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Versailles

Welcome to the Jungle

Si usted está viendo esta serie, o si pretende verla, igual es mejor que deje de leer aquí porque vamos a alterar significativamente su percepción de la misma antes de que termine este párrafo. No, no es un spoiler, que para una serie “histórica” no tendría mucho sentido, que todo esto son cosas más o menos conocidas que ocurrieron, si bien han planchado los detalles para hacerlo más digerible televisivamente. Es algo más estético. Puede que hasta se haya dado cuenta usted mismo. En fin, que si decide seguir, es bajo su propia responsabilidad. Yo me di cuenta a mitad de la temporada y ya no pude dejar de pensarlo: en esta serie se puede tomar cualquier momento del metraje (diez capítulos de casi una hora cada uno), sustituir el canal de audio con algo de hard rock genérico, y nos ha salido un videoclip de los Guns N’ Roses [1] en su época más glam. Pero vamos, ¡niquelado! Están los trajes extravagantes de época, los atrezzos y decorados que parecen salidos de una ópera, los ángulos en semipicado para iniciar algunas escenas, las interpretaciones con un pelín de sobreactuación, y las largas miradas profundas. Incluso, los hombres tienen el pelo más largo que las mujeres y parecen frecuentar al mismo peluquero que Axl Rose y Slash en los 80. Es más: si ven la serie con ayuda para sordos (con el apabullante dominio del inglés que usted, estimado lector medio de LPD, maneja, ¡no se nos ocurre otra razón para poner subtítulos que una desafortunada sordera!), la mitad de los subtítulos se pueden dejar porque los diálogos ¡también parecen letras de una balada rock!

 

Balada heavy en Francia: Guns N’ Roses European Tour 1667.

 

Civil War

En fin, una vez hemos plantado en la cabeza de nuestros lectores la banda sonora apropiada para esta serie franco-canadiense protagonizada por actores MUY british, pasamos al contenido: estamos en el año 1667 y el rey de Francia Luis XIV, que está pasando unos días de asueto en su humilde finca de caza de Versalles, decide que se va a quedar allí de manera permanente, y que para ello va a construir un palacio que se va a cagar la perra que será la envida cochina de todo monarca occidental. Especialmente de esos pesados españoles, que no paran de dar por culo en los Países Bajos y de mandar asesinos para acabar con el bueno de Luis. Teniendo en cuenta que en España llevaba dos años reinando El Hechizado y que el país había iniciado uno de sus episodios de decadencia más sonados (y eso, cuando hablamos de la historia de España [2], son palabras mayores), nos parece que nos dan más cancha de la que nos merecemos. ¡Si encima la reina consorte de Francia es española [3]! Que la buena de María Teresa de Austria de a luz a un bebé un poco demasiado moreno para ser descendiente de “la familia más importante del mundo” probablemente tampoco ayude a mejorar el mal rollo intrafamiliar y explique esas guerras en Flandes.

Aparte de sus ganas de superar a El Escorial y quitarse el histórico complejo de inferioridad francés en el tema de las obras públicas con respecto a España (reeditado en el siglo XX con las líneas de AVE [4] y las autopistas [5], donde España ha devuelto con creces el golpe de Versalles), hay razones más prosaicas para Luis para abandonar París, como traerse la corte a un entorno donde él lo controle todo, especialmente a todos esos nobles levantiscos [6] que insisten en extraños federalismos frente al centralismo borbón. Las conspiraciones de los nobles son uno de los hilos conductores de la serie, todos tan pesados con sus “nobles libertades” (que consisten, pásmense, en que ellos no pagan impuestos, que para eso lo valen y son personas mejores que quienes no crean riqueza y tal). Pero la serie no se ahorra algunos momentos de ensoñamiento místico, “vamos a crear un legado, un monumento a todo nuestro glamour y a todo lo que es Francia que será recordado por los siglos de los siglos”. Glamour que consiste en que los nobles son, de nacimiento, seres superiores al resto de los mortales (preciosa la escena donde Luis expulsa a un cortesano ¡por ocultar que su abuela era plebeya!) y que por ello merecen construirse su propio paraíso a medida, con el sudor del populacho.

 

You could be mine

Junto al politiqueo y a toda esta inversión masiva en obra pública, el tercer eje de la serie es la vida personal de Luis XIV. Como Francia hace casi dos siglos que no tiene a un Borbón al timón de la nave, se ve que han olvidado cómo se las gasta esta gente y presentan su continuas aventuras amorosas como algo sorprendente e inaudito: toda la corte gira alrededor del pene real, y todas las mujeres luchan por ser la nueva favorita del rey, que las usa, las preña, se harta de ellas y se busca a otras. ¡Y eso que entre polvo y polvo tiene que gobernar un reino con doscientas cuarenta y seis variedades de queso [7]! ¡Qué energía! Miedo da pensar lo que puede llegar a hacer un Borbón liberado de las obligaciones de gobierno y con todo el tiempo del mundo para seducir mujeres con su carisma real.

 

La culpa es nuestra por dejarles demasiado tiempo libre. ¡Les hemos obligado a hacerlo!

 

Paradise City

En este entorno paradisiaco, donde todo depende del favor real, se acumula una fauna curiosa, todos ellos con su banda de opera rock detrás tocando su temazo favorito.

 

Luis XIV: por la Gracia de Dios rey de Francia y de Navarra, Luis el Grande y Rey Sol; lo que parece predisponer a un ego considerable. Ego que el hombre quiere enmarcar en un palacio ad hoc, que recorre en sus sueños (supongo que no sabían si la serie iba a renovar, así que para sacar unos planos chulos de la Galería de los Espejos [8], que en 1667 aún no existe, recurren a ponerlos en un sueño).

Aunque nos choque que Luis sea sistemáticamente el más canijo de la habitación, esto al parecer es un fiel reflejo de la realidad. El Luis histórico solo medía 162 centímetros (más bajito que Sarkozy [9]), aunque los compensaba con taconazos de travesti locaza y pelucas extravagantes para parecer más alto. En la serie, esta parte la quitan, que habría limitado un poco las capacidades de actuar de George Bladgen. Por lo demás, parece ser un gobernante más o menos competente, consciente de las limitaciones de su poder pero buscando continuamente cómo ampliarlo, para lo que no duda en meterse en varios Juegos de Tronos [10], con los españoles, los ingleses y los holandeses, con el fin último de ampliar Francia.

Para añadirle un poco de complejidad, de vez en cuando tiene algunos flashbacks. Con su padre y su madre, siempre temerosos de los nobles. Y uno con una cortesana, enviada por su madre cuando él tenía doce o trece años, para iniciarle en los misterios del pecado. Vamos, que aquí Canal+ nos quiere hacer creer que los Borbones -¡todos ellos! ¡todos los que en el mundo han sido!- son como son por un trauma de infancia del pobre Luis, y el resultado de un programa de crianza al que se le ha ido la mano con el incesto.

Canción heavy favorita de Luis: I’ve got Big Balls [11], de AC/DC.

 

Felipe, Duque de Orleans: hermano pequeño de Luis. No obstante, incluso un Borbón menor sigue siendo un Borbón, pero en presencia del Rey Sol eso lleva directo a la frustración, porque siempre habrá alguien que folle igual que tu pero encima tiene precedencia. ¡Incluso con tu propia mujer! Felipe, de pura desesperación, se tiene que especializar en lo que le deja su hermano, de modo que echa sus redes entre la población masculina [12] de Versalles, aunque en un gesto de moderación muy poco borbónico parece volver siempre con el mismo, Chevalier de Lorraine.

Eso en lo personal. En lo que viene a ser su carrera profesional, el hombre también está frustrado porque su hermano le tiene encerrado en Versalles ocupado de tareas menores. Vamos, que le borbonean, Y como estamos en los albores del absolutismo, le borbonean absolutamente. Normal que el hombre ponga cara de perpetuo asco ante la vida, solo interrumpido cuando su hermano le manda con un ejército a matar españoles. En la serie, es también el encargado de desarrollar el alambicado ceremonial de la corte de Versalles, suponemos que para joder un poco a los demás.

 

Como los hermanos Gallagher.

 

Canción favorita: Bohemian Rhapsody [13], de Queen.

 

Chevalier de Lorraine: el “amigo especial” de Felipe. Dice mucho de Francia que esta amistad la vivan de manera bastante abierta. El hombre, en todo caso, no tiene mucha cabecita, y suele hacer lo que le diga el último que le ha amenazado. La viva imagen de lo que produce un milenio de aristocracia incestuosa.

Canción favorita: Good Old Fashioned Lover Boy [14], de Queen.

 

Beatrice de Lorraine: supuesta prima de Chevalier. En realidad es una hugonota clandestina buscando a partes iguales venganza y progreso social. Para ambos, la herramienta es la misma: follarse a quien haga falta, u (dado que Beatrice ya es algo mayor para llamar la atención del rey, echa sus redes un par de escalones por debajo en la pirámide social de Versalles) ofrecer a la propia hija a quien haga falta (preferiblemente a alguien de categoría, hoygan, ¡que mi hija es lo bastante buena para el rey de Francia!).

Canción favorita: Mother Popcorn [15], de Aerosmith.

 

Sophie: hija de Beatrice. Con 16 primaveras no para de darle quebraderos de cabeza a su madre, no vaya a ser que sacrifique su virgo inmaculado con un currito de andamio. Beatrice a su vez le produce quebraderos de cabeza a su hija revelándole que ellas son hugonotas condenadas a la horca, y no las nobles que pretenden ser. Si se supiera, tendrían que abandonar Versalles. Pero Sophie, pobre plebeya adolescente, en vez de aprovechar la primera oportunidad de abandonar ese nido de víboras, se quedará, fascinada por ese mágico lugar que está construyendo Luis.

Canción favorita: I don’t want to miss a thing [16], de Aerosmith.

 

María Teresa de España: esposa de Luis, hija de Felipe IV y hermana de Carlos II el Hechizado. También, prima hermana de Luis, pues ambos son nietos de Enrique IV de Francia. La pobre mujer está condenada a sufrir un esposo infiel, encerrada en donde este determine debe estar la corte. Claro, así te aburres de lo lindo, una cosa lleva a la otra, y te lías con el primero que pasa. Alusión aquí a una leyenda urbana del siglo XVII, que afirmaba que la reina había dado a luz a una hija mulata [17], y que en la serie dan por buena y veraz. Suponemos que es la forma de los guionistas de poner en su sitio al sátiro de Luis: con un bebé negro como el café. En la serie, en todo caso, el bebé mulato no le conlleva a María Teresa ningún castigo ni empeoramiento de sus condiciones de vida (aunque con lo puteada que ya estaba, tampoco había mucho margen).

 

Estamos hablando de la hermana fea de esta niña.

 

Canción favorita: Kings and Queens [18], de Aerosmith.

 

Enriqueta de Inglaterra: esposa de Felipe por orden de Luis, que la quería tener en la corte para lo que todos se imaginan, y a quien le pareció que la mejor excusa era casarla con su hermano (de Luis, no de Enriqueta, ¡a tanto no llegamos!). También es prima hermana del propio Luis, ¡he aquí un hombre que realmente amaba a su familia! Pero a diferencia de los futuros Borbones, Luis folla con criterio de utilidad para Francia: sus amantes seguramente crean que han accedido al premio gordo de la lotería, pero al final Luis siempre les acaba pidiendo algún favor. Enriqueta, concretamente, tiene que convencer a su hermano el rey Carlos II de Inglaterra [19] de que firme un tratado con Francia que beneficia principalmente a… bueno, juzguen ustedes mismos [20]: Francia se queda con los territorios conquistados, e Inglaterra con algo de pasta y la religión verdadera. Encima, tras traicionar los intereses de su país natal, Enriqueta sufre un envenenamiento.

Canción favorita: November Rain [1], de Guns N’ Roses.

 

Louise de La Vallière: la amante oficial del rey. Poca broma, que al parecer este era un puesto existente en la corte, con sus privilegios tasados, su posición reconocida y todo lo demás a falta de su propio convenio sectorial. Pero la pobre Luisa [21] no es feliz ¡porque está pecando al ceder al placer de la carne fuera del matrimonio! Asuntillo que la está volviendo algo loca. Aunque nuestras inclinaciones personales no van por montárnoslo con chavalas católicas carcomidas por la culpa, reconocemos aquí en Luis a un connoisseur que podría contribuir con sus perversiones a cierta sección de LPD [22] que últimamente tenemos algo dejada.

Canción favorita: Crazy [23], de Aerosmith.

 

“Jo Luisa, me aburres, que ya lo hemos hecho tres veces. Anda, un magreo de teta más, y te piras al monasterio. Ah, y le dices a la siguiente que pase.”

 

Athénaïs de Mortemart: la nueva amante oficial del rey, una vez que la vieja ve realizado su sueño de poder irse el resto de su vida al convento a rezar por sus pecados al servicio de la verga real. Athénaïs se gana el puesto a costa de traicionar a un viejo amigo, el marqués de Cassel. Si no fuese porque es ascendiente directa [24] de Campechano y Preparado, e insultarla un delito por el artículo 490.3 del Código Penal [25], seríamos capaces de decir que es una trepa sin escrúpulos [26], una lagarta sin moral más allá de su propio beneficio, pero así… ¡viva Athénaïs!

Canción favorita: Queen Bitch [27], de David Bowie.

 

Bontemps: ayudante de cámara del Rey Sol. Como semi-plebeyo, su posición en la juerga sexual de Versalles es prácticamente la de un eunuco. Entre esto y la muerte de un hijo por la viruela (y por la práctica médica de sangrar a los enfermos), es el personaje trágico de la serie. Duerme donde duerma el rey, anda donde ande el rey, y lo sacrifica todo por su rey.

Canción favorita: Nothing Else Matters [28], de Metallica.

 

Montcour: el noble expulsado por no ser lo bastante noble. Tras esto, se dedica a asaltar a la gente por los caminos, luego traiciona a su empleador para volver a ser admitido en la corte. Un hombre sin principios ni moral, lo que me pregunto es si es por eso que este personaje es el único que habla con marcado acento francés, o si eso es mera casualidad.

Canción favorita: Dirty Deeds (Done Dirt Cheap) [29], de AC/DC.

 

Cassel: duque de Cassel. Uno de los líderes aristócratas opuestos a Luis y su proyecto centralizador. Alérgico al pago de impuestos, contrata temporalmente a Montcourt para asaltar los transportes en los bosques alrededor de Versalles. Aunque a ratos parece el malo oficial de la serie, luego queda como un pobre tonto: otro noble que ha caído en la trampa versallesca de Luis y será solo un planetoide más rotando alrededor del Sol que más brilla en Francia.

Canción favorita: The Winner takes it all [30], de ABBA.

 

Fabien Marchal: el machaca del rey. Encargado de la seguridad de Versalles, donde se dedica a descubrir complots con unos interrogatorios a los sospechosos que hasta Arturo Pérez-Reverte le pediría que se cortara un poco. Lo cierto es que resulta un poquito inútil en su trabajo porque solo atrapa a asesinos españoles que se emborrachan en tabernas y proclaman a viva voz que van a matar al rey. En cambio, la media docena de conspiradores de la corte actúan sin problemas mientras se ríen en su cara. Marchal lo encaja todo con cara de poker, ya sea un intento de asesinato, una bronca del rey, o un cuchillo entre las costillas.

Canción favorita: Stiff Upper Lip [31], de AC/DC.

 

Claudine: hija del médico de Luis, ascendida posteriormente a galeno personal del monarca. Una de las pocas mujeres en estrecho contacto con Luis a las que este no se tira, lo que revela que su satirismo no interfiere con su inteligencia: todo es follable para un Borbón, pero si respetas a tu médico, tu contable y tu padre confesor, vivirás mejor. Claudine viene a cumplir el papel de mujer que no es cortesana y sin embargo capaz de progresar en la vida por méritos y sin tirarse a nadie, empujada por su talento, su innata curiosidad acerca del mundo, y su voluntad de romper las cadenas que oprimen a su género. Un rol necesario para darle un toque moderno a la serie porque, obviamente, todo el resto de mujeres de Versalles no se salen de la categoría contraria.

Canción favorita: I want to break free [32], de Queen.

 

Live and let die

La serie intenta ser un biopic de Luis, de sus guerras (pero no esperen grandes recreaciones de batallas), obsesiones y su visión para Francia, y aunque se les nota a los productores un gustirrín excesivo por aprovechar a fondo el elaborado vestuario de época que se han currado y los permisos para rodar en el verdadero Versalles, el resultado está bastante logrado. También, el mix entre personajes históricos e inventados (necesarios para que el espectador ducho en historia sienta un poco de emoción al no conocer lo que pasará). Adicionalmente, trata de recrear una viva imagen de la corte de la época, y eso también lo logra. Un puntilloso retrato de la nobleza francesa, de su rancia y pagada imagen de si misma como luminosos seres superiores, y de su actitud hacia el pueblo llano, al que consideran poco menos que insectos destinados a pagar impuestos. La actitud, por ponerlo en términos pop, de estrellas de rock desatadas. En fin, si se limitaran a tirarse a sus groupis, ponerse hasta arriba de dronja, sufrir la maldición de los 27 [33] y dejar un legado musical potable, tendrían un pase, pero esta gente maneja toda la riqueza nacional, mantiene esa actitud de sufrido adolescente toda la vida, y luego se lo dejan todo a sus hijos para que estos continúen el legado de “los mejores de los franceses” por los siglos de los siglos. Y encima el patrimonio artístico que nos dejan, Velázquez y Mozart y similares, se limitan a pagarlo (cuando pagan), nada de echar una mano ellos mismos. Vamos, que uno empieza a desear que la serie se alargue lo suficiente para que estalle la Revolución Francesa y toda esa caterva de zánganos y chupasangres acaben bajo la guillotina. Así que si el objetivo de la serie es criar un espíritu republicano entre sus espectadores, la verdad es que le tenemos que poner un 10.