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Vacío o el caos

Conforme pasan los días y se acerca la fecha del debate de investidura, dos constataciones sólo en apariencia contradictorias se abren paso con fuerza. La primera, que Vacío no está avanzando apenas en sus procelosas negociaciones. Se hace más que evidente no sólo que al PSOE –sobre todo, al PSOE hard, el más PSOE, el de irreductible socialismo desde los Consejos de Administración- le repugna pactar con Podemos, y no digamos un Gobierno de coalición; sino que, por su parte, en Podemos no tienen ninguna intención de ser una nueva Izquierda Unida, un tonto útil que propicie un Gobierno de Vacío y los deje a ellos de comparsas a la espera de ser absorbidos.

Esta gente ha venido aquí a jugar, a contratar titiriteros de la ETA y a colocarse en puestos de libre designación como el que más. Y para eso lo primero es constituirse en el referente de la izquierda, que ahí sí que hay puestos a mansalva (¡miren la Junta de Andalucía, miren!). Con lo que la estrategia de Podemos, ayer y hoy, es hacerle el sorpasso al PSOE. Mejor forzando unas elecciones que con Vacío en la Presidencia. Que sí, que el hombre está Vacío, pero miren Suárez cómo aprovechó la oportunidad una vez en la poltrona. ¡Miren Aznar, qué coño! ¡Que creó el “Aznarismo” desde la Moncloa! ¡De ese señor con bigote! ¿Y ZP? ¿Qué me dicen de ZP? ¿Recuerdan aquellos tiempos en los que los analistas rivalizaban en prodigarle epítetos (elogiosos o insultantes, que eso da lo mismo) hablando de sus maquiavélicas maniobras? Es sentarte en el sillón, comenzar a repartir Presupuesto, y que todo el mundo (sobre todo, cabe suponer, aquellos a los que les toca directamente recibir una parte de dicho Presupuesto) se extienda en consideraciones sobre lo cojonudo y genial que es el Presidente, su enorme capacidad, su inteligencia privilegiada, y sobre todo su capacidad para elevar la mirada y ver más allá. Émulos del Caudillo.

Por otra parte, a estas alturas Podemos y PSOE ni siquiera han comenzado a negociar. Por ahora, se envían papelitos y alguna declaración de amor a través de Alberto Garzón, pagafantas de luxe [1] (pagafantas relativo, que el hombre se ve ministro, o secretario de Estado, o director general, con sus dos escaños). Pero las explosiones de dignidad e indignación mediáticas siguen tan fervorosas como siempre. Además, el PSOE tampoco ha conseguido el voto afirmativo de Ciudadanos, sólo la abstención, que, según dicen en Podemos, es incompatible con su apoyo. Así que da lo mismo, porque sin la suma del voto afirmativo de Podemos y PSOE, más la abstención de Ciudadanos, poco hay que hacer. La abstención de los malvados catalanes, más el voto afirmativo de PSOE, Podemos, PNV, Compromís e IU, se antoja inviable ante el poderío de la Brunete. Por otra parte, parece imposible que los catalanes se abstengan ante cualquier Gobierno en España, si no es a cambio de concesiones para seguir alimentando el Procés, así que ahí no hay mucho que decir.

Muy español y mucho español

De manera que los días pasan y Vacío lo tiene cada vez peor… ¡Justo como anunciamos en LPD hace meses [2], rectificando nuestra anterior apuesta por Vacío [3]! Sin embargo, como decíamos son dos las tendencias de fondo que pueden apreciarse en estos días, y una de ellas, muy poderosa, corre a favor de Vacío: nadie quiere elecciones, salvo Rajoy. Nadie es nadie.

Como es notorio, no las quiere Vacío, porque unas nuevas elecciones probablemente le dejarían fuera (a no ser que Susanaza, 100% griterío, 0% valentía, vuelva a acojonarse a la hora de la verdad y siga en su feudo ganado con el sudor de su control de la militancia, como buena apparatchik). No las quieren en Ciudadanos, desde luego, donde ni siquiera Metroscopia lograría animar esta vez a la chavalería de centroderecha para que les votara porque “Alberto toca ya La Moncloa con la punta de los dedos, según nuestros datos”, y se temen, con razón, un nuevo desinflamiento que les dejara en el 10% y los veinte escaños.

Quizás sí las quieran en Podemos, pero el problema es que no parece nada sencillo reeditar el pacto con las confluencias gallega, valenciana y catalana. Ahora mismo, Podemos parece que tiene, a efectos mediáticos, 65 escaños. Muchos seguirán pensando aún que tiene 69 (al ignorar la separación de los cuatro diputados de Compromís). Es difícil saber si Podemos fue generoso con las confluencias o viceversa, pero si esta vez concurrieran por separado (que parece lo más normal, dado que la promesa del grupo propio ha resultado ser lo que ya estaba claro que era, una engañifa) resulta improbable que Podemos, en solitario, logre los 69 escaños que obtuvo con las confluencias. Y del sorpasso al PSOE, pues otro tanto. Igual el PSOE baja al 20%, pero eso no sirve de mucho si Podemos se queda en un 17% (aunque sea un Podemos “puro”, sin anabolizantes de confluencias).

Ni siquiera en el PP tienen motivos para estar muy entusiasmados ante un nuevo proceso electoral, dado el show de escándalos de corrupción que nos está deparando la actualidad (conforme saltan las costuras del chiringuito; no olvidemos que en un año el PP ha pasado de tenerlo casi todo a no tener casi nada, sólo La Moncloa en funciones). Sólo Rajoy las quiere, y ya anuncia que será de nuevo el candidato. Para sacar, total, un resultado similar, quizás –seamos muy generosos- hasta veinte escaños más, que servirían de muy poco si Ciudadanos baja otro tanto, y la suma es parecida a la que tienen ahora: 163 escaños (contando al tránsfuga segoviano del PP).

Por último, y como es evidente, a los letizios les aterroriza un nuevo proceso electoral: inestabilidad, incertidumbre, nadie se cree que el precio de la vivienda suba como ellos dicen que sube: ¡CAOS! Para los letizios, nada más importante que la estabilidad. En particular, para el Letizio Mayor del Reino y su encantador esposo, el Jefe del Estado, cuyo padre recibió personalmente del Caudillo el encargo de preservar, a toda cosa, la unidad de la patria (lo sabemos por un documental sobre el Campechano pagado por TVE, que luego TVE se ha apresurado a censurar y sólo se ha emitido en Francia, porque claro, si se emitía en España, saldrían cosas como las declaraciones de Campechano sobre el Caudillo pagadas por TVE [4]. ¿Hay algo más español que esto?).

El sueño perverso de los letizios (un Gobierno PSOE+Ciudadanos) es harto improbable, más que nada porque no suman ni de coña, pero ahí están, buscando por todos los medios un arreglo, en la esperanza de que Podemos ejerza de tonto útil y se abstenga. No parece que Podemos vaya a hacer nada semejante. Probablemente sigan con su estrategia del Gobierno de coalición; que, además, es lo más normal y legítimo. Mueve a compasión escuchar y leer a ciertos opinólogos de cabecera y jefezuelos clásicos del PSOE, cómo se escandalizan por las “pretensiones” de Podemos. Oigan, que ponen 65 votos. Que son más de dos tercios de los que pone el PSOE. Que cuando dos pactan, no es que el de “orden” se lo quede todo y el otro ejerza de pagafantas. ¡No todos son como Izquierda Unida!

Pero, al mismo tiempo, cuando llegue la hora de la verdad, se hace difícil pensar en Podemos negándose a formar parte de un Gobierno en el que –cabe suponer- el PSOE habrá aceptado muchas de sus exigencias (casi todo, salvo el referéndum catalán y algunas de las ocurrencias más bolivarianas de Podemos), con el peregrino argumento de “ejque no queremos dar nuestro apoyo a un Gobierno que también cuenta con la abstención de Ciudadanos”. Mucha suerte defendiendo su posición en las tertulias, sobre todo cuando les saquen sus declaraciones sobre la “urgencia de hacer cosas para la gente” y “no consentir, de ninguna manera, que pueda seguir gobernando el PP”. Y viceversa para Ciudadanos (que, por otra parte, hará lo que le convenga, es decir: todo menos la repetición de las elecciones).

En resumen: que en LPD, impasible el ademán, como ya hiciéramos en junio del año pasado, cuando todo el mundo se llevó las manos a la cabeza y nos dijo que estábamos locos, qué digo locos, lokos de atar, seguimos creyendo en Vacío como Presidente del Gobierno [3]. Un Gobierno de progreso (¡Apoyado por Ciudadanos!), regeneracionista (¡Encabezado por el PSOE!) y fiable (¡con Podemos!), que dure un añito, dos a lo sumo, y consiga, al menos, uno de sus objetivos: jubilar a Mariano Rajoy. Aunque no descarten que el hombre se presente a la reelección en el PP, gane, y a esperar otros ocho años hasta que pueda volver a La Moncloa. Como en el XIX y el turno pacífico, pero con elecciones “de verdad”.