Las matemáticas de la Antiespaña

Si uno compara los resultados de las elecciones generales de abril con las de noviembre, a primera vista parece que hayan cambiado muchas cosas en muy poco tiempo: el principal partido de la oposición, el PP, ha aumentado en un tercio sus escaños; el tercer partido en abril, Ciudadanos, ha pasado a ser el sexto en noviembre; y el que ocupaba la quinta plaza, Vox, ha ascendido a la tercera.

Sin embargo, todos estos cambios se han dado dentro de un mismo espacio: el bloque de las tres derechas. Y no puede decirse que haya habido, ni en votos ni en escaños, si los consideramos globalmente, grandes oscilaciones. Las izquierdas han perdido fuelle (siete escaños menos en noviembre) y el nacionalismo ha mejorado algo sus posiciones, como sucede en el campo del (extremo) centroderecha. Las tres derechas obtuvieron 147 escaños en abril y 151 en noviembre (podemos sumarles los dos de Navarra Suma, en ambos casos). Las dos veces, muy lejos de la mayoría absoluta. Y este es un problema en absoluto menor para la derecha española: sus apoyos electorales, en solitario, rara vez alcanzan para obtener una mayoría suficiente (eufemismo de la que solicitaba Aznar en 2000, esto es: una mayoría absoluta) [acceso al artículo completo]


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