Esperando a Vox

La Cadena Ser ha abierto el fuego de los debates de la campaña electoral valenciana con el primer debate a cinco de las Autonómicas (habrá otro, en À Punt, dentro de dos semanas). Un debate con mucha gente, poco tiempo, y un formato envarado, sin posibilidades de establecer un diálogo directo entre los candidatos: cada uno cuenta con 90 segundos en cada bloque para formular sus propuestas (a veces, ha dado la sensación de que 90 segundos eran demasiado tiempo) y otros 60 para criticar a los demás o defenderse. Un debate cada vez más breve, más condensado, más televisivo aunque lo organizase una emisora de radio, y más aún porque ahora tenemos cinco partidos con opciones (seis, contando a Vox). Fragmentación política que en los medios propicia que la cosa se espectacularice cada vez más.

El debate ha transcurrido inicialmente como una mano de póker con dobles parejas: Puig-Bonig, por un lado, y Cantó-Oltra, por otro. Dalmau, mientras tanto, iba a lo suyo, leyendo constantemente propuestas y comentarios, como una caricatura de sí mismo, profesor de Universidad con un manual al que recurre en clase. Esas dobles parejas se han venido difuminando paulatinamente en un todos contra todos, pero siempre entre bloques: Cantó y Bonig contra Oltra y Puig. y siempre postulando la candidatura de cada cual como garantía de que no volverán los otros / no seguirán los actuales. Todo muy edificante. Y en este ámbito, quien tenía más que perder, como le ha ocurrido a lo largo de toda la legislatura, era Isabel Bonig: por muy mal que diga que lo ha hecho el Botànic, es verdaderamente difícil que la gente piense que lo han hecho peor que el PP. Sobre todo, porque el Botànic tampoco es que haya hecho mucho (ni bien ni mal) [acceso al artículo completo]


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