse en otras partes del mundo. Es la Europa del Este más atrasada que la occidental por haber sido el coto de caza del Imperio Otomano durante la Edad Moderna y Baja Edad Media? Somos los PIGS económicamente más débiles por haber tenido que escondernos de los berberiscos que infestaban en Mediterraneo mientras en las costas del Mar del Norte y Báltico florecía el comercio? Se calcula que 2,5 millones de eslavos y otro millón de europeos de diferentes costas y barcos que tuvieron un mal encuentro acabaron subastados entre Argel y Estambul. El 1558 se llevaron a todos los habitantes de Ciutadella de Menorca. Pero una cosa es andar huyendo de los piratas y de la razzias y otra secuestrar al vecino para venderselo a los moros.

    Peronalmente tengo mis dudas, los árabes también también importaron grandes cantidades de esclavos subsaharianos durante toda la Edad Media y siguieron hasta que los europeos conquistaron el contienete en el siglo XIX. Son muchos los factores que influyen en el desarrollo de una sociedad: cuturales, climáticos, geográficos… Reducirlo todo al esclavismo quizá sea un poco simple. Al libro antes mencinado se le nota cierto sesgo ideológico pero es muy reconmendable para saber que pasó al otro lado del desierto entre la aparición del Homo habilis y los viajes del Dr. Livingstone.

  5. Comentario de Y (08/04/2020 16:15):

    Pues ya lo hemos visto una vez más en directo el autismo americano

    El Vladimir de dijo al rubicundo: -para estabilizar el Mercado del petróleo sería necesario para empezar reducir la oferta unos 10-15 millones de barriles al día y Rusia quiere colaborar con (junto a) el imperio occidental

    El Americano entendió y tuiteó: -mi amigo Vladimir dice que los rusos y Barbaria Saudí bajarán la producción en 10-15 millones para que Nos podamos producir más

    Producción de petróleo (marzo 2020)

    USA: 13 millones de barriles diarios
    Barbaria Saudí: 10
    Rusia: 10

    El Señor Mercado, dice ahora el Americano, debe aclararse solo

    -Acabaramos, haberlo dicho antes, acaba de decir un portavoz del Kremlin

  6. Comentario de Y (08/04/2020 16:57):

    El espíritu de libre empresa

    Lo podemos ver bien expresado en piratas y bandoleros … como José Hinojosa “el tempranillo”, un héroe del liberalismo …

    https://es.m.wikipedia.org/wiki/El_Tempranillo

    … que, sin embargo, terminó sus días sirviendo al mismísimo Fernando VII

    Comparto el entusiasmo por el espíritu de la libre empresa

    Pero, claro, la realidad es el comercio de esclavos en el Atlántico … y la Apoteosis del libre comercio en las guerras del Opio:

    -Queremos drogar a vuestra población y hacer un bonito negocio y obtener un bonito beneficio

    -Comor (!?) Estaréis de broma, no ?

    -Pues no, y además tenemos poderoso ejército devoto del dios Marte para cumplir nuestros deseos que son voluntad de nuestros Dioses, acaso no sabéis que nos, The West, somos la Ciencia, la Razón y la Civilización desde los romanos con cresta de gallo

  7. Comentario de Y (08/04/2020 19:47):

    Dicen que dicen que dicen en Argelia que mañana la OPEP acordará una reducción de 10 millones de barriles

    Vaya usted a saber, el Texas a reaccionado +8%

    Qué peliculón

  8. Comentario de Y (08/04/2020 20:17):

    La Bolsa de Nueva York ya está celebrando por todo lo alto el fin de la crisis

    Simplemente alucinante, en principio mi opinión coincidía con la de Goldman Sachs y JP Morgan, pero ya se ve que una vez más nos hemos equivocado

    Otra vez será

    Salud

  9. Comentario de Y (08/04/2020 21:00):

    Mis números eran …

    una caída del beneficio esperado para el índice SP500 desde 175 dólares por acción (EPS, Earning Per Share) a 130 dólares

    ayer mismo JP Morgan veía más o menos lo mismo que yo, y Goldman Sachs en su última revisión apuntaba exactamente a mis números: 130 dólares

    … que llevaría al índice SP500 de la Bolsa de Nueva York hacia alrededor de 2000

    pues nada, ayer hizo lo que se llama “vuelta en un día” (que es una poderosa señal técnica) y la hizo al final de una “recuperación” … Pues nada, hoy se ha comido la vuelta en un día

    A l u c i n a n t e

  10. Comentario de Y (09/04/2020 13:53):

    17 millones de desempleados

    Wall Street siguiendo su vieja tradición celebra la noticia abriendo botellas de Champagne

    Wall Street ha alcanzado el Nirvana

    Una Economía sin empleados

    Bieeeeen

  11. Comentario de Y (09/04/2020 14:42):

    El Nirvana

    una economía sin empleados … sostenida por la imprenta de la Reserva Federal

    ahora que alguien me explique por qué el Banco Central no le puede dar el dinero directamente a la gente

  12. Comentario de Y (09/04/2020 15:48):

    Realmente

    “Realmente no hay límite en lo que puede hacer (la Reserva Federal)” sentenció Powell, presidente de la junta de jefes

    Pozi

  13. Comentario de Y (10/04/2020 10:58):

    Obsérvese cómo vuela el índice de Bonos Chatarra (Junk):

    https://bigcharts.marketwatch.com/quickchart/quickchart.asp?symb=Jnk&insttype=&freq=&show=

    Wall Street disfruta su peculiar comunismo mientras quien tiene 2-20 empleados, uno o ninguno, y verdaderos héroes de la libre empresa entra en un calvario

    Cuando la derecha norteamericana decía que los de Wall Street son comunistas a mí siempre me pareció una exagerada exageración, ahora en cambio está claro como el caldo de un asilo

    El caradura del jefazo de Boeing (después de fundirse miles de millones recomprando acciones a su mayor gloria) pide ayuda pero eso sí deja claro que la propiedad ni tocarla que intercambiar deuda por acciones solo lo pueden hacer los bancos no el gobierno federal, y así todo, sin vergüenza

    Si Boeing quebrara simplemente la propiedad pasaría a los acreedores y todo seguiría igual, pero si tacos Ramírez cruje es una verdadera tragedia

    Y aquí en esta provincia del imperio romano-germanico el panorama es pavoroso y para blasfemar a los cielos, después de la depresión japonesa por el ladrillazo nos cae el Meteorito

  14. Comentario de Y (10/04/2020 11:44):

    “Al que tiene se le da, al que no tiene se le quita lo poco que tiene”

    Demoledora crítica socioeconómica del melenudo del caserío de Nazaret

    Claro, fueron chavales fariseos del barrio alto los que primero nos dejaron un texto (Marcos ca. 40-66) y luego el subcontratista Mateo (ca. 80) que es un carca muy cabreado

    Por eso esta demoledora sentencia del nazareno un poco más y se pierde

    Mis dos aficiones, la mecánica de fluidos y “los libros” (“ta biblia”) … De Hidrodinámica y Aerodinámica sé cosillas pero no hay comparación posible entre un aficionado como yo y lo que saben los expertos en este campo. En cambio en el asunto de “los libros” mi sorpresa ha sido mayúscula al comprobar que a nadie le interesa por diversos motivos. Cuando comencé este proyecto intelectual pensaba que sería una titánica locura … y, sin embargo, ha sido una gozada investigar este acertijo, de tal forma que en este campo como aficionado sé setenta veces más que los supuestos expertos atrapados en sus prejuicios y en la narrativa que cada uno quiere colocar

    La hermandad/fratria/cofradía del nazareno no es que fueran comunistas, que es lo de menos, sino que eran unos comunistas de una radicalidad espantosa, y esto es nítido, basta leer con el dedito atentamente, pero nadie quiere escuchar nada que se salga de su burbuja mental

    A mí lo que me saca de quicio es la mentira

    Espurio Melio, Tiberio Graco y el melenudo nazareno corrieron la misma suerte en una misma historia, y en los tres casos la acusación de querer ser “rey”

    INRI

    Denunciado por la oligarquía saducea … el prefecto del imperio invocó la ley romana De Sacrando y lo mató como se mataba a un esclavo rebelde

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