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Pedro Sánchez (PSOE), el candidato Vacío

A Pedro Sánchez le pusimos el apodo de “Vacío” hará cosa de un año [1], para designar sus características y principios de acción política. Hay gente a la que le molestó, no necesariamente afines al PSOE, porque lo veían insultante. Sin embargo, el paso de los meses, como con tantas y tantas cosas defendidas contra viento y marea desde LPD, ha provocado que muchos de los que se quejaron antaño vengan hogaño a reconocernos que, a decir verdad, el mote le viene como anillo al dedo. En efecto, nunca fue un insulto, sino una definición bastante ajustada a lo que Pedro Sánchez ha venido a aportar a la política española. Una persona que el 14 de abril de 2014, aniversario de la proclamación de la II República Española, se largó un discurso ante una agrupación de militantes socialistas afirmando que los valores republicanos pueden desarrollarse también en un régimen como el de nuestra maravillosa Monarquía del 78. Ese es Vacío. Republicano a fuer de monárquico. Ver por dónde tira el viento y ahí están él y el socialismo que él representa, que será el que en cada momento convenga. Y punto.

El PSOE pudo cerrar a tiempo el boquete que le ha hecho Podemos, pero reaccionó tarde y mal. Después de la derrota de 2011, estuvo tres años sesteando, y luego escogió a Vacío por razones que tenían muy poco que ver con querer recuperar el terreno perdido. Si hubiera escogido un candidato medio decente, tarde o temprano habría vuelto al poder. ¡Fíjense que hasta el propio Mariano Rajoy es presidente del Gobierno, tras perder en 2004 y 2008!

Tras el decretazo de 2010 y el hundimiento de 2011, mucha gente abandonó el PSOE sin ganas de volver jamás, pero sin tener alternativas viables para depositar su voto. Si el PSOE hubiera sido rápido, si hubiera tenido un liderazgo capacitado, joven e innovador, etc., tal vez en 2015 habría superado al PP y ahora estarían en La Moncloa. Un lavado de cara izquierdista, un nuevo talante, cuatro carantoñas a los de “voto con la pinza en la nariz”, y sobre todo apuntalar esa maravillosa Izquierda Unida de Cayo Lara – Llamazares para que siguieran gestionando la miseria electoral, y a mandar otra vez. O sea, como con Zapatero.

Pero el PSOE cometió dos errores. El primero: frente al desastre de 2011, ofrecer dos alternativas claramente insuficientes: Rubalcaba (o sea, Felipe 2.0) o Carmen Chacón (Vacío 1.0). La mezcla entre ambos habría bastado, pero sólo uno no. Así que el PSOE no remontó y en 2014 se encontró con un resultado desastroso (que ahora firmarían sin dudarlo) en las Europeas y, sobre todo, con Podemos y su 8%, que abría el escenario electoral y representaba, por fin, una alternativa viable ajena al sistema de partidos tradicional (y por eso subió como la espuma en cuestión de meses).

En Podemos no sabrán de gestionar un país, ni de políticas económicas, ni de Administración pública, ni de políticas energéticas, etc., pero de campañas electorales y comunicación política saben un rato. ¡De hecho, a veces parece que es de lo único que saben! Pero al menos, a diferencia de nuestros amigos letizios (también muchos de ellos “expertos” en comunicación política, así como en todo lo demás) que cuñadean  por ahí, de comunicación política y de estudios electorales sí que saben. Así que vieron el boquete que tenían los socialistas entre su electorado y se lanzaron a por él.

¿Qué ofreció el PSOE a cambio? Pues un candidato, Vacío, que quizás incluso habría sido suficiente en 2012 (joven, guapo, más o menos desconocido, aunque no tuviera proyectos ni ideas,… ¡con Zapatero funcionó!), pero que en 2014 ya no colaba. Un candidato que llegó de rebote a la Secretaría General del PSOE, y desde entonces hace lo que puede por mantenerse allí. El segundo error del PSOE.

¿De dónde sale Vacío? En el período 2012-2014, cuando menudeaban los aspirantes a suceder a Rubalcaba, prácticamente nadie contaba con un oscuro diputado del Congreso (al que llegó de rebote), y antes concejal en el ayuntamiento de Madrid (también de rebote). Nadie, salvo él. Una cosa hay que reconocerle a Vacío, y es que se lo ha currado trepando dentro del PSOE con las escasas cartas que le han tocado, configurándose una imagen de voluntarioso tapado del socialismo por si los candidatos oficiales no funcionaban.

Vacío es economista, y junto con su vinculación con el PSOE también ha desarrollado una incipiente carrera académica, más o menos según los mismos principios que en su carrera política: profesor asociado de la Universidad Camilo José Cela (uno de esos chiringuitos privados nacidos alrededor de Madrid que harían sonrojarse de vergüenza al rector de la Universidad de la Hamburguesa [2]) y, atención, doctor por la misma Universidad.

Atención porque aquí tenemos uno de los puntos más oscuros de Vacío, aún no resuelto. Fundamentalmente, porque con su tesis Vacío ha hecho un Camps y no permite que nadie pueda difundirla, ni la ha hecho pública [3]. Hay que ir a la biblioteca de la Camilo José Cela a consultarla (al menos eso será fácil, pues intuyo que no supondrá grandes complicaciones encontrar la tesis entre la montaña de publicaciones que acogerá tal biblioteca), pero sólo puedes consultarla con permiso previo del PSOE. O sea, un Camps en toda regla. Que digo yo, si estás orgulloso de ser Doctor de Universidad y vas fardando por ahí de que lo eres, o simplemente estás contento de tu trabajo, o no tanto, pero piensas que se trata de un trabajo académico y debería ser imperativo que la comunidad académica pueda acceder a él, o te parece flojo, pero no lo has copiado, pues lo normal sería exponer el trabajo, ¿no?

Pues no; ahí sigue la tesis, cogiendo polvo en la UCJC. Pero no se preocupen: LPD servicio público ha hecho lo que tenía que hacer y, si bien no ha podido acceder a la tesis de Vacío, sí lo ha hecho, al menos, con la publicación teóricamente derivada de la misma: el libro.

Porque Vacío tiene un libro, “La nueva diplomacia económica española” (Delta Publicaciones, 2014), y nosotros nos lo hemos comprado. Y, más o menos, consultado/leído:

El libro. No puedes parar de leer. ¡Y, como sólo tiene 160 páginas, terminas de leerlo muy rápidamente!

Primera sorpresa: firma Pedro Sánchez, pero no como autor, sino como “Director”. Algo que yo no he visto prácticamente nunca en ningún libro académico, salvo que se trate de informes colectivos en el que se coordina a un amplio equipo de personas (aun en ese caso, lo normal es firmar como Editor o Coordinador, no Director). Y eso que figura en la contraportada como único autor referenciado:

Pero luego uno abre el libro y constata que son dos los autores del trabajo: el propio Pedro Sánchez y un tal Carlos Ocaña Orbis. Normalmente, cuando sale un trabajo derivado de una tesis doctoral, al menos en Ciencias Sociales, si hay más de un firmante el otro suele ser el director de la tesis. Pero aquí no es el caso.

¿Quién es Carlos Ocaña Orbis? Pues me alegra que me hagan esta pregunta. Resumo: Es el webmaster del Real Madrid, desde mediados de 2012 [4] (ni idea de si en la actualidad continúa). Con anterioridad, y durante ocho años, fue la mano derecha del gurú económico de Zapatero, Miguel Sebastián, cerebro preclaro de la economía española que tantos éxitos reportó al país desde la Oficina Económica de Presidencia y, después, en el Ministerio de Industria. En dicho Ministerio, una de sus decisiones más recordadas fue el maravilloso convenio de Castor, por el que el Gobierno tuvo que soltarle 1350 millones de € a Florentino Pérez. Por no hablar de sus ayudas a las renovables (otra vez Florentino Pérez), los 3500 millones de € que les perdonó a las eléctricas (F. Pérez), o su idea de solucionar la crisis bancaria haciendo que el pujante sector inmobiliario se quedase con los bancos (Pérez).

Bueno, pues cuatro meses después de salir Sebastián y su jefe de gabinete del ministerio de Industria, Florentino le ficha como webmaster del Real Madrid. ¡Que nadie pueda decir que tenemos ahí un caso de puertas giratorias!

Por supuesto, el libro de Vacío-Ocaña tiene un maravilloso prólogo de Miguel Sebastián, del que destacaremos un párrafo:

Alguien puede pensar que el proceso de apertura al exterior (es decir ‘liberalización’) no casa mucho con el concepto de diplomacia económica (que puede sonar a ‘intervención pública’). Una visión simplista liberal puede concluir rápidamente que, para conseguir esas ganancias a las que me refería al comienzo de este prólogo, lo que hay que hacer es liberalizar y dejar de intervenir públicamente. Este tipo de eslóganes pueden ser muy efectistas en tertulias o debates mediáticos, pero muy poco útiles para el responsable político, el funcionario público, el empresario que se internacionaliza o el académico que estudia los procesos de apertura (pág. VI)

En efecto, desde una visión simplista cabría concluir que no es muy liberal eso de que te monte los negocios el Estado; pero es que el liberalismo de Miguel Sebastián no es nada convencional. Para que las empresas funcionen, en España y fuera de ella, hace falta contar con el apoyo incondicional de las Administraciones Públicas; ¡y todos podremos beneficiarnos de ello!

De eso va, en efecto, el libro de Vacío y Ocaña: de la “diplomacia económica”, es decir, de cómo hacer lobby en el exterior mediante la colaboración público-privada. Abrir mercados con la ayuda y el apoyo del Estado y su poderosa infraestructura y red de contactos en el exterior. Como la Compañía de las Indias Occidentales y el Galeón de Manila, pero en moderno, con el Campechano empleando su mano izquierda y simpatía mundialmente conocidas para que las empresas españolas pillen contratos en países que no son Venezuela, como Arabia Saudí, y él una buena comisión.

El libro, como se ha dicho, es más bien breve (160 páginas), y tampoco es un prodigio de profundidad analítica, resultando, más bien, un glosario de recomendaciones triunfalistas que constatan lo bien que han ido las cosas durante los gobiernos de Zapatero y Aznar. También es un libro muy raro: con la mencionada coautoría con el webmaster del Madrid (recordemos que, en teoría, este libro sale de la tesis de Vacío), en una editorial desconocida, … En el lado bueno, parece que no está plagiado, y que está escrito del puño y letra de Vacío y Ocaña, entre tuit y tuit para animar las cabalgadas por banda de Arbeloa.

¿Por qué les cuento esta historia? En primer lugar, porque me compré el libro, y como comprenderán tengo que sacarle algún partido antes de que sea 27J y Vacío, previsiblemente, ya no le interese a nadie. En segundo lugar, porque parece indicativo –la tesis y el libro exprés- de la forma de actuar de Vacío: una biografía configurada apresuradamente, para ser profesor, para ser doctor de Universidad, para tener un libro por ahí publicado; hitos a los que se les ven las costuras por todos lados, pero que él posiblemente viera necesarios para continuar su ascenso.

Hitos pensados, también, para “ser alguien” dentro del PSOE, para postularse en segundo plano, pero sin que tuviera, realmente, posibilidad alguna de llegar hasta donde ha llegado. Fue una casualidad la que le aupó al poder: Susanaza, de la que posiblemente tendremos que hablar en LPD a partir del 27J, esa candidata de la cual los afines al PSOE te dicen que es “diabólicamente inteligente” y “carismática”, pero que aquí nos parece más bien la “Candidata Cruzcampo”: en Andalucía es apreciada, pero fuera de ahí se piensa que sabe a rayos.

Susanaza quería llegar a la Secretaría General del PSOE por aclamación, pero al cruzarse Eduardo Madina, decidió dar un paso atrás, pero sin por ello dejarle el terreno a Madina. En lugar de eso, buscó a un hombre de paja, sin apoyos en el PSOE, pero resultón, que pudiera ser un monigote en sus manos: Vacío.

Dicho y hecho: Susanaza le buscó los avales, Vacío venció en las primarias, y a partir de ahí sucedió lo que sucede siempre, siempre, siempre, desde tiempos inmemoriales, en estos casos: Vacío se vio en el sillón y decidió que, después de todo, quería mandar él, y no hacer lo que le mandara la Maquiavelo de Juventudes, y desde entonces andan a la gresca. Susanaza pone cara de que, esta vez sí, se va a cargar a Vacío, pero este se le escurre cual anguila y continúa mandando, aunque en situación cada vez más precaria. Eso condujo al proceso que puede dejar muy tocado electoralmente al PSOE: los seis meses que distan entre las Elecciones Generales del 20D y las de ahora.

Recordemos que en esas Elecciones Vacío sacó un resultado horroroso, pero no tanto como afirmaban los peores pronósticos (cegados con el brillo en la pupila del IBEX, que veía con ilusión ascendiendo a las alturas a Ciudadanos): 90 escaños fundamentales para cualquier pacto de Gobierno.

Susanaza se podría haber cargado a Vacío entonces, o podría haberse rendido, dejándole manos libres para negociar, con la promesa de que el PSOE accedería al Gobierno como apetecible telón de fondo. Pero al final llegaron a una solución de compromiso que el tiempo ha desvelado como funesta: Vacío seguiría hasta que se resolviera la situación (investidura o nuevas elecciones), pero maniatado con tantas líneas rojas y excepciones (prohibido pactar con Podemos; prohibido pactar con los catalanes; ¡prohibido pactar con el PP!) que al final asistimos al espectáculo surrealista del Pacto Letizio con Ciudadanos, esos 130 escaños para la gloria, con un programa de Gobierno que, como no se cansó de recordar Rivera [5], “el PP podría votar sin ningún problema” (¡en efecto!), pero que, en sorprendente giro político, también tenía que apoyar Podemos, y a cambio de nada. En Podemos, donde obviamente lo último que querían era hacer presidente a Vacío, suspiraron aliviados. Porque tuvieron claro, como está claro ahora, que en la batalla por el relato de lo sucedido (quién es el culpable, y quién es el partido malvado que coquetea con la derecha y sus políticas) ganarían por goleada ante el electorado. Como así ha sido.

Como, además, también se han quedado a los votantes de IU, las cosas pintan muy bien para Podemos, y terroríficas para el PSOE. No creo que haya un solo militante del PSOE que no firmase repetir los 90 diputados de diciembre (bueno, está bien: tal vez muchos de los que quieren cargarse a Vacío), que ahora mismo parece un resultado inalcanzable.

Por otra parte, si ya fue muy floja la campaña que se marcó Vacío en diciembre, ahora la cosa es aún peor, porque tiene poco que ofrecer: no pactará con el PP y no pactará con Podemos si este partido lleva la voz cantante (es decir, tiene más escaños que el PSOE). Un argumento que refuerza el relato de Podemos de que ellos son la mejor apuesta frente al PP (ese PP afable que te monta operaciones secretas para joderte, porque eres un enemigo político, y para eso está la Policía en países no-venezolanos). Pero, sobre todo, porque quedó bastante retratado en su aciago pacto letizio, que también ha dejado para el arrastre (posiblemente, peor) a Ciudadanos: ¿para qué votar a C’s si vienes del PP? ¿Para que luego quiera darle el Gobierno a “los socialistas”? Pues con el PSOE igual, pero al revés: ¿para qué votar al PSOE, si luego se monta pactos absurdos con partidos de centroderecha, asumiendo sus políticas? Frente a eso, el argumento de “Pablo, votaste NO [6]” tiene poco peso, y por eso se ha convertido en el hazmerreír de muchos.

La única esperanza que le queda a Vacío es que consiga más escaños que Podemos, que en Podemos acepten pactar con él como presidente, y que Susanaza et alii le permitan hacerlo. En cualquier otra circunstancia, parece poco probable que sobreviva a las Elecciones, e incluso a la noche electoral. Y está por ver cómo queda después el PSOE.