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Historias corrientes de Grecia y del euro (para mayores con reparos)

Está divertida la cosa en la zona euro… siempre y cuando te siga llegando a fin de mes para tener techo, comer más o menos sin estrecheces y poder pagar no sólo agua y luz sino incluso calefacción. Pero vamos, que siempre y cuando formemos parte de ese gozoso segmento de la población nos podemos conformar, a falta de lujillos asociados a quemar el exceso de ingresos propio de la burbuja (y si no, pues crédito, joder, ¡no me seáis pringados!) que permitía ir a Nueva York en Pascua a comprar ropa y a Tailandia en verano a reflexionar sobre cosas trascendentales, con asistir al sarao que nos tienen montado nuestros euroburócratas, clases gobernantes, intelectuales encargados de justificar esto y mano de obra menos cualificada que hace de correa de transmisión a título de “pluriexperto” en los medios de comunicación para intentar explicarnos que quienes mandan saben lo que hacen y demás. Ya saben:

– el euro es lo más, viva el euro, vaya pedazo de diseño institucional que hemos hecho, joder, que somos los putos amos (2007)

– gracias al euro Europa no va a padecer la crisis esa sub-prime, propia de economías pringadas y gente que habla raro, y no digamos ya lo poco que va a sufrir el sistema financiero más sólido del universo (2008)

– vamos a reformar el capitalismo, que esto es un problema de los mercados financieros y aquí está la Unión Europea para demostrar para que sirve esto de ganar tamaño… ¡para ponerlos a raya!, pero recuerden, eh, el resto de la economía crece sana y robusta (2009)

– glups… bueno, todo culpa de Grecia, pero esto es un problema de liquidez y no de solvencia y no somos como ellos, o sea que es imposible el contagio más allá de la histeria puntual, vamos a salir como un cohete de esto (2010)

– nada, nada, todo controlado, pero habrá que hacer algún recorte más aquí, otro por allá, en la Constitución y eso ya que estamos y en nada todo arreglado (2011)

– quizás el euro no fuera la mejor idea del mundo pero sería peor idea aún  romperlo ahora, vamos a por reglas de déficit y deuda más estrictas y serias decididas por la UE, que es una cosa muy buena para recetar e imponer políticas sabias y sanas económicas que los Estados por sí mismos, demasiado influidos por sus perniciosos votantes y sus manías de ir al médico o comer de caliente, en plan populista, renuncian a implementar (2012)

– quizás el euro no fuera la mejor idea del mundo pero sería peor idea aún romperlo ahora, vamos a darle a la maquinita esta “whatever it takes” pasando de los tratados, de las reglas y de lo que sea, que hay que ir centrifugando la deuda privada en poder de la banca y que pase a ser deuda pública, que a fin de cuentes, oye, y mientras no mueran de hambre, ciudadanos pagando impuestos siempre va a haber (2013)

– quizás el euro no fuera la mejor idea del mundo, vale, ya te he oído, no seas pesado, pero sería peor idea aún romperlo ahora, recuerda, así que un poco de paciencia y vamos a por más unión (que eso lo resuelve todo) y controles bancarios a nivel europeo dado que hemos constatado que meter pasta pública de todas las entidades financieras por un tubo no ha sido suficiente y eso; además, oiga, si me pueden ir recortando más presupuesto público dedicado a gasto social y tal, pues como que mejor, que los recursos son finitos y hay que ser responsables, pero estamos ya saliendo, eh, ya, pero ya, de verdad de la buena (2014)

– de acuerdo, listillo, quizás el euro no fuera la mejor idea del mundo o incluso fuera una idea de mierda, pero sería peor idea aún romperlo ahora y además todo ha sido por mala suerte y fuera hace mucho frío y vienen los comunistas o los rusos o Muammar Gadafi, así que de momento vamos a darle a la maquinita esa de la inflación e imprimir dinero, que tan mala y nociva es para políticas sociales populistas pero que no se puede negar que en manos de la gente sabia de Europa, que lleva años demostrando que lo peta, sólo puede traer cosas buenas, como el QE ese, consistente en dar el dinero a los bancos o y otros agentes financieros que lo están pasando muy mal porque los han mirado mal y es que, siete u ocho años después, y a pesar de todos los recortes psicópatas sobre los más débiles, está pasando algo tan grave como que hasta ellos empiecen a sufrir a pesar de todo el dinero público ya metido ahí dentro (2015)

Tras esta tranquilizadora narrativa, y una vez hemos dejado claro que el euro es muy bueno y muy importante, intocable y todo eso, y que bien hacemos si confiamos en “los que saben” y en el sacrosanto Banco Central Europeo, tenemos a todo el establishment europeo. Bueno, de vez en cuando nos ilustran también con bellas reflexiones sobre la maravillosa idea que es poder hacer todo esto desde la UE sin control democrático y la conveniencia de eliminar los pocos y testimoniales que quedan, porque todo show circense ha de contener también una cuota de tragedia involuntaria en el show de los payasos. Parece increíble que llevemos una década así, pero tampoco es tan anormal. Ya saben que, como suele decirse, “quien paga manda”. Y luego están los que, sin necesidad de que les paguen, se unen a los coros y danzas, que de todo hay. Es lo que hay. Resulta complicado en España leer, incluso a los enteradillos, cosas que se aparten más o menos de estas conclusiones o unas modestas bandas de fluctuación alrededor de las mismas, que esto parece tan rígido como el mismísimo Sistema Monetario Europeo (y, a veces, incluso, recuerda en sus contorsiones espasmódicas a la mítica Serpiente Monetaria Europea). Mientras tanto, extramuros a estas corrientes dominantes, se va pergeñando una especie de convergencia puntual en la evaluación de la situación muy curiosa entre lo que los sabios oficiales que llevan una década larga haciendo el ridículo más clamoroso (primero, cuando negaban la burbuja y los problemas estructurales; después, con el show en curso) llaman despectivamente, más o menos, “la ultraderecha económica”, de una parte y, de otra, “los radicales antisistema comunistas” [1]: el euro es un desastre y cuanto antes se asuma, se rompa y se recompongan los pedazos con algo de sensatez, mejor. A la vista de este desprecio constante por parte d nuestras elites, ¿acaso es de extrañar que el libro de Werner-Sinn “The Euro Trap” [2] o las  cosas de ese griego maligno que va a destruir la civilización gentilmente enlazadas en plan “de gratis total” por NadaesGratis [3] se conviertan en libros de cabecera de cada vez más gente?

El caso es que, unos años después, hemos vuelto a lo que ya calificábamos hace casi cinco años como “dilema alemán” [4]: los alemanes (y un par de países más o menos en su misma situación y órbita económica) van a tener de nuevo que plantearse si toda la factura que más o menos se tiene  claro que tocará pagar esencialmente ellos, vamos, a sus contribuyentes, les compensa por el plus de mercado y el poder de influencia (que ellos no querían ni quieren) en Grecia y, más en general, en todo el sur de la zona euro que les proporciona este diseño de moneda única. De momento, como hemos podido ver durante el último lustro, los alemanes han ido pagando modulando a través de su poder de influencia que se fuera haciendo poquito a poco, a cambio de avances en la llamada por los optimistas “federalización de Europa” y con el BCE al mando de las operaciones, para garantizar que todo pase, se diga lo que se diga, por el inevitable cedazo de los economista de la Buba que, aunque serios, intentan conciliar ese defectillo con cierta comprensión a las “políticas de responsabilidad para con la estabilidad de la zona euro”. En parte lo hacen por convicción, en parte también porque están bastante forzados a ello por todo un entramado institucional ya montado, el de la Unión Europea y sobre todo el del euro. No les atrae nada romper lo ya montado, las reglas, entrar en una época de inestabilidad. Deutschland immer Stabil, ya saben. Mejor que no haya mucho cambio traumático y las cosas evolucionen poco a poco… mientras el coste de aguantar con respiración artificial esto del euro no sea totalmente exorbitado. Pero, conviene recordarlo, el invento este del euro no es de origen alemán sino francés. Porque cuando en un determinado momento Francia decide sacar bandera blanca y virar al modelo de protección a toda costa del valor del capital financiero preconizado por la UE, allá por 1983 [5], se da cuenta de que su economía sólo puede aspirar a jugar bien en esa liga si está ligeramente “dopada” y cubierta por una moneda más fuerte de lo que ellos mismos por sí solos pueden conseguir. En cuanto Alemania tuvo que lograr algo (que les dejaran reunificarse) se les impuso esta contrapartida paradójicamente llamada, en su momento, a “contener” el poder potencial de la nueva fiera europea de 90 millones de habitantes.

El euro no es un invento alemán, pues, conviene no perderlo de vista. Pero ni siquiera lo es tampoco, en realidad, francés por mucho que fueran sus gobiernos y plutócratas asociados los que presionaron y presionaron hasta que la cosa cayó madura por su propio peso, aunque ayudada por los circunstancias del momento, como Letizia Ortiz con la abdicación de Su Majestad Campechanísima. Lo es de unas elites económicas paneuropeas que han logrado que las burocracias estatales y sobre todo las de la UE que gestionan la cosa estén convencidas de que el interés general pasa por la preservación a toda costa de ese valor del capital financiero y que la economía europea orbite al son de las necesidades que perseguir ese fin impone. Puede pensarse que toda esta gente piensa sinceramente que eso es mejor para todos, también para el conocido como “ciudadano de a pie”, a medio y largo plazo aunque “requiera de sacrificios” a corto. También puede pensarse que, dado que los sacrificios sólo recaen sobre unos y los beneficios a corto, que son los que de momento vemos, siempre van en cambio a quienes proponen, preconizan y justifican estas políticas (ayudados por el servicio, claro, pero de eso siempre hay en esta vida), que toda esta panda son unos sinvergüenzas que lo único que quiere es cubrirse el riñón con descaro y se aprovechan de su poder a ciertos niveles (control de los medios de comunicación y del debate público). Si esto fuera la siempre añorada RBBE, aquí habría que incluir una referencia a Treblinka. Como con esto de Charlie Hebdo ahora estamos todos a muerte con la libertad de expresión y eso, pues nada, señores amos, no se preocupen… ¡pero metan publicidad de sus bancos y empresas de servicios aquí, joder!

Justo dentro de esas elites las menos pro-euro eran las alemanas, sencillamente porque a esas elites alemanas el euro no les hacía demasiada falta, pues el DM ya iba bien para eso mismo. Pero a las franceses, por ejemplo si el país optaba por esa vía, les hacía falta como el respirar o se les iba el sector financiero por el desagüe en unos años. Las inglesas, por ejemplo, como podían quedarse fuera, se quedaron fuera. Y llegamos a las m´ñas divertidas e impresentables de todas: las de los países del sur de Europa, como España, que tifaban a muerte por el euro. Supongo que todos nos acordamos. Ayudadas además por eso de ·Europa es la civilización· y todas esas cosas. También tiene pinta de haber influido algo que ese tinglado les venía de cine para asegurar su capital frente al riesgo, la inestabilidad y la malvada inflación que tanto asusta a los acreedores buenos y decentes como Tony Soprano (capital de partida que además, fruto de unos tipos de cambio delirantes pero incentivados desde dentro, recordemos que los expertillos preconizaban y consiguieron eso de que las economías como la española “necesitaban” apreciarse respecto al marco, se convirtió a unas tasas increíbles lo cual fue un chollo… pero sólo para quienes tenían buenos ahorros). Con un par de ejemplos se entiende mejor: la familia Botín pasó de gestionar en su banco ahorrillos de sus clientes no excesivos en pesetas de mierda que no servían para nada en el mercado internacional a poderse comprar bancos en medio mundo por el mágico poder de la conversión al alza, así como nuestras queridas empresas del IBEX de bien y demás emprendedores del BOE que captan sí o sí recursos de todos los españoles vía “no tienes más cojones que morir en mí y cuento con las leyes para obligarte a ello” de repente los cobraban en buenos euros con los que se pudieron pegar fiestorros de impresión en el extranjero. No es de extrañar que la carrera por adulterar cuentas y vender todo lo vendible de capital público para cumplir con los “criterios” que más o menos Alemania logró imponer para entrar en el euro fuera un espectáculo, con todos los ricachos (les iba la pasta en ello) y gobierno (les iba el prestigio y ser bien tratados por sus ricachos) haciendo todo lo posible para entrar. Que todo esto fuera a costa de la industria del país, de su competitividad o de poder tener políticas de ajuste a mano si venían mal dadas, como es sabido y es historia, fue un mal menor. Ya pecharían con esas dificultades quienes habían de pechar con ellas. Que no son, claro, los euroburócratas ni las elites al uso, sino los mismos que están descubriendo las maravillas “redistributivas” de esta devaluación interna [6] donde es como si devaluaran la peseta pero sólo para unos (y como es sólo para unos, pues para compensar, a esos, hay que devaluársela algo más para que salga la media).

En un contexto así es en el que han llegado los “comunistas” al poder en Grecia. Bueno, los comunistas y unos señores de derechas muy alabados por todo el mundo hasta hace poco, porque al apoyar con dos escaños a estos comunistas han pasado a ser “nazis” y “ultraderecha”, en plan el Frente Nacional de Le Pen pero en griego. ¡Tenemos pacto a la griega del siglo XXI, pero a lo bestia, dando origen a que se confirme la previsión de Los Simpson del advenimiento un día de los “comunistas nazis” por gentileza de nuestros medios de comunicación! Chúpate esa, Estados Unidos. Los media de Europa han llegado antes ahí.

Básicamente, qué cosas, ha ganado un partido al que ha votado gente que está harta de estas reglas del juego y de este reparto. Harta de que señores que trabajan para la UE o su gobierno con salarios anuales de 6 cifras en euros les den lecciones de austeridad y se indignen de que alguien pretenda cobrar algo más de 600 euros al mes o se mesen los cabellos si se plantea una subida del salario mínimo muy por encima de esa cantidad, a unos bárbaros e irresponsables 750 euros. Harta de que estos mismos señores, que dan lecciones de ética pública, sigan sin pagar impuestos porque su increíble estatuto personal así se lo permite… y ellos tan panchos y viajando en business y en buenos hoteles, no me sean demagogos, que sabido es, a la vista está, se lo tienen bien ganado porque generan más dinero y riqueza aún del que cuestan. Y, sobre todo, hartos del timo del tocomocho que consiste en tener un entramado político, institucional y económico que lo fía todo, cueste lo cueste y a partir de todos los recortes sociales sociópatas que hagan falta, a poner en valor la economía europea como privilegiado refugio del capital financiero por la vía de garantizar su valor, pase lo que pase, con más esfuerzos público y de los contribuyentes que nadie más en el mundo. Probablemente la población aún no esté, eso sí, totalmente enterada de hasta qué punto están marcadas las cartas mientras se esté dentro del euro, pero justo ahí es donde entra la parte interesante de la película que vamos a ver a continuación y que en los próximos meses va a depender de las negociaciones entre el nuevo gobierno griego y la Unión Europea.

Por mucho que diga el establishment que tacha de derecha populista o de radicales comunistas a los mejores economistas europeos del momento, es evidente a estas alturas para casi todo el mundo que en Grecia habrá una quita. La habría habido también si hubiera ganado Nueva Democracia o el Papa de Roma. Lo que pasa es que ahora Syriza negociará algo más fuerte y el “sacrifico simbólico” que deberá hacer la Unión Europea será mayor. Probablemente habrá paripé por ambos lados y finalmente, de un modo u otro (alargar o posponer ad calendas graecas el pago de la deuda, sobre todo si algún día de estos vuelve a haber inflación, es hacer una quita; lo que finamente ya fue llamado “reestructuración”, como con la primera quita a Grecia, también es lo que es…) un acuerdo que medio puedan vender. Los nuevos gobernantes griegos explicando a la gente que han logrado no tener la obligación de seguir puteando sádicamente a los más débiles y que a partir de ahora será sólo un poquito, con ternura y buenas palabras en vez de los malos modos de la Troika. La Unión Europea, tratando de salvar la cara ante los mercados (y sus corpóreos representantes en la tierra) en plan “veis, aquí no quitamos nada… y lo que quitamos, no os preocupéis, ya lo pondrán a escote los ciudadanos de este pedazo de modelo democrático que es la Unión Europea”. Y es previsible que la cosa acabe así, de momento, porque esas elites europeas (que no alemanas) y muy especialmente las del sur de Europa siguen queriendo a toda costa mantener el euro. Les va mucho en ello. Han ganado mucho y quieren seguir ganándolo. Con lo que mientras la gente siga pensando que esto del euro no tiene un problema de fondo y estructural sino que se arregla con correcciones y mejoras de diseño… vamos a seguir teniendo al volante a los PierreNoDoyUna de la economía mundial.

Lo divertido de todo esto es que puede ser el contribuyente alemán el que llegue un momento que acabe cortando esta sangría… que también lo es de las clases medias y bajas de los países del sur (sobre todo de ellas, de hecho, antes que de las alemanas), pues de este tocomocho son ellos a estas alturas mucho más conscientes que el resto. Es lógico, por otro lado. Allí a casi nadie le venía demasiado bien el euro en origen, tampoco a sus elites financieras, pues no lo necesitaban. De modo que probablemente es el único país de Europa donde desde el principio se ha hablado de esta cuestión con cierta normalidad y se es más o menos consciente de las implicaciones de diseño de esto que es a día de hoy la UE y el euro… y de los peculiares efectos “redistribuidos que tiene”. Por ahí pueden romperse el invento y si, de repente, las opiniones públicas del sur, visto que los parches que previsiblemente van a pactar Syriza y la UE tampoco funcionan, se acaban hartando. De todos modos, y respecto a España, la cosa irá como siempre, a cola de pelotón. Nos enteraremos por la prensa de la decisión cuando se tome en Europa y mientras tanto seguiremos con eso de que la solución es “más Europa y más BCE, menos trabas a sus decisiones como las de los pesados del Tribunal constitucional o del parlamento alemán y más posibilidad de toma de decisiones sin la paralizante necesidad de acuerdo de los gobiernos y el parlamento europeo”. Porque es que, la verdad, y a la vista de la década que llevamos, ¿qué persona inteligente y que sepa de verdad puede no estar de acuerdo en que la solución sin duda pasa por dar más poder aún a los que nos han llevado hasta aquí y, a ser posible, dárselo sin controles y con un cheque en blanco lo más generoso posible?