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Ежовщина

Epístola [1] de Pablo a los pablemitas (Anno Pablomini XXXIX):

En Podemos no hay ni deberá haber corrientes ni facciones que compitan por el control de los aparatos y los recursos; pues eso nos convertiría en aquello que hemos combatido siempre: un partido más. Debemos seguir siendo una marea de voces plurales, donde se discute y debate de todo, pero sabiendo que la organización y sus órganos son instrumentos para cambiar las cosas, no campos de batalla. […]

Rafael Mayoral afirmó una vez que a nosotros nos brillan los ojos cuando hablamos de ciertas cosas. Nuestros adversarios no soportan esa belleza. No soportan que nos emocionemos. No soportan que la mujer que —a punto de romper en llanto— llamó criminales a los banqueros en el Parlamento sea hoy la alcaldesa de Barcelona. No soportan que nuestras sonrisas, nuestros besos y nuestros abrazos sean de verdad. No soportan verme fundido en un abrazo con Juan Carlos Monedero, porque no pueden entender que nosotros tomamos decisiones políticas (duras a veces) sin traicionarnos. No entienden que el hecho de que Echenique y yo defendiéramos posiciones diferentes en varios procesos nos haya hecho admirarnos y respetarnos más al tiempo que consolidábamos una lealtad de la que nos enorgullecemos. No lo entienden y no lo soportan. Esa es la gran diferencia de Podemos, nuestro brillo; exactamente lo que no podemos permitirnos perder. […]

No quiero acabar esta carta con un saludo, sino diciéndoos que os quiero.

Lo que empezó como otra crisis territorial más de Pablemos, esta vez en Madrid, ha terminado por ahora con Íñigo Errejón, el chico listo, bueno y socialdemócrata —salvo por un desliz con un contrato universitario de nada— según la prensa del régimen borbónico, en un retiro espiritual temporal tras la destitución, con nocturnidad y alevosía, de su compañero de piso Sergio Pascual como secretario de organización de Pablemos, sin ni siquiera una nota de agradecimiento por los servicios prestados, pero con una carta vespertina de Iglesias sobre la estética de la belleza política que ya quisiera haber escrito Kant. Irene Montero no ha dejado pasar la oportunidad para continuar con éxito su asalto a la casa morada común, con la inestimable ayuda de Rafa Mayoral y sus PCE boys.

Emergen como improbables vencedores de esta crisis los anticapitalistas que han cerrado filas [2] con Iglesias, consiguiendo nuevas parcelas de poder [3] que hasta ahora tenían vedadas. E inesperadamente, gana protagonismo el otro Pablo, Pablo Menchenique como secretario de organización de Pablemos. No está mal para una crisis que nadie vio que se estaba larvando en la mismísima capital del Reino, mientras todos los periodistas estaban intentado buscar cualquier polémica en la periferia.

Errejón tendrá que decidir si dar batalla contra las decisiones tomadas, que podría acabar con su defenestración, o plegar velas y esperar a vientos más favorables. Errejón ha servido para dar un revestimiento de centralidad a Pablemos, y su abandono podría suponer un cierto revés, pero nadie se engaña, todos son contingentes y solo Iglesias es necesario.

Pablo dirigiéndose a los pablemitas para hablarles de la belleza organizativa de la guillotina

Montero está ahora adquiriendo cada vez mayor relevancia pública, pero su mayor exposición la hace también más vulnerable a ser atacada desde este momento y deberá vigilar bien sus espaldas y sobre todo, mantener perfectamente engrasada su relación con el omnipotente líder. En Juegos de Tronos, solo hay sitio para un ganador y, si acaso, sus leales vasallos.

Los anticapitalistas están celebrando la buena suerte que han tenido: ha sido eliminado su mayor enemigo, y los nuevos puestos están siendo ocupados por personas más amistosas. Han sobrevivido al Röhm-Putsch de Vistalegre y otra vez se vuelven a mostrar como el apoyo imprescindible del telegénico líder ¿Qué puede salir mal?

Menchenique parece que ya había abandonado su alianza estratégica con los anticapitalistas y vuelve ser acogido por el amado líder como el hijo pródigo que es: «nos haya hecho admirarnos y respetarnos más al tiempo que consolidábamos una lealtad de la que nos enorgullecemos». No tan diferente, por otra parte, del «Nos conocemos, nos queremos, nos respetamos», que ya sabemos cómo terminó, al menos aparentemente. Ahí surgen las dudas de cuál es el papel que va a jugar Menchevique: si va a ser el fiel escudero de Iglesias o viendo cómo está el percal político, transformarse en el Meñique [4] de Pablemos. Y más ahora, ya que durante unos meses va a ser intocable.

Iglesias se encuentra ante una situación donde se ha tenido que empleado sus poderes absolutos para «solucionar» de forma expeditiva la crisis, aplicando todas las enseñanzas que ha aprendido de Juego de Tronos. El problema es que tras cada acción puede surgir una reacción, y si sigue actuando como un Martínez Gorriarán, puede que su destino sea de Rosa Díez.

Pablo Iglesias al enterarse de que Sergio Pascual estaba imponiendo una organización jerárquica en Pablemos

Con esta crisis, se observa que la mayor parte de los medios no se muestran condescendientes con Pablemos y estos últimos movimientos pueden servir para vender que la imagen que la centralidad y participativa de Iglesias es solo una pose, y la pablevarianización persalinista del partido es un hecho. Además, los medios de comunicación, que hasta ahora estaban muy ciegos sobre todo lo que ocurría en Pablemos, van a intentar aprovechar las grietas que se han abierto para poder escudriñar lo que sucede dentro.

Y finalmente, Juan Carlos Monedero en su autopostulado puesto de eremita de Pablemos, clama por la revitalización de los círculos, precisamente ahora que el único círculo que ha sido importante, el Círculo Complutense muestra signos de descomposición. Quizás Monedero pueda quedar algún día para comer con Menchevique para divagar en la sobremesa sobre lo divino y lo metafísico.

Mientras en el PSOE están desolados: parece que ganan las facciones contrarias al pacto con Vacío, que ha ido suplicante desde Lisboa a Atenas buscando a alguien que sea capaz de hacer entrar en razón a Iglesias. Cada día que pasa es un día menos para que Vacío afiance su liderazgo de la única forma posible: convirtiéndose en presidente del Gobierno y dando carteras ministeriales a los fieles y adversarios. Si no es así, corre el riesgo de ser desalojado en cualquier momento de Ferraz por el ejercitó susanista que avanzaría desde Despeñaperros.

Irene Montero preguntándose por qué tiene que estar tan lejos de Pablo Iglesias (Foto: eldiario.es)

En IU-UP-o-como-se-llame-ahora están al margen de todos estos escarceos ya que bastante tienen decidiendo si aceptan la rendición incondicional ante Pablemos o se encierran en su refugio de la época soviética, esperando que pase el temporal pablemita. En cualquier caso, no es descartable que el hueco que dejaría Errejón en el corazón de Pablo Iglesias sea ocupado por Alberto Garzón.

Entretanto, Mariano Rajoy ha descubierto que ser presidente del Gobierno en funciones está bien o muy bien: se puede fumar tranquilamente todos los puros que quiera en Moncloa leyendo el Marca sin ser controlado por nadie. La última decisión que ha tenido que tomar ha sido parar los operativos que había montado Soraya Sáenz de Santamaría para desestabilizar a Pablemos con el CNI: mejor dedicar los recursos a que Rita no se haga «cantaora», que es lo realmente peligroso.