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El 28 de brumario de Vacío Bonaparte

¡Letizismo o muerte!

El 2 de diciembre de 1851, Luis Napoleón Bonaparte, en ese momento presidente democráticamente elegido por los franceses, dio un auto-golpe de estado e inauguró el Segundo Imperio francés [1]. Golpe que dio pie a una de las obras más famosas de Marx [2], en la que comparaba este golpe con el realizado por el Napoleón original en 1799, y que empieza con la famosa cita de que la historia acontece dos veces, una como tragedia y otra como farsa. Sin embargo, aquí vamos a enmendar al barbudo germano. Cualquiera que haya leído algo de Napoleón [3] sabrá que el 18 de brumario original ya fue más farsa que otra cosa. Increpado el 19 de brumario (como buenos latinos los conspiradores habían repartido el golpe en dos días) ante el Consejo de los Quinientos [4], Napoleón sufrió una lipotimia y fue sacado en volandas. Fuera, él y su hermano Lucien exhortaron a la guardia del Consejo, culminado en una escena de ópera buffa donde Lucien le puso a su hermano una espada en el pecho y afirmó que si Napoleón traicionaba a la república, él mismo le hundiría el acero en el corazón (24 añitos tenía Lucien, igual se lo creía y todo). La guardia se pasó a los Bonaparte, y entró en la cámara con bayonetas caladas. Los últimos vestigios de la Revolución Francesa eran barridos, empezaba el bonapartismo.

El 15 de febrero de 2019, Pedro Sánchez Pérez-Castejón, nuestro presidente Vacío [5] investido siete meses antes en una moción de censura [6] perfectamente legal, anunció elecciones generales para el 28 de abril al ser incapaz de sacar adelante su proyecto de presupuestos. Lo hacía imbuido de dignidad y de “yo no me pliego a los nacionalistas”. Otra farsa más dentro de la farsa general que constituye la política patria de los últimos 20 años (y posible tragedia dependiendo del resultado y de sus filias y fobias, querido lector). Sin embargo, y aunque parezcan una vez más las-elecciones-más-importantes-de-nuestra-historia, más vale parar el carro. Se habla de la irresistible ascensión del trifachito, pero la tradición de varias generaciones de Cultura de la Transición pesa sobre los vivos como una losa. El trifachito andaluz nació y se alimenta de una serie de particularismos (36 años de hegemonía socialista que crearon un electorado desmotivado de izquierdas y la posibilidad de que emergiera un nuevo partido tirando del descontento, pero sobre todo la persona de Susana Díaz [7], que difícilmente podía movilizar a su electorado gritando “que viene la derecha” cuando ella misma había sido la instigadora de la defenestración de Vacío y quien empujó al PSOE a facilitar un nuevo gobierno de Rajoy [8]) que a nivel nacional serán más difíciles de emular. Por eso yo no tengo tan claro que vayamos a tener trifachito sí o sí. Más bien, si hay la más mínima posibilidad de montar un gobierno PSOE+C’s (con los votos de PNV+CC, si fuese necesario), las presiones para que se materialice van a ser titánicas. Por parte del IBEX y sobre todo de Bruselas, donde tienen bastante claro lo que VOX representa [9]. Y Vacío, que estará vacío pero no es tonto, lo sabe. Va a costar, va a depender de muchas cosas, pero esa es su hoja de ruta: Letizismo o Muerte, y él como supremo sacerdote. Mantenedme en el poder a toda costa o vienen los extremos, de un lado y del otro. La misma jugada que ha llevado a Macron al Eliseo [10]. Usando como trampolín a la muchachada morada [11] (40 añitos tiene Iglesias, y parece que se lo creía y todo) a la que ahora dejará tirada. Prisa [12] y RTVE [13] ya han calado bayonetas y proceden a apelar al voto útil. Los últimos vestigios de la Revolución del 15M han sido barridos, empieza el letizismo imperial.

 

L’Etat c’est moi.

 

Esto del pacto Überletizio, claro, no se puede decir en voz alta, ni los unos ni los otros. Vacío, porque aún quiere recoger más votos de Podemos, no solo los estrictamente útiles de las provincias rurales [14]. Rivera, porque no quiere perder más votos al PP o directamente a VOX, por lo que ya ha dicho que trifachito o muerte [15]. Bueno. Esto tiene la misma credibilidad que sus promesas de no pactar con VOX [16] en Andalucía, sus promesas en 2015 de limpiar Andalucía para acabar invistiendo a Susana Díaz, su rotundo compromiso con la lista más votada [17], o sus promesas de no investir a Rajoy [18], por mucho que lo hayan ratificado por unanimidad en el Consejo del partido [19]. ¿Que no votarían a Sánchez? ¡Pero si ya votaron por él en la más alta ocasión [17] que vieran los siglos! No, en serio: si Sánchez sumase tanto con los catalanes de bien como con los catalanes de mal, ¿acaso los catalanes de bien no harían el sacrificio para evitar el pacto con EL MAL? Nada nada, reeditamos el Pacto Letizio, le añadimos una reforma legal que prohíba los indultos a los condenados por rebelión, Rivera se cuelga la medalla de “haber traído al PSOE de vuelta a la Constitución” y de haber evitado un pacto con la Anti España, y tira millas. Cosas peores se han visto, aunque no tan vertiginosas: Vacío pasaría de votar el 155 a conseguir el apoyo de los independentistas y vuelta al 155 de rebelión y sedición. Dirán algunos que esto sería la muerte de Rivera, sobre todo después de haberse vendido al constitucionalismo sin complejos de la manifestación de Colón. Es posible, pero la otra ruta tampoco está exenta de peligros. El problema de una coalición “sin complejos” es que va a acabar en una carrera hacia la derecha para ver quien tiene menos complejos. Y esa es una carrera que C’s no puede ganar. Mejor refugiarse en un gobierno letizio mientras PP y VOX se enfrentan desatados a cara de perro por el voto más allá del 8 en la escala del CIS [20].

Pero al margen de todas las consideraciones políticas, hay una personal. Una, además, avalada por el propio Napoleón, que prefería oficiales con suerte a oficiales competentes. De la competencia de Vacío opine cada uno lo que quiera, pero no puede caber duda de que tiene, no ya una flor, sino un ramo entero en el culo. Perdió dos elecciones generales, fue el primer candidato que perdió una investidura [17], ha tenido a todo el aparato en contra, tuvo a PRISA en contra todo el rato, fue defenestrado [21] de forma humillante de su cargo de secretario general, hace menos de tres años era apenas un militante sin escaño ni cargo en el partido, le han sacado todas las vergüenzas de una tesis doctoral de risa [22] y su paso por CajaMadrid… y ahí le tienen, presidente del gobierno, y preparando el asalto al Olimpo letizio durante los próximos cuatro años. Pactando con quien haga falta, haciéndose las fotos que hagan falta, adulado por una corte de lisonjeros [23], y hundiendo a Ciudadanos y Podemos en el proceso. Y todo ello sin haber emitido una sola idea política relevante propia. Lo más, un libro sobre lo guay que es tener “campeones nacionales” y que el estado los apoye con toda la artillería [24] (también Luis Napoleón escribió un librito para darse a conocer y tal, “De la extinción del pauperismo [25]”, que no nos hemos leído y no podemos juzgar pero no podemos dejar de notar que un autócrata del siglo XIX pusiera más empeño en parecer preocupado por los pobres que un socialista del siglo XXI). Los historiadores del futuro contarán cómo el letizismo creó en España las circunstancias y las condiciones que permitieron a un personaje vacuo y vacío representar el papel de héroe. El propio Mariano Rajoy, entre la siesta y la segunda siesta, tiene que estar asombrado.

 

El Hombre. El Vacío.

 

Partido Popular: una pata verde y la otra naranja

La Vía Letizia hacia el poder de Vacío contrasta con la Vía Españolaza que ha exhibido el Partido Popular en los últimos meses, desde la elección de Pablo Casado como presidente del partido. Sobre lo acertado o no de esta elección se ha debatido mucho, y si no les importa les resumo mi opinión: es una mala elección si lo que quiere el PP es volver a recuperar el centro político. Porque con Casado no tienes que esperar, como con Rajoy o Aznar, a que tenga mayoría absoluta para que se quite la careta (a mi no me parece que lleve careta, ¡no quiero ni imaginar lo que habría detrás de resultar que sí la tiene!) y descubrir que para él la sociedad está estratificada en clases, pero no al modo marxista, no: por un lado la clase de arriba, la gente de bien que por serlo tienen derecho a empezar la vida en la casilla ocho del tablero [26], y por el otro la clase de abajo, la chusma que viene a expoliarnos [27]. Y los demás pues en algún lugar entremedias. Y junto a ello, una visión de la Transición como una historia de paz [28] y éxito donde la derecha y el Rey [29] nos trajeron la democracia, pero que a la izquierda hubo que hacerle concesiones en forma de libertades individuales y estado social para que no la liaran parda; concesiones fruto del momento, pero que ahora, con la democracia ya asentada, pues no son de recibo y ya va siendo hora de desmontar esas molestias de la libre expresión que tanto ofenden a los españoles de bien, y con ellas todo este entramado fiscal confiscatorio y redistribuidor/desincentivador que los creadores de riqueza, con su santa paciencia, han aguantado 40 años en aras de la paz social, pero que ya no puede ser si no queremos cargarnos el país. Un discurso, el de Casado, que en principio no debería pasar nunca del 30% del voto. Claro que enfrente no tendrá a una izquierda unida en un único partido, y nuestro simpático sistema electoral fue diseñado específicamente por el bunker franquista para permite en ocasiones que con poco más del 30% del voto, especialmente si se concentra en las provincias “correctas [14]” y eres el más votado, te quedes a las puertas de la mayoría absoluta. En 1979 [30], la UCD sacó 168 diputados con el 34.84%. Así que un poquito de yuyu igual no está fuera de lugar, que tras Trump, Orban, el AfD y Le Pen no las tengo todas conmigo.

Pero hete aquí que Pablo Casado se ha encontrado con una inesperada piedra en el camino: la aparición fulgurante de un partido basado en la lucha feroz, sin concesiones y sin hacer prisioneros contra el feminismo, el buenismo, el malvado estado, los parásitos sociales, el legado zapateril y los pérfidos nacionalistas. Aparición que ha pillado a contrapié a la izquierda, pero también a las derechas que abanderaban la lucha contra el feminismo, el buenismo, el malvado estado, los parásitos sociales, el legado zapateril y los pérfidos nacionalistas, pero todo ello con mayor o menor rostro humano, ¡que no se diga!

 

Darwinismo social con rostro humano. ¡Vuelve, Mariano, todo está perdonado!

 

Aunque Rajoy en su fase como líder de la oposición se hartó de criticar las mil y una Leyes Destructoras de Nuestra Civilización de ZP -aborto, memoria histórica, papeles de Salamanca, divorcio exprés, Estatut de Cataluña, matrimonio homosexual y similares, lo que para entendernos vamos a llamar el “Pack Rojo”-, él era un conservador pata negra, y por eso una vez en el gobierno no tocó NADA (bueno, por eso y también por miedo a que una involución social tan obvia sirviese de enganche para movilizar el voto socialista, un cálculo bipartidista totalmente lógico para alguien que haya vivido los 90). Problema: hay gente en la derecha que sí quiere cambios. Algunos se fueron con Ciudadanos. Otros se quedaron, pero con un descontento latente. Esa es la gente que Casado quiere enamorar… y que ahora le disputa Abascal. Una lucha por el votante enfadado, el Wutbürger de derechas [31]. Lucha que Casado puede librar porque -a diferencia de Sáenz de Santamaría, una conservadora como su maestro y mentor- es un reaccionario. Alguien dispuesto a cambiar cosas, pero a como estaban hace 30 años, a esos ”consensos de los 80 [32]” sobre el aborto/divorcio/memoria histórica que invoca. (Fun fact: el “consenso de los 80” consistió en que el PSOE aprobaba leyes que le sacudían a España el polvo más rancio del franquismo mientras Alianza Popular berreaba que dichas leyes iban a traer el Apocalipsis y votaba en contra, para luego asumirlas a la chita callando en los 90; y con el Pack Rojo ha pasado más o menos lo mismo, que de recurrir el matrimonio homosexual ante el TC han pasado a tomarse daikiris en la boda de Maroto [33], mientras la contraofensiva del aborto se quedó en una reformita tan pacata que hasta Alberto Ruiz Gallardón, el hombre con la Cara de Hormigón Armado de 7000 Millones de Euros [34], tuvo que dimitir por vergüenza torera.)

Este programa de “volver a los 80” tiene el problema de que te sale un VOX diciendo “no, mejor volvemos a los 70”. Aún así, dado que previsiblemente la derecha conservadora rural, por inclinación y diseño del sistema electoral, seguirá votando azul hasta la muerte y más allá [35], lo normal es que Casado sea líder destacado en escaños y el más votado del trifachito, y si este suma tiene opciones para llegar a presidente y aplicar un programa que se puede resumir como “155 para todos y para todo, que si está en la Constitución-que-nos-dimos-entre-todos tiene que ser bueno”.

 

Ciudadanos del Mundo y de Blas de Lezo

Al lado del PP se sitúa Ciudadanos, pero en unas coordenadas políticas muy diferentes. Mientras el PP juega sobre un eje España-Antiespaña, Ciudadanos funciona sobre un eje político diferente, el eje Letizismo-Populismo. Un eje intelectualmente más estimulante, porque requiere de más malabarismos mentales. Frente a la Antiespaña basta con agitar la bandera “de todos”, frente al populismo tienes que agitar tu bandera “de todos” igual de fuerte mientras le gritas al mundo que el nacionalismo es un cáncer. ¡Ese espagat [36] no está al alcance de todo el mundo!

 

¿Y qué es populismo?, dices, mientras clavas en mi pupila tu pupila naranja? Populismo… eres tú.

 

Pero una cosa es que te gusten los elevados debates programáticos rellenos de DATOS, y otra que le hagas ascos a los votantes, vengan de donde vengan. Rivera y su troupe, en ese sentido, creían lo mismo que nosotros [37]: que Vacío iba a encadenarse a la mesa de su despacho durante el máximo tiempo posible. Diseñaron entonces la clásica estrategia opositora de las derechas españolas: años bramando que España se rompe por las embestidas de la ETA yihadista feminazi de Tractoria que tiene cautiva a un gobierno “ilegítimo” y “golpista”, para luego virar al centro en el momento justo y presentarse como la “alternativa sensata”. Esta estrategia, ensayada con tanto éxito por Aznar en 1993-1996 y Rajoy en 2004-2011, les ha estallado un poco en la cara con la convocatoria de elecciones anticipadas: no deja mucho tiempo para hacer creíble un giro que los aleje de Abascal y Casado. Que tampoco le importará mucho a la mayoría de sus votantes [38], pero con lo ajustado que se intuye el resultado y lo difícil que es la vida en la parte baja de la tabla cada votante cuenta. Y el votante moderado de centro sí puede verse tentado de seguir con Vacío, sobre todo si el cambio sensato se ve sustituido por reinterpretaciones históricas más propias del NO-DO [39] que del siglo XXI.

VOX es tóxico para C’s, a nivel de políticas pero sobre todo de imagen. A esa imagen socio-liberal, venimos-de-la-socialdemocracia, aupa Europa y viva toda esa gente rubia molona y europea de ALDE que ha superado la Leyenda Negra y nos ve como socios e iguales, no le sienta muy bien la foto con Abascal. Incluso en Andalucía, con todo el consenso social que había sobre la necesidad de airear el califato socialista de la Junta tras 36 años de mangoneo, se han preocupado muy mucho de, primero, pactar a toda velocidad -no sea que Europa y el IBEX tengan tiempo de reaccionar-, y, segundo, negar vehementemente [40] que haya habido pacto. Este comodín no estará disponible ahora, y además las elecciones locales del 26 de mayo van a obligar a C’s a no pronunciarse durante un mes, so pena de quedar retratados. Y cada día que Rivera niegue al trifachito es otro día más de llamadas desde Bruselas, donde la idea de un Salvini/Le Pen/AfD español no debe caer nada bien.

Pero por ahora el partido sigue atado al mástil de la Vía Sin Complejos como eje cohesionador de una triada con aspiraciones de llegar a Moncloa, con la incógnita de cuál de los tres quedará el primero. Con su quema de las naves letizias, Rivera se la juega a que va a ser él [41], y además apuesta a que tiene más potencial a su derecha que a su izquierda; el viejo plan de arrinconar al PP en sus feudos y hacerse con su ala moderada para liderar un gobierno de derechas y absorberle mediante OPA hostil [42]. El problema es que los feudos del PP son los que son, provincias poco pobladas de la España interior y de Galicia, y ya haría falta un descalabro apocalíptico para sacar al PP de ahí. Es más probable que el sorpasso naranja se tenga que comer con patatas esas encuestas de hace apenas un año [43] donde rozaban el 30% con 8 puntos de ventaja sobre el segundo, y que veamos que toda su campaña no ha hecho más que reforzar el discurso de otros partidos más a su derecha, como paso previo de la vuelta al centro mediante el Pacto Letizio II. Sería risible si no fuese a la vez un poco trágico.

 

Unidas Podemos

Hace ocho años, muchos españoles salieron a la calle para protestar contra una política que les dejaba de lado, creándose un cierto revuelo en la hasta entonces muy elitista política española. Al poco tiempo, surgían “manifiestos” y “programas” para reformar el país que en su crudeza y demagogia estaban al nivel de un editorial de la prensa escrita, pero que al menos implicaban una mayor politización, sobre todo de jóvenes y desencantados. Esa “revolución” del 15M ha quedado en agua de borrajas, de hecho parece que lo único que va a quedar es la reacción en sentido contrario [44]. Esto ha llevado a numerosas críticas contra Podemos por “traicionar el espíritu del 15M”, pero aquí cabe preguntarse: ¿logró algo concreto el 15M? Porque dos meses después de tomar las plazas, el PP arrasó en las Autonómicas y Locales [45], y a los ocho meses Mariano Rajoy logró 186 escaños [46]. Hicieron falta cuatro años y la llegada de Podemos para que esas mayorías se perdieran, y realmente solo se pudieron construir alternativas en algunos ayuntamientos (que ni siquiera son “de Podemos”, sino alianzas municipalistas).

Quizás es mejor ver otras revoluciones (¡pacíficas, señor Fiscal!) para lograr otras perspectivas. Tomemos el famoso mayo de 1968. En Alemania, el partido que mejor representaba “el espíritu de mayo del 68”, Die Grünen, tardó 12 años en formarse, 15 en tener presencia parlamentaria (sin poder evitar la Revolución Conservadora de 16 años de Helmut Kohl), 30 en gobernar, y 31 en traicionar sus ideales (en su caso, apoyo a las intervenciones en Kosovo y Afganistán). Hoy, 51 años después, son alternativa de gobierno [47] y todo. ¿Ofreciendo qué? Pues un cierto capitalismo verde, cierta implicación por los derechos civiles, y cierta preocupación por los refugiados, pero sin pasarse. El viejo chiste ochentero alemán, los ecologistas son como tomates, primero verdes y después rojos, ya da risa por razones diametralmente opuestas. Son ya más conservadores que disruptivos. Lo “gordo” (fin de la energía nuclear [48], reciclaje a saco, multiculturalismo…) en realidad lo lograron fuera de la política institucional, construyendo consensos sociales más allá de la política partidista que los gobiernos de turno no tuvieron más remedio que implementar. Tal como pintan las encuestas, Podemos podría darse con un canto en los dientes por lograr algo similar. En casi todas, Podemos sale vapuleado, y bastante tendrá con mantener 30-40 diputados en el brumario vacío, y los Ayuntamientos del Cambio un mes después (fun fact: gracias a esta última convocatoria electoral, los Ayuntamientos del Cambio van a abarcar cuatro legislaturas nacionales, desde la X hasta la XIII). Con un poco de suerte, habrá gobierno über-letizio que se comerá dentro de un año una recesión de caballo, y Podemos podrá volver a levantar cabeza y volver a sus orígenes y hablar de políticas sociales… pero más probable es que encima les toque el marrón de tener que investir a Vacío y apoyar sus políticas letizias.

Cuando apareció Podemos, algunos nos atrevimos a soñar: al fin un partido que cuestionaba los mitos del R78, que se posicionaba claramente a favor de la república, que hablaba del reparto de la riqueza, de la renta básica, de las 35 horas semanales, del artículo 135, de impuestos justos, de dación en pago retroactiva, de derechos civiles, y de que la unidad de España debe ser algo deseable, a lograr mediante solidaridad, respeto y reconocimiento de la diversidad, pero no una imposición tallada en piedra para toda la eternidad. Poquito a poquito, uno tras otro, todos estos puntos se han ido cayendo del programa en aras del posibilismo. Todos… excepto uno (sin pasarse tampoco). Que cruel ironía que precisamente ese les haya partido el espinazo.

 

Expediente P: cómo la amenaza bolchevique de 2014 se convirtió para 2019 el enésimo Frente Popular de Judea.

 

Sobre las razones de la caída, creo que estamos todos de acuerdo: en que no nos han hecho caso a nosotros y no han puesto nuestras obsesiones personales (la mía en particular es la Unión Monetaria, pero no juzgo las suyas, que este es –todavía- un país libre) en el centro de su estrategia. Cosa que demostraremos todos la próxima vez que fundemos un partido que arrase electoralmente, pero otro día, que ahora nos viene mal. Pero hete aquí que en la hora de su desahucio y enésima muerte, PABLO ha vuelto combativo [49]y dando caña, mientras los medios pasan de puntillas sobre una operación de las cloacas de Interior [50] para investigar a políticos electos. Todo eso que llamábamos “Régimen del 78” resulta que sigue ahí, ahora disfrazado de “patriotismo constitucional como en los países de nuestro entorno donde estas cosas son normales y los independentistas estarían ilegalizados”, así que bienvenida sea la caña, aunque llegue tarde y mal. Incluyendo ácidas críticas a los medios de comunicación, en un qué escándalo, aquí se juega que resulta un poquito hipócrita, todo sea dicho (pero que aún se queda corto respecto al que se marcó Vacío tras su defenestración [51], ¡y miren qué bien le ha ido!). Tras jugar durante dos añitos al yerno moderno-pero-ideal, que te pone un chalet en el campo y les cambia los pañales a los niños, vuelve la hora del populismo, dirigido esta vez a una izquierda huérfana con el enésimo giro letizio de Vacío. Incluyendo la promesa de la jornada laboral de 34 horas [52], que parece que el hombre nos ha leído y todo [53]. En fin, si su último servicio al partido va a ser quemarse definitivamente en una campaña perdida de antemano mientras el barco morado enfila de nuevo el rumbo al populismo guay [54], bienvenido sea.

 

VOX: esa gente que usted me habla

Pero la gran incógnita de estas elecciones es ese partido al que otros ven como solo ultraconservador [55] o directamente no quieren poner etiquetas [56], pero que nosotros vamos a calificar de ultraderecha. Aclaración: ¿de qué hablamos cuando hablamos de ultraderecha? Porque durante los 40 últimos años no parecía haber en España una ultraderecha “moderna”, es decir, al estilo europeo: con xenofobia y nacionalismo anti-UE. Esto, por supuesto, no se debe a la madurez democrática de la sociedad española, como nos venden con gusto las tertulias de bien. Menos aún se debe a la madurez democrática de la derecha española, “que ha dejado atrás los extremismos, no como la izquierda española que muchas veces aún vota comunista porque no madura y cegada por la ideología no quiere reconocer que los extremos son malos”, en palabras de los ideólogos de derechas. El que no haya partidos de ultraderecha se debe a que, primero, la ultraderecha ha estado muy cómoda votando al PP durante 30 años (lo que debería darnos la medida de cómo estaría clasificado este partido en restoeuropa), y segundo, que la ultraderecha española viene con maletas, ropajes y obsesiones muy diferentes a la ultraderecha europea. Para empezar, el legado de una dictadura de ultraderecha que duró 40 años. Algo que obligó a la derecha española a reinterpretar el franquismo para distanciarse de él, reinterpretación resumida en “Franco en realidad era de izquierdas, con todas esas empresas públicas y toda esa vivienda pública [57], ¿o acaso no es eso lo que los rojos queréis?” Obviando que de lo que se trata en las dictaduras de los señoritos no es de ideología sino de poder; de modo que mientras el aparato del Estado sea el chiringuito de los que mandan pues por supuesto que empresas públicas a tope para mandar más directamente, pero si resulta que hay elecciones y la izquierda puede presentarse ¡y hasta ganar!, mejor que todas esas empresas públicas se privaticen y se pongan en manos del eficiente mercado, y que la política monetaria se privatice a Goldmann Sachs [58] ponga en manos de una autoridad supranacional no sometida a control democrático como el BCE. Y ya puede la izquierda ganar elecciones, que no podrá cambiar nada porque todo lo relevante ya se ha privatizado. ¡Normal que esta gente esté llorando lágrimas de felicidad con la Unión Europea y su recetario económico!

Y en cuanto al racismo (ridículo cuando uno conoce un poco los miles de pueblos que han pasado por aquí) y a la xenofobia, marcas de la casa de la ultraderecha europea, es el momento de recordar un detalle sobre el Tribunal del Santo Oficio de la Inquisición que solemos recordar mal. La Inquisición no quemaba judíos o musulmanes: quemaba a malos católicos (que en el 90% de los casos eran conversos que seguían practicando en secreto el judaísmo o el islam; pero por ser abiertamente judío –hasta 1492- o musulmán –hasta 1609- no te pasaba nada). No es el hiyab lo que obsesiona a la extrema derecha española (desde un punto de vista ultracatólico, hasta tienen más afinidad con un yihadista que con un ateo): es el enemigo interno, los “malos católicos”, los “malos españoles”. Por eso cualquier programa de ultraderecha se centrará cien veces más en extirpar al enemigo interno y a lo que le hace fuerte. ¿Y dónde está ese enemigo? Pues en las escuelas públicas, criadero de ateos y de sexualidades no normativas, en quienes tienen bilis antiespañola [59], y sobre todo en las autonomías “díscolas”. Y aquí, con el “temita”, es donde la ultraderecha parece poder tocar pelo político por primera vez en décadas, y puede acabar saliendo de las cervecerías [60].

 

ESO ha despertado y busca un sumo sacerdote.

 

Los votantes de VOX no son “los desencantados con Podemos” (esos más probablemente han ido a la abstención) sino el ala más dura del PP [61], que se han ido a VOX porque, dicen, “al menos estos harán cumplir la ley”, “que no nos gobiernen desde Irán” y “aquí tienen valores y no son unos vendidos”. Bueno: para lo primero, VOX no habría puesto de candidato en Andalucía a un juez inhabilitado por prevaricación [62], para lo segundo, ahí está esa financiación iraní [63] que se ha descubierto, y finalmente ahí tenemos la propia biografía [64] de Abascal, ese señor tan católico, liberal y vivan-nuestras-fuerzas-armadas: divorciado, cero años cotizados en el mercao pero muchos con carguitos a dedo muy bien pagados [65], y que de joven se escaqueó de hacer la mili. (Nota: la vida privada de un político debería ser totalmente irrelevante de cara al programa que presenta, pero ya que toda España sabe que PABLO vive en un chalet, los metros cuadrados que tiene, la variedad de ficus que crece en el jardín y si la encimera de la cocina es de cuarzo, granito o mármol, pues porqué no vamos a mencionar nosotros las cositas estas de Abascal). No pierdan el tiempo señalándolo a sus votantes: es puro folclore, y a sus votantes no les afectará demasiado porque “son de los nuestros”.

Quizás lo más peligroso de VOX es que ha aprendido algo que Podemos perdió por el camino: que condicionar al gobierno puede ser incluso más efectivo que llegar al gobierno. Gobernar es de derechas [66], las revoluciones se hacen fuera. VOX es una forma de votar PP de toda la vida pero “desde fuera”, combinando un gobierno de derechas… con una revolución aún más de derechas. Ya han logrado que Vacío se eche atrás con el relator, que Casado confiese que VOX en el fondo es lo mismo [67] que el PP, y que C’s tenga que retratarse con ellos [68].

En fin, que VOX daría para un monográfico en esta su página amiga, pero por resumir: VOX no es el cumplimiento de la LEY. VOX es la ley del más fuerte. VOX es el voto de todos aquellos que creen que el país es suyo, por derecho de nacimiento o “mérito”, y que unos débiles e incapaces se lo han apropiado con malas artes; unos blandengues que la tienen demasiado pequeña para emprender o montar pymes les han quitado el gobierno, los piropos a las mujeres y los chistes de mariquitas, para llenarlo todo de corrección política. Es el voto de los que ocupan una posición de superioridad, real o imaginaria, y que creen que esta debe estar reconocida legalmente por ser natural. No es el Holocausto, decir eso es una boutade por mucho friki que haya allí metido [69]: es la esclavitud y la sociedad de castas. Que VOX se infle de votos en El Ejido [70] no es porque allí quieran que se extermine a los inmigrantes para que los trabajos de 800€ y 10 horas al día en los invernaderos los ocupen españoles. No, ese trabajo que lo sigan haciendo los inmigrantes, pero con las herramientas legales para deportar y sancionar al que ose alzar la voz. En suma: para atar en corto. Los Fuertes arriba. Y todos los demás (mujeres, inmigrantes, catalanes…) en su sitio y sin rechistar.

 

PSOE: el Vacío siempre gana

Vacío se ha pensado muy bien esta convocatoria. Hay argumentos a favor [71], como los hay en contra. Pero en general, parecen prevalecer los favorables: la posibilidad de recuperar votantes moderados por el centro, la apelación al voto útil por la izquierda, y el plus de gouvernement, ese puñado de cientos de miles de votos que te caen simplemente por salir mucho en la tele y ser el presidente del gobierno. Porque por programa… ¿por programa cuantos votos le pueden caer? ¡No sabemos cuál es su programa, más allá de que se adaptará como un guante a cualquiera con quien haga falta pactar, que Vacío igual te gobierna con los nacionalistas que se apunta a un 155!

Pero sobre todo, las elecciones le permitirán a Vacío purgar a fondo el grupo parlamentario socialista [72] y rellenarlo con afines. Incluso si no lograse la investidura, se irá a la oposición con un grupo dócil, con los barones más preocupados de sus propias elecciones que de quitarle de en medio, y con la facción Susanyahu todavía catatónica después del voxonazo [73]. Entre eso y la casi segura vítola de “el-partido-más-votado”, ¡a vivir la vida! No sesteando al rajoyano modo de 2004-2011, claro, si no haciendo una oposición muy muy letizia, llena de gestos, fotos con otros líderes letizios (aunque Macron está en horas bajas [74] y a Trudeau le han pillado [75] con asuntillos muy poco edificantes), emisión de cháchara vacía para no decir explícitamente que en Cataluña hay que hablar pero tampoco lo contrario, y a esperar a que el trifachito se desgarre.

Aquí está probablemente el mayor peligro de la estrategia de adelantar elecciones. Las derechas tendrán sus cosas y sus conflictos, pero hay una que tienen muy clara: el poder no se suelta NUNCA, que para algo es de ellos. Y si lo pierden es por malas artes y conspiraciones, el 11M entonces y los viles, traidores e ilegítimos pactos de Vacío ahora. Pero aguantar otro año y medio en Moncloa, sin apoyos y sin nada que oponer al ataque de una derecha histérica, es casi garantía de repetir el resultado de Rubalcaba en 2011 [76]. La decisión era la menos mala, y probablemente hasta le salga bien.

 

Bonapartismo letizio

¿Y en qué va a consistir el probable Imperio Letizio de Vacío Bonaparte? Pues en ponerle la etiqueta de sostenibilidad, molonidad y guapura a la imparable evolución de la sociedad actual. Que no es el fin del capitalismo sino una especie de feudalismo corporativo-inmobiliario, con el IBEX como los nuevos barones y los dueños de inmuebles varios como nueva aristocracia piso-teniente, viviendo todos ellos (y viviendo bastante bien, razón por la que el sistema no ha corrido serio peligro en ningún momento) del trabajo de los nuevos siervos de la gleba: los curritos sin-piso. Con el diezmo actualizado al 50% -que es la parte de la nómina que se va en la hipoteca o el alquiler-, con el Papado que ha mutado Roma por Frankfurt, y con el estado del bienestar reducido a caridad, la burguesía piso-teniente sostendrá a cualquiera que le garantice que esto seguirá así, y ahora mismo eso lo ofrecen mejor Sánchez y el PSOE que el trifachito, porque con el PSOE esto mismo vendrá con abundantes gestos progresistas para el well-being letizio: prometer el cargo sin símbolos religiosos, acoger ocasionalmente un barquito de refugiados, Ministerio de Igualdad… Los principales perjudicados están o bien en la apatía, o esperan heredar pisos para lograr patente de hidalguía, o directamente no tienen el derecho al voto. Las perspectivas dan tanto asco que la sociedad se está estrangulando por la vía demográfica [77] porque nadie tiene ganas de traer niños al mundo que solo podrán ser siervos, pero siempre se pueden traer más inmigrantes para sostener el sistema. Una fórmula para la eternidad, o al menos para unas cuantas décadas, si no aparece ningún Bismark por Alsacia y Lorena.

 

Españaza 2050.

 

Acosado por las exigencias contradictorias de su situación, constitucionalista-pero-gobierno-con-los-indepes, Vacío ha llevado el caos a la política del R78, tan acostumbrada a los ritmos lentos y la falta de sorpresas: primero osa ganar unas primarias contra el aparato del partido, luego monta una moción de censura con la ayuda de quienes dejó (y volverá a dejar) tirados, y ahora unas elecciones anticipadas. Entremedias, casi un año de… no hacer nada, pero con mucho marketing. En otras palabras: ¡marianismo! ¡Marianismo letizio! ¡La Nada ha vuelto en forma de Vacío! Al final, el barbudo de Tréveris tenía razón, la historia vuelve a repetirse, al Napoleón de Pontevedra le ha sucedido el Bonaparte Vacío. Entremedias, el régimen de Luis Felipe VI, el “Rey Ciudadano”, quien tras las Tres Gloriosas del 1-O al 3-O inauguró televisivamente [78] nuestra peculiar Monarquía de Octubre, alineándose con el deep state autoritario y pasando por encima del presidente democráticamente elegido [79]. Ahora veremos si el 28/4 es el 1848 que sustituirá la Monarquía de Julio por el bonapartismo letizio… o si François Rivera-Guizot y Adolphe Abascal-Thiers entran en el gobierno para apuntalar el tambaleante régimen con mano dura. En el primer caso, a priori el más probable, puede establecerse un equilibrio bastante duradero, a poco que Vacío no meta la pata y tenga suerte con el BCE. Pero si nos situamos en el segundo, que la Comuna Catalana se vaya preparando: el trifachito implementará desde Madrid, bajo el culto a la Ley y la Constitución, un régimen autoritario entregado a la sagrada unidad del Volk español. Una dictablanda primoriverista reloaded, con el Rey Ciudadano tomando partido -de nuevo- por los cirujanos de hierro. Pero el efecto sería el de cualquier otra mayoría absoluta del PP: movilización de las izquierdas, en línea con la dinámica cada vez más explosiva de acción-reacción que llevamos viviendo ya unos cuantos años para tapar el desastre de la Unión Monetaria que nos ha convertido en una colonia económica sin futuro. Un trifachito naranja nos llevará en cuatro años a un Frente Vacío. Con un trifachito azul, hasta es posible una conjunción republicano-socialista. Pero si el apolillado manto de la España imperial cae sobre los hombros de Abascal, la estatua de Colón se vendrá a tierra desde lo alto de su columna. Solo quedará por saber si lo hará la de las Ramblas… o la de la Castellana.

 

Entre la comuna madrileña y el bombardeo desde Montjuic. Que Santa Letizia nos pille confesados.