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La Casa de Papel (2017)

Placeres prohibidos

Lo confieso: las series de Antena 3 tienen algo que a mi me engancha. Me pasó con El Tiempo Entre Costuras [1]. Me pasó con Bajo Sospecha [2]. Les escribiría un post sobre Allí Abajo si pensase que ustedes pudiesen creerlo. El día que quiera abandonar este valle de lágrimas, la miniserie de Preparado y Letizia [3] (vale, es de Tele 5 pero estoy dispuesto a hacer una excepción) será mi chute de oro [4]. Y ahora me ha vuelto a pasar con esta serie. ¿Porqué? ¿Porqué esa extraña fijación con Antena 3, teniendo la HBO a mano, o en su defecto la plataforma FilmIN, con las últimas y rompedoras series franco-escandinavas en versión original? Pues por el placer prohibido, la ventana narrativa abierta de par en par a la cosmovisión del extremo centro español, sí, ya saben, ese que es europeo, liberal y moderno-a-la-par-que-tradicional. Al lado de eso, ¿qué importan los fallos de guión, las interpretaciones de madera, la vergüenza ajena de todas muchas ciertas escenas, los diálogos renqueantes o las pildoritas ideológicas, obscenas de puro evidentes? Esto es porno duro: pornografía cultural de la nueva derecha española.

Como ya comentamos al hablar de El Tiempo Entre Costuras [1], la nueva derecha española siente una rendida admiración con el Reino Unido de Gran Bretaña, y su imagen de monarquía europea, liberal y moderna-a-la-par-que-tradicional. Sobre esto, un apunte: Gran Bretaña es también el origen de una de las más crueles formas de ejecución conocidas [5]: el ahorcamiento casi mortal seguido de emasculación, evisceración, decapitación y descuartizamiento. Este durísimo castigo estaba reservado a quienes cometían alta traición contra el rey… y a quienes falsificaba la moneda (la justificación era que la moneda llevaba el escudo real y por tanto falsificarla era una usurpación de los poderes reales). Y es que las élites ingleses, prodigio de mercaderes y piratas, siempre han tenido claras las prioridades. Como las élites españolas, para qué engañarnos (igual de piratas que las anteriores, pero antes ociosas que mercaderes, y así nos ha ido históricamente), las cuales ante las payasadas de Puigdemont han reaccionado pidiendo el equivalente moderno del hanged, drawn and quartered: el delito de rebelión. Y en cuanto unos jueces regionales [6] alemanes han dicho que esto les parece como un poco bárbaro e injustificable, han saltado por los aires todos esos fusibles europeos, liberales y modernos-a-la-par-que-tradicionales para decir que [7] así no hay Europa que valga, que si esto va a ser así igual nos vamos y todo y que os den mucho por culo con vuestras moderneces europeas. O dicho de otra forma: que algunos están en Europa y aceptan mansamente todo lo que nos mandan, desde la austeridad hasta las normativas de empaquetado de los pepinillos y pasando por la humillación ritual de Eurovisión, no por la libertad y los valores democráticos y todo eso, sino única y exclusivamente para que Europa les garantice la Unidad de España y el chiringuito rentista anclado en el euro (matizando un poco lo anterior, en el imaginario del extremo centro estas dos cosas son sinónimos de libertad y valores democráticos). Sin eso, sentencian, estamos mejor fuera. Que ya nos advirtió el Caudillo que en Europa solo hay maricones y masones.

 

Planteamiento

Y con el euro hemos llegado al fulcro de esta serie, que va de un atraco a la Fábrica Nacional de Moneda y Timbre [8], sita en el centro de Madrid, la casa donde se hace el papel-moneda [9] bajo la supervisión del Banco Central Europeo, las monedas y billetes del euro. Aquí empiezan los SPOILERS, por cierto, si es que se puede hablar de spoilear una película pornográfica, más allá de que el chico probablemente no se casará con la chica. El atraco lo realiza una banda liderada por un tío muy listo, al que llaman El Profesor, que recluta para el golpe a ocho criminales (a los que por esa lógica cabría llamar Los Alumnos, y de hecho se sientan en pupitres escolares mientras el Profesor les cuenta los detalles del plan). La primera pastillita ideológica en la frente: aunque nos lo vendan como una relación Profesor-Alumnos, lo que estamos viendo es una relación Empresario-Asalariados de libro. El Profesor debería llamarse El Emprendedor, pues arriesga su capital en la empresa, es el que da las órdenes, sin él no se “crearía el valor” en todo esto, y no le gusta nada el malvado Estado interventor (“su última renovación del DNI la hizo con 19 años”). De lo que se concluye que los otros ocho integrantes equivalen a la Clase Trabajadora en la cosmovisión de Antena 3: quinquis, maleantes, malhablados, indisciplinados, harapientos incluso (aunque con buen corazón). Excepto uno, que se presenta con traje, corbata y dicción de colegio de pago, y por ellos es inmediatamente ascendido a jefecillo. El premio especial “Falsa Conciencia y Alineación” del jurado en cambio es para el obrero que le dice a su hijo, enrolado con él en la empresa, “nosotros no somos listos, pero eso da igual porque aquí hay uno que se encarga de ser listo por nosotros”. ¡Joder si es listo el Profesor que está tranquilo dirigiéndoos vía pinganillo desde su refugio secreto y escuchando rockabilly y sirtaki en vinilo vintage, mientras tu y tu hijo estáis con las manos en la masa, cometiendo un atraco a mano armada con toma de rehenes y con todas las fuerzas del estado convergiendo sobre vosotros! Y sin embargo nadie le reprochará al Empresario ni un momento que esté tan tranquilo ahí fuera mientras los Trabajadores se juegan el pellejo dentro. Porque claro, él es el LISTO y ha tenido la IDEA, y por muy quinquis que sean los maleantes saben que hay que respetar a los LISTOS porque si no nadie crea riqueza y todo se viene abajo. Es de sentido común.

 

El nombre de esta cañita tan fresquita es IDEOLOGIA.

 

Siguiendo la estela de producciones americanas (de las que, en general, se copian aquí casi todos los tópicos), los ocho maleantes no se conocen por sus nombres verdaderos, sino por unos apodos, pero en vez de “señor Azul” y “señor Rosa”, eligen nombres de ciudades. Por desgracia, en vez de elegir Llanfairpwllgwyngyllgogerychwyrndrobwllllantysiliogogogoch [10], Mönchengladbach o Palencia toman aburridos nombres de grandes urbes: Tokio, Rio, Berlín, Denver, Moscú, Oslo, Helsinki y Nairobi. Aunque entendemos que Antena 3 quiera recuperar la inversión y prefiera nombres que parecen sacados del alfabeto radiofónico [11], fácilmente exportables a otros mercados e idiomas. Y para los intríngulis de la trama, la voz en off (ese atajo de guionistas vagos/comodín de productores que temen que el público sea demasiado tonto) de Tokio nos va contando los detalles.

 

Desarrollo, parte prima

El atraco comienza con la banda asaltando un camión de suministros para colarse en la FNMT. Asalto que va como la seda porque los policías implicados no oponen resistencia ni nada, ya que, nos explica Tokio, “nadie quiere jugarse la vida por 1600 euros”. Lo gracioso es que los criminales sí que se están jugando voluntariamente la vida, en una inverosímil empresa que nadie ha logrado antes, y además contra todas las fuerzas del orden de un estado que, históricamente, se ha basado en imponer orden a base de fuerza, y poco más. Ah, pero es que ellos lo hacen por un botín que asciende a 300 millones de euros por barba. Conclusión servida en bandeja: todos tenemos un precio y lo único que nos motiva a todos es el dinero [12]. Bueno, yo aquí discrepo cortésmente: alistarse en el ejército u opositar a los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado es, literalmente, estar dispuesto a jugarse la vida por 1600 euros. Hay gente para todo. Los fascistas de bolsillo que solo quieren apatrullar con placa y pistola son una pequeña minoría, no mayor que los sádicos entre los profesores de instituto (incluso quitando a los de deporte y dejando solo a los rojeras de letras). A la mayoría, policías o profesores, le guía un verdadero afán de servicio público (o al menos un cierto afán combinado con la necesidad de comer). Lo que cabrea no son los 1600 euros, Antena 3: lo que cabrea es que tu ganas X arriesgándote a recibir un tiro/caerte del andamio/quedarte artrítico/ciego mientras tu trabajo le hace ganar 2*X a un señor que está en el sofá de su casa viendo la Teletienda y cuyo único mérito para ello es que ha puesto la idea/capital (capital que en el 90% de los casos no es fruto de un “esfuerzo” sino heredado [13]). En esa ecuación la X no se puede resolver. Ni falta que hace. Lo que cabrea es la injusticia, el valor concreto de X es irrelevante.

Una vez dentro de la FNMT, la banda toma como rehenes a los trabajadores y a los alumnos de un colegio que estaban de visita (cosa que solo debe pasar en España; en la FNMT alemana no dejan entrar a casi nadie [14]), finge un intento de escape y finalmente se atrinchera. En el lado de la policía, la inspectora Raquel Murillo quiere negociar con calma, pero desde arriba dicen que niente, y que asalto inmediato. Pero el Profesor ya lo había previsto: los rehenes tienen que vestirse igual que los secuestradores (mono rojo y careta de Salvador Dalí, se supone que como remedo de la máscara de Anonymus) para despistar, y entre los estudiantes visitantes (de algún colegio británico de esos que visten a sus alumnos de traje y corbata) está Alison Parker, hija de Sir Nosequé Parker, Embajador de Su Graciosa Majestad y amigo personal de la Queen. Aquí vuelve a saltar la rendida admiración por Gran Bretaña, encarnada en una niña pija que hemos de suponer es una ciudadana británica de pura cepa (aunque por si las moscas no dice ni tres palabras en inglés en toda la serie, y se expresa con un castellano de Barriosalamanca químicamente puro), más preocupada por borrar una foto del Instagram donde sale con la teta al aire que por el hecho de estar secuestrada. El caso es que ante la amenaza de que le pase algo a Alison, los GEOs se retiran y el asedio policial se hace permanente. Y la banda comienza con la fase dos: imprimir billetes de 50 euros en la imprenta como si el mañana no existiese. Billetes indetectables e indistinguibles de los de verdad, que para eso los hace la FNMT.

 

Cuando los podemitas se hacen con la imprenta, a las dos semanas acabas con esto.

 

Pero pronto las cosas se empiezan a torcer ahí dentro, y a secuestradores y rehenes se les empieza a pelar el cable. Pero no por las condiciones de trabajo y explotación, o por las relaciones de poder asimétricas, nonono: por rollos del corazón. “Has tocado a mi churri y eso no te lo perdono”, “hemos dejado a una rehén mandar una foto fuera pero porque antes teníamos que aclarar lo nuestro, que es super-super-importante”, “me dejo llevar mansamente como un corderito a lo que me temo es mi muerte, pero en cuanto me entero de que habéis ejecutado a mi amante (con la que de todas formas iba a romper porque la legítima y los hijos como que tiran más) se me va la pinza de tal forma que os ataco aunque tengáis armas”. Idas de olla que se ven acompañadas por otras igualitas afuera entre la policía: premio al policía pagafantas que ve que su crush quiere liarse con un desconocido al que conoció en un bar y entonces se ofrece voluntario para una misión de alto riesgo para impresionarla (misión en la que los secuestradores le van a colar un micro para escuchar todo lo que decida el mando policial, ¡pero joder, lo que importa es no perder a su crush!). Y finalmente, las de la inspectora Murillo (madre divorciada que vive en un chalet de dos plantas con jardín, ¡1600 euros dan para mucho si se administran bien!), que tiene un problemilla con su ex, al que denunció por violencia doméstica cuando él -tras el divorcio, eh- se lió con la hermana de ella. En serio: ¿es que no hay nadie en este país capaz de dejar sus circunstancias sentimentales en la mesilla del recibidor antes de salir a trabajar? ¿Vamos a tener que ir en procesión a Santa Pola a pedirle a Rajoy que vuelva simplemente porque es el único adulto funcional en la sala? Que me parece normal que sientan presión, ojo: gestionar un secuestro con 67 rehenes tiene que poner a cualquiera al borde de la locura. Lo que ya no es normal es que todos alrededor de Murillo –todos hombres, claro- se mantengan tan tranquilos y se den codazos y guiños, “mira como pierde esta los papeles, mujer tenía que ser”. La pildorita, en todo caso, parece clara: no son las condiciones económicas y sociales las que nos condicionan, sino nuestras cuitas sentimentales. ¡Qué más da que nos exploten si hemos encontrado nuestra media naranja!

Mientras tanto, siempre en línea con caerle bien a la idealizada Gran Bretaña, el gobierno presiona para que suelten a Alison Parker. El Profesor les da a elegir entre Parker y otros ocho rehenes, y cuando le dicen que Parker, va el tío y lo filtra a la prensa. ¡Y el resultado es un escándalo público! ¡El buen pueblo español no comparte la idea de sus gobernantes de que un súbdito británico vale como ocho españoles hay que preservar las relaciones internacionales por encima de todo, le están haciendo el juego a los malvados terroristas! Al mismo tiempo, Berlín, el jefecillo que hace de machaca del Profesor dentro de la FNMT (y que está enfermo terminal y no tiene nada que perder), está convirtiendo el interior en un gulag, o al menos en una metáfora de una sociedad maoísta-estalinista: todo el mundo es obligado a vestir igual [15] con un simple mono rojo, la imprenta genera tanto dinero que (al menos dentro) ya ha perdido todo el valor, se requisan los móviles, se tortura a los burgueses (en este caso, las niñas del Colegio Brighton) y a la aristocracia (representada por Arturo Román, el director de la FNMT) solo por su origen social, se premia a los obreros más productivos mediante ovaciones públicas, y al que se desvíe de la norma se le despacha con un tiro en la nuca, como le pasa a la rehén Mónica Gaztambide por haber escondido un móvil. Estalinismo puro en el corazón del Madrid de Carmena, valga la redundancia.

 

El oro de Moscú, los billetes de Berlín.

 

Y como para indicar paralelismos entre el estalinismo y ciertas corrientes políticas actuales, la serie nos da una pincelada sobre el 15M que no tiene desperdicio. Verán, cuando el Profesor les dice a los demás que la policía no entrará en la FNMT, lo explica con el 15M: marzo de 2011 [lo cuenta como si fuese historia pasada, irrelevante para el presente]: 20.000 personas ocuparon la Puerta del Sol y la policía no entró a desalojarles, ¿y sabéis porqué? Menos mal que nadie apunta que el derecho de los ciudadanos a reunirse y manifestarse pacíficamente es un pilar fundamental en una democracia y está por encima del picorcillo que el gobierno pueda sentir en la punta de la porra antidisturbios, porque el Profesor le suspendería: porque toda España estaba con esos chavales (aquí yo me imagino a algún directivo de Antena 3 acariciando el papel del borrador mientras con lágrimas en los ojos tacha el final de la frase aunque estuviesen tan fuera de la ley como quien entra con armas y tomado rehenes en la FNMT). Tampoco es que veamos ninguna estrategia directa para ganarse al público, yo que sé, colgar de la FNMT una pancarta que diga ¡Expropióse!, o Aquí está el pan para tanto chorizo, o soltar globos aerostáticos llenos de dinero y que estallen encima de la Puerta del Sol, lloviendo billetes sobre el populacho. Con un botín estimado de 2400 millones, ¿qué te importa hacer un pequeño Quantitative Easing p’al pueblo? Parece que la banda/los guionistas lo fían todo a “mirad que majos somos, que no hemos matado a nadie pese a que tenemos armas”, o en su defecto “estrictamente no hemos robado nada, porque solo nos hemos llevado los billetes que nosotros mismos hemos imprimido”. Subyace a esto otro desliz freudiano que el superyó del extremo centro no puede ver porque está sentado justo encima: la creencia de que “en el fondo todos haríamos lo mismo si tuviésemos las agallas de hacerlo”. Es decir, todos somos unos cabrones egoístas, y por eso el populacho siempre admirará a atracadores y ladrones de toda calaña (un desliz que explica en buena medida la interpretación que algunos hacen de ciertos capítulos de la historia de España [16]).

Por eso, uno de los pilares del plan del Profesor es no espantarse a la opinión pública, por ejemplo mediante la ejecución a sangre fría de un rehén. Pero justo eso es lo que el Beria de Hacendado que tiene al mando ha hecho en la checa monetaria, dándole un giro verdaderamente soviético al guión, con el Profesor cual Trotski exiliado, intentando reconducir desde fuera la utopía original que Stalin está pervirtiendo con su totalitarismo. Y entre medias, los pobres españoles de bien, atrapados sin remedio. Por suerte Denver, el verdugo designado (otro integrante de la banda pero con mejor corazón, pese a ser acusado de ser como un nazi por la rehén a la que ha salvado, ¡chica, no te cortes, llámale comisario político!), solo ha simulado la ejecución, y tras unas alegres confusiones y pullitas la banda retoma el plan original, llamado Plan Valencia, Dios y su paellera sabrán por qué. Que básicamente va de ganar tiempo soltándole miguitas a la policía, mientras la imprenta escupe fiat monetae a razón de 8 millones de euros la hora y la clase obrera cava un túnel para salir (túnel que el Profesor había preparado desde fuera en un 90% – macho, tienes un túnel casi terminado para vaciar la caja ¿y te metes en líos de secuestros y banda armada? ¿Y se supone que este tío es el Listo?).

 

Bella Ciao

Túnel cuyo primera hito los atracadores celebran, para nuestra sorpresa, entonando el Bella Ciao, una canción italiana [17] que cantaban los partisanos antifascistas [18] durante la Segunda Guerra Mundial [19]. Y no es un error o una licencia posmoderna de me mola esta canción así que la meto en una escena chorra sin pensar en lo que significa, porque la canción se repite varias veces más tarde en la serie y es de especial importancia para el Profesor. Según la voz en off de Tokio, la canción se la enseñó al Profesor su abuelo, “que luchó en Italia contra los fascistas”. Y aquí viene otra de esas peritas en dulce ideológicas que solo las series de Antena 3 logran servir en ese puntito que tanto gustirrín nos da: en concreto, la posición ideológica de los protagonistas. Verán, Antena 3 tiene su público objetivo [20] y su orientación política en Informativos para darles gusto (cosa por supuesto totalmente legítima, esto no va por ahí). Así que, por razones crematísticas y bastante evidentes, Antena 3 no puede retratar a los atracadores como patrióticos conservadores de misa de once y mantilla en Semana Santa. Por razones igual de crematísticas pero bastante más sutiles, tampoco los puede posicionar ideológicamente en un discurso mira, a mi toda esta cháchara me parece una tontería, yo paso, no soy ni de izquierda ni de derecha, yo solo soy un autónomo que se gana la vida con su esfuerzo, y eso es para mi una fuente de orgullo y autoestima, porque no le pido a nadie que me pague, ni a un empresario ni tampoco al Estado, del que solo espero que no me ponga trabas y no me persiga, lo demás ya me lo busco yo solo, y para votar pues al que vea en la tele que vista el mejor traje y tenga mejor sonrisa Profident, que a mi eso me inspira confianza y me muestra que ahí hay una preparación y un sentido común para gestionar bien las cosas, sin dar por culo a los pobres autónomos que tanto sudamos, pese a que este discurso tal vez sea el más verosímil para unos atracadores. Excluidos por tanto la derecha y el extremo centro apolítico, ¿qué queda para los amigos de lo ajeno? La izquierda. Pero, ¡atención!, estamos viendo la serie desde el punto de vista de los atracadores y con la voz en off omnisciente de Tokio. ¡La empatía del espectador ha de estar con ellos! Tremendo papelón: ¿cómo hacemos que unos atracadores sean inequívocamente de izquierdas y a la vez le caigan bien a un público más bien escorado al lado contrario? Pues “luchando contra los fascistas” (ojo: no contra los “fachas”), que es algo que todos estamos de acuerdo que es cosa buena porque Hollywood lo dice. Claro que si lo hicieran en la Ciudad Universitaria de Madrid, en Guadalajara o en Teruel, ya tendríamos problemas. Incluso en sitios tan alejados como Krasni Bor, la cosa es que es muy complicada, many sides, ya tu sabeh. ¿Pero en Italia, en la Francia ocupada, no digamos ya en la Batalla de Inglaterra? P’alante. No obstante, hay que remarcar que el uso del Bella Ciao deja patente que los politizados son Berlín y el Profesor (pelo larguillo, barba mal cuidada y gafas de pasta; la coleta se la han ahorrado porque sería demasiado evidente y además casaría mal con la poco disimulada imagen del Empresario); ellos son los ideólogos y constituyen el verdadero peligro para el orden público, el resto simplemente va al remolque.

 

Ciao Bello: ideólogos en acción.

 

En el mismo episodio donde la Izquierda Rabiosa sale del armario, por cierto, la serie deja atrás el thriller para convertirse en una zarzuela, con todo el mundo liándose/desliándose con todo el mundo: atracadores con rehenes desesperados por sobrevivir, atracadores con rehenes con el síndrome de Estocolmo, atracadores haciéndoles guiños gais a rehenes a los que han curado una herida, el Profesor con la inspectora (con el subinspector pagafantas aireando su frustración existencial), la inspectora de zarpas con su ex, el director despechado que ve como su amante le deja por un atracador, Tokio amenazando a su (¿ex?)novio con meterle un tiro en la sien mientras le pide que si las cosas se ponen mal se entregue… Un potencial parón de la serie, que se solventa sin embargo con otra vuelta de tuerca: siguiendo a una fuga de rehenes, los atracadores les ofrecen a los restantes rehenes una prima de un millón de euros si se portan bien y colaboran proactivamente en pos de los objetivos empresariales. Y la mayoría, claro, acepta. Gente que trabaja cada día con millones y millones, que sabe bastante bien lo difícil que es lavar dinero, lo fácil que te delate otro de los cómplices, lo mucho que les va a investigar la policía… ¡pero es que la codicia todo lo puede! Al mismo tiempo, como el lío del Profesor con la inspectora le mantiene alejado del teléfono, sus Empleados empiezan a perder la fe. Porque la fe se tambalea si no estás viendo continuamente TV3 o La Tuerka. A Tokio particularmente le entra canguelo y propone huir. Una ocasión estupenda para que los guionistas teoricen sobre la democracia y sus limitaciones.

 

La Democracia de los Atracadores

Porque pásmense: Berlín escucha la propuesta de huida de Tokio ¡y la consulta con las bases! Por 4 a 3, la propuesta es descartada. Pero, ¿realmente se puede tomar una decisión tan trascendental por la mitad más uno de los votos? Tokio piensa que no, que las decisiones importantes requieren mayorías reforzadas, pero sobre todo que AY KE ACER EL CENTIDO KOMUN al margen de lo que diga la mayoría, que es manipulable y manipulada por los peligrosos ideólogos, así que organiza una rebelión (dado que hace acopio de armas y amenaza de forma creíble con usarlas, entendemos que esto sí es una rebelión dentro del artículo 472 del Código Penal) y al grito de “a tomar por culo la democracia” secuestra y encañona a Berlín, que es el único que conoce el plan de fuga (llamado, para ir dando así como yuyu, “Plan Chernóbil” – y sí, por increíble que parezca la Clase Obrera se ha metido en la boca del lobo sin conocer el plan de fuga). Sin embargo, el ideólogo Berlín aquí se muestra como firme defensor de la voluntad popular expresada en las urnas, y no cede a las amenazas. Después de cabrear a todo el mundo, Tokio finalmente se rinde.

Hasta aquí, una impecable gestión de crisis. La democracia ha triunfado gracias a su firmeza, y lo ha hecho optando por El Profesor Sensato y el principio de autoridad. Pero: ¿no debe haber castigo para Tokio? Si por un móvil hay tiro en la nuca, por rebelión y sedición no puede haber menos. Y aquí es donde Berlín, incomprensiblemente, deja de ser izquierda estalinista para pasar a ser izquierda buenista-kumbayá (incomprensible para nosotros, pero hay mucha gente que no ve diferencia entre ambas): en vez de ejecutar a Tokio, la ata a una mesa camilla y la lanza rodando hacia las barricadas policiales. Para que las autoridades sanitarias la reeduquen y reinserten en la sociedad, suponemos. El Beria, el Stalin, el chequista de la FNMT ha proclamado que “to er mundo eh güeno y se pué salvar”.

Este acto de Berlín también tiene consecuencias internas: sus compañeros montan una moción de censura contra él (no lo hicieron por ejecutar a una rehén española de bien, pero tocas a uno del sindicato y el resto te saltan a la yugular, como es práctica habitual en la izmierda), le deponen, y en su lugar ponen a Nairobi, que inmediatamente proclama “la llegada del matriarcado”. El matriarcado dura exactamente un episodio y medio, hasta que Nairobi, hecha un atajo de nervios, le devuelve el trono a Berlín, que incluso recuperándose de una contusión cerebral sabe llevar mejor la responsabilidad de ser jefe. Si es que la aristocracia nace, no se hace, y hay diferencias biológicas entre los géneros que los harán diferentes para siempre. Entre los logros de la Administración Nairobi, fruto sin duda de la sensibilidad femenina que aportan las mujeres a la política, no obstante, está el haber hecho al fin algo para ganarse al populacho de fuera: liberación de rehenes a cambio de que un equipo de reporteros entre en la FNMT (la reportera es de la Sexta, en un simpático puyazo entre cadenas hermanas; una pena que HispanTV no forme parte del conglomerado A3Media). Allí, les enseñan a uno de los atracadores muertos (Oslo, un secundario cuyo único papel es, precisamente, ser el primero en morir), y Berlín lloriquea con que ellos solo buscan ganarse la vida, que no quieren hacer daño a nadie, que la poli disparó primero, que él tiene una enfermedad terminal que le obligó a dar este golpe y que la policía ha difundido mentiras sobre él, como que es un proxeneta y un pedófilo (sí, la policía lo hizo, pero Antena 3 nos deja bien claro que eso no es para nada la práctica habitual, sino una ida de olla de –codazo, codazo-, sí, la mujer al mando). Nos enteramos además de que el Plan Chernóbil consiste en lanzar a los aires un globo con 1000 millones de euros, estallarlo, y huir en el caos subsiguiente. Pero almas de cántaro, ¿porqué no soltáis un globo con 10 millones cada 24 horas para ganaros al populacho y que abarrote 24/7 las calles adyacentes? ¡Si eso es calderilla, comparado con los 800 millones que habéis imprimido a los 5 días! En esto, la empresa del Profesor no puede ser más española: por muy altos que sean los beneficios actuales, la idea de soltar un porcentaje ínfimo para inversiones que aseguren beneficios futuros es herejía, y decir “I+D” directamente un taco.

El arco argumental Tokio, rebelión y sedición por cierto termina de la manera más inverosímil posible: Tokio es liberada por unos serbios ex machina contratados por el Profesor, que la disfrazan de policía y le dan una moto para que huya bien lejos. Pero como el Profesor no le coge el teléfono, Tokio decide colarse de nuevo en la FNMT. Arriesgando en el trance su propia vida, la de los policías a los que hay que apartar a tiros, y la de sus compañeros que tienen que abrir la puerta y cubrirla. Tokio entra ilesa, pero Moscú se va a llevar tres balazos en el abdomen. Y claro: como han hecho que Moscú te caiga bien porque es un padrazo, le han montado su dramita familiar cinco minutos antes, y encima al principio amonestó a Tokio con “te veo venir, que eres una lagarta y una irresponsable, mantente alejada de mi hijo”, pues es obvio que va a morir desangrado por culpa precisamente de Tokio. Advertidos quedamos: las peleas políticas y las rebeliones antidemocráticas las paga la Clase Trabajadora. Obreros, ¡no abráis vuestras puertas y vuestros corazones a los rebeldes adanistas!

 

Una peli de Tarantino con estos señores encañonándose mutuamente al grito de “puta democracia”, por favor.

 

Catetos de Hollywood, catetos de aquí

A estas alturas, el guión ya ha retorcido tanto algunas situaciones y ha generado tanta vergüencita ajena que yo ya tenía que apartar la vista de la pantalla en un número muy elevado de escenas, en especial con la relación sentimental entre el Profesor y la inspectora Murillo. Cosa que no recuerdo haber hecho con series americanas, o al menos no en tanto número. Hora de auto examinarme: ¿a qué se debe esto? ¿Es que lo que viene de Hollywood es, sencillamente, mejor? ¿O soy yo un antiespañol que cree que lo que venga de Hollywood es mejor per se? Y la conclusión a la que llego es que: a) en todas partes cuecen habas, b) Hollywood será un nido de ratas enfarlopadas y alineadas, pero como producen tantísimo material les tienen que salir extremos, series sublimes y verdaderas basuras, en mayor medida que aquí, y c) no tengo problemas con guiones que actúan como papel de lija sobre el alma si los hace gente que vive a quince horas de vuelo de distancia, pero la posibilidad de que el autor de la escenita “estoy esposado ante ti y te digo que mi amor por ti es puro y verdadero, aprovechando que me has enchufado a un polígrafo sin venir a cuento, para que veas que es cierto” pueda ser la persona que me cede el paso en el Mercadona me aterra y quita las ganas de salir a la calle o de confiar en mis conciudadanos.

Con Moscú muerto (le honran con un Padrenuestro, en el que como buenos izquierdistas se saltan la frase “venga a nosotros tu reino”, aunque luego piden/ofrecen el perdón de las ofensas en vez de el de las deudas [21], que una cosa es la solidaridad y otra el solidaridaje), los hilos argumentales convergen en el episodio final: la banda está a punto de abrir el túnel para sacar el botín, la policía está a punto de entrar, la inspectora Murillo está a punto de encontrar el refugio del Profesor, y el subinspector pagafantas está a punto de despertar del coma en el que le metieron los guionistas para quitárselo de en medio pero sin querer matarlo del todo. Como no hay guión al que no se pueda torturar un poquito más, la pobre inspectora va a realizar nada más y nada menos que ¡CINCO! cambios de lealtad a lo largo de los últimos dos episodios. Primero descubre al Profesor y le detiene, pero luego él se va sin que ella sea capaz de dispararle, luego ella encuentra su escondite para detenerle de nuevo, cae en sus manos y se las muerde (literalmente), cambia radicalmente de bando en tres minutos merced a un discurso podemita, estrafalario y delirante a más no poder, se va al hospital a asegurarse de que el pagafantas no revela el escondite secreto, es detenida a su vez y traiciona ella el escondite del Profesor pero este logra escapar (para justificar esta traición, hacen que el CNI amenace con retirarle la custodia de su hija), y al final-final-final se reencuentra con el Profesor en una playa en Filipinas.

La decisión policial de entrar a saco en el series finale es otra de esos detallitos Marca España Premium: como el retorno de Tokio a la FNMT ocurrió delante de los ojos de la prensa, ahora el orbe entero se está riendo de los españoles por no ser capaz ni de sacar a los secuestradores, ni de evitar que vuelvan a entrar. Y claro, cuando lo que está en la balanza es el honor de España, las vidas de los rehenes, incluyendo a Miss Parker, ya no pesan tanto. De modo que el gobierno dice “p’alante y no me dejen con vida a ninguno de estos hideputas, si son tan amables”, y entran los GEOs, a restaurar el honor de España y ya de paso a mancillar su reputación artillera, porque madre mía que mala puntería. Aún así, como el Profesor es tan listo, todo estaba previsto y el botín (casi 1000 millones) acaba a buen recaudo en barriles de Cerveza Galicia, con los atracadores sobrevivientes dispersándose disfrazados, todos frotándose las manos con la jubilación anticipada que acaban de lograr.

Y ahora analicemos el colofón final, y hay que decir que Antena 3 no defrauda. Empezando por el discurso podemita, estrafalario y delirante a más no poder que se casca el Profesor, y que hemos de suponer que hace que la inspectora se pase con armas y bagajes al bolchevismo. Resulta que la justificación ideológica del atraco (que en realidad lo empezó a planificar el padre del Profesor, ¡pero hace tantos años que Mario Draghi y Luis de Guindos aún eran becarios!) es el Quantitative Easing de 2015 [22] del Banco Central Europeo. Una operación muy compleja, pero que se puede resumir -demagógicamente- en: el BCE, tras predicar austeridad para los ciudadanos durante siete años, de repente se dio cuenta de que los bancos privados lo estaban empezando a pasar chungo también, ¡con beneficios creciendo por debajo del 10% incluso! Así que empezó a darle a la manivela (aquí pueden ver lo demagogo que soy: evidentemente, no le dieron a la manivela, cosa que exige un trabajo y un gasto en papel importante; simplemente pulsaron ENTER en un teclado de ordenador y crearon un valor digital en una base de datos), a razón de 60.000.000.000€ al mes, para regalárselo a los bancos a tipo cero “comprar activos de valor seguro”. Y así hasta hoy (en abril de 2016, la cantidad mensual se incrementó a los 80.000.000.000€, y las compras empezaron a incluir deuda privada). 175 euros al mes por cada hombre, mujer y niño de la eurozona, que sin embargo no han visto ni las raspas de esto. Durante tres añitos ya. Una historia que, efectivamente, es para entrar armado en la FNMT y darle a la imprenta… pero para recuperar las antiguas pesetas, y repartirlas entre el populacho mediante uno, dos o veinte planes Chernóbil.

Un discurso, el del profesor, con más razón que un santo… pero que te lo suelta cuando ya han empezado los tiros, cuando hay rehenes atrapados, cuando dos amigos han muerto, cuando ha jodido la vida a docenas de personas, y cuando ya no es posible argumentar que su intención no es llevárselo crudo y nada más. Cuando ya es completamente irrelevante y a nadie le importa… salvo para dejar claro que la izquierda, una vez más, perdió la razón al perder las formas (y como ya perdió las formas quince capítulos antes de dar razones, ¡se puede hasta decir que la izquierda nunca tuvo la razón!).

 

Aunque la culpa sea de Heinrich “Mario” Brüning y su política monetaria, hay que decirlo con educación y mesura, que si no les das la razón a ellos.

 

El segundo highlight del final es la muerte de Berlín. Muerte anunciada por su enfermedad, pero el hombre decide que ya que se va a morir se puede llevar a unos cuantos consigo, y se monta una trinchera final para, al ritmo de Bella Ciao [23], ametrallar el pasillo donde llega la policía (pero acierta menos que el Equipo A [24]), que finalmente se lo tiene que cargar mediante granadas de mano. El hombre podría haber huido cerrando/soldando la puerta de la cámara acorazada tras de si, y a ver cómo logra la policía atravesar un palmo de buen acero vizcaíno, pero se ve que en la edad de oro de las series, los guionistas españoles han aprendido su arte… de Damon Lindeloff y JJ Abrams: el proceso creativo consiste en inventarse escenas chulas/impactantes/profundas/que queden bien en los trailers, y luego hilvanarlas lo mejor posible mediante el guión. Ante la duda, prima el trailer sobre la coherencia del guión. ¿Para qué quieres más una vez que el espectador ha pagado la entrada/ha invertido tanto tiempo que ya va a ver como acaba sí o sí?

 

Papeleros

El Profesor: el ideólogo jefe, aunque la serie, en vez de dar una causa única y sincera para el atraco, prefiere bascular entre el podemismo desatado y “mi padre siempre soñó con entrar aquí e imprimir toda la pasta posible”. Resultado: personaje desdibujado en sus motivaciones, a las que pronto se añade “me he enamorado de la inspectora que intenta detenerme” para completar la chanza. Para hacerlo aún mejor, la voz en Off nos explica que “aprendió de su abuelo [ya saben, cazador de fascistas] la importancia de la resistencia, y eso es lo que hace: resistir”. Buff. A ver: resistir, lo que se dice resistir por imperativo ideológico, es lo que ha hecho Izquierda Unida durante 30 años. Y hoygan: sin meterse con armas en las instituciones del estado. ¿Qué tiene que ver la “resistencia” con llevártelo crudo y gastarte one billion en lujos asiáticos allá por Filipinas? Ah, sí: que ambos son cosas que hace la izquierda todo el rato.

Por las pintas que tiene no duraría ni dos asaltos completos en la Cúpula del Trueno frente a cualquier otro integrante de la banda (aunque luego el tío sabe su jiu-jitsu que lo flipas), pero claro, él es el Listo y Emprendedor, por eso manda. Para remarcar su posición de jefe, va siempre con traje y corbata, aunque en plan informal-con-la-corbata-aflojada, dirijo-una-startup-molona-donde-solo-soy-uno-más. (De hecho, lo de la startup es literalmente su coartada: su puesto de mando está en la parte de atrás de un almacén, en cuya parte delantera ha montado un taller para fabricar sidra ecológica.) No obstante, y como ya analizamos, en realidad nos encontramos en presencia de un peligroso ideólogo amigo de lo ajeno, en la órbita de la izquierda, y que ha politizado a la clase trabajadora para hacerse con los medios de producción del dinero (que son, en estos tiempos nuestros de capitalismo financiero con melena al viento, los únicos que cuentan). Y se supone que tiene que caerle bien a usted, estimado televidente que en lo político prima al sentido común sobre la ideología. La verdad, si se hubiese llevado una buena tunda yo lo habría disfrutado más.

Silene Oliveira “Tokio”: la voz en off que nos guía. Que podría ser cualquiera, pero suponemos que es para aportar frescura e “identificación”. Tokio es probablemente el personaje más cercano al espectador, en el sentido de que te la puedes imaginar metiéndose maratones de series en Netflix, o al menos en el A3Player (a Rio también, pero como hacker está claro que las vería pirata y no podemos promocionar eso), y es más o menos joven. Bueno, se lía con Rio y se supone que es “muy mayor para él”, pero como le gusta ir en chándal, no ha sentado la cabeza y gasta flequillo, pues es joven.

Inspectora Raquel Murillo: la inspectora al mando de la policía. Se supone que es el enganche para las señoras no-jóvenes, por cuanto es una señora de mediana edad con su hija, su divorcio y su madre enferma. También se supone que representa a “los buenos” defendiendo la Ley y la honestidad, pero luego se la salta un par de veces como quien no quiere la cosa: filtrar informes falsos a la prensa, sacar a su novio de custodia policial… Y claro, así acabas liada con la Hizkierda Radikal.

Subinspector Ángel Rubio: el primer policía que sospecha del Profesor. Pero no por ser un profesional, eh, sino porque Rubio está coladito por la Inspectora Murillo y le pueden los celos. El crush de Rubio se fundamenta en que ambos se liaron como 10 años atrás durante una misión (si la memoria no me falla, ella estaba casada), y lleva todos estos años detrás de ella. Finalmente, ella estalla y le llama “Don Pimpón comemierdas” delante de todo el dispositivo policial. Y aún así, Rubio, cuando salga del coma, no va a delatarla. Se supone que por amor, pero una interpretación alternativa sería que a Don Pimpón le ha horrorizado que la hayan detenido y esposado como si fuese una vulgar perroflauta. ¡Joder, que es compañera!

Agustín Ramos “Moscú”: el representante de la genuina clase obrera. Incluso nació el Día Internacional de los Trabajadores, el uno de mayo (juraría ahora mismo que, en otro lapso freudiano impagable, en la serie prefieren llamarlo incorrectamente [25] “Día del Trabajo”). Suponemos que por eso lleva por nombre el de la Meca Roja, luz, faro y guía del proletariado mundial. Moscú es el obrero de pura cepa, encargado de manejar la lanza térmica y el martillo taladrador. Ex minero que dejó la mina porque le daba claustrofobia, y que se mete en los butrones para pagar las deudas de su hijo. ¿Y cómo es la Clase Trabajadora en el universo del extremo centro español? Pues no demasiado lista, pero de buen corazón. Vamos, que el mensaje es que el obrero que vota a la izquierda no lo hace por maldad, sino por bondad mal entendida. Por eso el extremo centro, al contrario que las diversas izquierdas que habitualmente te regañan por votar mal, siempre le perdona sus pecadillos al obrero, para que este vuelva una y otra vez a sus brazos.

 

Working class hero.

 

Ricardo Ramos “Denver”: el hijo de Moscú. Lo suyo son las palizas y el trapicheo de droga, pero la serie quiere dejarnos claro que en el fondo es una muy buena persona. ¿Cómo? Mostrando que compra a fondo el ideario del extremo centro, laico-pero-es-que-el-Bien-y-la-Moral-solo-existen-en-el-catolicismo (si son MUY modernos dirán “cristianismo”, dejando a los protestantes entrar entre los Justos Y Rectos). Denver se pasará cinco minutos echándole la chapa a una rehén embarazada que quiere abortar que no, que mira, que eso está mal, no te digo un pecado, pero que un niño es un regalo del cielo y no un castigo, incluso aunque el padre haya salido corriendo, piénsatelo, pero piénsatelo bien, que yo tengo la pastilla abortiva pero antes piénsatelo. Total, que tras toda esta chapa sobre no matar al nasciturus, Denver va y le pega un tiro a la embarazada porque llevaba encima un móvil. Pero no crean que esto es un “abortar está mal pero peor es no cumplir la LEY, incluso cuando la hacen unos atracadores-secuestradores”. No, esto es más sutil. Denver, en puridad, jamás habría matado a la chica, pero lo ha ordenado Berlín, el jefe. Y ahí ya sí que no podemos negarnos. Abortar está mal, pero peor es desobedecer a la autoridad. Si nos ponemos a decidir qué ordenes cumplir y cuáles no, esto es Caos/Corrupción/Venezuela. Solo que Denver en realidad no la ha matado, sino que la esconde en el sótano, y posteriormente se lía con ella. El buen corazón de las gentes de bien es lo que salvará a este país del estalinismo.

Yashin Desáyev “Helsinki”/ Dimitri Mostovói “Oslo”: el músculo. Una pareja de serbios contratados para hacer de machacas y manejar explosivos y esas cosas, aunque con un poco de habilidad el doblaje los puede convertir en lo que menos moleste en el país de destino. Por darles alguna característica interesante, la serie los presenta como gais. Bueno, al menos a Helsinki, que lo explica como “ya saben, la guerra, la cercanía en las trincheras…”. Oslo solo está para morir el primero.

Ágata Jiménez “Nairobi”: la falsificadora del grupo, encargada de mantener la imprenta en marcha e imprimir la mayor cantidad posible de billetes. Madre soltera, le quitaron la custodia por trapichear con drogas. Se mete en el golpe para conseguir dinero y recuperar a su hijo, y llega a proclamar un matriarcado. Buena persona también, pero demasiado emocional para el mando y la planificación. Dicho de otra forma: Antena 3 nos ofrece una visión de lo que será una futura ministra de Economía de Podemos.

Andrés de Fonollosa “Berlín”: ladrón de guante blanco, exquisito gusto al vestir y buena vocalización del castellano. Y un narcisista sociópata de libro. Razón por la que se queda como jefe de la banda dentro de la FNMT. Bueno, en el trance de procesar la -supuesta- ejecución de Mónica Gaztambide, nos enteramos también que el Profesor y Berlín se conocían de antes. Vamos, que es el típico caso de “te asciendo porque somos coleguitas”. Hacia el final resulta que eran hermanos y todo. Oírle hablar de mujeres en la cafetería de la empresa (los atracadores se han habilitado un despacho para ponerse cómodos al que solo le falta el panel de corcho del sindicato para salir en Cámara Café) hace que reconsideres tu heterosexualidad.

Alison Parker: británica interpretada por actriz española. El comodín del Profesor para mantener a raya a la policía. Tiene su relativa importancia en los primeros episodios, con su arco narrativo y todo, “sufro bullying y me tengo por fea”, para luego desaparecer.

Alberto Vicuña: el ex marido de la inspectora Murillo. Junto a Alison Parker, es un personaje abortado de libro: le usan para avanzar/complicar la trama, y cuando ya no le necesitan se olvidan de él. Así que no sabemos si realmente maltrató a su ex mujer (en cuyo caso las reglas no escritas de la narrativa exigen que sufra un “castigo”, en lugar de eso parece que le van a condecorar por descubrir la identidad secreta del Profesor) o no (en cuyo caso el castigo lo debería sufrir ella, en vez de jubilarse antes de los 50 en un resort asiático con más billetes que la ONCE).

Mónica Gaztambide: la Patricia Hearst [26] de la Casa de Papel. Liada con el director de la FNMT, a la sazón su jefe, le entregará su corazón a Denver en menos de 48 horas.

 

Conclusiones y valoración

Yo siempre entendí que es imposible hacer billetes no falsificables. De modo que el truco es subir tanto el umbral de acceso que ya no te compense. Vamos, que si para empezar a falsificar unos billetes en condiciones necesitas varios millones de euros para maquinaria y materiales, ¿para qué necesitas falsificar? Porque el Profesor, para montar su operativo, está claro que ha invertido una cantidad muy importante de tiempo y dinero. Suficiente para irse a vivir de por vida, si no a Bali, sí a alguna isla paradisiaca de clase media. ¿Y prefiere invertirlo todo en colarse en la FNMT y usar la imprenta de verdad? ¿En serio? ¿Para generar billetes físicos que ahora vas a tener que lavar mientras la policía te busca por tierra mar y aire? ¿Y que aparentemente te vas a gastar mayoritariamente en Filipinas, negando cualquier beneficio a los habitantes de la eurozona que tanto has usado para justificar tu operativo? Para este viaje no hacían falta tantas alforjas.

La serie (que dura como temporada y media de The Wire [27] pero contando menos de un 10% de lo que contaba aquella) queda como un inmenso despropósito: un conjunto de escenas molonas y “momentos ideológicos”, muchos altamente contradictorios, que algún pobre diablo tuvo que hilvanar en un guión y aderezar con líos sentimentales inverosímiles hasta rellenar 15 episodios como 15 soles, para darles gusto a unos espectadores que se consideran a si mismos en las antípodas de los protagonistas. Disparate total. Salvando las diferencias, imaginen por un momento que Antena 3 nos quisiera deleitar con una serie sobre la ETA, pero narrada desde el punto de vista de los etarras. Buscando “humanizarlos” y acercarlos al espectador. Y tendríamos al etarra “a mi Euskal Herría me la suda, pero la Guardia Civil torturó a mi hermano hasta la muerte y aquí estoy”, al etarra “comprometido con mis dos pasiones, Lampurdi y el running, que practico escuchando Soy el novio de la muerte en mi iPod nano, que es un pedazo himno y una cosa no quita la otra”, y al etarra “totalmente entregado a la causa y rezando cada día ante la hornacina donde guardo el tríptico con las fotos de Yosif Stalin, Sabino Arana y Pablo Iglesias”. A mitad de la serie el etarra anti-Guardia Civil se lía, Tinder mediante, con la guardesa civil que le persigue, iniciando una evolución hacia posiciones no-todos-los-picoletos-son-iguales; el entregado tendría una crisis de fe; y el moderadamente comprometido –encargado de la vis cómica– se libra de un control de la Policía Nacional poniendo a tope su playlist cuando los agentes van a abrirle el maletero. Claro, hay una diferencia fundamental, y es que la ETA mata a gente. Por eso la insistencia, contra viento y marea, en que los atracadores no maten a nadie (cosa que logran de chiripa, porque bien que disparan en el capítulo final, nada de guante blanco), y por eso la subtrama “ejecución [falsa] de Mónica Gaztambide”, para que pensemos “no matan a nadie, pero podrían hacerlo”.

Cuando una persona nos da esa impresión de incoherencia en su discurso, solemos tufarnos que nos quiere meter una patraña. Cuando lo hace una serie, pues también: aquí se trata de ganar dinero con una serie de nivel medio alto (técnicamente impecable, y con un reparto bien equilibrado) y a la vez colarnos pildoritas de un cierto color azul-anaranjado. Pildoritas que en su mayor parte, y aquí está el placer culpable, no son intencionadas: salen solas, como lapsus freudianos incontrolables. Visto lo visto, cuesta creer que haya lugares donde esta serie se considere subversiva [28]. Eso es porque Erdogan aún no ha alcanzado la sutileza que nos gastamos aquí… o porque aquí aún no nos hemos despojado de los complejos que Erdogan se gasta allí. Elijan ustedes. Yo por mi parte, ahora que Netflix se ha metido en la producción para exportarla a medio mundo, ya me relamo a la espera de que saquen la siguiente temporada.

 

A comerse el mundo (y ya de paso, a darles argumentos a los alemanes para no compartir soberanía monetaria con los españoles).