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Generales 2015: ¿Cuál es el horizonte de mínimos de los partidos?

Hay que reconocerlo, y quitarse el sombrero: que tras estos cuatro gloriosos años de Mariano Rajoy su partido pueda resultar vencedor en las elecciones, con el mismo Mariano Rajoy encabezando el cartel electoral (recuerden que ZP se apartó/fue apartado por su partido ante la magnitud del descalabro), y que el segundo partido pueda ser también una formación de centroderecha, una derecha moderna y sin tanta caspa, pero derecha al fin, como Ciudadanos, tiene mucho mérito. Mientras tanto, el PSOE languidece cada vez más y Vacío parece más Vacío (lo cual nos preocupa y escama desde esta página, única y exclusivamente porque hace unos meses apostábamos por Vacío como probable presidente del Gobierno, dado que entonces Ciudadanos parecía mucho menos potente que ahora [1]), y Podemos se ha convertido claramente en el “hermano pobre” de las cuatro principales formaciones en liza. Y de IU y demás iniciativas de “confluencia de izquierda” qué les voy a contar.

Al César lo que es del César: habrá por ahí un asesor que vale lo que el IBEX le paga (asumo que, como es el IBEX, le pagarán unos 800€, que si no, no queda nada para los salarios y dietas de los directivos. Porque supongo que no le están pagando en visibilidad, dado que no sabemos quién es). Aquí teníamos, hace un año, una situación dramática para el IBEX, con Podemos subido a las barbas del PSOE y el PSOE, a su vez, empatado con el PP. Triple empate con un partido terriblemente venezolano, que hablaba de puertas giratorias y a veces medio parecía que quería aplicar políticas no del todo congruentes con los consensos fundamentales que los españoles nos hemos dado. Y sólo dos opciones: o PSOE-Podemos o PP-PSOE. Una situación terrible para el IBEX, porque la Gran Coalición podía ser pan para hoy y hambre para mañana, una vez el PSOE desapareciera y sus votantes se fueran al cálido regazo del Podemos cubazuelano.

El PP, como gran partido de la derecha, ahora mismo está muerto. Lo está si pretende aspirar, por sí mismo, a la hegemonía. Todos los votantes que no sean “los de siempre” (los que ya lo eran con AP, o sus equivalentes ideológicos) han huido despavoridos de ahí. Hacía falta algo que recogiese todo ese voto, sin pasado oprobioso, sin caspa, con imagen moderna. Una derecha homologable a la de la mayoría de países occidentales. Ahí apareció el IBEX, de la noche a la mañana, para traernos a Ciudadanos. Antes del verano la cosa cantaba aún bastante (los resultados de C’s fueron peores de lo que proclamaban los medios del IBEX), pero tras el magnífico resultado de Ciudadanos en las elecciones catalanas [2] el IBEX está exultante, y ya habla de que su partido ganará las elecciones.

Al mismo tiempo, el IBEX desactivó cualquier peligro desde la izquierda por la vía de convencer al PSOE y a Podemos (bueno, al PSOE no hacía falta convencerle) de que los votos están en el centro, y ahí que se han lanzado los pobrecillos. Y claro, el votante de centro, puesto que es de centro, se ha ido en masa al partido de centro, que es también el que tiene el líder más telegénico. El IBEX nos ha creado una nueva UCD, a la vista de que con el partido del franquismo sociológico no le salían las cuentas, y de paso ha desactivado totalmente a Podemos como alternativa mínimamente “peligrosa”. Además, el Preparado se ha instalado ya con solidez en el Trono y todo apunta a que nos lo vamos a tener que comer con patatas otros cuarenta añitos. ¡Viva el IBEX!

Pero todo esto ya lo saben Ustedes, porque ya lo ha explicado pormenorizadamente Francesc Miralles [3], así que tampoco voy a insistirles más. Sirva lo anterior como contextualización de lo que quería comentar aquí, que no es otra cosa que especular con cuál sería el resultado mínimo aceptable para cada uno de los partidos en liza en las ya muy cercanas elecciones generales:

PP: con vencer es suficiente. El PP ha perdido poder local y autonómico a raudales, su líder no le cae bien ni a su familia, la credibilidad del partido está bajo mínimos, y el balance de la legislatura es paupérrimo. A pesar de todos estos mimbres, la poderosa ala rajoyista de LPD cree que Rajoy tiene al alcance de la mano mantenerse en la Moncloa cuatro años más. Para ello, sólo necesita vencer en las elecciones con suficiente holgura (en votos y escaños) y sumar con Ciudadanos. O sea, sacar 110 escaños y que C’s saque 55 (minoría más que suficiente). Puede haber un amago, por parte de C’s, de “nos negamos a investir a Rajoy”, pero no se equivoquen: C’s no es las CUP. C’s es responsable, de consenso. Y si hay que asegurar la gobernabilidad y la unidad de España con una vicepresidencia y un par de ministerios, pues arrimamos el hombro. Y en cuatro añitos, ya tendremos a Ciudadanos cómodamente integrado en el PP, por la vía Zaplana de comprar voluntades con cargos y quitar votos con escisiones ad hoc de “Ciudadanos Auténticos”, practicada con tanto éxito con el partido regionalista Unión Valenciana en los 90.

Este objetivo, hoy por hoy, y a la vista de las encuestas, parece razonablemente accesible para el PP: ser los más votados, aunque sea con un 25% (los de siempre). Siempre y cuando, claro, asumamos que las encuestas no se equivocan, a pesar de que lleven equivocándose dos años con el PP (cuyas expectativas siempre se han valorado al alza respecto de la cruda realidad). Un rajoyista les dirá que son Ustedes unos cenizos, que esto está ganado, y que pasadme el Marca a ver qué ha pasado con Benzema. Yo no lo tengo tan claro, fundamentalmente por esas escalofriantes cifras de rechazo hacia el PP y Rajoy, y porque la fuga de votos a Ciudadanos debería notarse más de lo que muestran las encuestas. Aunque sí que es verdad que el regalito catalán de montar la ficción de que ahora sí, de verdad de la buena, que nos vamos, con el único objetivo de fortalecer al PP y que con un poco de suerte siga gobernando en los próximos años para que continúe a buen ritmo la fabricación de independentistas contra el malvado enemigo exterior, no le viene nada mal a Rajoy, convertido en PRESIDENTE con el que todos quieren reunirse y hacerse la foto (y, algunos, también el ridículo).

PSOE: con quedar segundos es suficiente. Vacío se las prometía muy felices hace unos meses (o eso pensábamos nosotros [1]), cuando parecía que C’s y el PP ni de coña sumaban y que, al mismo tiempo, era muy improbable que Podemos le hiciera el sorpasso al PSOE. Con lo que la única opción razonable parecía un gobierno Vacío-Podemos, o Vacío-Ciudadanos en minoría. Pero ahora las cosas se han puesto bastante más difíciles, coincidiendo en el tiempo con el rutilante fichaje de Irene Lozano. Desde entonces, parece que Vacío se está difuminando cual azucarillo. Su apuesta de ser el “cambio tranquilo” no funciona, porque para eso ya está Ciudadanos. Y su apuesta de “soy lo más parecido que hay a la izquierda, no soy el PP. Votadme” tiene la ya consabida competencia de Podemos. En las recientes elecciones autonómicas el PSOE sobrevivió notablemente bien porque ni Podemos ni Ciudadanos le hicieron ningún sorpasso (salvo en algunas grandes ciudades, y merced a iniciativas de confluencia), y a fin de cuentas el PSOE acabó gestionando un montón de poder local y regional, que es de lo que se trata. ¿Cómo vamos a estar en decadencia, si hemos recuperado el control de varias diputaciones?

Así que el objetivo del PSOE siempre ha sido mantenerse ahí, en ese escenario plácido de “la alternativa necesaria” (porque no hay otra) del bipartidismo, incluso aunque surjan partidos raros capaces, en un momento dado, de sacar escaños en circunscripciones de cinco-cuatro-tres diputados (casi todas las españolas). Y ese sigue siendo su objetivo ahora: quedar segundos, y si hay que estar cuatro añitos más en la oposición criticando a Mariano Rajoy, pues estamos. ¡Incluso pueden soñar con gobernar desde la segunda plaza, si la diferencia con el PP es pequeña! Ahora bien, como caigan a la tercera o la cuarta posición, será el fin. O Vacío, o nada.

Ciudadanos: pase lo que pase, pillar poltrona. Como buen partido emanado de las fuentes nutricias del empresariado español, Ciudadanos busca, ante todo y por encima de todo, pillar. Como la UCD, vamos. Un partido de aluvión, que ha crecido a toda velocidad para llegar en buena forma a la cita. Y –de nuevo hay que alabar el sentido del tiempo del becario del IBEX que haya urdido todo esto- justo es reconocer que el timing parece perfecto; un par de debates electorales, un par de montañas de artículos elogiosos en la prensa y comparecencias televisivas más, y vaya Usted a saber lo que puede pasar, que el público es muy voluble, el PSOE da mucha pena y el PP bastante asco, incluso a sus votantes. En su contra juega el “efecto IBEX”, es decir, el afán de los periodistas independientes a sueldo por vender las múltiples virtudes y expectativas de victoria de Ciudadanos, cuyo grado máximo, y más esperpéntico, siempre lo marcan los editoriales y encuestas de El País. Pero, en general, cualquier resultado que le permita gobernar (primer, segundo o tercer puesto) será bueno para Ciudadanos.

Podemos: no bajar del 15%. Ya se ha dicho mucho sobre Podemos y su espectacular capacidad para cepillarse, en sólo unos meses, la mayor parte de las magníficas expectativas electorales que habían logrado generar previamente, también en sólo unos meses. La centralidad del tablero, la retahíla de argumentarios, los abrazos al Preparado, el hiperliderazgo, los jueguecitos ventajistas con la confluencia, … Todo ha ayudado. Podemos es un partido desubicado. A diferencia de Ciudadanos, llega completamente pasado de vueltas.

Por fortuna para Podemos, cuenta con dos grandes aliados. Uno de ellos es Izquierda Unida, que sigue dando tanta pena como siempre (en realidad, más aún), con lo que muchos de los votantes que tradicionalmente oscilaban entre el PSOE e IU probablemente acabarán quedándose en Podemos (y votarán con la pinza en la nariz, algo que tiene mucho mérito para un partido con menos de dos años de existencia y sin apenas responsabilidades de gobierno). El otro aliado, naturalmente, es el PSOE, partido con el que Podemos mantiene una competición delirante para ver cuál de los dos es capaz de degenerar más en pos de alcanzar a ese votante de centro que sonríe, seráfico, y luego se va a votar a Rivera.

Uno de los factores que jugó en beneficio de Podemos, en sus primeros meses de existencia, fue su pretensión de ganar las elecciones y ser una alternativa de verdad al bipartidismo. Cuando se vio que no iban a llegar, cuando Podemos perdió credibilidad en este aspecto, las grandes expectativas generadas jugaron en su contra (es lo mismo que le pasaría a Rivera si quedasen seis meses para las elecciones y las encuestas comenzasen a decir que Ciudadanos se quedaba anclado en el 15%, en cuarta posición, etc.). Pero, como esto ya está bastante interiorizado, y asumido por los propios dirigentes de Podemos, tiene la ventaja de que un resultado relativamente modesto en la noche electoral podrá ser asumible, sin montar ningún drama (recuerden que Iglesias dijo en su día cosas como que dimitiría si no ganaba las elecciones). Y a partir de ahí, a esperar cómodamente la implosión del PSOE con vistas a 2019 (o a meterse en el PSOE si Podemos implosiona antes). Todo esto, naturalmente, suponiendo que no haya sorpresa y Podemos logre superar a Ciudadanos, al PSOE, o a ambos. Cosa que a mí me parece muy difícil de atisbar cada vez que pienso en Podemos, pero mucho más factible si pienso en el PSOE o en las encuestas de El País y su “¡Ciudadanos MOLA!”

Izquierda Unida: sacar un diputado por Madrid. Que es, más o menos, lo que sacarán. A ello pueden sumar los que saquen en las iniciativas de confluencia en las que participen, y decir que es gracias a ellos. Podemos nació para cargarse a IU, y hay que reconocer que ese objetivo sí que lo ha conseguido. Los “renovadores” de IU o están en Podemos o están deseando irse a Podemos. Y los otros son los mismos que en 1970, pero esta vez ni el IBEX ni el Preparado les necesitan para ninguna operación de lavado de cara del Régimen (¡ya tienen a Podemos!).

UPyD: ¡Jajaja!