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Alevoso Ushiro Nage a la Liga de las Estrellas

Hay que reconocerle algo a las clases dirigentes españolas: y es que saben dar ejemplo. Tras pasarse años explicándonos que lo de la vivienda no terminaría nunca, que esta prosperidad estaba así para quedarse, que no había que estudiar y mucho mejor poner ladrillos para ver realities en plasmas tan grandes que hasta la caraza de Mariano Rajoy en rueda de prensa te sale pixelada, que éramos los mejores, … Llegó la crisis.

Y como llegó para quedarse, las clases dirigentes españolas, aunque esporádicamente se dejaban llevar por el entusiasmo del último brote verde, asumieron rápidamente el discurso de la austeridad. Había que hacer sacrificios. Asumir recortes. Apretarse el cinturón. Ganar menos y trabajar más, en suma.

Pero claro, luego el Rey se rompía la cadera de cacería en Botsuana con su amante. Montaban una amnistía fiscal. Rescataban Bankia por un pastizal y luego colocaban a Rodrigo Rato en el Santander, en premio a los servicios prestados. Te organizaban un fastuoso Madrid 2020. Y todo así.

Florentino Pérez no podía ser menos, y aportó su granito de arena (bueno, a decir verdad Florentino ha aportado bastante más) con el fichaje de Gareth Bale. 100 millones de € soltados por un jugador por el mero placer de hacerlo [1], de decir “aquí estoy yo, que tengo un poderío que puedo soltar 100 millones de € en un jugador que probablemente no esté aún entre los diez mejores del mundo, mientras a mi alrededor los clubs se hunden”; por no hablar, claro, de la sociedad en su conjunto. El mensaje parece ser: ¿queréis pan? ¡Pues tomad Bale! Y, por supuesto, a la mayoría de la gente esto le ha parecido muy bien, a juzgar por cómo nadie ha abierto la boca en ningún medio de comunicación (o casi [2]) para decir que esto era, más que una barbaridad, una obscenidad.

Es una dinámica muy propia de España: la absoluta falta de empatía, de sensibilidad, de los que mandan respecto de los mandados. El caso de Bale puede parecer anecdótico, por ser fúmbol y eso, pero a mí no me lo resulta en absoluto. El resumen es: tenemos una Liga de mierda en la que cada vez más partidos son malos o malísimos, y en la que la distancia entre los dos de siempre y los demás es sideral. Así que en un verano de horrenda crisis económica compramos a Bale (y a Neymar). Mensaje captado.

Todo ello, por supuesto, con el propósito de que la Liga sea más de mierda aún de lo que ya es. Puesto que se perciben críticas con el modelo escocés, así como con la explotación del calendario según las apetencias de la televisión, aquí tienes: un calendario más delirante que nunca, con hasta 23 días seguidos de fúmbol (20 de los cuales, como mínimo, son de fúmbol malísimo). Una Liga menos competitiva que nunca, con dos gigantes, cuatro enanos y catorce microbios. Con el agravante, además, de que cuando los gigantes salen por ahí a jugar resulta que no son para tanto, y se llevan algún varapalo de importancia [3].

Hay que dar gracias, por tanto, porque al menos el Atlético de Madrid continúe en la línea de los últimos años y sea un equipo auténticamente competitivo (tiene algo que ver en ello que han sabido vender y comprar, sin duda). Por lo demás, todo sigue igual. El Barcelona, como siempre, por delante. Da igual a quién pongas de entrenador, da la sensación. O casi. Es tan buena la plantilla, y el estilo, que ni siquiera tres años de Rosell han logrado joderlo del todo; aunque sí en parte. Dentro de tres o cuatro años el derrumbe puede ser apoteósico.

También el Madrid sigue igual. En efecto, seguimos echando unas risas a su costa. Eso nos queda. El año pasado teníamos a Mourinho y su inagotable fuente de conflictos, chascarrillos y polémicas. Este año tenemos… Al Madrid. Al de siempre, con el “toque” de descontrol típico de Florentino Pérez y sus fichajes de relumbrón, en el que te ficha a un par de españoles de calidad y cuando tiene armado el equipo se carga a Özil para meter a Bale y sus 100 millones de portadas del Marca y te lo convierte de nuevo en la tan satisfactoria jaula de grillos desquiciada que parece ser por el momento. ¡Apenas llevamos siete partidos y ya ha perdido la Liga!

Y, por supuesto, también es el Madrid en lo que concierne a la persecución de los equipos rivales, siempre dispuestos a cometer todo tipo de Ushiros Nages [4], con saña y alevosía, contra los jugadores del equipo blanco. Sobre todo si es el minuto 95 y el Madrid no va ganando. En ese momento, el terreno de juego parece convertirse en el rodaje de cualquier película de Steven Seagal; tal es la orgía de violencia típicamente judoka que se desata.

¡Basta de violencia! ¡Basta!

Lo único que nos decepciona del Ushiro Nage del Elche es que, al parecer, el escándalo ha sido tan clamoroso que ni siquiera salió el presidente de la Federación Española de Judo para decir, como es preceptivo, que había sido un Ushiro Nage clarísimo. Peor para él; de haberlo hecho, estaríamos hablando del futuro presidente del COE de cara a Madrid 2036, siempre y cuando mostrara un poco de mano izquierda para ganarse la confianza del Campechano [5] (o del Preparado, que si se trata de colocar amigotes manifiestamente incapacitados para ejercer determinados puestos, tanto da uno que otro). Eso es lo que hizo Alejandro Blanco y ahí lo tienen, guiando a su país hacia el éxito en tres ocasiones consecutivas, la última de las cuales, según ha trascendido, diciendo que lo que había que hacer era ponerle a él de protagonista, de líder, para que los interlocutores vieran que la candidatura era una cuestión del deporte, de la sociedad española, y no de unos cuantos politicastros [6], y que así la votación la tendrían en el bolsillo. ¡50 votos seguros!