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¿Se van a hostiar?

 

Un fantasma recorre Europa, pero sobre todo España: el fantasma de la Gran Hostia. Todas las fuerzas de la vieja Europa, de la nueva Europa y muy especialmente de la España de la Transición se han unido en santa cruzada para acosar a ese fantasma: el Papa y el zar, Rajoy y Rubalcaba, los radicales franceses y los polizontes alemanes, los abrazos socialistas y la inexistencia táctica de campaña popular, intelectuales de postín y demócratas de toda la vida, prensa crítica con director recientemente nombrado o prensa amiga con director recientemente nombrado…

Estamos a un mes de las Elecciones Europeas y todo el mundo se pregunta lo mismo. Se lo pregunta ahora Fedea [1] y se lo preguntaba hace ya un tiempo LPD [2], se lo pregunta la gente en los bares y en las tertulias los expertos exorcizan lo que pueda pasar diciendo que no, que es imposible. También se lo preguntan muchos grandes empresarios, hasta el punto de que empiezan a hablar del Combo 2015 como mal menor. Ya saben, el Combo Gran Coalición-Abdicación-Reforma constitucional para ver si apañamos como siempre lo de Cataluña. Y es que se lo preguntan igualmente centralistas-unionistas y catalanistas-independentistas, cada uno en su terreno, cada uno aspirando a lamerse sus posibles heridas mirando las del de enfrente. Pero, sobre todo, se lo pregunta la gente, ¿es posible que en las elecciones europeas que vienen asistamos a la Gran Hostia de los partidos del régimen de la Segunda Restauración Borbónica (o Tercera, según consideremos o no restauración con todas las letras lo de Fernando VII)?

Todos los elementos estructurales apuntan a que deberíamos estar ante una hostia épica. Se dan todas las condiciones. Pero, en primer lugar, y para identificar de qué estamos hablando, ¿qué entendemos por una hostia épica o, mejor dicho, por la Gran Hostia? Pues bien, recordemos que el PSOE, sin ninguna duda, ha sido el partido político que ha vehiculado esta Transición nuestras de todas las transacciones. Desde el primer proceso electoral, allá por 1977, hasta la actualidad, ha estado en todos y cada uno de ellos por encima del 30% de los votos, de hecho casi siempre muy holgadamente, con dos únicas y limitadas excepciones (1977, primeras elecciones, en las que no llegó por los pelos; y 2011 en que como es sabido en unas circunstancias muy adversas se fue al 28%). Por su parte, el PP, al menos desde su refundación y tras haber logrado liquidar a los diversos partidos de derecha que le podían restar votos, lo ha logrado también siempre, y cada vez con más holgura y un suelo más sólido, desde 1993 (hace ya 20 años). Las últimas elecciones en que el PP se quedó por debajo, obteniendo en torno a un 20% de los votos, fueron las del ciclo europeas-1989, generales-1989 y municipales-1991. Además, entre ambos partidos han obtenido siempre (vamos, desde la desaparición de UCD y consiguiente asentamiento de AP) más de un 60% de los votos y no pocas veces incluso han copado el 70-75% del total de los votos emitidos. Así pues, si hablamos de la posibilidad de la Gran Hostia es porque pensamos todos en que la suma de ambos partidos podría quedar, quién sabe, por primera vez, por debajo del 50% y ambos quizás acaben por debajo de un 25% de los votos (lo que sería el mínimo histórico del PSOE y devolver al PP a los años ochenta, con el mérito añadido de que en este caso esos resultados paupérrimos ni siquiera tendrían como explicación un oponente muy cachas). ¿Es algo así posible? ¿Puede darse la Gran Hostia? ¿Tienen razón todos los que están conjurados para negar que pueda ocurrir y que lo primero que hacen, a fin de exorcizar el riesgo, es no osar explicitar en público esta posibilidad para a continuación publicar encuestas que multiplican por tres la intención directa de voto expresada a los grandes partidos y que todo parezca en orden, con ambos, al menos, por encima del 30% de los votos?

Frente al pavor mal que bien disimulado que esta posibilidad provoca en casi todo el establishment, hay que reconocer que todos los factores estructurales, por una vez, ayudan a que algo así pudiera pasar (razón, esto de que de momento el rema es más dependiente de estas circunstancias que una corriente multipartidista de fondo, por la que haría bien todo el mundo que piensa que esto del multipartidismo es guau o que el PP y el PSOE son un desastre absoluto en no tirar las campanas al vuelo de momento). Así, recapitulando rápidamente:

– Esto son unas rutilantes Elecciones europeas, que más allá de dosis de drogaína de mala calidad (en esta ocasión, entre la falta de chutes recientes y que las circunstancias hacen que pueda haber por primera vez en 50 años una Gran Hostia, pues tienen emoción, pero normalmente…) que suponen, todo el mundo tiene claro, para que luego digan que la gente es tonta, que no sirven para nada más allá de para visualizar un castigo al gobierno, elegir libremente opciones freaks si a uno le apetece y ver cómo en el resto de países de Europa quien saca más de un 30% tiene resultado buenísimo. Vamos, que mejor ocasión que ésta para castigar al PPSOE por parte de los ciudadanos que estén cabreados o medio cabreados con ellos no hay.

– El cabreo con el PPSOE es, por si no se han dado cuenta, enorme y abarca a casi cualquier ciudadano, incluyendo a un altísimo porcentaje de sus votantes más fieles. Una crisis económica brutal, que dura ya seis o siete años, según midamos y ha minado las reservas y ahorros de casi todo el mundo (o, al menos, del 60-70% de la población menos privilegiada) deja al PPSOE con gran parte de sus bases como muy poco entusiasmadas. De modo que en unas elecciones donde se puede manifestar desafecto sin costes, como las que tenemos encima, este caudal de descontento debería expresarse. Vamos, sería lo más lógico… en cualquier país normal. La crisis económica, además, ha acentuado los rasgos que hacen que la población identifique crecientemente a estos dos partidos como “lo mismo” (de nuevo, la gente, como se puede ver, no es tan poco atenta como nos suelen decir y pilla las cosas a pesar de los coros y danzas con pompones de la prensa), siendo ese “lo mismo” la defensa de unos intereses económicos muy determinados… que no suelen ser los de la mayoría de la población (aunque sí, claro, los de minorías más o menos cuantiosas, desde pensionistas a cierto tipo de empresarios dependientes del BOE o el magma de empleados que dependen indirectamente de decisiones políticas, increíblemente alto en España; minorías todas ellas bastante blindadas a día de hoy en situaciones económicas comparativamente muy buenas, claro, por lo que de ellos sí hay que presumir fidelidad).

– PP y PSOE están  empeñados además, probablemente para experimentar en un entorno tan desfavorable hasta dónde llega su capacidad de resistencia (o, más bien, la de sus votantes), en dar mucha pena. La campaña del PSOE, caracterizada por un sonoro “no tenemos propuestas alternativas a las del PP pero damos aún más abrazos que ellos”, con una candidata que da toda la pinta de estar buscando un retiro dorado y ya (retiro que conseguiría simplemente con tener un escaño, el suyo, de modo que lo demás le da un poco igual) y con un perfil de lista de apparatchiks tan ilusionantes como la curia católica, es paradigmática. Todo aquél que se atreva a votarlos en estas condiciones, con esta campaña y con ese equipo está claro que los va a votar, al menos a corto plazo, siempre, pase lo que pase, en cualquier circunstancia. Da la sensación de que los analistas de Ferraz han decidido, pues, echar toda la carne en el asador para desincentivar que se les vote, a fin de poder tener datos sobre cuál es su suelo basáltico. Del PP se puede decir tres cuartos de lo mismo. En vez de campaña han decidido montar la cosa como un trámite burocrático, despachando al ministro con más perfil europeo (perfil europeo que se le supone porque su ministerio negocia las ayudas agrarias y porque debe de hacer mucho turismo de grandes capitales europeas, la verdad, pero nada más) y decidiendo que su campaña se nuclea en torno a un lema implícito que viene a ser como “esto es lo que hay, señores, así que tampoco se calienten demasiado la cabeza y vótennos, como siempre, que ya iremos tirando”. El PP tiene la ventaja de que cuenta con la sólida simpatía de gran parte del electorado español, que sociológicamente, por mucho que se autoposicione en las encuestas como progre, moderno y avanzado, es lo que es, temeroso de Dios y amante del Orden. Pero, aún así, también da la sensación de que el PP anda buscando suelo electoral para permitir que todos hagamos el cálculo de a partir de dónde sólo un cataclismo podría hacerlos bajar.

– Por una vez, por alternativas no será. Entre que en unas europeas puedes votar a cualquier partido que se presenta en todo el territorio nacional (¡incluso a los malvados nacionalistas -entendiendo por ello nacionalistas no españolistas, claro- aunque vivamos en comunidades leales a la Patria Común!), que el sistema electoral no penaliza a las pequeñas opciones (con un 1’5%, más o menos, de los votos se saca escaño) por lo que no hay excusa matemática para el voto útil y que hemos asistido a una primavera de nuevas opciones de descontentos con el PP (Vox), con el PPSOE (Ciudadanos, el asentamiento definitivo de UPyD), con el PSOE (Compromís-Equo) e incluso con Izquierda Unida (Podemos), la verdad es que una de las explicaciones últimas del potente bipartidismo español (“PPSOE son una mierda, pero no hay nada más fuera, así que el mal menor entre ellos…”) queda muy debilitada, aunque sea coyunturalmente.

Frente a estos elementos estructurales y unas encuestas que dan una intención de voto directa al PP y al PSOE paupérrima (apenas un poquito por encima del 10% en varias encuestas, en general siempre por debajo del 15%) con competidores como UPyD e Izquierda Unida muy pegaditos a ese 10% (en el 6 o 7’5%, por ejemplo), la cuestión es, ¿de verdad puede haber Gran Hostia? Pues a saber, porque hay factores que invitan a albergar dudas. El más importante de ellos, lo que más en contra juega de la misma, es algo que todo el mundo tenemos en mente, también los jerarcas del PPSOE, y que podríamos resumir en “los españoles semos asín”. Porque el buen pueblo español ha acreditado sobradamente que somos tendencialmente muy amantes de lo establecido, muy obedientes, aunque nos quejemos a la mínima, con los que mandan a la hora de la verdad, esto es, a la hora de votar. Las quejas públicas, la indignación en el café, normalmente no se traduce en este país en liquidar las estructuras establecidas sino que, muchas veces, ocurre al revés. Se asientan y fortalecen. Esta es la razón par la que todos los institutos demoscópicos (o, al menos, la razón presentable) consideran que un 10% de intención de voto directa expresada en favor del PSOE puede perfectamente equivaler a un 30% de los votos mientras que un 7% a favor de Izquierda Unida pues se queda en un 12% y va que chuta. La cuestión clave aquí es, ¿de verdad es realista pensar que va a pasar algo así? Ayudaría a que esto ocurriera, claro, la percepción de las alternativas, por abundantes que sean, bien como “más de lo mismo”, bien como “de poca calidad”. Pero, la verdad, en unas Elecciones Europeas eso de la calidad tampoco debiera ser tan importante. Obviamente, también ayudaría al PPSOE que la crisis económica pareciera que remite y que la gente lo empezara a notar. De ahí la propaganda intensa de toda la prensa del régimen, pero es que ni toda la propaganda del mundo puede hacer que la gente note lo que, a día de hoy, no hay manera de notar para esa masa del 60-70% de la población que está viviendo de verdad esta crisis y que cada año que pasa está más jodida, no menos. También podría ayudar a parar el golpe una campaña y unos candidatos ilusionantes, con discurso y densidad y eso, pero dejaremos la ficción satírica para otro día.

En definitiva, que el esquema general, por triste (sobre todo si al final no pasa nada) que parezca, es más sencillo de lo que pudiera pensarse. Todo, pero todo, permite en estas elecciones que cualquier persona no entusiasmada y con un grado de identificación menor al equivalente de un un hooligan futbolístico con su equipo acabe por no votar al PP o al PSOE. De modo que las elecciones van a dar la medida de los respectivos suelos de unos y otros. Suelos construidos sólidamente, por ejemplo con los 9 millones de pensionistas en el único país de Europa sometido a recortes que no ha bajado las pensiones (de los pensionistas actuales, se entiende, claro; a los pensionistas futuros nos han pegado un tajo de impresión) y que votan como como un reloj del país preferido por las elites a quienes estos pensionistas dan el poder una y otra vez cuando de guardar dinero se trata. De modo que es evidente que PP y PSOE no van a desaparecer del mapa. Pero, aún así, ¿es posible la Gran Hostia, esto es, unos resultados que a día de hoy parece que nadie contempla con ambos partidos en torno al 25% de los votos o incluso por debajo, rozando el 20%? Nada hay, en realidad, que impida pensar que así podría ser, por tristes que sean las alternativas. Es dudoso que haya a día de hoy más gente contenta con el PPSOE que cabreados con ellos, son unas elecciones que no importan demasiado (y es de suponer que más aliciente para votar es expresar cabreo que un apoyo con pinzas) y llegan en un momento pésimo para los grandes partidos. Frente a ello, pues eso, el “los españoles semos asín” y votamos a quien manda, que para algo el Caudillo lo dejó claro en su día. La cuestión es, ¿de veras somos tan “asín” o puede haber susto?