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La División Azul cae en la estepa rusa

La División Azul ya no es lo que era en 2008-2012. Pero sigue siendo un buen equipo; un equipo competitivo, para clasificarse y avanzar sin demasiadas dificultades en un Mundial; sobre todo, con un cuadro como el que nos había tocado. Un equipo que también tendría que haber ganado a Rusia [1] hoy. Pero ahí hemos topado con el “factor Florentino”; la creencia del madridismo institucional en que la selección es suya para hacer lo que se les antoje: con el entrenador; con las alineaciones; con todo.

Así que el Madrid fichó al entrenador de la selección dos días antes de comenzar el Mundial, desestabilizando por completo al equipo. Ante lo cual, el presidente de la Federación tenía dos opciones, ambas malas: comerse a Lopetegui y demostrar que era otro pelele (y crear un problema en el vestuario y todo tipo de suspicacias, porque el seleccionador sería también entrenador de algunos de los jugadores del equipo, por los cuales querría velar especialmente, etc.); o bien destituirle y poner a otro en su lugar. Optaron por Hierro, solución de urgencia, a pesar de su escasísima experiencia en la materia. Una opción fácil, porque estaba ahí y conocía a los jugadores; pero que, casi como cualquier opción que no fuera poner a Del Bosque en plan patriota y para joder a Florentino Pérez, implicaba problemas añadidos.

¡Gracias a ambos!

Tampoco es que un entrenador sea tan importante en la fase final de un Mundial. Lo son antes, para armar el equipo. Pero en la fase final su importancia radica, sobre todo, en las alineaciones con las que afrontan cada partido y en los cambios que hacen durante el encuentro. Hierro ha optado por un claro seguidismo respecto de Lopetegui y por no hacer nada en los cambios (ha aguantado siempre demasiado tiempo para hacer los cambios y tampoco ha modificado apenas la fisonomía del equipo, cambiando a delantero por delantero, etc.). Es decir, que Hierro no ha hecho nada de nada.

Hasta que, llevados de la histeria por el lamentable partido contra Marruecos [2], la prensa ha decidido tomar cartas en el asunto, porque les daba mucho miedo Rusia y sus contragolpes: había que meter más músculo en el centro del campo, para controlar el balón. Y dicho y hecho; en este partido hemos tenido doble pivote Busquets-Koke, y… ¡vaya si hemos controlado el juego! Un recital de España los 120 minutos que ha durado la cosa, ora del central al lateral, ora del lateral al central. En resumen:

Eso sí, Rusia no ha hecho absolutamente nada. Ni España, hasta que Hierro se ha dignado quitar a Diego Costa (uno de esos jugadores que se van al banquillo con los comentaristas diciendo que “ha hecho ese trabajo oscuro, que no se ve”; porque, en efecto, no se ve) y meter delanteros con un poco de movilidad. En la prórroga España ha apretado algo y ha tenido un par de jugadas claras, donde podríamos haber ganado el partido. También podríamos haberlo tenido ganado desde el minuto 35 si hubiéramos salido con menos miedos y con una alineación que explotase mejor las virtudes del juego de España, pero a estas alturas ya no tiene mucho sentido lamentarse.

Al final hemos llegado a “la lotería de los penalties” que es, sin duda, una lotería. Y, como tal, beneficia, de entrada, al equipo más débil sobre el terreno de juego. No cabe extrañar que la táctica de Rusia estuviera encaminada desde el principio a poner el autobús para ver si en algún córner o contragolpe sonaba la flauta y, si no, a los penalties a ver qué pasa. Maquiavélica estrategia de Putin, a quien no le ha hecho falta ni el VAR ni el polonio para que su selección en el Mundial no haga un ridículo estrepitoso, al alcance solamente de equipos como la España del 82. De Gea no ha parado nada, como a lo largo de todo el Mundial, y en ese sentido ha firmado un desempeño totalmente regular, coherente y previsible.

Ganar el Mundial y las dos Eurocopas estuvo muy bien, pero gestionar la miseria posterior se hace duro. Porque, como ya se han ganado cosas que durante décadas parecieron inalcanzables, uno va a un Mundial, o a una Eurocopa, pensando que pueden ganarse, o al menos, qué se yo, llegar a semifinales. Hacer un buen papel. Tal vez, si Florentino Pérez no hubiera desestabilizado completamente a la selección española robándole al seleccionador en la previa del Mundial con su habitual estilo marrullero y ventajista, no estaríamos así. Pueden consolarse pensando que Alemania e Italia lo han hecho aún peor, que es un consuelo muy propio del señorío inherente a Florentino, Lopetegui e individuos de similar pelaje.