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Manual de instrucciones del siglo XXI (XIII): De qué hablamos cuando hablamos de running

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

En el principio fue la carrera. El ser humano caminaba para buscar la caza. Y antes de que existieran armas arrojadizas el antílope de turno se agotaba mediante el acoso durante horas [1], con carreras al trote. Aquella dieta carnívora y ese estilo de vida deportivo convirtió a nuestros antecesores en hombres musculosos y sin una caries que morían antes de los 40, pero morían como bestias, en plenitud de facultades, auténticos Adonis en la pira o bajo tierra. Daba gusto ver esos jóvenes cadáveres marcando bíceps, tríceps, cuádriceps y tableta de abdominales. Las guerras y enfermedades actuaban como Fuga de Logan [2] y alguien de 45 era un venerable anciano. Después nos hicimos cazadores-recolectores, y la carrera fue menguando salvo para perseguir al antílope con la rapidez del rayo antes de lanzarle la jabalina. Con el arco ya no hacía falta ni eso. Y siglos después en las monterías se puede ver a ancianos putrefactos puestos allí mediante la sillita de la reina por dos sobrinos que pretenden heredar ataviados con abrigo husky, patillas boca de hacha y peinados hacia atrás con seis botes de Patrico. Y el anciano, incluso en el momento de verse en el túnel con la luz al fondo puede cazar un venao medalla de oro. Tales son los efectos de la tecnología de la muerte en la carrera, que ya no hace falta.

 

Por eso aquello de correr quedó muy pronto relegado a los juegos atléticos de diverso tipo, centrados en una mezcla de competición y proeza heroica de andar por casa cuando las verdaderas proezas –rajarle las ingles a los enemigos para sacarles un órgano interno cualesquiera por una y metérsela por la otra con la intención de descompensarles por dentro- se encontraban aletargadas por ese periodo de aburrimiento, desesperación y angustia al que se llama paz.

 

La historia de la humanidad se divide por tanto en la época preindustrial, que quiere decir que se corría por algo (caza, matar a alguien, escapar de alguien, perseguir a alguien para violarlo, competir por la gloria o el dinero) y la época industrial donde empieza a correrse, con perdón, sin motivo alguno.

 

La cúspide de la socialdemocracia y el estado de bienestar tras la II Guerra Mundial se encuentra en el momento en que se vive con tanta tranquilidad y confort que un tipo, llamémosle individuo A, el origen de la cadena, seguramente escandinavo, se lanza a las calles con poblado bigote, una cinta de toalla en el pelo, un Meyba y una camiseta imperio agujereada con su mancha de café porque NO PUEDE MÁS. Desesperado se pone a trotar para liberar energía. Los psicólogos evolutivos han demostrado que venimos programados de fábrica para algunas cosas. Así que tenemos ahí a un miembro de la especie homo sapiens, cuyo interior pide perseguir impalas, decapitar enemigos y dejar embarazadas a sus esposas después de mostrarles la cabeza del cónyuge con su correspondiente mijita de médula espinal colgando, que se consume por una vida impropia de su especie debido a ocho horas de oficina y cuatro de televisión, cuando debería estar desempeñando otras actividades más acordes con su voz interior que hoy se consideran políticamente incorrectas salvo en Asia, África y gran parte de Iberoamérica.

 

Algunas personas empiezan a utilizar parte de ese tiempo que dedicaban a la televisión o a alcoholizarse para mantenerse en forma. El estilo de vida sedentario provocaba obesidad e infartos prematuros, y la carrera a la que se le empieza a llamar footing o jogging permite que el sujeto al menos colabore en la consecución del infarto de manera activa, no pasiva como hasta entonces. La cumbre de esta sana contribución a la muerte propia está en uno de los impulsores del trote cochinero, Jimmy Fix, por un ataque al corazón a los 52 años. Jimmy, además de gran persona y demostrar que si se quiere se puede o que no hay ganancia sin dolor, contribuyó decisivamente a establecer las bases del footing. Muchos estudios confirman que los practicantes de este tipo de carreras, en torno al 70%, sufrirán lesiones en las articulaciones a causa de dicha afición. En el caso de los sedentarios el porcentaje se eleva al 90%. Los primeros, sin embargo, pueden decir “me lo busqué”. Mientras que a los segundos les viene porque sí, como a tristes mariconas que toman brandy en un sillón orejero. Es el 20% que diferencia entre la voluntad y la desidia, entre aquellos que provocan al destino y los que se dejan llevar por la corriente y cuando acuerdan se preguntan “qué he hecho yo en la vida, madre de Dios, qué he hecho yo en la vida, si pudiera lo que correría yo ahora por los riscos y las dehesas”.

 

 

Durante los años 80 y 90 el footing se populariza. Es también una manera de generar relaciones sociales. Surgen un sinfín de carreras populares y clubes de corredores, a donde pueden acudir para ligar aquellos que no beben alcohol ni se drogan, bien por una serie de trastornos de la personalidad bien porque ya bebieron o se drogaron lo suficiente y el cuerpo no admite más.

 

Con la llegada de internet se incrementan estas relaciones sociales, las páginas sobre correr, la información de todo tipo, los negocios especializados. Facebook, Twitter, las aplicaciones para el teléfono móvil y la tecnología vía satélite dan paso al siguiente escalón. El footing o jogging queda atrás. Llega el running. El correrdor pasa a ser runner. ¿Cuáles son las diferencias? ¿Cuáles sus características? En suma, ¿de qué hablamos cuando hablamos de running?

 

a) El nombre: La acepción footing procede de un galicismo que añade una terminación de apariencia inglesa a foot (pie, para aquellos que ponen “first certifícate” en el currículum). Por tanto no es válida al ser una invención de franceses. El jogging implica el trote sin más, tampoco es válido. El castizo trote cochinero implica incluso diversión. Y no hay diversión el el running ni en el runner. De la misma manera que el verdadero aficionado de un equipo de fútbol [3] sabe que cuando ve un partido no va uno a divertirse, el runner ha de sufrir. Running implica un ir más allá de los límites, de ahí que se adopte el término inglés correr simple y llanamente. El runner, a diferencia del que hace footing o jogging, por fin corre. Y correr hace daño al cuerpo y al alma. Runner por tanto se traduce como corredor que por motivos de salud va a pasarlas canutas un mínimo de tres veces por semana.

 

b) El pie y el calzado.- La mayoría de los humanos tenemos al final de los tobillos dos cosas con casi siempre cinco dedos y a veces cinco uñas y una proporción de callos/sabañones equivalente a 5/2 . El runner tiene un sistema complejísimo de conexiones mucho más evolucionado. Los chacras del pie o los puntos de acupuntura se quedan lejos de esa extraordinaria complejidad. En muchos casos el runner, como el fetichista, tratará a sus pies como elementos aparte, como amigos o familiares, como una obsesión.

 

La iniciación al running pasa por un proceso ritual conocido como determinación de la pisada. Una persona normal corre y pone un pie detrás de otro para evitar caer de bruces y que alguien coloque inmediatamente la coletilla “cual largo es”. El runner corre según los tipos de pisada, que hay tres pero al final tienen subtipos y toda una rama de variaciones según la posición del resto del cuerpo. Partiendo de la pisada se sufrirá más o menos. El runner intentará por norma general equivocarse con la elección de calzado para sufrir más. El calzado hace sufrir desde el principio, desde el precio. No es calzado de runner nada que esté por debajo de los 150 euros.

 

Cuando el runner y su pie complejo se han habituado al calzado equivocado pero mullido y acolchado, debe tender a correr descalzo. Esto se conoce como barefoot. Hay que correr como los ancestros, que no habían inventado la zapatilla, pero se considera que no la habían inventado por algo y que es por tanto un elemento burgués. En el proceso se lesionará y lo pasará fatal. Deberá cambiar toda la posición de su cuerpo y la forma de desplazarse. Una vez tenga todas las lesiones posibles se habituará a este tipo de no-zapatillas. Ese es el momento en que el runner, sin motivación ya para su pie complejo, volverá con cualquier excusa peregrina y de un día para otro a la zapatilla acolchada equivocada (si tiene pisada supina utilizará uno de prona), con el objetivo, insistimos, de sufrir y provocar su propio destino en todas las vertientes que el destino puede ofrecer, que son bastantes.

 

c) Equipación.- El runner no irá nunca cómodo para correr. Antes de salir ha de calcular la temperatura. Siempre saldrá con más prendas de las que exige su actividad física, con el objetivo de acalorarse más de la cuenta –y padecer lo que de ese acontecimiento se deriva- y tener que írselas quitando y anudándoselas como pueda o bien llevando mochila. Todo esto implica movimientos antinaturales que, unidos a la equivocación del calzado, crean un martirio constante. En verano se llevará gorra y cortavientos y siempre mallas de acróbata del Circo del Sol, independientemente del grosor, longitud y estética de los muslos y gemelos. Las prendas del runner igualan en una comunión textil al bajito y al alto, al perfecto y al contrahecho.

 

d) Gadgets y aparatukis.- El runner mantiene un constante diálogo con el pie que muchas veces le desvía del diálogo con su corazón. Al estar tan atento al padecimiento por abajo, muchas veces pierde la perspectiva de lo que debería sufrir con lo que el runner llamará en un ambiente coloquial “patata”. De ahí que sea indispensable el pulsómetro. Si el runner ve que no se asfixia hasta la bocanada agónica… algo pasa. El pulsómetro le indicará lo que tiene que hacer para entrar en fase de calvario.

 

e) El flato y el calambre.- Tradicionalmente, el dolor de flato o el calambre hacía que los practicantes de footing o jogging se retirasen a casa o el bar por precaución. La pertinaz punzada del flato o el mordisco implacable del calambre suponían una señal que el trotón interpretaba como un aviso para cesar la actividad y así evitar el padecimiento o la lesión. El runner aquejado de flato se agachará y resoplará hasta que el dolor se vaya. Si persiste volverá a emplear este método. Si el flato no se va, parará a resoplar en posición de saludo oriental todas las veces que haga falta para que los intervalos con dolor agudo, aunque no atroz, le permitan terminar sus kilómetros aunque tenga que tardar cuatro veces más. Asimismo, los calambres se combatirán con estiramientos y se aplicará una política equivalente. En resumidas cuentas, no hay flato o calambre que pare al runner.

 

f) Las lesiones.- De la misma manera que los cazadores o guerreros se enseñan sus cicatrices, los runners han de pasar por lesiones que comentan y que, según su gravedad, los colocan en jerarquías. Si un runner lleva varios años de afición con apenas molestias se le considerará en el entorno como un montón de mierda que debería estar jugando al pádel con sus niños que seguramente sean tan mierdas como el padre. Si el massai joven ha de cazar a un león para iniciar su vida adulta, el runner tiene que lesionarse con, como mínimo, una fascitis plantar o una tendinitis inhabilitadora en la rodilla. Problemas graves en la propia rodilla, en la cadera o en el tendón de Aquiles colocan al runner en un nivel superior, especialmente cuando sigue corriendo, y todos lo hacen, con articulaciones de plástico y prótesis variadas. El objetivo del runner, entre otros, es trascender de su condición humana sustituyendo los huesos por materiales más espirituales. Convertirse, en suma, en un ángel-androide.

 

Aquí surge el peliagudo asunto de las lesiones falsas o exageradas. Por ejemplo que una leve sobrecarga se haga pasar por fascitis plantar para escalar en la jerarquía. Esto se resuelve con un juicio de preguntas, con interpelaciones ladinas y malintencionadas, pero en el fondo tendentes a resolver el conflicto, como “¿dónde está el tensor de la fascia lata?” o bien “¿tienes dolor post-estático o acaso dinámico?, y también “¿Hay problemas de espolón?”. Según este juicio se decide si el acusado tiene o no verdadera lesión y si finalmente es un montón de mierda que debería estar jugando al pádel con sus niños que seguramente sean tan mierdas como el padre o un verdadero runner.

 

g) La edad.- Aunque hay runners de todas las edades y sexos hay un aunténtico pico estadístico en la franja masculina de 30-40, dándose además otra condición, y es que el incipiente corredor llevaba sin hacer deporte desde un partido de futbito (así lo llama) que echó una Navidad de doce años atrás, el día de la lotería. En ese pico estadístico están los machos alfa del running, aquellos cuyo fervor religioso por el deporte alcanza cotas de fanático ya desde el primer día en el que corren tres minutos y tienen que pararse en mitad de la calle porque no pueden más, simulando a continuación un estiramiento apoyándose en un árbol, suficiente para que puedan seguir hasta los cinco minutos en esa Jornada de la Iluminación o de la Caída del Caballo, la primera de toda una serie hasta el medio maratón en silla de ruedas con más de 70 años, el verdadero sueño de todo runner que se precie.

 

A partir de la Jornada de Iluminación, el runner vivirá para su afición, organizará los fines de semana y hasta las vacaciones donde pueda correr a gusto o incluso donde organicen carreras populares, correrá por supuesto la San Silvestre de fin de año pese a los excesos navideños y tratará, en suma, de ir minando la elasticidad y fuerza de la prescindible carne en pos de que le dolor consiga hacerle elevarse a una nueva condición. En otros ámbitos hay organizaciones como Proyecto Hombre que asesoran a este tipo de individuos. El runner, sin ese asesoramiento, irá aumentando kilómetros y días de correr, hasta llegar a correr seis días en semana con intervalos de resistencia y velocidad, carreras cuesta arriba e incluso carreras hacia atrás. Cuando la ciudad sea poco martirio el runner empezará a correr en el campo. Cuando eso no sea suficiente llegó la hora del ultramaratón. Todo vale con tal de acelerar la descomposición de los huesos e, insistimos, hacer posible la trascendencia del alma.

 

h) La comunicación.- Esta es la característica más importante, la que hace del runner un runner. La comunicación se lleva a cabo en diversos ámbitos. El runner, como el cristiano converso, hace una constante labor de evangelización. Y al igual que el cristiano converso su función comunicativa va de emisor a receptor pero sin tener en cuenta el feedback, que esto es de lo único que me acuerdo de la carrera de periodismo que hice en su día. Pues bien, en el entorno de amigos, el familiar, en el trabajo… el runner mencionará constantemente que salió a correr ayer, que si llovía o hacía calor, e intentará introducir el equivalente a la palabra de Cristo: el tiempo que hizo (la palabra divina se expresa en minutos por kilómetro, por ejemplo, si se corren 10 kilómetros en 45 minutos se transmitirán como hacer 10 kilómetros en 4:30). Repetimos, prescinde del feedback, como el misionero suelta el mensaje y no importa el rostro del interlocutor, las posibles señales de hartazgo o que el interlocutor esté hablando de otra cosa con otras personas y esté dando la espalda desde hace 15 minutos.

 

Otras formas más sutiles consisten en pequeñas referencias. Estar bebiendo de una garrafa de cinco litros en el trabajo, llevar tabletas energéticas, sacar el pulsómetro de la mariconera haciendo como que se enreda con el cable del mp3… todo vale con tal de que el interlocutor que dio la espalda al runner pregunte qué demonios hace con una garrafa de cinco litros de agua en la oficina, comiendo una absurda barrita o trasteando con ese aparato. Ahí el runner aprovecha de nuevo para evangelizar: “10 kilómetros en 4.30, y eso que arrastro una antigua fascitis plantar”, soltará una y otra vez como un salmo responsorial.

 

Pero son las redes sociales las que hacen del runner un runner más runner todavía. El runner evangelizador se basará en los programas y aplicaciones de geolocalización tan útiles para runners y colocará mapas con el recorrido que ha hecho Y EN CUANTO TIEMPO TENIENDO EN CUENTA EL KILÓMETRO por todos lados, en el Facebook, en el twitter. El runner auténtico es capaz de contestar con uno de estos mensajes a una sextuitera que le ha mandado las tetas escaneadas, el runner está por encima de la carne y de las complicaciones habituales de los mortales. Si el runner hace un curso de lo que sea a distancia, de contabilidad por ejemplo, aprovechará la parte de la plataforma virtual donde los alumnos se presentan para colocar sus fotos corriendo y estos mapas con la distancia recorrida y EL TIEMPO TENIENDO EN CUENTA EL KILÓMETRO. El runner, al ser evangelizador, no pone estos mapas por nada, sino que invita a correr a los demás, o si no a correr a que le sigas en el recorrido, pues también hay programas con los que el runner transmite su mensaje mientras corre. El runner informa de lo que ha corrido, de lo que va a correr o de lo que está corriendo, y todo a la vez, como una masa espacio-temporal que sólo se da en este mundo que desafía a la ley de la relatividad y las leyes de la física. Y solicita que le mires, que le acompañes, que estés con él en este camino de redención que el runner asume voluntariamente para la salvación de todos los humanos.

 

Para aquellos iniciados en la fe del runner que estén dudando sobre su magisterio adjuntamos el test del runner.

 

Vas a la playa con la novia, amigos o familia:

 

a) Me dirijo al chiringuito antes de llegar al apartamento saltando del coche en marcha.

b) Juego a la palas en la orilla para ver tetas sin ser acusado de mirón.

c) Corro un rato por la playa a días alternos.

d) Me levanto a las seis y media de la mañana para correr 12 km. a diario cuesta arriba y por la tarde esprinto en la orilla.

 

Tras una dura jornada de trabajo:

 

a) Llego a casa extenuado y me pongo la tele.

b) Llego a casa extenuado y converso con mi pareja.

c) Llego a casa extenuado, le doy un beso a mi mujer y a regañadientes voy a hacer algo de deporte para perder barriga.

d) Voy corriendo a casa, literalmente, subo por las escaleras al sexto piso, abro la puerta, lanzo la bolsa con la ropa de calle, bajo y corro 16 kilómetros.

 

Me llevo a los niños un domingo por la mañana:

 

a) Los llevo al zoo y luego al parque.

b) Los llevo al zoo y luego al bar del zoo.

c) Los llevo directamente al bar de la esquina con los amigos.

d) Los llevo al circuito de correr y los introduzco en el mundo del running comprándoles toda la equipación y haciendo que den carreritas mientras yo me hago mis 16 kilómetros.

 

A mis amistades:

 

a) Las divido entre amigos, amigos menos íntimos y familiares.

b) Las divido por afinidad, los vea más o menos o si son o no familiares.

c) Las divido entre runners y otros afines.

d) Las divido entre runners, herejes e infieles.

 

Escojo mi primera carrera popular:

 

a) Elijo una de 8 kilómetros que pasa por mi barrio.

b) Voy a por el medio maratón de mi ciudad.

c) Me preparo un maratón.

d) Me preparo el ultramaratón Huelva-Gerona descalzo.

 

MAYORÍA DE RESPUESTAS A: Es usted un montón de mierda que debería estar jugando al pádel con sus niños que seguramente sean tan mierdas como el padre.

MAYORÍA DE RESPUESTAS B: Es usted un montoncito de mierda pero quizá haya esperanza en su descendencia.

MAYORÍA DE RESPUESTAS C: Ese es el camino pero falta voluntad.

MAYORÍA DE RESPUESTAS D: Es usted uno de nosotros y la Verdad le acompaña.