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Se acabó, #PodemosSeHunde definitivamente

Como saben todos nuestros lectores, en La Página Definitiva nos gusta ser fieles a nosotros mismos. Así que no vamos a estas alturas a renunciar a nuestras señas de identidad así como así. Una de ellas, como también sabrá a estas alturas casi todo el mundo, es que contamos con un “sector rajoyista de LPD” que con el tiempo ha ido ganando adeptos y que tiene como leit-motiv vital, al menos en lo político, una confianza infinita en la capacidad de supervivencia de Mariano Rajoy gracias a su tendencia al enroque y a pasar un poco de todo. Y sí, ahora es fácil subirse al carro del rajoyismo, reivindicar que sigue la estirpe de leyenda de “políticos” gallegos como Castro, Fraga o el mismísimo Francisco Franco, a quienes la realidad exterior les daba un poco igual y, ya se sabe, hacían gala de que “no se metían en política” como mecanismo para la supervivencia. Por eso podemos leer desde hace unos días encendidas loas a Mariano Rajoy y su sagacidad política, que han ido aumentado a medida que el ridículo del pacto PSOE-C’s se hacía más evidente. Pues eso, que ahora es fácil. Pero, ¿y cuándo Rajoy estuvo contra las cuerdas tras perder unas elecciones generales por segunda vez y todos los analistas y enteradillos lo daban por muerto [1]?, ¿y cuándo salieron unos papelitos de nada de un tesorero que apuntaban a un sistema de financiación ilegal a gran escala en su partido y no sé qué cosas de unos sobres, con SMS de aliento incluidos, y en medio de la histeria generalizada había que explicar que en España eso se resolvía dejando que pasaran las vacaciones de verano y ya está [2]?, ¿y cuándo había que enfrentarse a las elecciones tras una legislatura de mierda y llena de recortes sociópatas como quien no quiere la cosa [3]?… incluso, y más recientemente, ¿y cuándo unos resultados electorales complicados podían hacer pensar que Rajoy pasara a la oposición [4]? Ahora puede ser fácil declararse rajoyista, pero ha habido momentos duros. No hace nada, con todo el mundo festejando la paguita que se venía gracias a Pedro Sánchez y su mágica triangulación centrista, progresista, de reforma y cambio bueno y Letizio. Y LPD, impasible el ademán, ha venido explicando una y otra vez lo mismo [5]: que no, que no, que el PSOE sólo tiene dos opciones, o pacto con Podemos y la ETA, que no le dejan quienes mandan (y tampoco parece que quieran mucho ellos), o gran coalición con Rajoy. Es decir, gran coalición con Rajoy. Si no, pues elecciones… y gran coalición con Rajoy (bueno, pueden tener la “suerte” de caer tanto que eso propicie que sean prescindibles y que la coalición grande se recoja un poco y baste con C’s, pero vamos, no sería lo más normal). Y varios meses después, todavía en esas estamos, aunque parece que la gente lo va pillando algo más. Ya era hora. ¡Premio a los agraciados!

Otra seña de identidad de LPD, que por una vez y sin que sirva de precedente nos acerca a Rajoy no sólo para admirar su templanza frente a las adversidades sino para compartir una actitud vital, es que creemos que al ruido mediático madrileño hay que hacerle el caso justo. Y si hablamos de encuestas marca de la casa, no digamos [6]. Que si Cristiano Ronaldo se ha depilado las cejas de una forma innovadora y aunque su intención de voto directa es una mierda lo peta en el balón de oro, que si Albert Rivera ha fichado por un nuevo club con una cláusula mucho más alta de dinero traído de una off-shore, que si la cuadra de columnistas nos explica que fue penalti claro porque, aunque fuera del área, una falta así dice la Constitución que obliga a tomar medidas contra los catalanes… Todas estas cosas son entretenidas, si tienes tiempo que perder; o alimenticias, si tu trabajo depende de que los partidos políticos te tengan en una de sus escuderías para “comentar” la actualidad política mientras vas arrimando el ascua a la sardina de tu amo y haciéndole los recados con la esperanza de quedarte con las vueltas, pero sí, aunque ya sabemos que #PodemosSeHunde, que C’s y el PSOE molan mazo y se disparan en las encuestas y que los datos dicen que sí o sí la izquierda tiene que apoyar con entusiasmo ese pacto porque es lo que científicamente sale, pues tampoco pasa nada por tomarse la cosa como lo que es (y Mariano Rajoy sabe que es): gente que se quiere colocar vendiendo sus respectivas cabras y grupos de interés presionando. Ya está. Circulen y déjennos concentrarnos en el Giro, que empieza dentro de nada. Y en junio, Eurocopa.

En medio de todo el furor de estas semanas, donde cuanto más gritaban y se hacían visibles ciertas corrientes más relucían las paguitas en juego, Mariano Rajoy decidió situarse al margen y pasar de todo. Es fascinante su capacidad para considerar prescindibles esas cuitas de la caldera mediática madrileña y, lo que es peor en términos de política de IBEX-35, para tomar decisiones al margen de los desinteresados consejos que toda esta gente le da. No es por ello de extrañar que estemos ante una novedad en la historia democrática de España: un presidente del gobierno que no controla ninguna de las teles privadas del país ni tiene demasiada capacidad de influencia sobre ellas, como tampoco tiene la simpatía (es más, cuenta más bien con la abierta hostilidad de casi todas ellas) de ninguna de las grandes cabeceras periodísticas del país o de los webs digitales nacidas en los últimos años para recibir generosa publicidad de todas las empresas del IBEX-35 y antiguos monopolios públicos privatizados para que ahora los gestionen grandes emprendedores que meten banners a razón de un euro por lector porque saben mucho de su negocio, que básicamente es tener a toda esta gente comprada. A las últimas elecciones, el PP de Rajoy se presentó con el apoyo entusiasta de… La Razón, pues incluso el ABC lo abandonó para echarse en brazos de Ciudadanos. De récord Guinness. Aún así, y como es sabido, ganó las elecciones. Algo ciertamente notable, que habla de una España, la de Rajoy, muy poco representada mediáticamente y por los #PaguitaSeeking profesionales, pero que no por ello deja de existir. Y ahí sigue, esperando, como haya nuevas elecciones, a reír la última. Mucho.

También existe, por lo demás, la España que ha votado a Podemos (disclaimer: sí, ya lo sabemos, #PodemosSeHunde, y además, #PodemosSeHundeMucho, lo tenemos presente, ¡dejadnos en paz!). No sale mucho en la tele tampoco, ni cuenta con muchos voceros mediáticos (porque lógicamente, los nuevos comentadores son más, como era de esperar, de aparecer de la mano de esos partidos que se venden al mejor postor y donde han acabado todas las gangas y desechos de tienta de la política moderna española [7]), pero ahí está aún, se quiera o no. Bueno, sale a veces, para que nos cuenten quiénes son esos raros que votaron a Podemos algunos especialistas y analistas de garantías, que en la estela del modelo de análisis patentado por Victoria Prego para contarnos la Transición y lo bien que funciona todo nos explican lo que hay con similar donosura pero menos ojo clínico. Y lo que hay es que ésa es la gente que ve que el sistema no funciona, aunque ya se sabe que piensan así porque están rabiosos y son unos pringados (y, recordemos, #PodemosSeHunde). Es también todo ese mundo que de repente, a base de refugiados gaseados y en campos de concentración, empieza a pensar que la UE quizás no sea una maravilla como nos han vendido y la respuesta a todos nuestros problemas, sin referéndums ni abrir la boquita, por favor (pero #PSH, joder). Es ese grupo de quienes sospechan hace tiempo que los ricachos están encantados con el BCE repartiendo dinero a sus instituciones financieras y con los paraísos fiscales donde meten el dinero porque ETA no sé qué, pero no hay que preocuparse porque esta gente tampoco tiene demasiadas pruebas de que todo esto sea así, son meros conspiranoicos rabiosos por sus fracasos personales (y además #PSH). Así que como hay una recuperación económica en marcha con buenos fundamentos y pinta de durar (y #PSH), y además ha quedado claro que la nueva política es como la vieja, y Venezuela-Corea del Norte-Irán-Cuba-líos internos, pues en las próximas elecciones ese espacio electoral desaparecerá y la gente marginada pasará de nuevo de votar, como siempre, mientras los que son saludables y gente en el fondo sana, se subirán al carro de la ilusión y de la recuperación y volverán al redil de la izquierda buena y del cambio sensato, esto es, al PSOE y a esa opción progresista y regeneracionista sin mácula que es C’s.

Mariano Rajoy, gracias a leer el Marca y poco más, tiene una gran ventaja sobre el resto de políticos españoles del establishment: se ahorra todas estas cosas. Y de vez en cuando se va por ahí a jugar al dominó con tres abuelos del partido para que le saquen unas fotos o se pasea por casa de Bertín Osborne con cámaras de televisión presente para decirse recíprocamente “machote, eres un mojstro“. Pues bien, sólo con eso ya tiene más contacto con la realidad social del país y las cosas que pasan de verdad en la calle que quienes están todo el día en la dinámica regeneracionista de papel couché, de cambios de husos horarios patrocinados por el catolicismo integrista como bálsamo regeneracionista de Fierabrás (¡Ana Mato estaba antes ahí, que ya lo propuso hace tiempo!) y de pactos de gobierno basados en un programa que, en definitiva, no es sino un copy-paste acelerado y con faltas del programa electoral de 2011… del propio Mariano Rajoy. El resto de los ciudadanos, en cambio, no tenemos la suerte de ahorrarnos todas estas cosas tan fácilmente, porque ahora nos las meten por tierra, mar y misa progre televisiva de cada domingo o de después de cenar. Una verdadera lata.

Sin embargo, poco a poco, el principio de realidad se acaba imponiendo y, tres meses y pico después, estamos donde estábamos antes de Navidad. No sé cuántos días después y tras varios momentos de entusiasmo épico de la Letiziada fantaseando con pactos sin programa más que seguir como el PP pero repartiendo carguillos a diestro y siniestro que han logrado convencer al PSOE de que unirse a C’s y esas ideas les garantizaría el apoyo pagafantístico de Podemos, hemos acabado donde empezamos. Menos mal que #PodemosSeHunde, que si no, uno pensaría que se empieza a poner mal la cosa para los que han protagonizado el sainete. Quizás la táctica no era tan buena, pero allá cada cual con los expertos que uno decide que le hundan en la miseria. Quizás para C’s habría sido mejor no parecer tan sediento de poder y con tantas ganas de hacer presidente, por supuesto a cambio de muchos carguillos y paguitas, a Pedro Sánchez. Y, sobre todo, quizás el PSOE y el propio Pedro Sánchez podrían haber pensando que el pagafantismo de la izquierda española, aunque sea tan tradicional, no es sencillo de asumir si, en contra de nuestras mejores tradiciones, no haces primero una serie de concesiones de cara a la galería, aunque luego las vayas a incumplir. Pretender que te voten con un programa de izquierdas y tal para luego pasar de todo, estilo ZP, vale. Pero ni Llamazares (bueno, tal vez Llamazares sí, que lo ha estado pidiendo en Twitter con cada vez más ganas estos días) es capaz de apoyarte, desde la izquierda, si le pasas por la cara con carácter preventivo un programa más conservador que el de la CSU bávara y encima le dices que no pretendes darle ni un carguillo porque todos se los han pedido ya los de la regeneración, sus familiares y sus doctorandos. ¡Con lo fácil que habría sido engatusarlos, e incluso también a la ETA catalana para acabar de poner la guinda al pastel, con cuatro promesas de cambio progresista y de derogar no sé cuántas leyes de Rajoy y del PP!  Pero como ellos mismos se han creído que #PodemosSeHunde, por lo visto, pensaron que ni siquiera era necesario el paripé del cortejo previo. Así les ha ido. Regla nº1 para tratar con la gente de izquierdas en la España de la Transición: espera a irte con el guaperas cachas y ciclado del BBVA al guateque que monta Florentino Pérez DESPUÉS de haberte pedido la Fanta y haberte asegurado de que te la paga el chaval ese entusiasta que te lee poesías y te explica que es pobre pero honrado y que se emociona porque cree que le has mirado con ternura, nunca ANTES.

En todo caso, está la cosa divertida. Tenemos unos 20 días de margen (ahí tienen, desde hace meses, el reloj que puso en la portada de LPD @alfonsotwtr, confiando en que el rajoyismo podía tener que recurrir a unas nuevas elecciones para lograr la Gran Coalición si en el PSOE se ponían muy tontos) para que la cosa se mueva. Mientras en la España periférica y que sigue poco el lío este madrileño de reparto de carguillos y contratos en fundaciones y chiringuitos varios (incluyendo en esa periferia a gran parte del PSOE periférico, por cierto, que ha hecho pactos de progreso sin mayores problemas en muchos sitios) alucina pepinillos viendo cómo Ferraz se niega una y otra vez a explorar el pacto de izquierdas, el tiempo pasa. Y a medida que pasa el tiempo ese señor que está ahí tranquilamente, Mariano Rajoy, parece más y más simpático y menos malo. Los editoriales de este fin de semana tanto de El País como El Mundo, otrora tan críticos, ya han olvidado eso de que Rajoy debía irse como condición imprescindible y primera para cualquier pacto con el PP y ahora dicen que hay que buscar acuerdos programáticos y que las personas son lo de menos. Albert Rivera en breve transitará por esa misma vía y dirá que ellos nunca han vetado a Rajoy (los pobres, desesperaditos, quizás se den cuenta además en breve de que sus 40 diputados no sirvan para nada y son innecesarios en cualquier pacto posible más allá de como decoración). Al tiempo. El PSOE, por su parte, y como desde la noche del 20-D, tendrá que decidir. Eso sí, puede fiarlo todo al #PodemosSeHunde. Dada la fiabilidad de encuestas y del asesoramiento de los expertos, sin duda, haría muy bien porque lograría el aplauso unánime de la opinión publicada y toda la casta de intelectuales CT. Y también le apoyaría parte del partido: ¡Susana Díaz, de hecho, espera ansiosa que Pedro Sánchez decida proseguir ese camino!