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Chipre: otro paraíso europeo destruido por la malvada mafia rusa

La hermosa isla de Chipre, nudo de civilizaciones, cruce de culturas y rutas comerciales, bastión de la Cristiandad en Oriente, siempre se ha dedicado, en esencia, a lo mismo. Chipre saltó a la fama en la Antigüedad por la abundancia de cobre en sus tierras. Durante siglos, Chipre abasteció de cobre a todos los ejércitos de la zona, y de ahí, de la palabra “cobre”, viene su nombre (y no, como muchos creen, de la palabra “quita bancaria”). Chipre vendía cobre al mejor postor, sin importar la nacionalidad; sí, incluso a esos países sospechosos, terroristas, en los que todos Ustedes están pensando. ¡Los chipriotas eran unos desalmados! Y no dejaron de serlo cuando, una vez acabado el cobre, decidieron dedicarse a una actividad que preludiase el paraíso financiero que se habían montado: la piratería. Pero no la piratería mala, de descargarse películas y videojuegos, sino la piratería honorable de salir por ahí con un barco a robar a los demás (y ya sé que los mensajes aleccionadores de la industria cultural te dicen que descargarte un archivo y robar un coche es lo mismo, pero no: descargarse un archivo es mucho peor. Al menos, robar un coche genera actividad comercial; genera riqueza).

Y ahora, en esencia, la cosa es similar, sólo que Chipre ya no envía cobre ni piratas fuera de sus fronteras, sino que lo que hace es atraer dinero turbio a sus bancos, para allí, en un país civilizado de la Unión Europea, blanquearlo con un primor que tendíamos a asociar sólo con los paraísos fiscales creados con la connivencia de las civilizadas clases dirigentes de la Unión Europea, para así evitarse pagar impuestos en la civilizada Unión Europea, en el supuesto de que sus Gobiernos aún pretendieran simular que intentan lograr que dichas clases dirigentes, a las que ellos sueñan con pertenecer, paguen algo.

Chipre hoy. La honrada parte sur se dedica a ofrecer servicios financieros avanzados, por contraste con la siniestra parte turca del norte, donde vete a saber qué harán, lo menos trapichean con droga con mafiosos rusos que luego no tendrán más remedio que lavar su dinero en la parte sur

Ante la inminencia del rescate, la UE ha tenido que negociar con Chipre unas condiciones aceptables para todas las partes. Y ha ocurrido como en toda negociación. Como los chipriotas son pocos e impresentable su economía, pero sobre todo porque son pocos, la UE ha decidido darles una lección moral. Un puñetazo en la mesa. Aquí no se van a librar los impresentables rusos que han estado blanqueando dinero a espuertas (¡rusos! ¡habráse visto…! ¡Qué diferencia con el crédito y la inversión alemanas que proveyeron riqueza a nuestro país todos estos años, construyendo pisos y chiringuitos playeros!). Les vamos a montar una quita de sus ahorros que se van a enterar. Y para que la cosa sea sencilla, no vamos a montar un aburrido e incomprensible sistema progresivo en virtud del cual pague más el que tenga seis millones de euros que el que tenga 120.000 euros. No: lo mismo para todos a partir de 100.000 euros, y arreglado.

Pero ahí terció el Gobierno de Chipre, o la Comisión Europea, o el FMI, o el Banco Central Europeo, o Alemania, o nadie sabie quién, pues nadie se hace responsable de la paternidad de semejante idea, y dijo: ¿no deberían pagar también algo los que tengan menos de 100.000 euros? Que así no se nos enfadarán tanto nuestros amigos rusos… Y en la UE, claro, pues ningún problema. Serà per diners? ¿Quién podría pensar que la gente se tomaría a mal, y no sólo en Chipre, la constatación de que la UE puede entrar a saco en los depósitos bancarios para pillar lo que se le antoje, sin importar –sin importar demasiado- la cantidad depositada en el banco?
Es normal que nadie se quiera hacer responsable de semejante idea. Porque hay que ser muy, muy burro, para pensar que recaudar dinero así es una buena idea. Al menos, el corralito argentino no comportaba pillar parte del dinero, mientras se tenía el resto inmovilizado. Aquí tenemos corralito (de momento, hasta el jueves) y quita / depósito.

La UE ha tendido a echarle la culpa al Gobierno chipriota, que habría sido el mayor avalista de la idea, en la esperanza de que, así, los rusos no tendrán que pagar tanto y no se irán de Chipre. Pero esto parece un tanto absurdo. No sólo porque, obviamente, los efectos electorales de apoyar el plan serán devastadores (tanto, que por ahora no ha podido aprobarse). Sino porque parece deducirse de aquí que el Gobierno de Chipre, que no ha pintado nada en la negociación (y no es para menos, teniendo en cuenta el importe del rescate de este país comparado con el de su economía), ha sido capaz, en cambio, de imponer semejante medida a sus socios de la UE. O aún peor, de convencerles de que era una buena idea socavar un poco más la credibilidad de la UE entre sus propios ciudadanos y entre los sacrosantos mercados a cambio de arramblar con ese dinero.

La cosa ha sido tan espectacular que ya se ha comenzado a recular a toda velocidad, buscando hacer el impuesto más progresivo. Y, desde luego, reduciendo el importe del impuesto en el tramo inferior a los 100.000 euros. Ahora mismo, dos días después de anunciar la medida, el tramo inferior a los 100.000 euros pagaría un 2%, de 100.000 a 500.000 € un 10% y a partir de medio millón de euros un 15%. También se comienza a hablar de algo que era de sentido común, que era crear una exención para los ahorradores más modestos (aquellos que tengan menos de 20.000 € no pagarían nada). Por último, la UE ha rizado el rizo diciendo que por ellos que los honrados ahorradores chipriotas no paguen nada, que lo decida el gobierno de Chipre, que para eso es soberano (me imagino al tío de la UE mordiéndose la comisura de los labios para no partirse de risa ahí mismo).

Es decir, que la UE recula a toda velocidad desde unos planteamientos absurdos hasta una medida que, si se aplica en estas condiciones, sería bastante sensata, vista la gravedad de la situación. Pero, claro, una vez ya has dado el espectáculo de impresentabilidad y descontrol político-económico. Yo creo que la dinámica de los hechos exigiría que pasado mañana o al otro apareciera algún portavoz de la UE anunciando la nueva decisión: “la Unión Europea pagará una gratificación del 6,5% a los depósitos chipriotas menores a 100.000 €, porque así rizamos el rizo y pasamos de -6,5% a +6,5% en menos de una semana”.

Desde LPD se contempla con ilusión un escenario en el que el Gobierno chipriota no consigue aprobar las medidas, Chipre sale del euro y, meses después, comienza a hablarse de un “milagro chipriota” mejor aún que el islandés. De cómo, en apenas unas semanas, Chipre ha enderezado sus cuentas y su economía, y todo marcha mucho mejor fuera del euro. Lo que, probablemente, fuera una estruendosa mentira (sobre todo, en unos pocos meses), pero… ¿y la capacidad irradiatoria que tendría con vistas a introducir en el debate público español la conveniencia de pertenecer al euro? Pues no mucha, la verdad, que hablamos de Chipre. Pero, roto el tabú de los depósitos y la UE, tampoco pasa nada por romper el de “no hay vuelta atrás del euro”.

Aunque es verdad que desde LPD también se contempla con ilusión un escenario en el que se aprueba el impuesto y al día siguiente comienzan a aparecer noticias que certifican que los rusos más rusos, acompañados de la clase dirigente chipriota, enviaron sus ahorros fuera del país en las fechas inmediatamente anteriores a la congelación de las cuentas. O lo que podríamos denominar un “desenlace a la española”.

1998. La España de Clemente cae ante Chipre. Ridículo histórico. Pero 15 años después... ¿Qué, eh? ¡Nosotros campeones de Europa y del mundo y vosotros teniendo que ser rescatados ANTES que nosotros! ¡JA!

En conclusión: con Rajoy, estas cosas no pasarían. Él mantendría la calma, dejaría que amainase la tempestad, sosegaría los ánimos. Dejaría pasar el tiempo, en la convicción de que, al final, todo se arreglaría. O se olvidaría. O se enquistaría hasta acabar llegando a una situación insostenible, que obligaría a que llegase un hombre providencial que aplicara medidas para… dejar pasar más tiempo hasta que la situación se olvidase, o solucionase, o enquistase de nuevo. Y vuelta a empezar.