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Marte

De películas de ciencia ficción está el mundo lleno. Algunas son fantasiosas, absurdas y contradictorias, como Interstellar [1], y otras mucho más apegadas a la realidad (al menos, desde el punto de vista científico), como la que nos ocupa. Ahora bien, unas y otras coinciden en un punto neurálgico inexcusable: Matt Damon se ha quedado tirado en otro planeta, y hay que rescatarle.

The Martian se ubica en un futuro indeterminado, pero cercano, en el que los humanos acaban de hollar, por primera vez, el planeta (la verdad es que no sé si la de los protagonistas es la primera expedición u otra; pero todos los miembros de la expedición son estadounidenses, salvo un alemán que habrá comprado su billete con la sangre, el sudor y las lágrimas de los países del sur de Europa, que habrán asumido una deuda impagable para consumar este sueño colectivo europeo y que la canciller, en su discurso de bienvenida al astronauta, se mee en ellos y presuma de que sólo Alemania tira del carro).

La película comienza con su principal inexactitud científica: una terrible tormenta de arena amenaza con tumbar la cápsula con el que los astronautas llegaron a Marte. No hay apenas visibilidad, y el viento tiene tal velocidad que comienza a arrastrar piedras y objetos provenientes de la minibase marciana en la que viven los astronautas. Y ahí es donde a Matt Damon se le clava un pincho en el traje y el viento le arrastra a Dios sabe dónde. Los heroicos astronautas, ante la tesitura de quedarse tirados allí para siempre si el viento logra volcar la cápsula, huyen como ratas y dejan en Marte al pobre Damon, a quien dan por muerto. Muy tristes y eso, pero bien que se piran.

Todo mentira, claro: por más que la velocidad del viento alcanzase registros tan impresionantes como en la película, la atmósfera de Marte es mucho más tenue que la de la Tierra, con lo que el viento no podría alcanzar tanta fuerza para ir por ahí tirando cápsulas de amerizaje; pero, claro, si la tempestad fuera un mero vientecillo molesto que arrastrase algo de arena, bondad graciosa, qué contrariedad, no tendríamos astronauta desaparecido en combate en un contexto en el que sus compañeros se vieran obligados a abandonarle a su suerte.

Aceptada la premisa, el resto de la película resulta mucho más realista. Los medios de supervivencia de Matt Damon en Marte, de la NASA para enviar una nave espacial a este planeta, y de la propia NASA para buscar alternativas, son realistas. Ni idea de si son técnicamente posibles hoy en día, pero me imagino que, al menos, son factibles. No hay agujeros de gusano, ni planetas donde un agujero negro provoca efectos relativistas pero, por lo demás, todo bien [1].

La película, para un aficionado a la exploración espacial, es una maravilla, precisamente porque es realista. Las películas de robinsones tienden a ser un poco coñazo, por la omnipresencia del protagonista, pero aquí lo exótico del entorno, las condiciones de su supervivencia, y el correlato argumental en la Tierra, más concretamente la NASA, le proporcionan mucho más interés. También hay que agradecer que la película se ahorre horripilantes escenas de ternura de los padres/pareja/hijos/youtuber favorito/perro del protagonista, y cosas similares. Está solo en Marte, y punto.

También nos ahorra vislumbrar los insondables abismos de desesperación en los que caería cualquier persona que se viera en una situación así, solo en un planeta hostil, a millones y millones de kilómetros de la Tierra, con un horizonte de expectativas en el que casi cualquier cosa (un accidente con el reciclado de agua, o de aire, o cualquier otro elemento del soporte vital, o en las incursiones fuera de la base marciana) puede acabar con su precaria supervivencia. Con todo, el principal problema se plantea a medio plazo. Aunque el astronauta abandonado en Marte cuente con una base marciana ilimitadamente operativa, los suministros de alimentos son mucho más difíciles de reponer. En Marte no hay ningún Alcampo para abastecerse, ni siquiera uno que cierre en los festivos.

El problema queda solucionado, al menos momentáneamente, gracias al huerto urbano que se monta Damon (botánico de formación) merced a unas patatas incluidas en los suministros con el propósito de que la tripulación se diera un banquetazo en la fiesta de Acción de Gracias (una fiesta que el pueblo estadounidense celebra cada 20N, para conmemorar el exterminio de parte de la población del país a manos de la otra parte). Un poco de tierra marciana, otro tanto de abono (conseguido como Ustedes pueden imaginarse) y el agua obtenida gracias a una destilería improvisada, y ya tenemos a Matt Damon convertido en un irlandés cualquiera, abocado a alimentarse exclusivamente a base de patatas. Hay cosas peores (imagínense que la NASA les hubiera enviado coles de Bruselas como gran sorpresa culinaria).

Por entonces, en la NASA ya han averiguado la sorprendente supervivencia de Damon, y comienzan a ver la forma de socorrerle. También establecen un sistema de comunicación precario con él gracias a la recuperación, por parte de Damon, del vehículo de exploración Pathfinder, enviado por la NASA en los años noventa, que cuenta con una cámara fotográfica que puede transmitir hasta la Tierra. Otra licencia para ponerle emoción al asunto, pues cualquiera de estos vehículos contaría con sistemas de transmisión de datos más depurados que dicha cámara. Por no hablar de la propia base marciana. Recuerden el principio básico de la informática: si hay un ordenador, hay conexión para descargarse porno.

Por supuesto, en la NASA se ponen manos a la obra, con un desaforado optimismo estadounidense que es común también a los miembros de la misión marciana y, en particular, al propio Damon, para recuperar a su astronauta. Si lo logran, será el mayor golpe de relaciones públicas de la Historia, la NASA se hinchará a viralidad y retuits y, con un poco de suerte, tal vez logren convertir una parte de ese inmenso flujo de visitas y notoriedad en publicidad pésimamente pagada, al modo de los youtubers, y con ello asegurar la supervivencia de la agencia espacial unos añitos más.

¿Lo lograrán? ¿Ustedes que creen? ¿Me están pidiendo que les casque aquí mismo un SPOILER como la copa de un pino? ¡Pues claro que lo logran, hombre! Con algunos problemillas previos, que fundamentalmente conducen a que el plan convencional (enviar una sonda con alimentos para que Damon resista hasta que llegue la siguiente misión marciana, unos tres años más tarde) fracase y haya que buscar una alternativa (sobre todo porque, en el camino, el pobre Damon se ha quedado sin su suministro de patatas). Una alternativa absolutamente increíble, pero comprensible. Que se basa, primero, en que sólo un genio de esos que tiene por ahí la NASA se da cuenta del magnífico plan que para cualquier espectador es una obviedad: lo más factible, lo más rápido, y sobre todo lo más cinematográfico, será que los compañeros de Damon, que están volviendo a la Tierra en la nave espacial, en lugar de aterrizar aceleren, aprovechen el impulso gravitatorio de la Tierra para volver a Marte y, allí, le recojan.

El plan es una locura, por muchos motivos. Obliga a los pobres astronautas a tirarse dos años más en el espacio (a ver si alguno de ellos se libra de padecer un cáncer, o varios, en los próximos años, después de pegarse tanto tiempo chupando radiación cósmica); asume que es factible que Damon logre subirse a la nave espacial en marcha (para lo cual tiene que despegar desde Marte con la sonda, ya enviada, prevista para la siguiente misión, y además en condiciones extraordinariamente precarias); y, además, implica que Damon tenga que pegarse un viajecito de varios meses para llegar al punto en el que se encuentra la sonda, durante el cual su habitáculo es un modesto rover marciano (y ya saben Ustedes en qué condiciones de salubridad vive la gente que vive en caravanas, no digamos en su coche).

En resumen, que el plan es una locura, y ni de coña lo autorizaría la NASA. De hecho, para darle algo de verosimilitud al asunto, el director de la NASA se niega a aprobarlo, y es el jefe directo de los astronautas (magistral interpretación de Sean Bean en la única película/serie en la que, que yo recuerde [SPOILER], su personaje no la espicha) quien les filtra un plan así de crazy para que ellos se amotinen y decidan qué hacer. Y ellos, claro, deciden ser solidarios. También se solidarizan los chinos, que altruísticamente ceden su sonda “superespecial” para que abastezca a la nave de la NASA en su apresurado paso por la Tierra (los chinos, desde que constituyen el principal mercado del mundo, también para los productos de entretenimiento audiovisual, se han vuelto buenos en casi todos dichos productos).

Por supuesto, y como ya hemos dicho, semejante locura de plan tiene éxito. Es esta una película de optimismo desaforado y fe en el progreso, en la que no hay malos. El hombre frente a la naturaleza desatada en un entorno particularmente hostil. Y el hombre vence, claro. Aunque esté en Marte. Un peliculón. Y si sirve para que alguna vez monten una misión de verdad a Marte, bien está. Aunque, sinceramente, lo dudo. Son demasiados los imponderables que pueden salir mal, demasiado tiempo en el espacio, y demasiado lejos [2], para que sea más probable que los astronautas sobrevivan a que mueran. En particular, si es una misión de ida y vuelta (los charlatanes del supuesto reality show que pretendía ir a Marte, al menos, sí que tenían claro este aspecto [3]). Y si la primera misión acaba en fracaso, a saber cuánto tiempo pasará hasta que haya una segunda. ¡Si al menos los chinos se dejaran de tanto secretismo y de repente enviasen una misión a la Luna…! Sólo así en EEUU se pondrían, impresentable y testosterónicamente, las pilas para ser también los primeros en llegar a Marte. Que ya se sabe cómo y por qué funcionan las cosas.