“Historia de Roma – Römische Geschichte” – Theodor Mommsen

DAS BUCH

Este libro impone respeto. Mucho. Son mil páginas, con letra pequeña, y en un alemán del siglo XIX. Y por el enfoque y la materia (la historia completa de la República Romana), debería estar escrito en piedra. O al menos, sobre pergamino medieval y forrado en piel de león. Además, llevaba mucho tiempo con ganas de enfrentarme a este libro, probablemente el más clásico de los clásicos. Desde que me tocó leerme una antología de Mariano José de Larra en cuyo prólogo se quejaban de que hoy en día los periodistas escriben “como si fuesen a prologar la Historia de Roma de Mommsen”. Por suerte, el autor de esta monumental obra (que le sirvió para ganar el Premio Nobel en 1902, uno de los pocos escritores de no-ficción en hacerlo) no es un periodista español. Theodor Mommsen, coetáneo de Larra, nació como hijo de un pastor en 1817 en Schleswig, entonces parte del Reino de Dinamarca, pero no se equivoquen: en espíritu él era prusiano, participó en la Revolución de 1848, se tuvo que exiliar, militó en el liberal Partido del Progreso Alemán, fue diputado varias veces, y se enfrentó a Bismarck por asuntos de política social. También dejó escrito en 1885, en pleno apogeo de la Alemania bismarckiana del Segundo Reich, “en mi tumba no quiero ni imagen, ni palabra, ni mi nombre siquiera, pues personalmente ansío ser olvidado lo antes posible por esta nación sin espina dorsal, y no considero un honor perdurar en su memoria”.

Pero lo que nos interesa hoy aquí es que, pese a su actividad política –y el hecho de que tuvo 16 hijos, que nos imaginamos que te roba tiempo- muy pronto se convirtió también en uno de esos profesores alemanes dedicados en cuerpo y alma a alguna faceta del conocimiento. En su caso, la Historia Antigua, donde acumuló unos conocimientos enciclopédicos de los clásicos, que combinados con su experiencia política darían lugar a una peculiar visión de Roma.

 

Christian Matthias Theodor Mommsen.

 

La literatura del siglo XIX no es mi favorita, pero diré algo en su favor: en general, sus autores saben acertar con la longitud de las obras. No se aprecia aún ese pernicioso efecto “¿cómo, que me pagan el manuscrito al peso?” que ha infestado la literatura de finales del XX y nos ha traído bodrios inflados como la literatura de aeropuerto, los ladrillos adolescentes, o la obra completa de Isaac Asimov posterior a 1980. En el siglo XIX, los libros duran lo justo y necesario. Es por eso que si un libro dura 1000 páginas, significa que el autor tiene algo de sustancia que contarnos (lo que, de nuevo, le diferencia del periodismo español actual).

El libro tiene además el atractivo de ser “historia doble”, por llamarlo de alguna forma: te enteras de la historia de la Roma Antigua, pero también de cuál era el universo mental del siglo XIX, porque Mommsen, por muy liberal que sea, retrata a la perfección los esquemas mentales conservadores de la época. O más bien, parece que lo liberal de su época ha devenido en lo conservador de hoy en día (en sus últimos años, Mommsen abogaba por aliar a liberales y socialdemócratas contra conservadores). Incluso, diríamos, en lo ultraconservador: Mommsen hace una lectura claramente moral (pero también muy política) de casi todo, y los ascensos y caídas son para él consecuencia de la tenencia o falta de virtud. Abundan los comentarios sobre “naciones caídas en la molicie” (los etruscos), “ablandadas por la comodidad y la mediocridad de su libertad” (la Magna Grecia), “infantiles e incapaces de organizarse” (los galos), o directamente “peseteras” (los cartagineses). En contraste, Roma tiende a ser generalmente virtuosa, aunque muchas más veces el secreto es simplemente la habilidad de los romanos para encontrar un equilibrio a sus tensiones internas… equilibrio financiado con los despojos de las conquistas romanas, por otra parte. Esta búsqueda del equilibrio, reflejada en su cambiante constitución legal, es el otro eje de la lectura mommseniana, tanto que su obra ha sido tildada de Verfassungsgeschichte por ahí (bueno, “por ahí” no, claro, esos términos no se suelen usar en las tertulias, me refería a otros historiadores alemanes): como una “historia constitucional” de Roma.

 

Los comienzos de Roma

Y ya entrando en materia, nos sumergimos en los comienzos de la historia romana. Comienzos que Mommsen nos retrata de forma descarnada, pasando completamente de mitos fundacionales, lobas nodrizas y gemelos aplicándose un ERE al 50% de la plantilla. (Aunque los mitos –la forma en que los romanos se veían a si mismos- son toda una lección de psicoanálisis: fundas la ciudad y casi lo primero que pasa es que un hermano mata al otro. Como si el enfrentamiento fratricida estuviese programado. Posteriormente, Rómulo recluta a los primeros romanos de entre los refugees, delincuentes y descastados del Latium, prefigurando la inusitada capacidad de Roma de coger a gentes de todo pelaje para convertirlos en “romanos”. Que Atenas muy democrática y tal, pero siempre tuvo una ciudadanía basada en el ius sanginis, con su mito fundacional que decía que los primeros atenienses brotaron de la misma tierra.) No, la obra de Mommsen, aquí también innovadora, pasa por completo de cuentos para niños y supersticiones, aunque más que científica refleja cierto ingenuo cientifismo del siglo XIX. Pero bueno, ya es un avance, y no pequeño, con respecto a lo que había antes. Alguna referencia sí entra, pero como explicación a fenómenos posteriores. Por ejemplo, el hecho de que casi todas las instituciones religiosas antiguas y bastantes leyendas manejan el número tres o algún múltiplo (tres sacerdotes Flamen, tres horacios para tres curacios, nueve vírgenes vestales…) es indicio de que Roma nació de la unión de tres grupos diferentes, algo reflejado incluso en el nombre que se dieron los grupos: tri-bus (de donde viene también tribuno).

Roma aparece, no repentinamente, sino emergiendo poco a poco de las brumas de la historia, en la frontera entre el Latium y Etruria. Apenas quedaron testimonios escritos del periodo de los reyes y el primer siglo de la República, como consecuencia entre otras cosas del saqueo de Roma en 390 AC por los galos, y los historiadores tienen que tomarse las leyendas de ese periodo con mucho cuidado, pero Mommsen hace un buen trabajo y apenas se nota esa divisoria. En aquel periodo, los etruscos logran imponer su hegemonía parcial sobre Roma, pero están en franca decadencia, y pronto Roma se los zafa y empieza a someter a sus vecinos latinos. La verdad es que centrar la historia de la Italia de esos siglos en Roma es como centrar la historia de España de los siglos IX y X alrededor de Madrid, porque ambas son poblachones recién fundados que no llenarían ni un barrio menor de las grandes ciudades del momento, aunque Mommsen amplía hábilmente el foco para situarnos en una Italia dividida, que Roma va no tanto a gobernar sino a convertir en una especie de OTAN para defenderse conjuntamente de los galos (con los romanos, claro, en el papel de los estadounidenses). Este ascenso da para rellenar dos siglos de guerras casi ininterrumpidas donde los romanos, siempre a una o dos batallas de volver a la casilla de salida, aprenden a encajar golpes sin pestañear, a repartirlos con la pegada de una mula, y a no rendirse nunca.

 

Roma: los comienzos.

 

Un devenir que configurará para siempre el imaginario colectivo romano alrededor del primado de la fuerza bruta y la “superioridad natural” de los triunfadores sobre los débiles, conceptos que Mommsen lamentaba pero que se tomaba bastante en serio. Algo que podríamos desechar como reliquia del siglo XIX, y de lo que la humanidad se ha curado después de ver cómo se las gastan los autoproclamados “superiores” a lo largo del XX, pero a día de hoy, poco a poco esas ideas vuelven a colarse en la derecha conservadora, y ya incluso nos los encontramos en el mainstream de la mano de divas neocon como Aznar y sus epígonos, solo que sin los conocimientos enciclopédicos de la historia de un Mommsen (y sin Premio Nobel de Literatura, claro).

 

Pirro

Al final de este periodo, hacia el año 280 a.C., surge una amenaza grave: Pirro de Epiro, llamado por los tarentinos, cruza a Italia y se enfrenta a Roma, derrotando a sus ejércitos cual Alejandro Magno (primo lejano suyo, de hecho) barriendo a decadentes orientales. Sin embargo, presenta a los romanos una oferta de paz basada en el statu quo ante. Tras dos batallas perdidas, muchos romanos creen que les ha tocado la lotería, y el Senado se reúne para deliberar. Aquí podemos hacer la “lectura heroica” y creernos que el épico y patriótico discurso de Apio Claudio Ceco convenció a los romanos para seguir la guerra… o podemos hacer la lectura “si Pirro atacara el infierno, nos subiríamos a la Rostra a jalear a Satanás y proponerle un Pacto de Estado”. Aquí somos más de la segunda, ya saben. Mommsen, reconfortantemente, también. Pirro ofrecía esta paz tan fetén porque había recibido una petición de los griegos de Sicilia para que los librara de los cartagineses y quería acometer la tarea lo antes posible, con vistas a establecerse como jefazo de todos los griegos desde Sicilia hasta Jonia. Cartago mandó enviados a Roma, ofreció dinero a la República, argumentó que pactar con Pirro era renunciar para siempre a gobernar Italia, y propuso seguir la guerra hasta vencer juntos. Roma se quedaría toda la península itálica, y Cartago se embolsaría Sicilia. No había que ser Bismarck para ver el negocio, y Roma aceptó (aunque Bismarck seguramente se habría encargado de que los griegos no se debilitaran demasiado, habría desactivado a los galos pactando con ellos una invasión de Córcega, a continuación prometería media Macedonia a los tracios para, una vez estos se lanzaran a por Epiro, pactar con los escitas; los romanos en cambio tenían la pegada de una mula, pero los horizontes aún muy limitados). La guerra continuó, y se saldó con la derrota de Pirro y de los griegos sicilianos. Pirro abandonó Italia y se dedicó a borbonear para que le dieran el trono de Macedonia, hasta que en un rifirrafe en las calles de Argos una abuelita le partió la cabeza tirándole una teja desde un balcón. Ante la noticia, los tarentinos se rindieron a Roma, que con esto terminaban su conquista de “Italia” (que en aquel momento aún no incluía el valle del Po, poblado por galos).

 

Las guerras púnicas

Ya hemos hablado por aquí de las tres guerras púnicas y no es plan de repetirse, pero sí es buena ocasión para hablar de otro gran atractivo del libro, particularmente de su edición en alemán, que es la que he manejado. Porque es leer ciertas partes y literalmente sentir que con este libro u otro en su línea aprendieron historia antigua los jerarcas nazis en su infancia y juventud, y como copiaron para su Tercer Reich expresiones, conceptos y lo que ellos creían virtudes romanas: la guerra permanente como forma de forjar una conciencia nacional, la marcialidad como medida de todas las cosas, la lucha hasta el final sin rendirse nunca, la noción de superioridad natural –racial- sobre otros pueblos, la política de sangre y tierra de colonización de nuevos territorios con ciudadanos romanos como forma de asegurarlos y crearse un Lebensraum… Todo eso se palpa a lo largo de casi todo el libro, pero donde más salta a la vista es en la historia temprana, cuando apenas aparece la política interior y Roma parece más un organismo uniforme -esa vieja fantasía fascista- que un estado con sus rivalidades internas, su lucha de clases y sus rencores de andar por casa.

En las guerras con Cartago, además, se une el enfrentamiento con un pueblo semita (y la forma tan inocente, aunque bastante común en el XIX, con que Mommsen habla de ciertos pueblos como “razas”). Casi se espera uno ver párrafos enteros subrayados y un “richtig!” escrito en el margen del puño y letra de Hitler o Goebbels. Porque Mommsen, pese a ser un liberal comprometido con los judíos (hasta el punto de fundar una Asociación contra el Antisemitismo, aunque siempre pensó en favorecer su asimilación, y además soltaba unas perlas sobre los checos que hoy serían inaceptables), a los pueblos semitas los pinta como simples mercaderes y tenderos, incapaces de asimilar lo bueno que otras naciones pueden ofrecer, poco fecundos intelectualmente y otras lindezas, aunque algunos párrafos bien se pueden aplicar a otras épocas posteriores:

 

Si resumimos los distintos momentos, se nos aparece la constitución cartaginesa como un régimen de capitalistas, como cabe esperar de una ciudadanía sin clase media, compuesta por una plebe urbana sin medios, y grandes comerciantes y terratenientes. El sistema de restaurar las fortunas de los señores caídos a costa de los súbditos por la vía de mandarlos a gobernar y recaudar impuestos en las comunas sometidas, esta característica de una putrefacta oligarquía urbana, no faltaba en Cartago.

 

A cambio, igual que a los galos les reconoce ser los más valientes -algo que incluso hacían los propios romanos-, Mommsen les reconoce a los cartagineses una tenacidad sin igual, e incluso cierto valor, como se pudo ver en la Tercera Guerra Púnica, cuando frente a la supremacía romana aguantaron como posesos un asedio de tres años. Y a sus dirigentes en la Primera y Segunda, la familia Barca, los pone directamente por las nubes como estrategas y conquistadores, si bien con la coletilla de que Aníbal odiaba a Roma “como solo una naturaleza oriental es capaz de hacerlo”. Coletilla que se compensa en el capítulo inmediatamente posterior a la batalla de Cannas: “No fue la duda [de Anibal en atacar Roma tras vencer en Cannas] lo que salvó a Roma, sino la fuerte arquitectura de su federación, y quizás no menos el odio nacional del occidental hacia el hombre fenicio”.

 

Hitler hace un “me gusta” ante estos párrafos

 

La conquista del Oriente

La guerra con Aníbal termina de la forma esperada, con Roma siendo ama y señora de Italia, y sin rival digno de mención en el Mediterráneo occidental. Tiempo, pues, de darle un repaso a las orillas orientales del Mare Nostrum y ver en qué estado andaba el mundo griego. Los griegos, según Mommsen, estaban en ese momento en disposición de recibir de manos de la Historia el Goya Honorífico a Toda Una Carrera: es decir, estaban agotados, hechos polvo, sin savia fresca, y en las grandes superproducciones de la época ya solo figuraban como secundarios de lujo. Ponían la clase, el savoir faire, y los ricos matices de una larga experiencia, pero las groupis se las llevaban otros (Mommsen usa una terminología un poco diferente, pero esencialmente es eso). Los tres principales reinos helenísticos (Macedonia, Siria y Egipto) tenían unas élites griegas, pero sus poblaciones seguían siendo epirotas, persas, sirios, fenicios y egipcios, y las ciudades-estado de la Hélade estaban enfrentadas entre sí y sometidas a los macedonios, con alguna notable excepción, como Pérgamo, que supo muy pronto ponerse en la órbita de los romanos.

Fue la llamada de auxilio de Pérgamo la que usaron los romanos como excusa para enfrentarse a Filipo V de Macedonia; gobernante con el que Mommsen nos brinda otra de esas frases que no te esperas de un historiador del XIX: “[Filipo nos demuestra] de nuevo que de todos los juegos de azar, la monarquía absolutista hereditaria es el más peligroso.

La guerra, que Mommsen describe como “militarmente necesaria” (Filipo había apoyado a Aníbal, se estaba haciendo cada vez más fuerte gracias a una alianza con los Seléucidas, y estaba a tiro de piedra del sur de Italia), no fue, sin embargo, aprobada por la asamblea popular, y el ejército marchó solo con el beneplácito del Senado (y uno se queda con la impresión de que, si esto fuese una conferencia oral, Mommsen murmuraría “puta democracia de blandengues” por lo bajito antes de seguir). Se ve que los ciudadanos, tras 20 años de guerras con Aníbal, no tenían muchas ganas de empezar otra. Con las legiones endurecidas por la guerra con Cartago, la cosa fue un paseo militar, e incluso los romanos se permitieron el lujo de retirarse de Grecia una vez “liberados” los griegos… lo que los obligó a volver unos cuantos años más tarde para repetir el trabajo, y ya de paso quedarse de forma permanente. Sometiendo, de paso, a los hasta ahora aliados a un régimen clientelar humillante. Los tiempos de la “política italiana” y de aparentar buenos modales se habían acabado. O como dijo el jefe caledonio Calgaco: “los romanos crean un desierto, y a eso lo llaman paz.” Con la conquista del mundo heleno y la destrucción de Cartago sin otra razón que el resentimiento y la histeria (año 146 a.C.), Roma empezaba a convertirse en un imperio. Ya es oficial: son los putos amos. Mommsen concluye esta primera mitad del libro aclarando que dicha hegemonía puede lamentarse, pero que visto el desarrollo previo, propio y ajeno, había que asumirla como inevitable.

 

Roma triunfante. Con trucos feos y juego sucio, ¿pero quién se va a acordar a los 15 días?

 

Politiqueos internos de los que nos gustan

Empieza aquí la tercera parte del libro, que Mommsen titula “La Revolución”. Efectivamente, hemos llegado al punto donde la política interior pasa a ser el eje de la historia de Roma, para espanto de conservadores y fascistas que creen que los conflictos internos son inventos de agitadores populistas y que basta con limitarse a remar todos juntos para que todos vivamos felices – aunque unos de remeros y otros de timoneles, por supuesto, ¡que aún hay clases!

Aquí Mommsen nos vuelve a dar una sorpresa totalmente inesperada: su uso exuberante de un vocabulario más propio, hoy en día, de anarco-sindicalistas que de verdaderos liberales. Palabras como “capitalistas”, “proletariado”, “empobrecimiento”, “explotación”, “oligarcas” y similares pueblan estas páginas, dejando claro que para el muy liberal Mommsen esto son conceptos válidos de su propia época… que se pueden aplicar perfectamente a épocas de hace 2000 años. Intemporales, vaya. A nosotros, que vivimos en una era donde los liberales directamente niegan estos conceptos y los sustituyen con un “ahora todos somos emprendedores de nosotros mismos” envuelto en retórica de manuales de autoayuda, esto es un soplo del siglo XIX antiguo y refrescante a la vez.

Del empobrecimiento del ciudadano medio de la época no caben muchas dudas. Cada vez más campesinos libres se veían obligados a vender sus granjas e irse a vivir a Roma como proletariado subsidiado. El número de ciudadanos libres con propiedades –los únicos que realizaban el servicio militar- empezó a caer, y hubo que compensarlo reclutando más entre los aliados. El conflicto entre populares y optimates (es decir, entre los partidarios del pueblo y los de “los mejores”, aunque la política de Roma era muy personalista) se enconaba más cada año.

Aquí es donde surgen dos hermanos, Tiberio y Cayo Sempronio Graco, que con su pico de oro empiezan a movilizar a las masas a favor de un nuevo reparto de la tierra. Reforma loable, pero que no iba a la raíz del problema. El conflicto entre ricos y pobres, siempre latente y que históricamente se había resuelto repartiendo botines de guerra (generalmente, nuevas tierras y granjas para ciudadanos romanos empobrecidos que así podían empezar de nuevo), se empezó a radicalizar cuando los capitalistas importaron el modelo de plantaciones de los cartagineses: el capital establecía grandes latifundios donde cuadrillas de esclavos (capturados en las cada vez más frecuentes guerras) trabajaban de sol a sol bajo el látigo, logrando unas cosechas tan baratas que los campesinos libres no podían competir sin rebajarse ellos mismos a una vida de esclavos.

Esclavitud, conviene aclarar, siempre había habido en Roma. De hecho, la incapacidad de pagar deudas era motivo suficiente para vender a un ciudadano romano y a toda su familia como esclavos. Pero entre el ex-ciudadano esclavo que vive casi como uno más en una granja y ve que su dueño tiene que doblar el espinazo igual que él para recoger la cosecha, y el esclavo prisionero de guerra que solo es una rueda más en la maquinaria y que recibe latigazos a diario para enriquecer a un perfumado oligarca que vive como un rey a dos semanas de viaje en Roma, hay un trecho. Al primero incluso se le podía ofrecer la libertad a cambio de enrolarse en el ejército (así reclutó el Senado nuevas legiones tras el desastre de Cannas). El segundo, en cambio, estaba tan explotado, denigrado y tenía tan poco que perder, que a partir de esta época se dio algo que no se había dado nunca: revueltas de esclavos en masa.

Ese –la economía de esclavos- era el problema, no que la gente careciera de tierras. Porque donde hay abundancia de esclavos, no puede coexistir una clase media. La reforma de los Gracos no era más que un parche que tenía más de reformas razonables porque esto no se sostiene que de revolución bolchevique: no se pedía expropiar a los ricos, solo repartir entre los pobres las tierras comunes del ager publicus (que los ricos con sus cuadrillas explotaban gratis y de manera legal… gracias a leyes hechas por ellos).

Eso en cuanto al fondo; en cuanto a las formas, es cierto que Tiberio Graco, con la ley en la mano (y según la fuente que consultemos), quebró la Constitución, y en la comisión para el reparto de la tierra solo había familiares suyos. La situación se extremó, y un tal Quinto Pompeyo afirmó que Tiberio quería proclamarse rey, “que los griegos le han regalado una corona y una túnica púrpura, que lo sé porque soy su vecino”. El Senado, con esa excusa, marchó contra Tiberio, y los senadores en persona le mataron a garrotazos junto a 300 de sus seguidores. Extrajudicialmente, comme il faut. Diez años después, su hermano Cayo intentó pasar de nuevo las reformas, pero con más cuidado de no violar la ley, y sobre todo buscando debilitar primero el régimen aristocrático con medidas que hoy veríamos como bastante populistas (o regeneradoras, según donde caigan nuestras filias y fobias) y atrayéndose a la clase media-alta de los equites. Mommsen saca a relucir un cierto pesimismo antropológico al juzgar su figura:

 

Igual que no se puede negar la usurpación de un poder monárquico, tampoco puede reprochárselo quien conoce las circunstancias. Una monarquía absoluta es una gran desgracia para la nación, pero una menor que una oligarquía absoluta; y a quien busca para la nación el mal menor en lugar del mayor, la Historia no debe castigar, y menos a una naturaleza tan apasionadamente seria y alejada de toda bajeza como la de Cayo Graco. Pero tampoco puede negar que esta legislación tenía una doble cara, pues por un lado buscaba lo mejor para el común, pero por otro servía a los motivos personales, incluso la venganza personal, del gobernante [el deseo de Cayo de vengar a su hermano]. Graco se esforzaba sinceramente en resolver los daños sociales y contravenir la incesante pauperización, pero sus repartos de grano crearon intencionadamente un lumpenproletariado de la peor especie.

 

En este caso, en 121 a.C., la muerte de un asistente del cónsul Lucio Opimio en un tumulto fue usada como excusa para actuar contra él. Esta vez, 3000 seguidores populares fueron ejecutados sin juicio, y la cabeza y el cuerpo de Cayo arrojados al Tiber (Opimio había prometido pagar el peso de la cabeza en oro, el listillo que se la trajo sustituyó el cerebro por plomo). Por cierto que Opimio zanjó el asunto, cachondo él, construyendo en el Foro un templo a la Concordia, y acabó sus días exiliado por aceptar sobornos.

 

Errejón y Monedero, perdón, Tiberio y Cayo Sempronio Graco buscando la Centralidad.

 

La primera sangre había sido vertida, pero la historia no se puede detener. Como dijo con lucidez aquel estúpido militarista llamado JFK (pensando en los países del Este de Europa, claro, no en los afroamericanos): “los que hacen imposible el cambio pacífico, hacen inevitable el cambio violento.” Cincuenta años más tarde, el Senado se habría cortado un brazo por aplicar lo que en su día propusieron los Gracos. Su fracaso inauguraba el largo siglo de guerras civiles de Roma.

 

Los alemanes vienen a echar una mano

La cosa iba bastante mal en ese momento, con un nuevo reformador/demagogo saliendo cada 10-12 años solo para ser asesinado. Los Gracos, Publio Sulpicio, Marco Livio Druso… la cosa era un no parar. Por suerte para Roma, poco después (113 a.C.) surge una amenaza externa que aplaca las luchas internas: cimbrios y teutones, dos pueblos germanos en migración a la búsqueda de un nuevo hogar, empiezan a acercarse peligrosamente a Roma (bueno, a su “esfera de intereses”, que en aquel momento llegaba bastante lejos al norte). Las legiones mandadas contra ellos eran derrotadas sin contemplaciones, hasta culminar en la batalla de Arausio (105 a.C.), una derrota que no tuvo nada que envidiar a Cannas, solo que en vez de perder contra el mayor genio estratégico del siglo, perdieron contra una melé de greñudos alemanes (gentilicio que Mommsen les aplica) que aún no basaban su fuerza en austeridades y empresas exportadoras de productos de alto valor añadido, sino en repartir yoyah. Pero en vez de avanzar hacia Roma, “pareciera que los alemanes quisiesen demostrar su talento para no rematar las faenas desde su primera aparición en la historia”, y viraron hacia Hispania. Alejado el peligro inminente, el Senado cogió aire, sacó las conclusiones necesarias – y con gran disgusto llamó a Cayo Mario.

 

Cayo Mario. “Soy romano, ¿a qué quieres que te gane?”

 

Cayo Mario era un provinciano, de orígenes plebeyos (campesino según algunos, familia acomodada según otros), que hizo carrera en el ejército romano. Militar de los pies a la cabeza y terco como una mula, era probablemente el mejor general de Roma, pero su abierta hostilidad a la aristocracia impedía sus ascensos – hasta que los senadores pensaron que era mejor ser gobernados por Mario que desde Teutonia. Mommsen describe así la situación:

 

Entonces, igual que hoy, nadie se engañaba sobre la raíz de los males, pero –de nuevo igual que hoy- nadie lograba montar un intento de arreglar las cosas. Bien veían que era el sistema el que fallaba, pero se prefería juzgar a individuos sueltos […] El correcto instinto del público de que el único remedio contra la oligarquía es la tiranía se manifestaba en que voluntariamente apoyaba a todo oficial que intentaba forzar la mano del gobierno y derribar el régimen oligarca mediante una dictadura.

 

Mario fue cónsul cuatro veces seguidas (105-101) y reorganizó el ejército desde una milicia ciudadana a un ejército profesional, que por primera vez reclutó también a proletarios. Con su nuevo ejército, Mario eliminó la amenaza germana, pero su intervención en la política interior fue un fracaso, pues no logró liderar la oposición de manera efectiva, y acabó aplastando a los revolucionarios de Saturnino (que habían proclamado que estaban de parte de Mario), quedando desacreditado ante el pueblo y el Senado. Solo al final de su vida volvió brevemente para descargar todo su resentimiento en un régimen de terror.

Los siguientes 20 años siguen llenos de revoluciones y reacciones, con golpes y contragolpes a cual peor y acompañados de matanzas crecientes, y que nos saltamos porque acabaríamos como el rosario de la aurora, hasta llegar a la dictadura optimate de Lucio Cornelio Sila en 82 a.C. Dictadura que según Mommsen era una implícita derrota de la oligarquía, que solo veía posible luchar contra unos nuevos Gracos mediante una tiranía como aquella a la que aspiraban los Gracos, y también una ingrata tarea de Sila, que restauró el régimen oligarca sabiendo lo poco de valor que quedaba ya en la aristocracia. Mommsen le iguala con Washington y Cromwell, también porque llevó a los optimates a reconocerles iguales derechos a los demás habitantes de Italia (derechos que Sila hasta entonces había combatido con vehemencia, en plan “solo un romano de sangre pura puede aspirar a ser ciudadano romano”), concluyendo así la unificación del país. Es decir, frente a la revolución proletaria, unificación de las élites.

Sobre las figuras de Mario y Sila se pueden escribir muchas cosas o muy pocas. Vamos a intentar ir por lo segundo, que se nos va a ir el post de las manos. Con ellos nos volvemos a la eterna pregunta de si la historia la hacen los grandes hombres, o si es el resultado de fuerzas sociales. Sila representa a una oligarquía incapaz de reconocer que el estado era disfuncional, y que se limitaba a imponer su poder e intereses con cada vez más fuerza y brutalidad, y Mario a un partido revolucionario que quería cambios pero no sabía cuales, y que bajo los golpes de la oligarquía solo encontraba un lugar común en el resentimiento cada vez mayor que se descargaba en deseos de venganza y masacres indiscriminadas. En palabras de Mommsen, “ambos salvaron el estado, Mario de los germanos y Sila de los desórdenes asiáticos e internos, pero no pudieron arreglarlo”.

 

El final de la república

El cuarto libro dentro de esta magna obra se titula “El establecimiento de la Monarquía Militar”. El ciclo político aristotélico llega así a su conclusión. La Constitución Silana había devuelto todo el poder a los aristócratas, pero no había resuelto los problemas de fondo de la economía de esclavos, la erosión de la clase media y la aparición por un lado de un proletariado urbano dispuesto a vender su voto al mejor postor para poder sobrevivir, y del otro de un poder capitalista descomunal. La matanza de los líderes naturales “demócratas” solo abría las puertas a que aventureros políticos sacasen réditos de esa masa informe de descontento.

Mommsen presenta aquí a Cneo Pompeyo, un aristócrata de libro que doscientos años antes habría sido un excelente cónsul, pero que en esta época vio abiertas las puertas a aspirar a más de lo que su mediocridad permitía, “capaz de un crimen pero incapaz de una insubordinación, un soldado para lo bueno y para lo malo”; y luego Marco Craso, sobre el que no nos resistimos a citar al maestro más largamente:

 

Desde la fundación de Roma, el capital había sido un actor político, y en esta época al oro y al hierro todo se le rendía. Si una aristocracia financiera había creído poder derrocar el régimen de las nobles estirpes, un hombre como Craso podía elevar los ojos más allá del manto bordado del triunfador. Ahora era silano y senador, pero era demasiado hombre de las finanzas para entregarse a un partido o perseguir algo que no fuese su ventaja personal. ¿Por qué Craso, el más rico e intrigante de los romanos, no un vulgar codicioso sino un especulador a lo grande, no iba a especular con la corona?

 

Encantador, ¿verdad? Este es el hombre que crucificó a 6000 esclavos de la revuelta de Espartaco a lo largo de las 125 millas de la Vía Apia “como reconocimiento del orden refundado y de la nueva victoria de las viejas leyes sobre la viva y rebelde Autonomía” (bueno, por eso y porque Pompeyo se había atribuido injustamente el mérito con una victoria sobre 5000 fugitivos). Ambos fueron lugartenientes de Sila, pero tumbaron las reformas silanas a las primeras de cambio, apenas siete años tras la muerte del dictador, al darse cuenta de que eran poco más que los mamporreros de la oligarquía y que con los demócratas podían ganar más. Como cabeza de los conservadores quedaba Catón el Joven, caricatura de virtudes romanas y “un Don Quijote de la aristocracia”. Pompeyo fue el primero en cosechar por el cambio de chaqueta: por iniciativa de los líderes populares, le fue concedido un poder cuasi dictatorial, antesala de la monarquía, para limpiar el Mediterráneo de piratas, tarea que resolvió con impecable eficacia y encima combinó con un reordenamiento de toda Asia entre el Egeo y el Éufrates. Y habría vuelto como rey si no hubiese sido tan estúpido -o pusilánime, según se mire- de despedir a sus tropas nada más pisar Italia, creyendo que el trono le sería ofrecido por las buenas. Pero el cielo solo se toma por asalto y una corona ni te cuento. Así, ni la confirmación de su decisiones, ni tierras para sus veteranos. Y un año entero de espera para poder celebrar su triunfo. Un tal Cayo Julio César tomó buena nota y luego fue el primero en felicitar a Pompeyo por sus grandes hazañas.

 

Cneo Pompeyo: Sula le llamó “Magno”, en cambio la oposición populare prefería “carnifex adulescentulus”. Hay que ver que rencorosos son algunos, ¿verdad?

 

L’interlude galoise

Ya que le hemos nombrado, y como las últimas 200 páginas del libro giran casi exclusivamente en torno a él, nos tomamos un breve intermedio. No para repetir su biografía, sino para deleitarnos en cómo nos lo vende Mommsen. César surge de las páginas del libro poco a poco, casi sin querer: primero como una mención pasajera, luego como líder demócrata, cónsul, y finalmente como conquistador de la Galia y “descubridor” de Inglaterra y Germania, acontecimientos que Mommsen nos presenta como infinitamente más importantes para Occidente “que si el nombre del primer monarca de Roma iba a ser Cayo, Cneo o Marco”. La conquista de la Galia, faltaría más, estaría plenamente justificada en la lógica colonial de la época de Mommsen,

 

pues es ley de vida que los pueblos que han llegado a desarrollar estado y civilización, absorben y disuelven a los políticamente inmaduros e incivilizados […]. Siendo la nación itálica la única que cumpliese ambos preceptos al menos parcialmente, estaba destinada a someterse a las condenadas naciones helenas y a absorber a las primitivas naciones occidentales -libios, íberos, celtas, germanos- mediante sus colonos. Es el mismo derecho con que Inglaterra se ha sometido en Asia a una nación que culturalmente es su igual pero políticamente es impotente, y ha impregnado y dignificado grandes territorios en América y Australia con el sello de su nacionalidad.

 

Al margen de esta “justificación”, la Galia estaba cayendo indefensa ante el rey germano Ariovisto, cuyo pueblo empujaba a los galos desde el Rin; César simplemente forzó a una nación condenada a caer a hacerlo bajo Roma y no bajo Germania. El régimen aristocrático había unificado Italia, y el demócrata iba a extender la civilización romana allende los Alpes, unificando los inconexos dominios romanos en un fuerte imperio, con fronteras naturales y enemigos controlados, que iba a durar medio milenio. Nada a lo que no haya aspirado alguna vez cualquier warlord con pretensiones. Si funciona, acabas siendo padre de la patria, y si falla, te recordarán como un tirano… hasta que otro triunfe donde fracasaste y te conviertas en antecesor. Natural que todos lo intenten.

 

Si el régimen del Senado hubiese pervivido [y César no hubiese conquistado la Galia], eso que llamamos Migración de los Pueblos hubiese acontecido con cuatrocientos años de antelación, antes de que la civilización itálica se hubiese asentado […] Con mirada clara, el general y senador romano identificó a las tribus germanas como el enemigo a la altura del mundo greco-romano, y con sus conquistas le ganó al mundo ítalo-greco el tiempo para civilizar el Occidente. No faltó mucho, y Ariovisto hubiese logrado lo que posteriormente logró el godo Teodorico. De ocurrir, nuestra relación con la cultura greco-romana sería la misma que con la hindú o la asiria […] Que Europa occidental sea románica, que la Europa germana tenga influencias clásicas, que los nombres de Temístocles y Escipión tengan para nosotros un toque diferente que los de Asoka y Salmanassar, que Homero y Sófocles no atraigan, cual Vedas y Kalidasa, solo a los botánicos de las rarezas literarias sino que florezcan en nuestro propio jardín, todo ello es obra de César […] Ante lo que llamamos la Eternidad, él no tiene que arrodillarse.

 

Ya se habrán dado cuenta que Mommsen es un poco groupie de Cesar. También hay que entender al hombre: como historiador, años y años estudiando guerras y batallas que no llevan a nada, y como político parlamentario, años y años pegándose palizas solo para cambiar la regulación de la venta de arenques del Báltico con un compromiso que no satisface a nadie, y luego vuelves a tu casa y escribes la biografía de un fuera de serie que literalmente cambió la Historia y además lo hizo todo sin cometer apenas errores, moviéndose con un arte inigualable por un sistema disfuncional, y justo en la medida de sus posibilidades… pues te emocionas. Normal. Y nosotros nos emocionamos también, porque aquí en estas páginas estamos dando con la fuente nutricia y raíz intelectual de un fenómeno que ha dominado el siglo XX, generalmente para mal: el caudillaje, pues realmente es a lo que Mommsen se refiere cuando habla de monarquía (“gobierno de uno”). No a los reyes de opereta a lo Sissi Emperatriz que él tenía delante suyo en su tiempo, sino al “genio creativo de la Historia” que surge irresistiblemente de la masa, y que interpretando los signos de su tiempo ordena sabia- y justamente los asuntos de su nación. Llámenlo Caudillo, Conducător, Duce o Führer: el origen está en la admiración del hijo de un pastor luterano por César: “cuando un gobierno no puede gobernar, deja de ser legítimo, y quien tenga el poder de derrocarlo también tiene el derecho.”

Tanta era su admiración, que no se sintió capaz de narrar su muerte. La Historia de Roma concluye con el suicidio de Catón el Joven, último representante de la legalidad aristocrática, que decidió no plantear una lucha final (como buen oligarca, rechazó armar a los esclavos de Útica porque era una intromisión intolerable en los derechos de propiedad de los ciudadanos dueños de los mismos, Mommsen dice de él que “prefería perder la República por observar en todo las leyes, que salvarla quebrando una sola”). Su suicidio arrojaría una sombra sobre los logros de César, que en contraste con su habitual clemencia le dedicó “el odio del hombre de acción por el de las convicciones que se mantiene firme en ellas hasta el final”, y de su ejemplo nacería en muchos optimates un sentimiento de culpa por no haber seguido el ejemplo de Catón, lo cual cristalizaría en la conspiración para matar a César. Pero ya era tarde: el Principado ya había tomado forma. Y pese a ser –para el siglo XIX- un hombre de fuertes convicciones democráticas, Mommsen era por encima de todo un pesimista que al problema de la democracia capturada por una oligarquía no le veía otra salida que la aparición de un caudillo como mal menor pero necesario. Vivir unos cuantos añitos en el siglo XX, cuando las oligarquías fabricaban caudillos contra los de abajo, tal vez hubiese cambiado su visión del asunto, pero Mommsen murió en 1903 y se perdió la fiesta.

 

¿Todo esto para qué?

Y esto, ¿para qué sirve? ¿Para qué invierte uno varios meses de su vida (porque esta prosa tan densa y en alemán decimonónico no entra en un fin de semana precisamente, se lo aseguro) en leer a un historiador tan casposo? Pues para leer un libro muy curioso, muy político, imprevisible a veces, realizado con mucho trabajo detrás, trufado de opiniones extravagantes, curiosas y estimulantes. Y para conocer de primera mano el universo mental finisecular-decimonónico y sus vínculos con la Roma antigua. Un mundo de dureza, de comer o ser comido, donde la guerra es permanente, donde el impago de las deudas acarrea la pérdida de condición ciudadana, donde el dinero cada vez pesa más (bien directamente, bien porque a quien no es capaz de ganárselo se le considera menos digno de derechos y ayudas que a quien gana mucho), y la democracia decide cada vez menos. Un mundo al que, por desgracia, parece que poco a poco nos está devolviendo el Zeitgeist de los últimos 25 años, una vez superados esos pequeños accidentes históricos que fueron las Guerras Mundiales y sus indeseables consecuencias. Al que nos están devolviendo, además, una nueva clase de oligarcas mundiales, lo que según Mommsen a largo plazo no tiene otra salida que el surgimiento de caudillos carismáticos. Aviados vamos.

Como los miembros de cualquier civilización que alguna vez haya existido, tendemos a pensar que la nuestra no seguirá el camino de otras. Egipto, Asiria, las polis griegas, la China de los Ming, Bizancio, la Europa feudal, la India de los Moghules… todas ellas cayeron por el desagüe de la Historia, y sus legajos herrumbrosos cogen polvo en algún museo. Y sin embargo, la idea de que dentro de tres mil años se hagan visitas guiadas por las ruinas del Santiago Bernabéu y se pueda ver expuesta la momia de Alfonso XII junto a la talla de la Virgen del Rocío en la sala de Historia Europea en algún museo de Nairobi, esa idea no nos entra.

 

“Momia Real. Procedencia: yacimiento de Uluscorial, Tierras Altas de Iberia. Siglo XII antes de Amani-Mungu (aprox). Periodo Capitalista-Financiero Tardío. Causa de muerte: abuso de drogas combinado con sífilis.”

 

Vemos las leyes medievales de peonaje, con su división entre nobles y plebeyos, y considerándolas absurdas e injustas ni se nos ocurre que otra época verá la nuestra también llena de errores y absurdas injusticias que a nosotros nos parecen de lo más normales, pero que a juicio del futuro ya nos han condenado. Creemos haber aprendido de los vicios y errores del pasado, y que podremos evitarlos: si no otra cosa, el pesimismo de Mommsen vacuna contra esto. Todo ha ocurrido, y todo volverá a ocurrir. Toda civilización, en virtud de leyes históricas inmutables, llevaba en su interior el germen de su destrucción, y fue sucedida por otra como las olas del mar se suceden en la playa. Si somos capaces de manejar lo de las armas nucleares en un mundo recalentado climáticamente donde se acaba el petróleo, puede que algún Mommsen escriba sobre nosotros dentro de dos milenios. Tal vez como afeminados cobardicas buenistas, tal vez como pirados destructores de mundos, ¿quién sabe? La Historia juega a los dados, y la partida nunca acaba.


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  1. Comentario de Mr. X (01/06/2019 21:33):

    Estupendísimo artículo. Si se ha quedado con ganas de leer otro libro de historia de mil páginas, me permito recomendarle este que se ha publicado recientemente https://www.megustaleer.com/libros/congo/MES-088450

  2. Comentario de Carlos Jenal (03/06/2019 09:00):

    @Mr. X
    Muchas gracias por la recomendación, pero estoy ahora mismo con otro libro de África
    https://en.wikipedia.org/wiki/The_Scramble_for_Africa_(book)
    de 700+ páginas también, y el tema no me está emocionando como para encadenar dos seguidos.

  3. Comentario de Mr. X (03/06/2019 09:56):

    A mí el de El Congo me está gustando mucho, y está muy bien escrito.
    Al Sr Mommsen lo conozco por referencias, se puede decir; estudié Historia, y en historia de Roma la coletilla “según Mommsen” se aplicaba mucho en los manuales. En la biblioteca de la Universidad estaba en media docena de tomillos, pero nunca me puse con ello, me especialicé en Medieval.
    Voy a contar una anecdotilla. La maravillosa serie de Roma de la HBO la vi en su época con mi pareja de entonces, que era muy lega en temas históricos. Y al llegar a cierta parte en la que Julio César ordena quemar las deudas de los romanos o algo así, para agradar a la plebe, ella me comentó: pero entonces ese tío era un poco como Hugo Chávez, ¿no?

  4. Comentario de Y (03/06/2019 10:41):

    “todo ha ocurrido”

    Exactly

    Y el Apocalipsis final de nuestra era, la Edad del Silicio (1947/58 -) dejará una capa de cenizas sin comparación con el final de la Edad del Bronce (-1200/1000 aC) y el final de la Edad de Hierro (- 1914/47)

    Hierro viejo (1000 aC – 1000 dC)
    Hierro medio (1033 – 1492)
    Hierro moderno (1492 – 1914/47)

    “Reseca momia de sí misma”

    Y vuelta a la casilla de salida. Pero esta vuelta a la noria y fotocopiadora de sí misma será la última sin acorazados de hierro que los de letras llaman acero o era al revés vaya usted a saber le dejaremos este dolorido mundo y bella tierra a sus legítimos propietarios: las bacterias

  5. Comentario de Y (03/06/2019 10:57):

    Mi propuesta tiene ya más de veinte años de edad para nombrar a la nueva momia: “Edad del Silicio y las tierras raras”

    Ni idea cuánto durará está momia, tal vez mil años quizá doscientos, pero parece evidente que el siguiente fin del mundo cuando sea será el último de la serie

    Por otro lado veo dos predicciones sencillas: la mujer recupera el poder que tuvo en el Bronce después del paréntesis del Hierro, y aumenta el poder de los Palacios-Corporaciones

  6. Comentario de Y (03/06/2019 11:37):

    Tiberio Graco … Y antes Espurio Melio (del que solo tenemos una buena fuente clara: Agustín de Hipona) … una y otra vez la misma Historia

    A mí me parece no solo altamente probable sino casi seguro que el prefecto del imperio, un tal Poncio, ante el melenudo del caserío de Nazaret denunciado por los saduceos invocó después de mucho teatro la ley De Sacrando

  7. Comentario de Y (03/06/2019 12:17):

    Hasta el día de hoy para un Romano no hay peor insulto que “perdedor”

    https://elpais.com/internacional/2019/06/03/actualidad/1559554963_655383.html

  8. Comentario de emigrante (03/06/2019 14:37):

    Me quito el sombrero, señor Jenal, yo con ese tocho no me atrevo pero en su día me leí la versión del cuento de Indro Montanelli que es más ligerita y también te da una idea.

    Efectivamente, la historia se repite aunque la cosmovisión de una cultura vaya variando a lo largo de los siglos. También está todo contado y la función de los historiadores es fundamentalmente adaptar la Historia al gusto y el lenguaje del público contemporaneo.

    También hay cosas que ocurren una sola vez en la historia y hacen que todo cambie para siempre. Las revoluciones indutriales y tecnológicas, por ejemplo, no es lo mismo antes que después del Neolítico. Pero mucho tienen que cambiar las cosas para que nuestros descendientes nos contemplen como una cultura exótica si después de más de dos mil años todavía consideramos a la cultura romana como la nuestra.

  9. Comentario de Pablo Ortega (03/06/2019 16:22):

    “No se aprecia aún ese pernicioso efecto “¿cómo, que me pagan el manuscrito al peso?” que ha infestado la literatura de finales del XX y nos ha traído bodrios inflados como la literatura de aeropuerto, los ladrillos adolescentes, o la obra completa de Isaac Asimov posterior a 1980. En el siglo XIX, los libros duran lo justo y necesario.”

    Porque por lo visto, Guerra y paz o Los Miserables fueron escritos en 1910. Como fan asimoviano, me siento ofendido, aún reconociendo que los libros de Asimov post-1981 cayeron en ese hueco. Pero excepto por Fundación y Tierra (relleno del bueno), todos los demás libros tenían algo que contar y lo hacían bien, ya otra cosa es que rellenasen hojas de más con temas tan interesantes como la gastronomía del planeta Aurora.

  10. Comentario de Pablo Ortega (03/06/2019 16:25):

    Y sí, Hugo no era tan diferente de Julio César… la diferencia es que Huguito no pasaba de otro wannabe cesarista más que no tenía ni remotamente la valentía y decisión que tenía César.

    Aunque para mí el maestro de verdad era Octavio. Aprovecho para pedir una reseña ya sea de Henri Pirenne, o “A la sombra de las espadas” de Holland (contando precisamente cómo fue que el Imperio romano se fue al carajo), o al menos mi reseñita de Fuego y Sangre, que la llevo esperando desde hace tiempo. Terminó Gaymostrón y aquí no se ha dicho ni pío…

  11. Comentario de Mr. X (04/06/2019 07:07):

    Hombre, como sucesor, evidentemente el divino Julio tuvo más suerte que Chávez con su Octaviano autobusero

  12. Comentario de Y (04/06/2019 09:27):

    Druckemiller, el que fuera jefe de estado mayor de Soros, me hace caso y liquida

    https://www.zerohedge.com/news/2019-06-03/druckemiller-dumps-all-his-stocks-piles-treasuries-expecting-rates-hit-zero

    Lo gracioso ejque el timing podría salir justo como anuncié en esta página cuando escribí -“españoles, la brecha de la producción de los Romanos se ha cerrado …”

  13. Comentario de Y (04/06/2019 10:08):

    Que la economía sea cíclica pues no pasa nada, pero si es periódica -esto es: simétrica respecto al tiempo- entonces somos un fenómeno más de la naturaleza como tantos otros, sí, la película se titula “el planeta de los simios” que es un buen resumen, y esa escena final en la playa, qué peliculón

  14. Comentario de Y (04/06/2019 10:31):

    El imperio Romano es el presente y su religión/identidad es la dominante como es lógico y natural

    El imperio Romano ha ido adaptando su literatura y su narrativa, y en su última refundación se basa en cómo narra el Apocalipsis final del Hierro (-1875/1914/1947) creando un mundo -su mundo- de fantasías, fantasías dogmáticas como el el siglo V

  15. Comentario de Y (04/06/2019 11:00):

    El mejor sitio para ver la gigantesca Vuelta a la casilla de salida es “la tierra de Canaan” fracturada bíblicamente en “pueblo” y “gente de la tierra” como en tiempos de la guerra en Siria que comenzó en julio del año 66

    “Se extendió (ca. 80) su fama por toda la Siria” (Mateo 4,24)

    Se podría argumentar que el Imperio Romano hoy en día es más viejo que en el brillante siglo I, pues “el tiempo devora lo nuevo y solo queda lo viejo”

  16. Comentario de Y (05/06/2019 08:31):

    Hombre, el profesor emérito Stephen Cohen, una solitaria voz que clama en el desierto

    http://ronpaulinstitute.org/archives/featured-articles/2019/june/02/how-did-russiagate-begin/

    Increíble que este erudito tenga que publicar por las esquinas

    En el imperio de los romanos de hoy en día hay la misma libertad de pensamiento que en el siglo V

  17. Comentario de Y (05/06/2019 08:36):

    Aaa, la primera letra que el burro da, se publicó en The Nation, pues mejor, una minúscula esquina a la izquierda -una islita en un océano liberal/imperial- y una minúscula esquina en la derecha conservadora -una islita en un océano fascista/imperial

  18. Comentario de casio (05/06/2019 15:59):

    Yo he conseguido leerme unas 300 páginas del tocho. Es fascinante pero creo que mi intoxicado cerebro de internetero compulsivo ya ha perdido la capacidad de concentración para terminarmelo. Tendré que esperar a naufragar en alguna isla desierta para leerme el resto. Se podria lanzar en un paracaidas sobre la isla de Supervivientes, ý que Telecinco abriese tertulia.

  19. Comentario de Y (16/06/2019 10:37):

    Y se confirma que el partido llamado ciudadanos se creó para salvar al partido amante del Presupuesto Público y las leyes viejas en carácter de simulación en diferido

    Y doña Esperanza ha dicho que el partido aristocrático de los Montes de la Finalcurnia de Cercedilla y las Sierras de Oca, voz del trono y el altar, que le mola

    Todo ordenado

  20. Comentario de Y (18/06/2019 08:56):

    El libro de la Revelación que en griego se llama Apocalipsis cierra esa colección de documentos históricos de época alto imperial que se llamó Nuevo Testamento

    En ese libro vemos una ira cósmica, un cabreo infinito, con el imperio romano

    Es la mejor introducción que se me ocurre a cómo se ve el imperio norteamericano desde fuera

  21. Comentario de emigrante (18/06/2019 09:51):

    #20, es eso que algunos llaman imperiofobia, dicen que la Leyenda Negra, la hipanofobia y el independentismo también vienen de ahí. Cuando yo era chico lo llamaban envidia y era un pecado capital.

    Desde aquella escena del high noon en el valle de Elah tendemos a simpatizar y a identificarnos con el débil. Por eso celebramos con tanta algarbía cuando un equipo de segunda tumba a uno de los grandes en la copa del rey, lo que ya no sabría decirle es si es algo natural o aprendido.

    El imperio abusa de su poder cuando le da gana, es algo inevitable. Pero también es quien va por ahí desfaciendo entuertos porque lo que es la ONU entre vetos y falta de presupuesto… Tampoco sabría decirle si un orden multipolar sería más traquilo y pacífico, esa era la situación hace un siglo y mira como acabamos.

  22. Comentario de Y (18/06/2019 11:51):

    El imperio “deshaciendo entuertos” (!?) Desde su luminoso acto fundacional en Hiroshima y Nagasaki

    Korea, no recuerdo el nombre pero podría buscarlo en mi biblioteca del agente de la CIA que se pasó a los rusos después de ver las atrocidades

    Vietnam, -hemos derrotado a los japoneses, bieen -un momento, seres inferiores, no alegraros tan rápido, nosotros los franceses somos vuestros señores, y el imperio recogió el testigo del imperio francés casi el mismo año que los británicos eliminaban la democracia en Persia y con ayuda del nuevo imperio imponían un cruel dictador, y no contentos con esta crueldad animaron más tarde al sátrapa de Irak para que agrediera a Persia en tremenda guerra

    Incontables las brutales dictaduras alentadas y apoyadas por toda la faz de este dolorido planeta

    Recientemente y para no hacer esta lista interminable matanzas imperiales directamente o con matones subcontratados: Afganistán, Irak, Libia, Siria, Yemen, y para colmo la disparatada excusa para esta nueva oleada de caos y terror fue un ataque de los wahabi de barbaria saudi

    El imperio nuevo de los romanos y sus lacayos e instrumentos subordinados es la mayor fuente de caos y terror

  23. Comentario de Y (18/06/2019 12:26):

    La Historia de Roma, Espurio Melio, Tiberio Graco y el Nuevo Testamento son documentos de hoy en día, un melenudo disidente crucificado por orden de un general del ejército imperial es actual como Jamal Kashoggi descuartizado por orden de un wahabi

    Todo ya ha ocurrido

  24. Comentario de emigrante (18/06/2019 12:48):

    Con lo de los entuertos me refiero a las dos veces que cruzaron el charco para echar una mano. Cierto que con la primera nos trajeron la gripe “española” y con la segunda la Bomba. Pero no cabe duda que ganó el menos malo, bajo cualquiera de los otros dos bigotudos el mundo habría sido peor. Lo demás es el precio a pagar porque como ya dije antes el imperio abusa de su poder cuando le da gana, es algo inevitable.

  25. Comentario de Asertus (18/06/2019 12:58):

    Los imperios, desde el romano al español, hasta el useño o soviético, imponen su “paz de los cementerios”.

    Lo que pasa es que la alternativa es la “guerra y cementerios”, como era la Europa prerromana, la América pre hispánica y la Europa pre Hirosima.

    Eso no quita que los imperios siempre tengan sus limes donde mantener la tensión.

  26. Comentario de Y (18/06/2019 13:11):

    Es sabido que el mito fundacional de este imperio nuevo de los romanos (1945/1955-) está enraizado en la primera y segunda guerra mundial

    Todo imperio tiene una religión/identidad, y la mayoría de los que viven en un imperio ya sea el asirio de Sargon ya sea este imperio romano del que hablamos comparten la religión sacerdotal

    La función básica de una religión es administrar el terror sobre la gente y sentirte que formas parte de los buenos

    Nada nuevo bajo el sol

  27. Comentario de Y (18/06/2019 14:01):

    La Teología nunca cambia

    Por un lado imaginemos desde esta provincia del imperio qué hubiera pasado (1914-) si los norteamericanos se hubieran cruzado de brazos como quería la gran mayoría de su gente tanto políticos como intelectuales y no se hubieran puesto a favor del instigador (el imperio británico (toda religión viene de una más antigua)) y de los agresores (Francia y Rusia) … Vaya ahora estaríamos bajo influencia de Alemania (risas enlatadas) y tal vez incluso nos habríamos ahorrado el comunismo y el fascismo

    Por otro lado en mis discusiones con gente de religión-identidad romana una y otra vez veo que la Teología no ha cambiado desde los tiempos de Sargon III y Tutmoses III: el Terror está justificado si es del Todopoderoso

  28. Comentario de Y (18/06/2019 14:21):

    Supongamos

    Supongamos que la primera línea del Credo de la Religión de los Romanos fuera cierta: Alemania (1914-) es culpable

    Bien, los norteamericanos podrían haber mediado de forma sincera y los alemanes en 1916 habrían aceptado

    Pero, claro, si la premisa del imperio británico desde 1870 es Alemania debe ser destruida (tanto es así que hacemos las paces con Francia y Rusia y los lanzamos por delante …) …

  29. Comentario de Y (18/06/2019 15:44):

    En los cines creo recordar que hay carteles señalando por dónde está la salida, pues si resultara que hubiera algún interesado en salir del oscuro y cavernoso cine Platón … Entonces se me ocurre como propuesta que

    Tal vez lo suyo sería quizás comenzar como introducción por un libro respetado: Carroll Quigley “The Anglo-American Establishment”

    Y luego ya en sesión para mayores de 18 años dos recientes: Jim Macgregor “Prolonging the Agony: How the Anglo-American …” y Gerry Docherty “Hidden History: The Secret Origins of the First World War”

    A er si en esta Santa Casa se animan

  30. Comentario de emigrante (18/06/2019 16:11):

    Según la versión oficial que se maneja en la Bundesrepublik la respuesta es sí, Alemania también es culpable de la guerra del 14. Y le echan toda la culpa al Kaiser Guillermo por meterse a gobernar en lugar de dejar hacer a los cancilleres. También se dice que los imperios de Europa Central eran más autoritarios y menos democráticos que sus vecinos del oeste. Y los agresores no fueron Francia y Rusia sino los Habsburgo que tiraron la primera piedra.

    Sobre qué hubiera pasado si el II Reich hubiera salido triunfante tampoco sabría qué decirle. La situación social era un autentico polvorín, los peligrosos podemitas de entonces eran los socialdemócratas y tampoco faltaban comunistas. Puede que nos hubiésemos ahorrado el comunismo ruso a cambio del comunismo alemán o que toda Europa entre el Rhin y el Volga acabara convertida en una comuna o que todo siguiera igual.

    Lo que sí es cierto es que el II Reich no era tan malo como el tecero. Igual que si comparamos en España la Restauración con el franquismo. A fin de cuentas el reinado de Alfonso XIII nos dio la generación del 98 y la del 27, un Nobel de medicina, el autogiro… la postguerra en cambio fue un marasmo científico e intelectual. Es curioso el paralelismo histórico entre ambos países: monarquía decimonónica seguida de dictadura fascista con una pequeña república y guerra entre medias. Pero que los viejos tiempos parezcan mejores que lo que vino después no evita que también la gente estaba muy descontenta y fueran muy inestables.

  31. Comentario de Y (18/06/2019 16:20):

    Qué puntería tengo

    Me entero en la Wikipedia (esa inagotable fuente de confirmaciones involuntarias) que sir Ivison Macadam decía que el profesor Quigley estaba (cito) “loco” (fin de la cita)

    Qué jartá de reir

    Sea como fueran los detalles de esta historia, y sea como sea el tino a la hora de narrarla … Elefante en la tienda de porcelana:

    (1) el imperio británico tenía dos archienemigos: Francia Y Rusia … y alehop
    (2) por qué britania se ata primero a bélgica y luego a polonia … huele a chamusquina
    (3) es muy razonable pensar que si los norteamericanos hubieran mediado de forma sincera los alemanes habrían aceptado un plan de paz alrededor de 1916
    (4) por qué han sido borrados con saña y denigrados todos los intelectuales norteamericanos y oficiales de inteligencia que vieron y contaron esta historia de otra forma diferente a la doctrina oficial

  32. Comentario de Y (18/06/2019 16:55):

    “Alemania también es culpable de la guerra del 14”

    Ya, pero un “también” no sirve para justificar ni las atrocidades en Korea, ni Vietnam, ni las matanzas en Guatemala o en Irak

    Alemania es el Mal absoluto con carácter retroactivo en modo de simulación en diferido y AngloNorteamérica es “la nación imprescindible y excepcional” que derrocha Caos y Terror por el mundo por amor al Bien

    Tiene gracia eso de echarle la culpa al Kaiser que era anglófilo (algo que para más chiste incluso se subraya en los libros de historia digo propaganda Angloficial) y fue uno de los que hizo más esfuerzos para evitar la guerra, recordemos de paso que Alemania fue el último en movilizar sus tropas

    En fin, queremos darle vueltas a un absurdo: la segunda es fruto de la primera, y se proyecta la segunda sobre la primera

    El mito fundacional del imperio nuevo (1945/1955-) es alquimia sacerdotal, fantasías y películas

    Los norteamericanos no salvaron a Europa (1914-) de nada, sino que el imperio británico logró (a pesar de las lógicas reticencias de los norteamericanos) logró arrastrarlos a su guerra, creando así la forja de una monstruosidad (que los contemporáneos lo vieron con claridad) y, por otro lado, mas tarde vendida ya su alma al diablo provocaron a Japón

    En 1914-16 si los norteamericanos hubieran mediado es enormemente probable que los alemanes hubieran aceptado un plan de paz

    Pero, claro, si la suposición del núcleo duro de la clase dirigente Anglo-norteamericana era la destrucción de Alemania (hipótesis que los hechos confirman) … Entonces no había plan de paz posible ni sincera mediación entre las partes en conflicto

  33. Comentario de Y (18/06/2019 17:30):

    Por qué el imperio británico se ató (1914) a Bélgica, eso sería como si hoy en día Rusia saliera en defensa de Persia cuando antes o después ataquen los norteamericanos en uno más de sus interminables abusos

  34. Comentario de Pablo Ortega (18/06/2019 18:31):

    @Y: me sorprende que, ya que habla de Bélgica, no mencione a como el zar Nicolás II (y su gobierno) se jugaron una monumental partida de ruleta rusa, de todo a nada, por la soberanía de Serbia, que según ellos era “inviolable”, y que los austríacos no tenían ningún derecho a querer intervenir en la política interior serbia, aún si había funcionarios serbios de peso detrás del asesinato del archiduque. Al final el zar lo perdió todo, a su familia, sus hijos y su trono, y sus ministros, que lo empujaron a declarar la guerra a Austria, pudieron considerarse afortunados si lograron escapar al exilio a tiempo.

    Ahora mismo el emperador de los romanos debe estarse preguntando si Putin tiene las mismas ganas de terminar como Nicolás II por Venezuela, una provincia aún más lejana. El dilema es quién de los dos emperadores se tragará primero el farol del otro, pues no somos tan importantes para provocar una guerra global.

    Por cierto, creo que si el káiser hubiera triunfado, es harto probable que, pasara lo que pasara, hoy Europa sería un continente mucho más monárquico y tradicional que hoy. Incluso es posible que el káiser ayudase a algún Románov germanófilo a luchar contra los bolcheviques, que para algo eran sus primos. Al fin y al cabo, para que la revolución estallara hizo falta que el zar pusiera a Rusia al borde del caos, literalmente, y aún así se podría haber evitado lo peor, la guerra civil y las purgas, de no ser por la ingenuidad de Kerensky.

    Poco se menciona que Adolfito era tan o más anti-cristiano y anti-monárquico que Lenin… si hubo un principal responsable de que la segunda guerra mundial no fuera contra una restauración Hohenzollern, fue él.

  35. Comentario de Pablo Ortega (18/06/2019 18:33):

    Y sigo esperando que Y nos deleite con su sesuda explicación del papel de Mahoma en la destrucción y caída del Imperio de los romanos. En serio eso sí que me gustaría oírlo.

  36. Comentario de Y (19/06/2019 09:12):

    Los mahometanos llaman “Mahdi” al “Masiá”: las tres religiones mediterráneas se extendieron entre las gentes por el mismo motivo: proporcionaban comunidad a los desafectos y disidentes del imperio. Hay matices por supuesto, por ejemplo el judaismo se extendía entre las mujeres, y se extendía como el fuego por la pólvora, y Pablo de Tarso creó un judaísmo de más rápida propagación, y los Romanos le cortaron la cabeza. Y Mahoma surge como una nueva Ola de lo mismo cuando los cristianos ya han desaparecido como movimiento de oposición. En Siria, Palestina, Túnez e Hispania podemos ver las tres oleadas de descontento ante el imperio de los romanos; pero volvamos a Bélgica

    El imperio británico le declaró la guerra a Alemania “por un trozo de papel” dijo indignado el Kaiser Guillermo, el chiste es que el “trozo de papel” por el que el imperio británico se ata a Bélgica data del año 1836 y es un eco de las guerras contra Napoleón y la Bélgica que nace escindida de Francia, esto es: es un papel para defender Bélgica de un ataque francés, hay que reconocerle a la pérfida Albión su logrado humor

    La pregunta es ¿ por qué el imperio británico convirtió la guerra franco-prusiana_2.0 en la primera guerra mundial !

    Y la sospecha grita al cielo y la respuesta es bien fácil, pues porque el núcleo duro de la clase dirigente del imperio británico estaba esperando desde 1900 la ocasión propicia y la excusa para destruir Alemania

  37. Comentario de Pablo Ortega (19/06/2019 10:09):

    Interesante lo que comenta, ilustre Y.

    “por qué el imperio británico convirtió la guerra franco-prusiana_2.0 en la primera guerra mundial”

    Siendo justos, era la guerra franco-prusiana 2.0, la tercera guerra de los Balcanes y la segunda guerra de los siete años (todos contra Prusia).

    “pues porque el núcleo duro de la clase dirigente del imperio británico estaba esperando desde 1900 la ocasión propicia y la excusa para destruir Alemania”

    Núcleo duro liderado por ese ilustre estadista del Mercadona llamado Edward Grey. Que poquito se habla de él a la hora de echar la culpa de los muertos de la 1GM.

  38. Comentario de emigrante (19/06/2019 12:35):

    #35, hay una teoría que dice que la culpa de todo la tiene un pequeño lago en la no menos pequeña república de El Salvador: el Ilopango.

    Este lago no es más que el cráter de un volcán que estalló allá por el siglo VI en lo que sería la mayor erupción de los últimos 2000 años. Unas diez veces mayor que el Krakatoa, cien veces el monte Santa Helena. La erupción trajo como consecuencia un cambio climático con las consiguientes hambrunas y debilitamiento de la población de todo el Imperio. Con esa debilidad fue presa fácil de la peste bubónica, una epidemia de diensiones similares a la Peste Negra del siglo XIV. Hasta el mismo emperador Justiniano la padeció. Las consecuencias de la peste fueron apocalípticas, ciudades enteras desaparecieron, los campos y el ganado quedaron abandonados, el comercio cesó. En los campos abandonados proliferan los acrídidos y la consecuencia fue plagas de langostas, a los supervivientes les debió parecer el fin del mundo. Y de remate se hizo una interpretación religiosa de la catástrofe: Dios nos ha castigado, ha castigado incluso al mismísimo emperador. La autoridad quedó cuestionada y siguió una época de revueltas que acentuó el debiltamiento.

    En fin, que cuando llegaron los mahometanos no quedaba nadie que pudiera hacerles frente y fue un paseo militar hasta llegar a las Columnas de Hércules. Aunque Persia y Arabia también padecieron la Peste su densidad de población era menor y el impacto de la misma no fue tan dramático como en las ciudades densamente pobladas del Imperio. Efecto mariposa, una erupción en un lejano y desconocido lugar y tenemos ocho siglos de dominación musulmana en la penísula.

    De la wikipedia en la lengua del Reich:
    “Die Ursachen für diese gut belegte Kälteperiode, die von 536 bis in die Mitte des 7. Jahrhunderts andauerte und inzwischen auch als LALIA (Late Antique Little Ice Age) bezeichnet wird, sind umstritten: Der Vulkanologe Ken Wohletz vom Los Alamos National Laboratory fand im Jahr 2000 Indizien dafür, dass der Ausbruch eines riesigen Vulkans im heutigen Indonesien eine globale Katastrophe verursacht habe. Der 1883 ausgebrochene Krakatau soll demnach ein „Nachkomme“ dieses Riesenvulkans namens Rabaul gewesen sein. Der Klimatologe Robert Dull von der Universität von Texas vertrat hingegen 2010 die These, der Ausbruch des Ilopango in El Salvador sei für das Ereignis verantwortlich”

  39. Comentario de Asertus (19/06/2019 12:48):

    Eso no puede ser, porque la niña Asperger nos ha dicho que la culpa la tienen los curritos que pillan la furgoneta de gasóil para llegar el pladur a las obras, desde los polígonos industriales, en vez de ir en metro desde Maqueda a Cobo Calleja, o en sus Tesla.

    Y los volcanes o los rayos solares no tienen nada que ver. Seguro que los mayas salvadoreños tenían alguna planta de energía no renovable.

  40. Comentario de emigrante (19/06/2019 13:14):

    Pongo una traducción del último párrafo para facilitar las cosas:
    “Las causas de este período frío bien documentado, que duró desde 536 hasta mediados del siglo VII y ahora también se conoce como LALIA (Late Antique Little Ice Age), son controvertidas: el volcanólogo Ken Wohletz del Laboratorio Nacional de Los Álamos encontró en el año 2000 indicios de que la erupción de un enorme volcán en la Indonesia actual causó la catástrofe global. El Krakatau, que entró en erupción en 1883, se dice que fue un “descendiente” de ese volcán gigante llamado Rabaul. El climatólogo Robert Dull de la Universidad de Texas, sin embargo, sostiene en 2010 la tesis de que la erupción de Ilopango en El Salvador fue la responsable del evento”

    De la misma página ya traducido para no gastar saliva digital:
    “La escasez de alimentos asociada con la pandemia, la disminución de los ingresos fiscales y la creciente incapacidad (aunque algunos historiadores lo duden) de desplegar soldados suficientes para defender las largas fronteras del imperio, pueden haber contribuido a que las costas este y sur del Mediterráneo cayeran bajo el dominio árabe y el Imperio romano-bizantino se redujo a Constantinopla, Asia Menor, las afueras de los Balcanes y varias islas en el Mediterráneo. Sin embargo, los principales enemigos de los romanos, los sasánidos y los árabes, también se vieron afectados por la enfermedad.

    Şevket Pamuk y Maya Shatzmiller asumen una conexión causal entre la plaga de Justiniano y el empoderamiento económico del imperio mundial islámico. Argumentaron que, por la gran disminución del número de trabajadores, los salarios aumentaron significativamente debido a la reducción de la oferta. Al mismo tiempo, la primera ola de invasión, que se había desplazado a través de regiones escasamente pobladas, se vio menos afectada por la epidemia que las áreas más urbanizadas del Imperio Romano de Oriente y Persia”
    https://de.wikipedia.org/wiki/Justinianische_Pest

  41. Comentario de Lluís (19/06/2019 17:43):

    Cambiando de tema, ya han roto Valls y Rivera. No es que pensara que fuesen a durar 50 años, ni siquiera hasta el final de la legislatura municipal, pero creía que, aunque solo fuese por el qué diran, mantendrían las apariencias en público un poco más.

    Se rumoreaba que Valls se estaba planteando crear un nuevo partido de centro-izquierda en Cataluña, de corte catalanista y con los que por culpa del “prucés” dejaron de sentirse representados por CDC, UDC o incluso el PSC. Incluso sin que Corbacho se borrase antes de empezar, o reclutando a un García Albiol sin nigún futuro en el PP, no lo veo. No veo a CDC o UDC de centro-izquierda, a Valls en el catalanismo (por más moderado que sea) ni a García Albiol con ninguna de esas dos opciones. Tampoco me imagino que compartir grupo mixto con la CUP sea suficiente para el ego del francés. De todas formas, con el braguetazo que va a dar, de toda esa tropa es el único que no necesita el sueldo público para vivir.

  42. Comentario de notengoniidea (19/06/2019 22:36):

    # 40. Bueno, entonces habría que explicar por que decenas de años despues de la erupción, los bizantinos pudieron colocar, tras su intervención en una guerra civil al estilo de las ibéricas, a su candidato al imperio rival y como, unas decenas de años después se dieron de hostias contra ese mismo rival, y le mandaron a la lona en el, quizás, el mayor conlicto de toda la Alta Edad Media (Heraclio-Cosroes).

    10 años dspués de haber paseado la Veracruz recuperada a los persas por Constantinopla en desfile triunfal, los árabes estaban dando navajazos por Yarmouk. Igual habían pasado 80 años desde la peste de la era Justineana.

    Puede que haya que mirar a cosas como el agotamiento fiscal (de amobs imperios, que fueron rematados por el outsider que había estado mirando desde el tendido mientras se sacudían guantazos) y, sobre todo, la disensión reliiosa (al fin y al cabo, el Islam era percibido como una escisión filomonofisita del cristianismo, lo le dabba ascendente en Siria y Egipto)

  43. Comentario de Y (20/06/2019 07:59):

    El islam, para algunos cristianos orientales, era percibido … Sí, pero era muchísimo más cercano y prácticamente indiscernible de la religión judaica popular más acá del judaísmo sacerdotal y más acá del judaísmo rabínico medieval

    En tiempos de Heraklio la oposición oriental al imperio romano era muy pujante, de hecho el rastro genetico apunta a que el pueblo yiddish procede de los expulsados por Heraclio que llegaron al norte de Italia desde Turquía-kurdistan-Persia-Partia … Y en Italia a su vez se unieron a mujeres de allí

    En el siglo I un yehudi era hijo de varón yehudi, el cambio de definición que hicieron los rabinos es chistoso; pero en cualquier caso el ingenioso sistema de control del software independientemente del hardware ha funcionó

  44. Comentario de Pablo Ortega (20/06/2019 08:25):

    @notengoniidea: la guerra Heraclio-Cosroes fue el conflicto más grande de la Antiguedad (que insisto para mí la Antiguedad Tardía termina con la muerte de Heraclio, el verdadero último emperador romano) después de las guerras civiles romanas que dieron nacimiento al Imperio. Ni siquiera la guerra de Trajano contra Partia es comparable. El colapso del Imperio occidental ante los germanos fue un proceso más lento y gradual, con pocas grandes batallas…

    Hablamos literalmente de una guerra mundial (para estándares de entonces) que duró la minucia de veintiocho años… prácticamente ningún territorio de ambos imperios escapó a la guerra, de hecho Heraclio fue el general occidental que más lejos llegó en Oriente, organizando incursiones hasta en Media, hasta literalmente antes de ayer. Por algo lo llamaron en su época el segundo Alejandro.

    Y para colmo, los líderes de ambos imperios cuando muere Mahoma eran un anciano cansado (Heraclio) y un muchacho que necesitaba regentes que gobernaran por él (Yazdgard III). Los árabes lo tuvieron más fácil que Alejandro para conquistar Persia, y eso ya es decir bastante.

    Me mantengo en mi tesis, de que fue la magnitud de esa guerra y la monumental suerte árabe de atacar en el momento más favorable, aún más que la peste justinianea, la cual en todo caso, asumiendo como válida la tesis del volcán centroamericano, fue responsable del debilitamiento del Imperio tras la muerte de Justiniano, con la pérdida de buena parte de Italia e Hispania, hasta que llega un basileo fuerte (Mauricio) y logra contener la situación. Hasta, claro está, que el ejército lo derroca literalmente por tacaño.

    En serio insisto que la gran guerra romano-persa está muy infravalorada. Por haber incluso hubo una nueva revuelta judía contra la Roma cristiana, en una época donde yo mismo quedé sorprendido de que quedaran judíos en Palestina.

  45. Comentario de Y (20/06/2019 08:26):

    Lo curioso es que desde Mitridates VI el grande, rey del Ponto, hasta los tiempos de Heraclio es una constante oposición al imperio romano, y en el levante vemos una capa judaica, una capa cristiana y -cuando los cristianos dejan de ser un movimiento de oposición- una capa mahometana. Y en el otro extremo, en la Bética, vemos a cristianos/godos, judíos y mahometanos en coalición contra Toledo

    Se podría decir que de forma similar hoy en día en la oposición está lo mejor de cada casa y el poder del actual imperio romano-sionista-wahabi … Reúne lo peor de cada casa

  46. Comentario de Y (20/06/2019 08:44):

    “la Antiguedad Tardía termina con la muerte de Heraclio”

    me gusta, sí, esto está bien atinado y certero, me lo quedo

  47. Comentario de Y (20/06/2019 08:46):

    Y los acontecimientos en la Bética en el siglo VII son consecuencia, De Sisebuto al Concilio 17 ? no me acuerdo de Toledo en el 698 o por ahí bien cerquita del 711

  48. Comentario de Y (20/06/2019 08:55):

    Los libros de historia en “la tierra del norte/poniente” (Hispania/Spania/Yspanya) no cuentan que el general del ejército mahometano se llamaba “Moisés” (Moses/Musa) que es un nombre de la literatura de fantasía aramea de época persa, situada esa fantasía aramea en tiempos de TutMoses III y el Derrumbe Final del Bronce Tardío [que curiosamente este punto interesante fue señalado en estas mismas páginas por una contertulia (que por cierto me parece que nos hemos quedado sin mujeres en este foro)]

    Artobás, hijo de Witiza

    Estaba Artobás, hijo de Witiza, sentado en su espléndido trono de oro y plata, cuando se presentó un tal Maymun de los banu Hazm y le pidió a Artobás, hijo de Witiza, tierras para cultivar con su clan

    Y Artobás, hijo de Witiza, llamó a su administrador (wakil) y le ordenó que le entregara al tal Maymun una gran propiedad junto al río Guadajoz (al-maysar al-ladi ala Wadi Saws) y una fortaleza que desde entonces fue conocida como Qal’at Hazm

    Los generales sirios protestaron ante el hijo de Witiza, cómo le daba tantas tierras a ese don nadie

    Y el hijo de Witiza le reprochó a los generales sirios su falta de entendederas en cuestiones de magnanimidad

    Pues “todos los que estamos aquí somos reyes (muluk)”

  49. Comentario de Y (20/06/2019 09:48):

    “En la tradición musulmana Heraclio aparece como un gobernante justo y piadoso, que tenía un contacto directo con las fuerzas islámicas. El erudito del siglo XIV Ibn Kathir (m. 1373) llegó más allá, diciendo que «Heraclio fue uno de los hombres más sabios y uno de los reyes más resolutos, inteligentes, profundos e informados. Gobernó a los romanos con gran liderazgo y esplendor»”

    https://es.wikipedia.org/wiki/Heraclio

    Tiene lógica, en Occidente por ejemplo hubo que esperar justo al final para encontrar un romano lúcido capaz de reflexionar: Agustín de Hipona

    “El buho de Minerva alza el vuelo al atardecer”

  50. Comentario de Y (20/06/2019 11:00):

    Pablo

    “Pablo [de Tarso], jefe de la escuela/corriente de los nazarenos, promueve la rebelión de todos los judíos del Orbe” (leemos en el Libro de los Hechos en el Nuevo Testamento)

    La respuesta de Pablo [en este foro] sobre la expansión musulmana es la atinada: el imperio romano y el imperio sasánida se destrozan, y Heraclio tiene una pesadilla de “hombres circuncidados”, y esto tiene gracia: los Romanos_2.0 vieron a los mahometanos (pero con más razón) como los Romanos_1.0 vieron a los cristianos

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