El sexo y los políticos – Fernando Bruquetas de Castro

Este libro es malo. A decir verdad, muy, muy, muy, muy malo. No merece la pena desde ningún punto de vista. Es un tema con interés indudable, que puede analizarse desde una perspectiva antropológico-sociológica o desde la óptica, más habitual en España, picantón-cotilla. Ambas tienen interés, para qué engañarnos. Pero aquí no encontraremos ni la una ni la otra.

¡Qué entrañable!

No lo encontraremos porque el libro constituye, ante todo, un timo. No da lo que promete. Es un aburrido, plano y previsible compendio de biografías históricas, centradas en políticos españoles del siglo XIX (con una coda centrada en cuatro o cinco personalidades de la Segunda República y del franquismo). Unas biografías en las que, en la mayoría de los casos, el autor se limita a mencionar de pasada, semienterrados en el plúmbeo discurso, mitad libro de texto, mitad tertuliano de bar, que explica la vida y milagros del personaje, los aspectos sexuales y/o sentimentales de los que supuestamente nos iba a hablar. Y, en algunos casos especiales, el autor no dice… ¡Nada! Nada sobre esa cuestión, que motiva no sólo el título, “El sexo y los políticos”, sino el sugestivo subtítulo, “Vida íntima y secretos de alcoba de ilustres gobernantes de la España reciente”. Luego te enfrentas a 20 aburridísimas paginazas, plagadas de tópicos, sobre el general Franco, y te cabreas al comprobar que contienen cero sexo. Y, vale, eso es lo que uno espera del general Franco. Pero, entonces… ¡no lo metas en tu libro, joder!

El libro se extiende a lo largo de unas 260 insoportables páginas, plagadas de vaciedades y estupideces. No encontrarán aquí citas jugosas sobre la supuesta materia del libro, aunque a cambio puedo sacarles a colación algunas de las peculiaries observaciones que el autor se complace en compartir con nosotros, como por ejemplo:

Don Alfonso [XIII] no era muy culto y su trato resultaba algo plebeyo, porque hacía como han hecho y hacen todos los reyes en nuestra monarquía (por ejemplo, hablar de tú a tú a la gente, con lo feo que resulta eso) (pág. 165)

O esta maravillosa validación contemporánea de la teoría de José María Aznar sobre la “Segunda Transición”, transformada en Transición a secas:

La Transición política española comprende una etapa histórica que va desde la muerte de Franco en noviembre de 1975 hasta el advenimiento y consolidación de la democracia como sistema que regula la convivencia entre los españoles, es decir, hasta la última década del siglo XX, cuando el Partido Popular accedió al poder en los años noventa (pág. 257).

Y así todo el rato. Un desastre.

Y ahora, Ustedes se preguntarán: ¿por qué esta reseña? ¿Qué ha llevado a este pobre hombre a reseñar semejante libro?

Pues la verdad es que me alegra que me hagan esa pregunta. ¡Muy oportuna!

Podría decirles que me cabreó el hundimiento de las expectativas que supone este libro. Porque, en efecto, la supuesta temática del mismo reviste muchísimo interés. Es así, para qué engañarnos, si la cosa se queda en el ámbito del mero cotilleo; pero lo es mucho más si la obra tiene más pretensiones intelectuales, para observar una faceta de los políticos (y los reyes) que suele quedar fuera del escrutinio público en los países mediterráneos, limitándose a ser pasto de todo tipo de rumores. Y cuando la cosa se hace pública genera escándalo, normalmente, por factores ajenos a la relación sexual en sí, como es el caso de la actual “amiga entrañable” y sus negocios “muy delicados” con el Estado español. Pero, si no median este tipo de circunstancias, lo que suele generar es habladurías y cachondeos. Malsanos, pero menos dañinos que el puritanismo moral anglosajón y su obsesión por las costumbres privadas como correlato de las virtudes públicas.

Podría decirles, asimismo, que me cabreó caer en las redes, a estas alturas, de un timo así. Para mí es un misterio el porqué la editorial (La Esfera de los Libros, la de El Mundo) ha publicado esta cosa infame, que no sólo no tiene ningún interés, sino que, además, no ha supuesto ninguna elaboración por parte de su autor, que se dedica a hacer refritos (basándose constantemente en un par de libros a los que fusila a placer) y a repetir, hasta la saciedad, los mismos datos que ya ha comentado poco antes, incluso en párrafos sucesivos. Pero más surrealista resultó averiguar, en el perfil del autor, que el hombre ya ha publicado sobre este tema en muchas otras ocasiones. Es decir, que estamos ante un “García de Cortázar”. Un tipo que siempre escribe sobre lo mismo, publicando, una y otra vez, el mismo libro. Exprimiendo un producto hasta la saciedad. Como si ahora hicieran 25 temporadas más de Perdidos, o la prometida saga de 20 películas de Peter Jackson sobre el Silmarillion. Pero con un mérito añadido para Bruquetas de Castro: que, al menos, los demás “exprimidores”, los que siempre hablan o escriben de lo mismo, al menos… ¡Es verdad que, en sus textos, hablan de lo que dicen que van a hablar! ¡Es verdad que la Breve Historia de España de García de Cortázar se ajusta en los contenidos al título! ¡Pero es que aquí ni siquiera eso! ¡Especializado en algo… De lo que nunca hablas! ¡Me quito el sombrero!

Todas estas razones están muy bien, pero seré sincero. Más allá de que el libro sea muy malo, y un timo, y de que me lo haya leído enterito, mitad porque soy un enfermo, mitad para poder escribir esta crítica; más allá de todo eso, subyace la horrible verdad: este libro fue un regalo. Un regalo de alguien que, con la mejor intención, pensó que el tema me gustaría. Y tenía razón. Si el libro hubiese versado sobre ese tema, me habría gustado.

Cuando comencé a leerme el libro, estaba en un tren. Como el libro era un coñazo desde la página uno, me quedé dormido. Me desperté al llegar a mi destino. Salí rápidamente, apresurado, en plan “no vaya a ser que no pueda salir a tiempo”. Y media hora después… Mierda, el libro. Ahí se ha quedado, en el asiento de al lado (compadezco retrospectivamente al que se haya hecho con él).

Y, como soy como soy, tan pronto como tuve ocasión… ¡Me lo compré otra vez! De manera que el autor ha cobrado dos veces derechos de autor de la misma fuente (una como perceptor del regalo y otra como comprador), y a propósito de semejante libro. Y, como mínimo, creo que era de justicia que, en justa correspondencia, haga todo lo que esté en mi mano para evitar que otros cometan el mismo error que yo cometí (y dos veces, además; cuando recibí el regalo debería haberlo cambiado por algo de Juego de Tronos, que al menos no engaña tanto).


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  1. Comentario de Álvaro (28/02/2013 15:50):

    confirmo

  2. Comentario de emigrante (28/02/2013 15:58):

    “leído enterito, mitad porque soy un enfermo, mitad para poder escribir esta crítica”

    Se olvida usted de mentar la tercera mitad que es para poder presumir a final de año de haber leído 50 libros. Porque no me negará que es más fácil alcanzar la marca con libros como éste de 250 pags. que a base de Juegos de Truños de a mil y pico cada uno.

  3. Comentario de Álvaro (28/02/2013 16:03):

    a mi me temblaban las manos cuando lo cogí, que fui directo a mirar lo del Caudillo, y cuál fue mi sorpresa cuando vi que hablaba de todo menos de su sexualidad.

  4. Comentario de Guerau (28/02/2013 16:30):

    Pues para quien sienta el morbo por conocer las intimidades corporales del Caudillo, aquí tiene este libro (no es broma):

    “Los dientes de Franco. Patobiografía del general Francisco Franco a través de las revelaciones de sus dentistas.” Julio González Iglesias, Editorial Fénix.
    http://www.libreriacastellana45.com/los-dientes-de-franco.html

    Me pregunto si esta obra de capital importancia figura en la bibliografía recomendada a los estudiantes de las Facultades de Odontología.

  5. Comentario de Guerau (28/02/2013 16:52):

    A propósito del Caudillo, no podemos pasar por alto la revelación de su secreto más íntimo, que tuvo lugar hace unos pocos años precisamente a raíz de la publicación de otro libro. Al parecer Franco compartía con Hitler una determinada característica corporal:

    http://www.lavanguardia.com/gente-y-tv/noticias/20090519/53705929475/un-libro-revela-que-franco-tenia-un-solo-testiculo.html

  6. Comentario de Guillermo López García (28/02/2013 17:30):

    Emigrante, das en el clavo. Precisamente a eso me refería con lo de “ser un enfermo”. A “bueno soy yo para dejar de leer esta mierda, ahora que casi llevo la mitad y tengo en el horizonte el desafío de los 50”

  7. Comentario de E. Martín (02/03/2013 15:15):

    Pues lo único que he intentado leer de la editorial de Pedrojota no pasé del segundo capítulo, una cosa sobre dobles espias que no se si era más tendenciosa (dobles espías occidentales, heroes, dobles espias comunistas, sucios traidores) o peor escrita.

  8. Comentario de Baturrico (06/03/2013 14:37):

    Pues este hombre será un pedazo de historiador, pero a mí me enseñaron ya en la escuela (sí, en la escuela) que los reyes tratan de tú a todos los súbditos y que a ellos hay que tratarles de usted, dirigiéndose a ellos como majestad. Y que hay que esperar a que se sienten para sentarse, etc. Podremos entrar en que si eso es anacrónico o no. Pero es que es así. Los reyes tratan al resto de la humanidad de tú porque para eso son reyes. Y para colmo, se dedican a ‘vivir como un rey’. Hasta que venga la Plaza de la Concordia o Yekaterimburgo, así seguirá siendo.

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