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Fiebre reformista en Corea del Norte

Como todos sabemos, Corea del Norte es un país que lo tiene muy jodido. Ocupa una península (bueno, no toda, hay una parte que se desgajó de la Patria Grande tras una dolorosa guerra y que ahora controla la parte con más directo acceso al océano) en el extremo del continente, al ladito de un gigante industrial y comercial que ocupa casi toda el área de influencia no marítima del país. Entre pitos y flautas, Corea del Norte depende mucho de su sector primario para ir tirando y una gran proporción de la población se dedica a cultivar la tierra y los solares. Si esas actividades tiran, pues tira el resto del país. Si no, pues están jodidos.

Recientemente ciertos excesos en el monocultivo más popular del país, sobre todo en la costa levantina y sur, aunque también en ciertos campos de las zonas centrales del país (sobre todo los que rodean la capital), han acabado por suponer un empacho de muy difícil digestión. Se roturó demasiada tierra y se dedicaron demasiados recursos para hacer transformaciones hoy inservibles: un exceso de oferta ha hundido precios y gran parte de la producción está ahora desaprovechada: nadie la quiere y mucho menos a los ineficientes precios a los que se debería vender la producción para evitar gigantescas pérdidas. Obviamente, si habláramos de una economía menos estatalizada el problema no sería tan grave: quienes compraron esas tierras, roturaron, invirtieron para producir y ahora no pueden recuperar sus inversiones lo pierden todo o casi todo, el país sufre más o menos como consecuencia de ello pero, a la hora de la verdad, las cosas siguen funcionando como si nada. Ocurre, sin embargo, que en Corea del Norte las cosas no son tan fáciles, al ser decisiones colectivas y orientadas por las autoridades, al emplearse para ello dinero de los ciudadanos (directa o indirectamente), los costes de la mala gestión de recursos se reparten entre todos los ciudadanos. Bueno, entre todos, no, claro. Que unos siempre son más iguales que otros, ya se sabe. Pero vamos, que el caso es que hay que devolver mucha pasta a quien la prestó y hay que evitar que quiebren las explotaciones (porque aunque ruinosas, la gente de arriba tiene claro que son sus juguetitos y que es por ello mucho mejor para el país  y para todos que esas explotaciones sigan en uso y produciendo, aunque sea a base de inyectarles mucho dinero, más dinero, de todos los ciudadanos). Todo eso cuesta dinero. Y en un modelo económico como el de Corea del Norte hay dos cosas que están claras: quién decide las cosas y, sobre todo, quién paga las facturas.

Ocurre, sin embargo, que la gente llega un día en que se cabrea. Entre que te suben los impuestos, te restringen servicios públicos y que los festivales de desfiles y demás ya no son tan chulos como los de antes porque incluso los recortes se acaban notando allí, pues hay cierto malestar instalado en algunas capas sociales. Por ejemplo, a pesar de que entre todos los ciudadanos subsidian la producción de las tierras ruinosas, luego va y resulta que muchos de esos ciudadanos no tienen para comer y se preguntan por qué financiar unos excedentes de producción que no se usan. Eso, a la gente, no le gusta. Tampoco le gustan los derechos de la casta dirigente y, aunque con prudencia, empiezan a pasar cosas como que haya cuchicheos en el teatro o en fútbol cuando aparecen por los palcos algunos miembros del Régimen o sus familiares. La prensa explica que todo se debe a las malas cosechas y al mal tiempo, que tiene a la gente de mal humor, a pesar de lo cual los Queridos Líderes y sus Queridas Familias y sus Queridas Queridas siguen siendo no ya muy populares sino reverenciados, pero hay quien tiene la mosca detrás de la oreja. Además, por culpa de Internet y esas cosas que a ratos escapan a la censura del régimen, la gente se va enterando de que hay algunos chanchullos en las altas esferas. El problema es que a veces las luchas internas dentro del Régimen emplean los tribunales y acusaciones de corrupción para deshacerse de gente molesta que ha caído en desgracia, pero con esto de la crisis y de que hay más gente de la cuenta contando cosas porque ha dejado de tener abrevadero propio, el tema está un poco descontrolado. Aunque el sistema judicial norcoreano está bloqueando todos los intentos de incriminar a gentes verdaderamente importantes del régimen y de momento sólo caen de verdad jefecillos locales periféricos o subalternos, como es tradición, algunas piezas con información sobre miembros verdaderamente importantes en Pyontang e incluso algunos referidos al Querido Líder y su familia andan revoloteando por ahí. La prensa dice, por supuesto, que todo es cosa de cuatro aprovechados alrededor de las altas esferas y que el Querido Líder y su Corte no sólo no sabían nada sino que han actuado con celo y mano dura frente a esos desmanes, pero el daño está hecho. La gente, aun siendo norcoreana y acostumbrada a casi todo, está empezando a mosquearse. Y los cultivos de marras siguen dando pérdidas y más pérdidas de año en año. Como no se reactive la demanda continental del vecino gigante y empiece a comprar pronto parte de la producción la cosa irá a peor. En fin, mal asunto.

Frente a este estado de cosas, y ante la evidencia de que si no se reacciona no habrá manera de salvar el cuello como la cosa siga así y se ponga fea, en Corea del Norte hemos entrado, aprovechando un retoque en la gente que dirige el tinglado por debajo del Querido Líder, en fase de furor reformista. Con reformas, eso sí, a lo Corea del Norte:

– En primer lugar, el Régimen ha decidido bajar los salarios y subir más los impuestos. Ya se sabe, hay que arrimar el hombro por la patria y, sobre todo, por todas esas inversiones que hizo el Pueblo como un ente unitario y que desgraciadamente no están yendo bien del todo. La reforma es valiente, dice el Régimen, porque convierte a Corea del Norte cada día en más competitiva, máxime si la comparamos con los vecinos. A este paso, claro, Corea del Norte va a ser la más competitiva en costes laborales del mundo a no mucho tardar. Un nuevo éxito del régimen.

– Obviamente, como la competitividad no depende sólo de los salarios sino también de la formación, el Régimen ha decidido una valiente reforma estructural de la educación que acabe con la grasa acumulada durante décadas de demasiada generosidad con vagos, antisistema y clases populares que luego no te lo agradecen nada. Se va a recortar mucho la educación para las clases trabajadoras, porque se ha llegado a la conclusión de que estudiaban demasiado y que, total, para acabar en el campo engrasando el rutilante modelo productivo norcoreano, mejor clases de educación física (Corea del Norte es una potencia regional, al menos, en deportes varios) y ya está. Además, para acabar de rematar la faena, el sistema se publifica más y más para que las elites sean formadas debidamente, pagada la factura a ser posible por todos, pero subcontratando todo el tema a unos monjes muy simpáticos que tienen una religión basada en el culto al Querido Líder y a todas las tradiciones de la dictadura que desde después de la II Guerra Mundial existe en el país. La religión pasa a ser evaluable y muy importante. Y los monjes de Estado encargados de todo esto pasan a ser funcionarios del Estado norcoreano e incluso poco a poco se irán encargando del resto de asignaturas.

– Judicialmente se empiezan a adoptar también grandes reformas contra la corrupción: se pretende dejar la investigación de los delitos al Gobierno, directamente, y sin necesidad de tener esa engorrosa función en manos de los jueces (que aunque dependen de un Consejo de jueces controlado por el Gobierno a veces, nunca se sabe, podían hacer cosas raras para dañar al país por falta de patriotismo), que así quedan descargados de trabajo y serán más eficaces enjuiciando y condenando a los delincuentes que el Gobierno les señale. Adicionalmente, para evitar tentaciones impropias de un sistema integrado de participación ciudadana, se cierra la puerta a la acusación ejercida por ciudadanos. Como ha explicado el Gobierno, es una manera de hacer más iguales a todos ante la ley, pues esa vía hasta ahora la utilizaban, claro, los ricos y en cambio el Gobierno de Corea del Norte representa, como es sabido, a todos sus ciudadanos, hasta al último de ellos, hasta al más débil e invisible.

– El furor reformista, como no puede ser menos, no se acaba aquí. Ante la necesidad de apretarse el cinturón y dar ejemplo ante los ciudadanos el propio régimen ha preparado un espectacular abanico de medidas para unirse a los sacrificios y ahorrar nada menos que 40.000 millones de euros, al cambio, en reformas estructurales de la Administración norcoreana. Un grupo de expertos anónimo, pero que se ha dejado claro que forma parte del Régimen y que lo conoce muy bien por dentro, ha presentado un memorándum con más de 200 propuestas de reforma en un informe de más de 2.000 páginas. En ellos, a un ahorro de unos 200 millones de euros por cada propuesta, se repasan las acciones de Gobierno del Régimen en los últimos años y todas las nuevas normas aprobadas, explicando que en total con eso se van a ahorrar 40.000 millones y que, en justicia, los ciudadanos norcoreanos qué menos que pensar que deberían aportar otro tanto, por equilibrar. Las medidas de ahorro pasadas son espectaculares y ya hace años que están dando sus frutos, a la vista está, pero las de futuro son más ambiciosas todavía y consisten en pedir a los jefecillos locales que renuncien a uno o dos asesores para que así el Régimen de Pyonyang pueda contratar a cuatro o cinco más por cada asesor provincial eliminado, en exigir que las cosas que se hacían en provincias pasen a hacerse desde el más eficiente gobierno central y en acciones revolucionarias como cambiar el nombre del organismo dedicado a gestionar la Cría de Caballos y de gallinas para el Ejército de Corea del Norte o la manera de canalizar fondos públicos a la Entidad dedicada al Sostenimiento de los Santos Lugares Norcoreanos. Lógicamente, el anuncio de las medidas ha desatado una euforia sin igual en los medios de comunicación norcoreanos, que han decretado 7 días dedicados a lanzar Vivas Oficiales en honor de la reforma.

– Por último, y como no podíá ser menos, el furor reformista ha llegado a la economía, pues el Gobierno ha pensado que, a la vista de los problemillas asociados a la producción sobre el terreno y la excesiva dependencia del país de ese sector primario sobredimensionado, mejor introducir algún cambio. Para ello ha optado por blindar todos los sectores económicos y ponerlos bajo supervisión del Gobierno, que regulará permisos, tarifas y actividades en forma de regalías, porque si no, la verdad, la economía se descontrola y luego pasa lo que pasa. Por otro lado, y para cambiar el modelo productivo radicalmente, se ha decretado una drástica reordenación de la actividad productiva primaria: en vez de orientar la producción al consumo local se ha decidido poner anuncios en Internet diciendo a los ricachones del continente que nuestros productos son ecológicos y muy buenos, que la Marca Corea del Norte enamora y que, por favor, a ver si nos van comprando el stock acumulado… y a ver si así ponemos en marcha otra vez una economía con un sector primario potente y entregado a la causa.

Reformas y religión de Estado en Corea del Norte