El extraño caso del Dr. Pedro y Mr. Sánchez

Muchos de ustedes tal vez se acuerden de Johann Mühlegg, el esquiador de fondo alemán que se nacionalizó español a toda prisa para participar en los Juegos Olímpicos de Invierno de 2002, en Salt Lake City. Pero entonces se le conocía por un apodo mucho más cálido y cercano: “Juanito”. La prensa española adoraba a Juanito. Su campechanía, el horrible acento con el que hablaba español (no en vano llevaba apenas un par de meses imbuyéndose de la naturaleza del ser hispánico), su perenne sonrisa… Y, sobre todo, las tres medallas de oro, tres, que ganó en los Juegos Olímpicos.

Juanito salió radiante en las portadas de la prensa española, abrió informativos de televisión, y si no concedió muchas entrevistas en la radio es porque no se entendía demasiado bien lo que decía, al igual que él tampoco entendía las preguntas de los entrevistadores, salvo que le preguntasen en alemán. El idilio del esquiador con su patria de adopción parecía no tener límites. Pero los tuvo. Concretamente, cuando se descubrió, poco después del éxito, que “Juanito” se había dopado, y sus medallas de oro (nuestras medallas de oro) le fueron arrebatadas. En ese momento, “Juanito” se convirtió súbitamente en “el esquiador alemán Johann Mühlegg”, a ojos de la prensa. Y, poco después, desapareció para siempre. Como un mal sueño. Mühlegg intentó volver en 2006, una vez cumplida su sanción, pero la federación española no lo vio claro. Mühlegg dejó el esquí y se fue a vivir a Brasil, donde montó una inmobiliaria (de algo le tenía que servir su experiencia española, a fin de cuentas) [acceso al artículo completo]


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