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Cataluña 2015: ¡Se acabó el soufflé!

Ayer hubo elecciones en Cataluña, como todos los lectores de LPD e incluso Mariano Rajoy deben de saber ya a estas alturas porque los medios han informado bastante del tema. Con una participación de récord, cercana a un 78% y en niveles máximos incluso de elecciones generales, las candidaturas abierta y explícitamente independentistas han logrado una amplia mayoría absoluta de escaños en el Parlament de Catalunya (72 de 135) y en torno a un 48% de los votos: sobre un total de 4’1 millones de personas que votaron, Junts pel Sí y las CUP han sacado casi 2 millones [1] de votos. La conclusión es pues, evidente. Una vez más, y como viene pasando periódicamente desde hace años… ¡soufflé liquidado [2]! ¡España impera y ha vuelto a vencer al malvado independentismo catalán! ¡No hay nada que mirar aquí ya, circulen, circulen!

Especialmente satisfactorio es, además, que Junts pel Sí, la opción independentista más establishment, no tenga mayoría absoluta por sí misma y que dependa de un grupo más irredentamente rupturista como las CUP, pues ello, como es sabido, dificultará a Mas formar gobierno y vivir tranquilo. ¡E incluso podría poner en cuestión la propia investidura de Mas! Es decir, todo fenomenal, a efectos, como es sabido, de dar por liquidado el soufflé. Como ya pasó en 2012, con ese glorioso titular de La Vanguardia de “Gana España”, es sabido que es muy bueno para la unidad de la patria, por arcanos inexplicables para quien no forma parte de los editorialistas de la capital o asimilados, que el bloque independentista se mantenga o crezca poco a poco pero que, además, internamente, ganen peso cada vez los más cañeros en detrimento de los más propensos a buscar una solución intermedia, llegado el caso. No parece tener mucho sentido, pero da igual. Así son las cosas. Y las declaraciones de finiquitación del soufflé son también siempre así. Difíciles de entender pero que uno se las tiene que creer porque se vive más tranquilo. A fin de cuentas, y por si nadie lo ha pillado, estamos de nuevo en 2012, pero en plan repetido y aumentado [3].

Así pues, y para que nadie nos diga nada ni nos saque esto como si fuera un tuit negacionista o algo peor, demos por liquidado, de nuevo, el soufflé y marchemos todos, y LPD la primera, por la senda constitucional. Y, cumplido el trámite, pasemos a cosas más interesantes, como intentar cartografiar la situación. Resumiendo los resultados electorales y tratando de ser lo más neutros posibles en términos de cuantificación, las cosas estarían más o menos así:

Y a partir de aquí, y de estas constataciones bastante obvias, empieza lo divertido. Sobre todo, si damos carreta a la última de las reflexiones, dado que afecta directamente a lo que de verdad interesa a todo el mundo y a los centros de poder e influencia, económica y política, del Reino. ¡Hay que pensar en hacer algo (o en no hacerlo) a escala de Reino! ¡Y eso teniendo a Mariano Rajoy de presidente! Afortunadamente, como hay elecciones en breve, todo el mundo puede darse un tiempo hasta que sepamos qué acaba ocurriendo en esos comicios y quién sale de ahí fortalecido y encargado de lidiar con el “temita catalán”.

Aparentemente, los resultados de ayer serían malos, pensando en las generales, para el PP y para Mariano Rajoy, como ya lo fueron los de las municipales y autonómicas de mayo pasado. Pero no es descartable que eso a Rajoy le dé igual. Total, ¿qué más da el poder territorial y local si mandas a nivel de Reino y, además, te llega todos los días el Marca a casa con el zumo de naranja y las tostadas y el resumen de prensa donde se meten contigo? Además, quizás hasta tenga razón el Presidente inapetente en esto y una cosa no tenga mucho que ver con la otra ni ponga en riesgo sus opciones de volver a ganar. A fin de cuentas, quien vota a Rajoy y al PP lo que quiere es estabilidad y que no haya sustos. Como Rajoy es tendente a no hacer nada y por esa vía no hay sobresaltos, todo va bien. Más aún si encima se pueden exhibir logros indudables en parte derivados de esa inacción (o al menos no demasiado perjudicados por ella) como “durante mi mandato España no ha sido rescatada por la UE” o directamente el “durante mi mandato Cataluña no se ha independizado”. Y ambos, hay que reconocérselo, son verdad objetiva y relucen más que el sol. Que la situación económica del país sea una mierda o lo de Cataluña pueda ser un lío enorme, en cambio, ya es algo más subjetivo y sometido a discusión. ¿O no?

Los resultados del PSC, perdiendo una quinta parte de sus escaños sobre los ya de por sí malos resultados de 2012, por otro lado, calman al PP. No es una catástrofe para el PSOE, claro, pues la cosa podría haber sido peor (las encuestas, por ejemplo, pintaban peor). Pero, de momento, y respecto de las elecciones de 2011, el ciclo electoral del PSOE está consistiendo en perder y empeorar resultados en locales, autonómicas, catalanas, etc. con una sangría constante si bien siempre menos abrupta de lo esperado. Esa tendencia, e incluso Pedro Sánchez repitiendo los resultados de Rubalcaba en 2011, no parece que debiera inquietar mucho al PP. Otra cosa es si el PSOE comenzara a recuperar voto que se haya ido a los nuevos partidos.

Y aquí hay dos noticias, una buena que puede ser mala y una mala que puede ser buena, para el PSOE. La mala, pero que puede ser buena porque también es mala para Rajoy, es que Ciudadanos ha sacado un resultadazo en Cataluña y exhibe músculo como nunca. Es Cataluña, su tierra natal y allí donde mejor ha jugado su papel hasta ahora. Pero no deja de ser espectacular que se ponga a la cabeza, y con mucha diferencia, del “pelotón de partidos nacionales” y es difícil augurar qué efectos pueda tener eso en diciembre en toda España. Eso de vender al chico formal, catalán pero buen catalán, puede poner mucho a cierto electorado, sobre todo cuando quien compite por ese voto es un PP muy destrozado… a quien le viene fenomenal que el voto que pierda por su incompetencia y corrupción se vaya a C’s y no al PSOE… siempre y cuando la cosa no pase de poder tener una buena muleta en la que apoyarse (los precedentes de C’s apoyando siempre al más corrupto votado en Andalucía y Madrid abren perspectivas muy halagüeñas, a qué negarlo, para un Rajoy que aspira a tener en torno a un 30% de votos mínimo y poder apelar a eso de “lista más votada” y a que C’s le tiene que apoyar sí o sí porque, si no, no hay alternativas para la gobernabilidad).

La buena, pero que puede ser mala, es la espectacular leche de Podemos y su política de abrazos a las ideas del PP y del PSOE con la finalidad de ocupar “la centralidad del tablero”. Más que nada porque al PP le viene muy bien que se desinfle Podemos… siempre y cuando no lo haga en cantidad suficiente como para lograr nutrir y recuperar consistentemente al PSOE amenazando la posición de lista más votada de Rajoy. A estos efectos, a Podemos se le presenta una interesante encrucijada y ya veremos cómo salen de ella. Un partido anti-casta, crítico con el establishment y con el IBEX, machacado por todos los medios de comunicación, que no hacía más que subir en las encuestas y al que, de repente, le da por abandonar esa fase inicial exitosa, dicen, para ir a por todas y asaltar los cielos con loas a la bandera, a la Pepa y a la Constitución del 78. En ese proceso de transformación, con muchas cenitas en reservados con gerifaltes de la izquierda española más clásica y encuentros con la banca y los grandes empresarios, les explican que ellos son el futuro de este país, o al menos, parte del mismo. Y la transformación es inmediata. De rupturistas a reformistas en dos días y con la promesa de que si hay que repartir ministerios, pues se reparten, pero moderación, por favor. De ser tratados en toda la prensa como batasunos pasan a ser entrevistados zalameramente y a beneficiarse de elogios sin cuento por su madurez y responsabilidad. Y, llegado el caso catalán, de apostar por la ruptura democrática y una consulta, han pasado a alinearse sin fisuras con el bando de C’s, PP y PSOE, llegando incluso a pretender liderarlo con más etnicismo rancio (apelaciones a abuelos y esas cosas) y centralismo (listas decididas en Madrid) que los propios C’s o PP catalán, lo que les ha valido muchos elogios en toda la prensa seria por su responsabilidad y no ponerse del lado de aventuras. ¡Pablo estadista! Los resultados de esta transformación, sin embargo, son lo que son: bajadas constantes en las encuestas y un espectacular ridículo ayer en Cataluña, empeorando los resultados de Iniciativa per Catalunya (a quien, de paso, han hundido por el camino). ¡Pablo estadista pero sin un voto de más de los que tenía la izquierda inocua anterior! No parece un negocio muy bien, aunque, eso sí, ya no hay artículos de las más disparatadas plumas del régimen o aspirantes a serlo, día sí, día también, denunciando su radicalismo e incluso parece, oh milagro, que la fiscalía y la agencia tributaria se han olvidado de las cuentas de las fundaciones próximas al partido o a sus dirigentes, de sus becas y contratos, o de los negocios de sus familias. La centralidad del tablero, ya se sabe, es lo que tiene. Ocurre, no obstante, que tiene también sus consecuencia electorales porque ese espacio ya está ocupado, lógicamente, por “los de siempre”. Va a ser divertido, por ello, ver cómo evoluciona la cosa hasta las generales, qué estrategia sigue Podemos, y si Pablo Iglesias y sus amigos politólogos salen vivos de ellas o directamente izquierdaunizados para los restos. Porque, quizás, en efecto, ayer se acabó el soufflé. Pero no el independentista, sino el de Podemos que, a la postre, habría acabado siéndolo… a la espera de que sus líderes desembarquen ordenadamente en el PSOE como si de Nueva Izquierda o cosas semejantes se tratara.