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Freedom for Catalunya (Bárcenas Gold edition)

No sé si se acuerdan de cuando, hace unos años, mucha gente nos explicaba que España estaba en un pequeño bache, a pesar de su economía de Champions, de su mejor sistema financiero del mundo y de las maravillas de un sistema de concertación empresario-sindicatos que ni siquiera el mismísimo Caudillo había logrado engrasar tan bien como los Pactos de la Moncloa de nuestra Transición rematados en el Santiago Bernabeú. ¿A qué se debían las turbulencias? Bueno, en primer lugar, y como es sabido, a los malvados extranjeros, que habían creado una crisis de las subprime sólo para fastidiar a España (¡pero no sabían que aquí ni había subprimes, jajajajajaja, que aquí todas las hipotecas eran sólidas como rocas!) debido a que nos tenían envidia porque ya éramos más mejores que Italia y que Francia y sólo nos quedaba acabar de adelantar a Alemania para tomar el mando de la UE y liderar a los pobres europeos de países menos desarrollados que nosotros hacia un Edén de Ladrillos y Copazos de Garrafón Marca España que dejaría boquiabierto al mundo. Pero, además, estaba el tema del Mediterráneo, de los fenicios esos que tenían muchos déficits y muchas deudas porque derrochaban y derrochaban (un aeropuerto sin aviones por aquí, el único de España, oiga, y el más caro; unos premios de vela o de tenis por allá, gastando a manos llenas sin el retorno de unos buenos JJ.OO., dónde va a parar…) y además, como era público y notorio, robaban a manos llenas (desde los políticos regionalistas mallorquines que, ya se sabe, están ahí para lo que están a los catalanes de sus Millets, Palaus y Pallerols, por no hablar del 3% de marras, ¡y qué les vamos a contar de la trama Gürtel, esa cosa asentada en la Comunidad valenciana donde concentraba sus actividades ilegales mientras esa misma gente hacía honorables negocios legales en el resto del país!).

El resto de España, esa España austera e hidalga, sobria y recta, nada amante de componendas o chanchullos, no podía reprimir un mohín de desagrado ante tanta basura fenicia y mediterránea. Pero la grandeza de España es tanta que estaba dispuesta a dar una segunda oportunidad a esta gente, con FLAs y cosas de esas (a cambio de generosos intereses por los préstamos que con el dinero de los propios fenicios se concedían), y a arroparlos como es debido. Incluso a los catalanes, eh, y eso que ahí hasta hace no mucho gobernaba un malvado tripartito que era casi como la ETA pero en peor porque era separatista. Eso sí, mater amantísima pero también educadora, se acogía en el regazo, cariñosamente, a los díscolos con cepillados salvajes al Estatut de 2006 y una Sentencia del Tribunal Constitucional que ponía las cosas en su sitio, dejando claro que los fenicios quieren siempre todo, y demasiado, y que además lo quieren para robar.

Porque, y he aquí una de las claves explicativas de todo el fenómeno, cualquier manifestación que desde Cataluña venga de tipo nacionalista ha de ser recta y españolamente considerada siempre como una cosa poco seria, hecha para negociar y sacar tajada y, sobre todo, como una manera para lograr más espacio para robar más y más y para pillar más y más cacho. Ya saben, que si “las 300 familias” y cosas de esas. España no sólo es generosa con los catalanes, tanto que incluso está dispuesta a seguir pagando todo lo que paga en Cataluña, sino que además incluso protege a sus ciudadanos de los terribles estragos que la corrupción de sus malvadas elites extractivas catalanas sin duda causarían si se las dejara campar a sus anchas con un sistema de controles y pesos y contrapesos muy eficaz que está inspirado por la idea tradicional de “el mejor Alcalde, el Rey”, mutada en “conviene alejar los controles del controlado” y declinada a la española en “las decisiones de mayores se toman en Madrid y el dinero lo gestionamos también desde allí”. Una lógica, como es sabido, muy dependiente de la constatación, evidente para todo el mundo, de que frente a la corrupción autonómica (y más si es mediterránea) hay en España unas pedazo instituciones centrales que funcionan, profesionales y eficientes, sin amiguismo y todo rigor, que sólo piensan en la patria y en el bienestar general, a diferencia de lo que ocurre en provincias. Y asunto zanjado, oiga. Que sepan los catalanes abducidos por la propaganda de las 300 familias de cuatreros mediterráneos que lo hacemos todo por su bien.

Lamentablemente, ya digo, hace unos meses que este tipo de discursos han desaparecido sospechosamente de los medios de comunicación españoles. Es una pena, porque la profesional labor ayuna de componendas del Banco de España o del Tribunal de Cuentas, la verdad, merecerían más loas de las que reciben. O el Consejo de Estado del Reino, ese órgano ejemplo de eficacia y rigor con informes que paran los pies a todas las (pocas, eh) barrabasadas que a veces quieren hacer los Gobiernos españoles, no como pasa con los equivalentes autonómicos. O la Fiscalía, que como depende del Gobierno central es un ejemplo de independencia que asombra a toda Europa. ¿Se imaginan a una Fiscalía de una Cataluña independiente? ¿Eh, eh, eh? ¿A que seguro que esa Fiscalía no funcionaba bien? ¡Pues claro que no! Porque hay una congénita incapacidad para ser decente en cuanto te alejas del kilómetro cero. Sin embargo, de tan acobardados que están los buenos españoles parece que esto ya casi nadie se atreve a decirlo en voz alta. Y es una pena, porque a los catalanes buenos, que seguro que hay muchos, habría que explicarles una y otra vez que les conviene mucho estar bajo el amparo de estas instituciones que tan bien funcionan y no de esas cosas que quieren los nacionalistas de las 300 familias para controlar todo como si fueran una casta siciliana.

Frente a esta llamativa incapacidad para seguir explicando las verdades del buen funcionamiento institucional de España no sorprende que la coalición de sospechosos habituales empiece a dar muestras de su tendencia natural a coaligarse con los malos. Ha empezado Izquierda Unida, quien de la mano de Cayo Lara, manchego pero traidor, ha decidido ponerse tiquismiquis con esto de la democracia y de la libertad y ha pasado a apoyar que los catalanes puedan decidir, como parece que muchos de ellos quieren hacer, si les apetece seguir estando en esta cosa que funciona tan bien que es España o por el contrario prefieren despeñarse solitos con su modelo fenicio y feudal. Vamos, que Cayo Lara se ha puesto en plan tontín, y ha posicionado a Izquierda Unida entera en una posición indefendible en coordenadas españolas que es de esperar que los buenos patriotas recompensen a pedradas en las próximas elecciones. ¿Qué se ha creído esta gente? Nótese que siguiendo la lógica de personas como las que dirigen Izquierda Unida en estos momentos, por ejemplo, los egipcios o en general cualquier moro de esos que hay ahí también por el Mediterráneo (el Mediterráneo de nuevo, curioso, ¿verdad? no lo creo) deberían tener la capacidad de poder votar a quien les diera la gana y habría que respetarlo. ¡Incluso si votan a gente que no es la que nos parece bien a los occidentales! ¡Con todo el descaro! Pues en esos términos, exactamente, en esos términos, está posicionada en estos momentos IU respecto de Cataluña. ¡Que voten, con todo el descaro del mundo! Y con un agravante más, porque los catalanes son peores aún que los moros que votan a moros y eso, porque los moros no tienen la opción de dar la razón a los españoles del centro de la península, que es algo que a uno le sale casi de forma natural aunque no quiera. Luego hay doble contumacia en los catalanes en pretender poder votar y que eso cuente y valga de algo. ¡Pues eso lo está apoyando IU en el resto de España, así, como si tal cosa! Por menos, cuando España funcionaba y no estaba acobardada por la agresión extranjera, se han iniciado procesos de ilegalización de partidos políticos.

Que Izquierda Unida, siempre mal aconsejada por sus federaciones periféricas, haga el juego a la Antiespaña es, dentro de lo que cabe, algo habitual. También lo es que el PSC, que se ha metido en la comisión parlamentaria del derecho a decidir o que votó en el Congreso de los Diputados en favor de una moción al respecto, tontee con la ETA. Estamos desgraciadamente acostumbrados. Recuérdese Perpignan, donde un socio de un socio de algo estuvo con unos etarras para que no atentaran. O algo. Vamos, que son culpables. Nada nuevo bajo el sol en este sentido. A fin de cuentas, son el PSC, son catalanes y tampoco se puede fiar uno nuca de ellos. Por eso es una locura, entre otras cosas, dejar votar a esa gente.

Pero más grave es que parece que ha empezado definitivamente la fase en la que el propio Partido Socialista Obrero Español, uno de los dos puntales de la construcción de la España moderna, de Champions, justa, sin corrupción y con unas instituciones preciosas y elegantes que no se las salta un gitano (y en edificios de diseño tremendos, poblados de asesores muy formados y competentes) comienza a virar a posiciones muy peligrosas. Sabido es que el PSOE siempre ha tenido el germen de la debilidad y falta de principios sólidos en su interior, algo que se manifestaba en su poca tendencia a mencionar los tanques cada vez que alguien quemaba una bandera española (aunque siempre estaban ahí patriotas como Rodríguez Ibarra o PP Bono para acudir al rescate), pero al menos, hasta la fecha, había mantenido el pulso firme frente a la voluntad de las 300 familias catalanas de robar a los ciudadanos españoles que viven en los territorios del noreste peninsular: de eso nada, caraduras, corruptos, fenicios, aprovechados, que todo lo que se mueva allí mucho mejor, y más justo, y mejor gestionado, y con más eficiencia y con una transparencia que asombra al mundo… desde Madrid (pero como era el PSOE, pues lo decían con una sonrisa, más en plan “venga, tontines, si es por vuestro bien, de verdad, que en Madrid no hay ni 3% ni nada de nada, te lo juro por Snoopy y por el nuevo aeropuerto de Barajas de los 7.000 millones de euros”).

Sin embargo, desde el pasado fin de semana, con la presentación de un Manifiesto Federalista que tiene de Federalista lo que La Página Definitiva de órgano de difusión de las ideas de la Iglesia Romana (esto es, el logo y la foto, pero poco más), el PSOE ha mandado un mensaje nítido y que todos los españoles desencriptan bastante bien, no de federalismo, como es obvio (que una cosa es una cosa y otra el Club de la Comedia), pero sí de algo tanto o más inquietante como es una cierta normalidad democrática antiespañola: renunciamos a escupir a los catalanes y a decirles que son idiotas y unos majaderos por querer dejarse robar por las 300 familias de la oligarquía con apellidos que no acaban en zeta y vamos a ver si ponemos la oreja a ver si nos enteramos de qué está pasando ahí y por qué la gente no acaba de ver claro que este proyecto común, limpio, transparente y honrado de la España de la Casta de los Herederos del Caudillo es una cosa guay, bonita e ilusionante que, además, les conviene mucho a los ciudadanos de esa españolísima aunque mediterránea región.

El mero hecho de que el PSOE, aunque de momento parezca no tener ninguna gana de atender a lo que le dicen los abducidos por los 300, esté siquiera dispuesto a escucharlos y considere que puede ser un problema no hacerlo ya es suficientemente inquietante. Todos los grandes desastres de la Historia de España, como es sabido, han empezado así, con alguien que ingenuamente ha pensado que tenía que escuchar las razones del otro y poner la oreja en lugar de irse a preguntar a quien manda y tenía los cordones de la bolsa cuánto pagaba por darle un estacazo en la cabeza al protestón de turno o, directamente, presentarse de voluntario para hacer de matón en espera de futuras recompensas por los servicios (y genuflexiones) prestados.

Así pues, parece que hemos entrado en una fase inquietante, con IU alineada (y alienada) con la Antiespaña y el PSOE desfalleciendo como de costumbre, demostrando una falta de firmeza que no puede conducir a nada bueno. La pregunta es, ¿responderán los españoles de bien, los preocupados por la Patria, los que creen en este ilusionante proyecto de convivencia voluntariamente encuadrada por los tanques y la prohibición de decidir ti mismo si te subes al carro o no, los que saben que a los pobres catalanes mejor ayudarlos a liberarse de sus tiranos que los sangran para ser tratados con justicia desde Madrid y, sobre todo, los españoles dispuestos una vez más a rascarse el bolsillo para poner más y más dinero en los servicios públicos catalanes, con la firmeza que falta en PSOE e IU y los pondrán en su sitio? Ésa es una pregunta muy interesante… y ahí está en parte la clave de lo que pueda pasar en los próximos años.