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Aventurero contra Tranquilón, ep. 1×02

Esta tarde-noche Pedro Sánchez ha vuelto a perder la votación de su investidura en esa segunda sesión donde vale ganar con mayoría simple, aunque ha mejorado su resultado, pasando de 130 a 131 escaños (de 350) gracias a que, esta vez sí, Coalición Canaria ha dado su apoyo al pacto C’s-PSOE como suele ser tradición en ese partido con todo aquel que se presenta a una sesión de estas. La malvada pinza contra Vacío ha sido, pues, reeditada sin ningún tipo de pudor [1]. Podemos ha votado con el PP y con Bildu, no les digo más. Si ni siquiera escuchando esto a todas horas en las radios progres españolas es Usted capaz de detectar lo que eso significa en términos de bestias negra Premium marca España (ETA+derechona mala), entonces es Usted un caso perdido. Debería plantearse devolver el DNI o irse con los catalanes o algo.

Queda por ver si el resultado político de estas votaciones es la pérdida de la iniciativa política por parte de Sánchez y el PSOE o, por el contrario, el pistoletazo de salida para una nueva intentona en la que, con el reloj corriendo hacia una disolución de las Cortes Generales en dos meses si no se logra investir a alguien, se podría multiplicar el pressing a Podemos para que apoye el pacto “liberal-centrista-reformista” que lograría “tirar a Rajoy y al PP”. Da la sensación, más bien, de que esta segunda opción es la más previsible. Téngase en cuenta que apenas si ha habido medios de comunicación, columnistas y tertulianos vintage, expertos en pactos de los que ahora pululan por las teles o alcaldesas de grandes ciudades que hayan escracheado con la debida convicción a Podemos. De modo que a partir de la semana que viene deberíamos tener show de los buenos.

No da la sensación de que vayamos, eso sí, a ver todavía un buen pressing-PSOE para que apoyen la reconducción del PP en el gobierno por cuatro años más. Estas cosas van por partes. Sólo si el eslabón aparentemente más débil (Podemos) no cruje definitivamente se pasará a ir a por el siguiente (PSOE). Y aún hay tiempo por delante para comprobar si Podemos tiene también alma de pagafantas, como era tradición en Izquierda Unida, o cierta capacidad para mantenerse firme. En realidad, pues, nada ha cambiado en exceso a estas alturas respecto a lo que se podía decir el 20-D por la noche [2]: mientras Podemos no haga crack, hay sólo dos opciones que no lleven a nuevas elecciones y ambas dependen de que el PSOE opte, ya sea por el orden (PP-PSOE), ya por tirarse la manta a la cabeza e ir donde están “las izquierdas” españolas (PSOE-Podemos-confluencias-malvados separatistas). Teniendo en cuenta la cantidad de llamadas al orden que ha recibido Pedro Sánchez cada vez que ha tonteado con esta última opción (de nuevo, de la combinación de sospechosos habituales: medios de comunicación, tertulianos, alcaldesas del cambio), quizás podríamos descartarla. Desde fuera uno no tiene muy claro qué es más anatema para quienes mandan en este país a la hora de aceptar ese pacto, si tener a los de Podemos controlando ministerios y empresas públicas y la regulación de ciertos sectores económicos o ceder aunque sea un poquito frente a los independentistas catalanes. Pero da un poco igual, la verdad, cuál sea la razón última para parece hacer imposible del todo ese acuerdo. El caso es que si finalmente así es, entonces el panorama sería exactamente el que decía LPD la noche electoral: o Gran Coalición o elecciones [2].

Mientras todo el mundo sigue con sus cábalas y en ciertas instancias hay nervios evidentes (saber quién manda importa mucho a quienes viven del BOE, por mucho que luego las políticas a desarrollar vayan a ser muy parecidas: lo importante aquí es sobre todo el “quién” o, más bien, el “a quién”, no el “qué”), la pugna entre Pedro Sánchez y Mariano Rajoy por ganar espacio, presencia y la envidiable posición de salida de apuesta inevitable y por defecto del IBEX-35 para gestionar las “necesarias reformas” que el regeneracionismo de hoy en día es realmente apasionante. Sobre todo, lo es porque estamos viendo cómo se enfrentan dos estilos profundamente españoles pero totalmente diferentes de entender cuál es la mejor manera de acabar pillando mando en plaza: Rajoy confía en que siempre es más prudente no hacer nada, siempre tranquilo y seguro de eso de que “quien resiste, gana”, confiando en la inevitabilidad de que el poder, por cuestiones de gravedad ínsitas al mismo, no caerá muy lejos nunca de donde ya está, por lo que mejor no moverse demasiado; Pedro Sánchez, en cambio, es más de la escuela de “de perdidos, al río” y en plan Empecinado aventurero sigue en la pelea a base de seguir siempre adelante, sin mirar atrás ni manifestar nunca la más mínima duda sobre sus capacidades o posibilidades. Todos hemos conocido en esta vida o en nuestros trabajos a eximios representantes de estas dos escuelas, de modo que podemos hacernos una idea respecto de quién está llamado a acabar aclamado de presidente si no hay elecciones: en las pugnas entre ambos tipos de trepillas siempre gana… el apoyado por el jefe. Así que no nos pregunten a nosotros si será Rajoy, Sánchez u otro. ¡Pregunten a Ana Patricia Botín o alguien así!

¿Dónde está la bolita?