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Compi yogui, sé fuerte

Al pillar poltrona, el Preparado inauguró una nueva época para la Monarquía española, totalmente alejada de las prácticas y fundamentos del reinado anterior. Estableció un cordón sanitario en torno a su malvada hermana corrupta y cultivó una imagen de honradez, pulcritud y virtuosismo (a mí no me miren, eso es lo que los plumillas de turno decían que estaba haciendo el Preparado). Cuando aún no se han cumplido dos años desde su coronación, hay que decir que al menos en una cosa el Preparado difiere de su padre: a los amigos de su padre tardaban mucho más en pillarles, cuando les pillaban. A López Madrid, en cambio, le pillaron apenas cuatro meses después de la coronación, cuando afloró el escándalo de las tarjetas black, aunque en realidad deberíamos decir que le pillaron dos años antes, con los papeles de Bárcenas.

López Madrid aparecía en esos papeles en calidad de representante de su jefe y suegro, Juan Miguel Villar Mir, modelo de empresario español de éxito: tras pasar por el ministerio de Hacienda, en los ochenta compra por una peseta la constructora Obrascón a Altos Hornos de Vizcaya (empresa que, a su vez, Villar Mir había dirigido veinte años antes), y de ahí, de esa peseta, hala, a forrarse con el ladrillo. O sea, igual que Florentino Pérez en todo, salvo en lo de ser presidente del Madrid (Villar Mir sólo logró alcanzar la vicepresidencia, con Ramón Mendoza).

La relación de López Madrid con el Borbón viene de lejos, con hitos como ese viaje a Miami en el que Felipe y Letizia cargaron contra la canalla periodística (canalla que, por otra parte, y con la honrosa excepción de algunos diarios digitales, sigue cerrando filas con la monarquía con el mismo entusiasmo de siempre). Los mensajes que han aflorado gracias a la exclusiva de El Diario [1] muestran a las claras que se trata de una relación enfermiza, en la que Felipe VI plantea comer juntos y enseguida López Madrid, su amigo de la infancia, le contesta de esta guisa: señor, estoy en San Francisco, pero si hace falta me pillo un vuelo, me como doce horas de viaje y me planto donde usted diga. Una amistad en esos términos (el Rey, magnánimo, le contesta que no te preocupes, perillán, tú tranquilo y pásatelo bien en San Francisco. ¡Qué diferencia con su padre, que seguro que le habría obligado a venir para echar un mus!).

De Letizia y la mierda de LOC [2] qué les voy a decir. En realidad, es un mensaje que tampoco trasluce demasiado, salvo tres obviedades: a) que LOC es una mierda; b) que la reina del pueblo habla con ese horrible deje pijotero inherente a la izquierda monárquica a la que le gusta la música indie que Andrés cree que echan constantemente en Radio 3; y, claro, c) que como López Madrid es amiguete, de los míos, pues todo lo que dice la mierda de LOC, o la mierda del juez, o quien sea, pues será mentira y si es verdad me la suda. ¡Que se mueran!

Como escándalo no es que sea la panacea (aunque sí es, qué duda cabe, muy divertido), pero por mucho menos se montaron en España escándalos mucho peores. España, que es un país muy difícil para los que pillan pagando sobres a partidos políticos y gastando a mansalva con su tarjeta black (¡y tanto!, que diría Su Majestad). Hoy, Mariano Rajoy y la infanta Cristina deben de estar disfrutando.

Lo grave, naturalmente, no reside en estos mensajes, sino en constatar, una vez más, cómo funciona el poder en España, y en qué claves se engarza la cultura de los emprendedores españoles: contactos para pillar (contactos logrados, caso de López Madrid, con el sudor de su lengua, en palabras de Valle Inclán, y a costa de muchas reverencias y mucho “Señor, usted a mandar”) y que, una vez se logran… ¡a pillar, qué coño!

También aparece hoy un segundo escandalillo asociado con el amigo del alma del rey y su mujer, en este caso a colación de la denuncia por acoso sexual de una dermatóloga contra López Madrid, que fue desestimada por el juez y se volvió en su contra (y que, por cierto, es en el contexto de la investigación contra ella donde afloran los sms de López Madrid; ¡genio!). La dermatóloga aprovecha la senda de los sms para explicar pormenorizadamente cómo López Madrid le leía,  socarrón, sms del rey y de Letizia [3]. Ni idea de si hay algo de verdad en todo eso o es una pieza más de la malvada conspiración contra López Madrid, pero en todo caso es obvio que, de no haber sido borboneado hasta la fecha, que supongo que lo fue antes, López Madrid vivirá a partir de hoy en sus carnes el destino del lacayo en España: ascender y pillar merced a la adulación y la genuflexión constantes, para luego caer al pozo del oprobio y el olvido en cuanto a los poderosos ya no les conviene seguir cultivando esa relación. Una putada, vale, pero… ¡que le quiten lo pillao!

Impagable collage de portada de El Español