Pablo y la gente en un polígono

Unidas Podemos ha escogido un sitio peculiar para realizar su acto central de campaña, con la presencia de Pablo Iglesias: el pabellón norte de Feria Valencia, en Benimàmet. Una nave enorme con un escenario circular en el centro. Como Compromís, pero en un frío polígono, sin aire libre. Sin demasiado ambiente festivo, que aquí hemos venido a escuchar a Pablo. Un lugar, hay que decirlo, cuya ubicación dista mucho de resultar céntrica, o de fácil acceso. Con la emoción añadida de que, hasta ayer, el sitio del mitin era otro, ubicado en València. De manera que para ver a Pablo Iglesias los asistentes han tenido que esquivar unos cuantos obstáculos que harían las delicias de los teóricos de la Trama. ¿Se trata de una primera prueba de fe en el líder, ahora en horas bajas?

Me pregunta mi compañera Marta Gozalbo: ¿Podemos tiene himno? La respuesta llega en ese mismo momento, cuando la gente empieza a gritar: “¡Pablo!¡Pablo!¡Pablo!”. El frenesí. Entra Pablo Iglesias. Todo el mundo aplaude y grita el “Sí, se puede” con emoción. La vida de Iglesias, desde hace cinco años, es esto: un sinfín de actos, mítines, aplausos y abrazos. Seguro que genera mucha adrenalina y entusiasmo, pero también debe ser cansado. Si yo me canso escuchando un mitin, imagínense protagonizarlos día tras día, durante meses y meses y meses [acceso al artículo completo]


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