Clint Eastwood, el último jinete

Por @omanhaaaa

Exterior. Desierto. Mediodía. Plano cenital. Cámara desciende hasta llegar a plano panorámico general. Música Il triello. Morricone.

Un hombre alto, delgado, se desvanece poco a poco en su camino hacia el horizonte. El sol, en lo alto en un día azul sin manchas blancas en el firmamento, nos vislumbra altivo, castigando nuestros ojos con los directos limpios de su luz, obligándonos a entrecerrarlos para intentar vislumbrar un horizonte que ya ha devorado mansamente la solitaria figura, vomitando la nada calma y eterna del desierto rojo y rocoso.

Contrapicado. Plano Americano

En el aire el recuerdo del tabaco, con su olor fuerte, salta jugueteando revoltoso entre las fosas nasales, empapando el cerebro; y con él, el recuerdo del hombre. Del hombre y su tabaco. Con sus dos pistolas asomando (PRIMER PLANO), y el nácar restallando sobre su gesto hosco. Una mirada dura sin ojos, y una voz grave y ausente. Es lo que queda de él, el resto ya es pasto del tiempo desintegrado.

Plano entero.Voz en off

Clint Eastwood sigue entre los vivos, pero ya está muerto. Sólo la cultura dominante tiene el poder de determinar quién está vivo y quién no, pese a no estar muerto; y Clint Eastwood ya es sujeto pretérito perfecto simple, vetusto y raído; y con él, su sistema-mundo; y con él, todos los que, ajados y abigarrados, se enmarañan, asustados, asidos al pasado.

Clint tuvo la suerte, además de ser, si no guapo, sí atractivo, de que nunca necesitó ser actor. Solo tuvo que interpretarse a sí mismo; unas veces disfrazado de vaquero, otras de policía, las menos de periodista, e incluso de astronauta. Pero al final, sólo tenía que llegar al plató de rodaje, y recitar el texto con la misma naturalidad que esa misma mañana le había dicho a su mujer que el café estaba frío, o a su hijo que se portara bien o le iba a caer una zurra. Que no tuvo que interpretarse más que a sí mismo, se puede observar disfrutando de sus películas como director, donde es fácil apreciar que en él nunca existió personaje.

Sus películas reflejan una cosmovisión dura y profundamente cristiana: la vida es un valle de lágrimas. Hemos venido a sufrir, a dar dentelladas y a que nos las den. A sobrevivir; y el colectivo, como supervivencia, una mera manada de lobos. Aislado, en un islote solitario y diminuto, a veces, las menos, la familia, y quizás, con suerte, algún amigo de verdad, de esos con los que compartir más silencios que palabras. La redención propia como objetivo y castigo, en una batalla continua y muda contra los impulsos naturales, siempre a flor de piel, siempre presentes. Solo hay dos caminos, el bueno y el malo. No hay espacio para que el relativismo, tortuoso, se abra una senda donde discurrir ajeno al conflicto. Hay que domeñar el instinto salvaje, y hacer prevalecer lo correcto. Siempre quedará la esperanza, además, del amor como bastión y cobijo, donde ser y al mismo tiempo dejar de ser, protector contra uno mismo, lima de ímpetu y nervio descarnado.

Pero al final, uno nace y muere solo, y en una antítesis perfecta de la doctrina católica engarzada con un existencialismo duro, la vida no tiene reglas, ni premios ni castigos. En esa contraposición dolorosa y continua, en esa tensión permanente y agónica de sus películas entre lo correcto y la ausencia de una justicia universal que ordene y regle nuestras vidas, facilitándonosla, nace la lírica de sus películas. Evangelios sin Dios, esteparios. Capítulo 19, versículo 63: “Yo no sé nada, ni una maldita cosa.”

Plano general

Ante este escenario, el hombre ha de ser duro, distante. Desconfiado; parco en palabras; dispuesto al sacrificio continuo por los suyos sin lamento ni queja, y sin esperar ni querer agradecimiento, como alano en eterna espera. La mujer, sin embargo, ha de ser viva, hábil; zurcidora de rotos y conflictos, barro y cimiento de la familia, señora del hombre. Frente a la idea simple y desprendida del machismo dominante en sus películas, la certeza sencilla de que al final el hombre no es más que un perro en sus manos, domado a base de emociones y tejidos.

Plano Medio; Exterior. Mediodía

Cualquier persona criada, o que conozca los pueblos de montaña del norte de España, comprenderá. Pueblos en su mayoría minúsculos, fríos, desperdigados al azar entre los recovecos de los ríos; anegados por la nieve en invierno y sin aire en verano. Donde los hombres fuman y callan; y las mujeres hablan y deciden, siseando, entre los muros de piedra y el calor de los fogones de las cocinas de hierro. Hierro, piedra, frío y tabaco. Esos son mis recuerdos. Y el café de puchero compartido, alrededor de una gran mesa de madera sin trabajar, por la familia, que charla mecida dulcemente por el agudo y acompasado tintineo de las cucharillas chocando contra los vasos de cristal disolviendo el azúcar.

Plano Múltiple. Interior. Cocina

Este mundo duro y confortable se desgaja desangrado, moribundo; y, desahuciado, exhala sus últimos estertores. Silenciosos. Callados. Denostado y harapiento. Torturado. Ya no hay lugar para los silencios. Hoy todo es ruido, quejas, lamentos, proclamas. Ya no hay lugar para los hombres y mujeres recios. Hoy todos pretenden ser celebrities de barrio, salpicando sus redes sociales de fotografías estridentes concebidas al arrullo del narcisismo más estúpido y delirante; de reflexiones simples preñadas de la jactancia más ignorante, profana. En definitiva, hoy, ya no hay lugar para la sobriedad. Todo ha de ser colorido, chillón, rococó, aunque sea parvo y desgastado. Frente al contenido, la forma, frente a lo ceñudo la banalidad, ratio summa, de la nueva cultura.

Plano General. Exterior. Tarde

Una nueva cultura que, gestada en los 2000, ha terminado por dar a luz en la lugubrez de una crisis económica de velas y desvelos. Ante la incertidumbre, la caducidad de los valores precedentes, irremediablemente tornados secos y cobrizos; que, delicados y quebradizos, sucumben ante el roce del hálito del recién nacido. Descomponiéndose, hasta su denostación intrínseca, interna, propia, permitiendo el impulso despótico del cambio cultural a una sociedad occidental deslavazada, desvalida y sin referentes plausibles, al mundo contemporáneo, que se encamina sumisa al campo de reeducación; adaptándose al compás del segundero de un reloj invisible, pero perfectamente engranado, sostenido por la brida del devenir económico y social; y, como buenas bestias gregarias, seguir al final, pesada o alegremente, el nuevo chemin de bestiaux por el que discurrir serenos como hormigas dúctiles de barro y sentimiento.

Es simple apreciar el cambio cultural. La dinámica es perenne y perpetua; constante de Boltzmann. Una nueva tecnología, un cuestionamiento cultural, un cambio relacional, y la lluvia fina penetrando en la sensible piel neuronal de la sociedad, que de otoño a otoño, con la caída de las hojas, se ve cada vez más pesada, impregnada de la nueva y opresiva parafina conductual que contagian las nuevas ideas, el nuevo marco cultural.

Internet es el nuevo virus global. La interconectividad y las grandes empresas arando unos medios de comunicación horadados por múltiples intereses de grupos de presión y poder permiten, como nunca antes, la catalización fugaz en la creación de culturas globales de carácter regional, como todas, marcadas por el pecado original del maniqueísmo, actualmente en plena confrontación. Quien domine la cultura global, prevalecerá y dominará; el ganado deja de ser bravo; estabulado cuando acepta sumiso valores como propios, y su destino imbricado con un destino universal. La aparición de los nuevos partidos antisistema en Occidente, es la marcha silenciosa, rabiosa y derrotada de los inadaptados, de los fracasados, de la desesperanza.

Plano Medio

El ser humano siempre ha sido el mismo. Sus instintos, sus emociones, sus miedos, sus necesidades son concéntricas con la eternidad. Solo la maleabilidad de la cultura, del pensamiento moral logran encauzar la naturaleza rabiosa y animal. La necesidad de lo esperado como ley candencial y armoniosa en un mundo sin certezas.

El individualismo, el consumismo y el relativismo son las conductas ensalzadas y fomentadas por el sistema-mundo actual. Estos comportamientos validados culturalmente conllevan un nuevo sistema de relaciones interpersonales y necesidades de autorrealización. Frente a la sociedad del bienestar característica del sistema-mundo occidental, un constructo nacido de la antítesis de Marx y Dios, la síntesis entre Nietzsche y el utilitarismo, dando lugar al individuo como marca, aislado, y en confrontación muda interdependiente con una sociedad de networking; con un consumismo exacerbado, como lubricante del sistema económico y de las relaciones sociales, incrustado en un infantilismo filosófico, preñado de unos peter pan y campanilla acomplejados, que es avivado dulcemente por el soplo constante, despreocupado y minucioso de un carpe diem marchito, egoísta y purulento.

Primer Plano. Atardecer; Desierto

Yo sigo, como tantos otros, intentándome adaptar. Estoy encharcado, como todos, en los nuevos valores. Sin embargo, aún recuerdo con nostalgia el hierro, la piedra, el frío y el tabaco; y a Clint Eastwood en una televisión pequeña y vieja en las tardes de verano, montando su caballo hacia un horizonte romo, desnudo y rojo que le va engullendo poco a poco hasta desaparecer (PLANO CORTO), dejando tan solo el recuerdo de otra época, aquella en la que yo era feliz.

Plano Panorámico. Exterior. Desierto. Anochecer. Música Ain’t no grave Cash. Fundido en Negro.


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  1. Comentario de keenan (14/04/2017 14:44):

    Gracias por esta colaboración estelar, Lalo. Se nota el poso de las vivencias y el ir y venir de las ideas a lo largo de los años. Además, está espectacularmente bien escrito, aunque hay que leer con bastante atención.

    No obstante, creo que hay un punto intermedio entre las celibrities de barrio y Clint Eastwood, y que hay ciertos cambios que son a mejor. El truco es conformase con un punto intermedio, un lugar un poco más confortable que lo que nos ofrecia el bueno de Clint, pero sin perder de vista el horizonte yermo.

    También creo que el cambio viene de más atrás que los 2000. Yo veo los antecedentes del cambio en los primeros 90, cuando la cultura de masas y de consumo made in Hollywood se empieza colar por las rendijas de la vida cotidiana. Esa generación que hacía una (y solo una) extraescolar e iba los veranos al pueblo, empezó a mutar y de repente los chavales querían vaqueros de marca, las series norteamericanas se colaban en la tele (Sensación de vivir, El principe de Bel Air, etc) y la informática de consumo empezaba a hacer su aparición en la mayoría de los hogares.

    Luego, a principios de los años 2000, vino otro segundo impulso, quizás mas fuerte (tengo 37, pero por circunstancias, muchos de mis amigos y conocidos andan por los 30-32, y se notan mucho esos 5 años en algunas cosas). Hasta entonces, la jovenes españoles, creo que eramos más, llamémoslo “conservadores” respecto a las relaciones y al mundo laboral. Con la novia del instituto, a muchos ya se les comenzaba perfilar una idea de proyecto de vida, y la elección de una carrera universitaria o salida profesional era una sombra que se poyectaba, larga e incierta desde un futuro no tan distante hasta los primeros años del bachillerato.

    Entonces en los primeros 2000, hubo un cambio bastante fuerte, una suerte de despreocupación, de experimentación, de liberación. Que nadie me malinterprete… no estoy en plan abuelo cebolleta, menospreciando los retos que tienen los jovenes de ahora. Pero si creo que hubo ese cambio, quizá uno como nunca antes lo ha habido, y que aún manteniendo unas constantes materiales inherentes a la vida (incertidumbre por el futuro, etc) hubo un cambio de textura en el tejido de las cosas… por decirlo de una forma un poco alegórica.

    Luego, ya con los 2000 avanzados hubo otro cambio ya más alimentado directamente por internet… es el imperio de la “cultura popular”, una cultura global en realidad.

  2. Comentario de emigrante (14/04/2017 21:28):

    Muy bueno, pero yo lo habría rematado con esta otra canción https://m.youtube.com/#/watch?v=UclCCFNG9q4

  3. Comentario de Eye (15/04/2017 10:08):

    Guau, me quito el sombrero.

    En definitiva, hoy, ya no hay lugar para la sobriedad. Todo ha de ser colorido, chillón, rococó, aunque sea parvo y desgastado. Frente al contenido, la forma, frente a lo ceñudo la banalidad, ratio summa, de la nueva cultura.

    Esto… No sé cómo la gente lo soporta, de verdad. Es un ruido constante, corrosivo. La sociedad de consumo será vacua y estúpida, sí, pero para mí lo más molesto es esa estridencia que no cesa.

    Ahora, reconozco que el paquete “centro comercial, celebrities, culto a la imagen, porno y egocentrismo” es un ariete cultural imparable. Ha erradicado al comunismo y reducido al cristianismo a la mínima expresión. Y si no se produce ningún colapso u otro gran suceso histórico imprevisto, el judaísmo y el Islam van detrás: a largo plazo la yihad no tiene nada que hacer frente al bikini y las compras compulsivas.

  4. Comentario de Sartoris (15/04/2017 19:40):

    Pues a este cincuentón criado en un pueblo de montaña del Norte casi se le caen las lágrimas leyendo, Lalo. Harto del ruido, de los colorines, y, sobre todo, del posmodernismo. No se hasta qué punto se le va a aceptar esta reivindicación, sobria y contenida por inteligente, de una masculinidad (y también feminidad, pero los posmos no lo van a entender) clásica, recia y, sobre todo, amargamente realista. Hoy priman el identitarismo infantiloide, el victimismo y la inmadurez más absolutas. Admito que me gustaría parecerme un poco a ese arquetipo ; desde luego mucho más que “deconstruirme” signifique lo que signifique ese palabra. Y termino, justificando mi apodo, con una cita de otra antigualla como Faulkner que creo que viene al caso “… mensaje para los tiempos que corren, lo indomable y la galantería, la determinación de sujetarse los pantalones y seguir adelante, sin que importe nada, sin que importe nadie”.

  5. Comentario de antonio (16/04/2017 10:46):

    De acuerdo, el relato tiene una calidad literaria encomiable y se lee con embeleso. El uso de cámaras y planos cinefilos, un disfrute.Peeeero..-la critica, si no se sube en el ranqing de comentaristas- la cosa cambia a peor en la cuestión sociologica. A ver, com es que, por un lado, estamos en contra del indiviualismo y relativismo de hoy en dia y su correspondientes dosis de ruido, infatilismo, inmadurez, etc.. y por, otro, decimos que eramos felices con el Clint Eastwood de El Jinete Pálido. ¿Es que ese superheroe (como los de Marvel, o los del Manga)no erá precisamente EL MAXIMO EXPONENTE del invidualismo (inmaduro, etc..) en los años 70/80. ¿¿¡¡. De aquellos barros, estos lodos. Va a ser que su en sus de heroicidad personal algunos (desde su posición hasta el IBEX35) le van ganando. Si desea volver a los valores igualitarios y comunitarios del Welfare State, que también menciona y echa de menos ¿al mismo tiempo?¡, le aconsejo que se vaya acercando más al Clint de Million Dolar Baby, Gran Torino, Invictus, Los puentes de Madison, ..

  6. Comentario de Mr. X (16/04/2017 11:02):

    Cicerón con el Oh tempora, oh mores habría suscrito su artículo. Me inclino a pensar que el “todo se va a la mierda” que antes o después todos pensamos, yo incluido, se debe, simplemente, que al final todos nos vamos haciendo más viejos.

    “En definitiva, hoy, ya no hay lugar para la sobriedad. Todo ha de ser colorido, chillón, rococó, aunque sea parvo y desgastado. Frente al contenido, la forma, frente a lo ceñudo la banalidad, ratio summa, de la nueva cultura.”

    Pues mira que usar como ejemplo al Clint Eastwood icónico de las películas de Leone, basadas en reducir el contenido y amplificar y defomar la forma del western clásico hasta el infinito. Que para arte colorido, chillón y rococó el suyo, y de hecho, aunque ahora también sea “clásico”, lo pusieron a parir en su época por eso mismo.

  7. Comentario de Sartoris (16/04/2017 14:29):

    Pues si, Mr. X, tiene razón, todos nos volvemos más viejos, y eso influye, pero personalmente opino que no hay nada que haya envejecido tanto y tan mal como el posmodernismo. Quizá precisamente las nuevas generaciones acaben librandose de él en defensa propia, y yo que lo vea.

  8. Comentario de emigrante (16/04/2017 17:26):

    Aquí otro aborigen de aldea. Y mucho presumir de vida sencilla pero les recuerdo que los pueblos del norte de España son el Jardín del Edén comparado con la estepa mesteña. No en vano, la palabra austero se acuñó para definir a los castellanos. Y Clint Eastwood cabalgaría mucho por los desiertos de Almería pero el duelo final entre el bueno, el feo y el malo fue en algún lugar de la provincia de Burgos.
    https://m.youtube.com/#/watch?v=8TlIXNkuFjY

  9. Comentario de Baranda (17/04/2017 01:30):

    Difícil no identificarse con el fondo del artículo, pero muy de acuerdo con Antonio en #5, el Clint que describe es precisamente la válvula de escape necesaria para una sociedad obligada a producir y consumir las 24 horas del día cosas que cada vez entiende menos. Alienados tanto en el trabajo como en el ocio fantaseamos con que un dia se nos inflan las pelotas y montamos la cerracina que dará por fin sentido a nuestras vidas.
    Los que andamos por los 40 somos víctimas de la sobreexposición al heroe subnormal de los 80, que ya no hace chistes ni tiene dudas morales: apenas sabe hablar. Por otro lado sí hemos llegado a conocer a hombres recios durante los veranos en el pueblo, pero su parecido con Clint es solo estético. Los hombres recios del pueblo fuman y piensan si va a llover o no, si las ovejas no habrán cogido la galaxia, o si no vendrá otra filoxera y qué conviene sembrar este año en tal sitio: son seres pensantes, productivos y amos de su mundo. El papel de Clint más cercano sería el de Sin Perdón y no es capaz siquiera de manejar dos gorrinos y unas gallinas, ni de coger una azada para plantar algo con miles de hectáreas vacias alrededor, enseguida lo deja para hacer su número de siempre. Y sí, el heroe de Clint está ya muerto en esa peli: su mensaje es aquí estoy yo matando y quedándome a gusto pero toda esta violencia no significa ya nada. Si lo intentas en casa, te pasará como a Michael Douglas en Un Dia de Furia. No habrá tiroteo en la calle principal con atemorizados vecinos tras los visillos: vagarás por un descampado lleno de mierda, tendrás un altercado con negros, destrozarás una todo a cien y al final vendrá un funcionario a pegarte un tiro o detenerte, lo que sea más fácil. Morirás y todo el mundo, incluida tu familia, te recordará como un gilipollas, justo lo que intentabas evitar.
    Los pueblos siguen ahí: podemos ejercitar en ellos nuestra reciedumbre y parquedad de palabra, ahora más que nunca teniendo en cuenta lo vacíos que estan. Subirnos a un teso y fumar oteando kilómetros de vacío alrededor sin un solo panel publicitario y aprovechar la soledad para forjar principios morales artesanales y criar filosofías de corral pero inevitablemente nos avergonzaremos enseguida del ramalazo hipster y menos mal que nadie nos ve.

  10. Comentario de jose (18/04/2017 22:21):

    No se qué pueden ver en común de Miguel Ángel Revilla y Clint Eastwood. Siempre se me ha antojado ese cine y esa época como de bandoleros, estilo andaluz, como mucho extremeños.
    El Eastwood de Infierno de cobardes -violador, asesino- , por ejemplo, no se parece en nada a un señor bajito, calvo y con bigote cuya mujer decide mientras fuma tabaco vomitando fuego al agarrar un gorrino pa la matanza.

  11. Comentario de keenan (23/04/2017 14:39):

    @Baranda: no sabes que razón tienes respecto a Sin Perdon. Munny es un espectro, una cáscara. Como le dice Munny en la última conversación al Sheriff, justo antes de rematarlo, “esto no tiene nada que ver con lo que uno merece.”. Munny más que un hombre, es una fuerza de la naturaleza, o un vector de destrucción, implacable e injusto, que en este último encargo intenta reconducir el horror de su existencia hacía algo que él juzga positivo, como vengar a la chica a la que cortan. Pero no lo consigue, porque está más allá de cualquier redención posible. Todas las características aparentemente positivas de Munny son en realidad huecas y vacías. Su apego con Ned (Morgan Freeman) o su empecinamiento en defender a las putas, son una suerte autoengaño, que le permite poner una barrera entre lo que fue y lo que el cree que es ahora.

    Lo comento porque alguna vez hablando de esta peli alguien dice que como mola el personaje de Eastwood… a mi me da escalofríos.

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