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Mazinger Z: Infinity

Cuarenta años después, llegó al cine una nueva película de Mazinger Z: Mazinger Z, el mítico recuerdo de infancia como serie de animación que marcó a una generación, aunque solo se emitieran 33 capítulos [1] debido a su violencia poco adecuada para las sobremesas sabatinas. Expresiones de Mazinger Z se han incorporado al acervo popular como «puños fuera» o los inolvidables [2] «pechos fuera» de Afrodita A. Ahí estaba el «rebelde» adolescente Koji Kabuto que salvaba al mundo una y otra vez manejando a Mazinger Z, para delicia de sus fans. O la sabionda Sayaka Yumi que siempre terminaba desesperada por el incorregible Koji, y que de un día para otro le aumentaron los pechos [3], aunque tal hecho seguro que pasó desapercibido para su infantil audiencia. No seguí las posteriores resurrecciones y reencarnaciones de Mazinger, así que mi memoria se limita a la incompleta serie infantil que ofrecía TVE después del telediario, cuando estos solo duraban treinta minutos, tanto como el episodio de Mazinger. Una de las razones por las que no me había interesado volver al robot es que no quería defraudarme: la animación ha mejorado una barbaridad desde entonces, y _p’qué estropear los viejos recuerdos.

La serie fue polémica por su violencia desaforada para un público infantil. También hubo quién consideraba que lo de la energía fotónica no era más que un trasunto de la energía nuclear —sino, ¿qué pintaba una piscina de la cual salía el robot?— y que entonces, Mazinger Z no era más que propaganda encubierta de Mitsubishi para vendernos sus reactores. No faltaron las cartas al director de personas mayores preocupadas por la nefasta programación infantil [4] o los artículos en medios que vinieron a apoyar la libertad sí, pero no el libertinaje con tintes neofascistas [5]. Pero la palma de oro a la crítica hay que dársela a un artículo del ABC [6] que da un buen repaso al mito: desde que busca beneficio de carácter capitalista, sin fines pedagógicos hasta que identifica el bien con la Tecnocracia, donde «todo está manejado a través de botones, ocurren cosas sin saberse cómo ocurren ni por qué», en una palabra, «es la mitificación del tecnicismo estadounidense afincado en Japón como colonia». Y sí, es el ABC de 1978, no el ABC rojo de 1936. El pedagogo que fue consultado sigue con: «Del pecho de Mazinger sólo sale destrucción, cuando, desde Aristóteles, toda la filosofía occidental considera el pecho —corazón— como lugar donde residen los buenos sentimientos […] Creo también que ofrece una amplia gama de connotaciones machistas, desde la niña, que está al completo servicio de Koji, hasta el robot femenino, que siempre es vencido por sus oponentes machos». Argumentos todos que debieron de ser muy convincentes para los programadores de TVE de la época porque la serie no duró mucho más en emisión. Por lo tanto, las generaciones siguientes se perdieron escenas [7] que les hubieran marcado tanto como Sabrina en Nochevieja.

Koji se ha hecho mayor y ahora es un reputado investigador

Me ilusionó saber que había una nueva película, donde conservando el aspecto original, la han realizado con técnicas de animación actuales, para poder mostrarla en cines con emisión digital en vez de las 625 líneas en blanco y negro de nuestras primeras recepciones. La película ha llegado a las pantallas de cine sin demasiada publicidad y con una exhibición muy limitada. En mi ingenuidad pensaba que habría más expectación, pero ya sea porque tampoco ha interesado a muchos o porque la mayoría no se han enterado, en la única sesión del día —de sobremesa, solo que en vez a las 15:30 fue a las 16:00— había poca gente, pocos jóvenes y algún niño con su padre. Parece que los jóvenes enganchados al anime no se han animado, quizás porque lo vean muy viejuno, y más si hay que pagar 10 €, pues mejor la última de Marvel.

Tras esta introducción, llegan los destripes, como en cualquier reseña de LPD que se precie …o no. Pues resulta que la película comienza cuando han pasado ya diez años desde las últimas batallas libradas por Koji Kabuto con Mazinger Z, cuando se cargó a los malos, fundamentalmente bestias mecánicas gigantes. Una nueva ONU ha conseguido que haya paz, con la energía fotónica alimentando al mundo. Ahora Koji Kabuto ha dejado de ser el adolescente rebelde con causa, para ser un respetado investigador, con Mazinger Z disfrutando la fama ganada como atracción de un museo. En una rara generosidad nunca vista antes, la ANECA le ha convalidado cada bestia mecánica destruida como un artículo relevante para que Koji pudiera conseguir los sexenios necesarios para seguir llevando su vida desahogada.

Imagen ‘random’ de la película

Resulta que Koji está liado con Sayaka Yumi (¡Vaya sorpresa, eh! ;-), la piloto de Afrodita A, que resulta ser la directora del Instituto de Investigaciones Fotónicas, mientras que el anterior director, el Profesor Yumi (¡Sí, sí, su padre!: ya saben, una saga científica familiar, nada de enchufes), es ahora Primer Ministro de Japón.

Es entonces cuando aparece el Infinity en excavaciones realizadas en el Monte Fuji, un Mazinger aún mucho más gigantesco, con piloto autómata incorporado, LiSA, que se presenta a Koji tal como lo haría una ama de casa al fontanero en una película X: ¡estas cosas no ocurrían en la serie original!

Lo cierto es que LiSA, Large Intelligence System Agent (también la podrían haber llamado como Locally Integrated Software Architecture o hablando sin eufemismos, la hija putativa del jefe), llega en un mal momento de la relación entre Koji y Sayaka, porque esta piensa que Koji no ha madurado para seguir avanzando en su relación.

LiSA y Sayaka no congenian a la primera

Afortunadamente, pronto estos afligimientos acabaron por los ataques de los esbirros [8] del Dr. Maligno Infierno para apoderarse del Infinity. El Dr. Infierno quiere usar el Infinity para abrir un agujero en el espacio-tiempo y que se produzca el Goragon de forma que el Dr. Infierno pueda cambiar este Universo por otro, porque resulta que este ya le aburre, y quiere probar con otro para ver si ponen algo más entretenido, que ya está hasta las puntas de sus pelos de los «Gran Hermanos» y los «Ferreras, Pastoras y Viceversas».

Pero para su plan, el Dr. Infierno necesita mucha energía fotónica, por lo que solicita una tregua-trampa; la comunidad internacional dividida no es capaz de oponerse a las peticiones del Dr. Infierno, por lo que su plan sigue según lo previsto, y reforzando su idea de que este mundo se había vuelto demasiado previsible y aburrido.

Pero a Koji y sus amigos, no se la dan y preparan un contraataque contra el Dr. Infierno y liberar también a su amigo Tetsuya Tsurugi, al que tiene atrapado. Koji, acompañado por LiSA, ataca con Mazinger Z a los malos mientras los amigos de Koji distraían a las bestias mecánicas que guardan la base. Mazinger Z destruye a las bestias de los lacayos principales del Dr. Infierno, Barón Ashura y Conde Brocken. Pero el Dr. Infierno se hace con el control del Infinity y es entonces cuando llegamos al momento Interstellar, que por supuesto no se puede explicar, pero en el que LiSA consigue ir al hiperespacio para bloquear el Goragon. Al final, Mazinger Z resulta que no estaba tan solo, y todos los ciudadanos del mundo hacen una «Hora del Planeta» con la que proporcionar a Mazinger Z la energía que necesita para enfrentarse —y vencer— al Dr. Maligno y salvar a Tetsuya.

Las chicas mazinger se apuntan al plan de entretenimiento de las bestias mecánicas

Pero no termina ahí la película, sino que también el momento Interstellar sirve para convencer a Koji que tiene que tener descendencia con Sayaka, que al final resultará ser una hija y se parecerá a LiSA, que creo que se diluyó en el hiperespacio: es lo que pasa con los momentos Interstellar, uno nunca puede estar seguro de qué ha pasado. Rápidamente, terminado el combate, Koji corre a pedir a Sayaka que tengan una niña.

Así que al final se descubre el pastel del retorno de Mazinger Z: es solo un Macguffin subvencionado por el gobierno japonés para ver si de una vez la generación X se pone a procrear antes de que se le pase el arroz, porque sino el futuro de Japón [9] no pinta bien.

Como conclusión, la película sirve para disfrutar con cierto regusto melancólico de una batalla más de Mazinger Z, y posibilitar volver al cine con la misma ilusión que teníamos hace eones tras la comida de los sábados.