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Sobres rellenos de valioso confeti

Mariano Rajoy lo tiene bien jodido esta vez. Nada más lejos de la intención de La Página Definitiva que minusvalorar la mítica capacidad de supervivencia del presidente del Gobierno (contra viento y marea, a pesar de todas las dificultades, y, sobre todo: sin hacer nada). Pero no parece que la táctica del “aquí no ha pasado nada y ya lo arreglará el tiempo” vaya a surtir efecto.

Ante la publicación de los papeles de Bárcenas por parte del diario El País, la única alternativa que tenía el PP es hacer lo que están haciendo: negarlo todo y anunciar todo tipo de drásticas acciones penales… Contra todo el mundo, salvo contra el origen, directo o indirecto, de la filtración: el propio Bárcenas. Es lo único que pueden hacer, probablemente, porque cualquier respuesta que pase por reconocer los sobresueldos pasaría, también, por asumir unas cuantas dimisiones en la cúpula del partido (incluso aunque no fuese dinero negro). Y eso sí que no: recuerden que la ley de hierro de la política española es no dimitir jamás. Camps dimitió [1] y ya ven dónde está ahora. ¡Y era inocente!

Pero negarlo todo es una mala alternativa. Sobre todo, porque aquí partimos de la base (como en todas partes) de que el asunto de los sobres es real. De que ni siquiera un grupo de militantes de la ETA reunidos con Zapatero en el sur de Francia idearían algo tan perverso como simular la letra del tesorero del PP para inventarse una serie de pagos a los líderes del PP que casualmente coinciden con los testimonios de algunos políticos del PP que realmente cobraron esas cantidades en esas fechas. Que la duda, en consecuencia, estriba en saber si todos los que están en la lista cobraron esas cantidades, y si lo hicieron en negro o declarándolo.

Conociendo como es España, cómo funcionan las cosas, y más si nos remontamos a los años 90 y la era dorada del ladrillo, lo más probable es que se cobrase en negro, que lo hiciesen muchos, y que se considerase algo totalmente normal. No sólo en el PP, evidentemente. En todos los partidos, sobre todo en aquellos que pillan cacho, y cuyas relaciones incestuosas con las empresas españolas, a las que acaban perteneciendo una vez finalizada su carrera política y que mientras mandan tienden a regalar, en la medida en que ello sea posible, a sus amiguetes, vienen de muy lejos. Después de todo: ¿por qué íbamos a pensar que una clase política que se guía en todo por su exclusivo interés, que nos ha demostrado su mezquindad y falta de ideales en un sinnúmero de ocasiones, que ha hecho del Estado un material de usufructo en su exclusivo beneficio [2], debería comportarse con una estricta observancia ética cuando funciona “de puertas adentro”? Sobre todo, si hablamos de dinero indetectable. Porque uno pensaba que eso de llevar una contabilidad en una libretita era cosa de las películas de mafiosos, pero está visto que no.

Negarlo todo, en una estrategia de omertà, puede ser eficaz si no aparecen pruebas o indicios razonables, y si lo tienes todo bajo control. Fíjense en los ciclistas, cómo mantuvieron el chiringuito del dopaje durante más de una década, y sin inmutarse. ¿Por qué no deberían mantener nuestros políticos el chiringuito del dinero negro? El problema que tiene el PP ahora mismo es que ya han aparecido pruebas que, por lo pronto, suponen que la mayoría del público español da por hecho el pago de sobresueldos en negro; y que, como además hay crisis, y mucha gente por colocar, y otra gente que quiere ser califa en lugar del califa, no es tan sencillo mantener callada a la chavalería. Y, así, algunos medios (Intereconomía, El Mundo, Onda Cero,… ¡Incluso ABC!) se te soliviantan. Y algunos dirigentes afirman haber recibido los famosos pagos. Y otros te dicen, muy enfáticamente, que por qué no te querellas contra Bárcenas, que verás qué bien. Y, claro, ya tenemos el follón montado.

¿Qué estará pensando Rajoy? Probablemente, algo parecido a esto: él se encontró el chiringuito de los sobres totalmente organizado. Y, sencillamente –como siempre- se dejó llevar. ¿Qué podía hacer? ¡Si sólo era ministro! Luego, al tomar las riendas del poder, intentó arreglar el asunto. En 2004 ya estaba bastante claro que lo de los sobres podría estallarles, tarde o temprano, en las manos. Así que Rajoy decidió actuar… Y, claro, como hablamos de Mariano Rajoy, tardó cuatro años en actuar. Como mínimo.

Pero, desde su punto de vista, lo que está pasando ahora es una injusticia: él, que acabó con Gürtel en el PP nacional, que acabó con los sobres, es quien tiene que comerse el marrón de Aznar, de Fraga,… De los que le antecedieron en el cargo. Y como, además, las cosas están obviamente convulsas, comerse el marrón puede querer decir dimitir del cargo. Porque, como es obvio, por muy Mariano Rajoy que uno sea, por muy hedonista y pasota que sea, e incluso reconociendo que Rajoy sea una persona honrada (como, en afortunada triple pirueta, hace el editorial de El País [3] afirmando creer en Rajoy al mismo tiempo que publica las pruebas que probarían que miente), o que no necesita que le paguen un sobresueldo (porque podría colocarse, en cualquier momento, en diez consejos de administración de otras tantas empresas españolas), a los efectos da exactamente igual: el presidente del Gobierno no puede cobrar un sueldo de dinero negro durante diez años, y menos mientras pide a la gente que haga sacrificios para superar la crisis económica. Es un escenario impresentable incluso en España.

Además, Rajoy ha estado muy torpe. Lo de hacer una declaración en vídeo desde otra sala, mientras los periodistas te ven en la tele en la sala de al lado, casi parece producto de la imaginación calenturienta de una mente-colmenta progretarra en alguna de esas famosas reuniones en Cuba entre Zapatero, la ETA y Javier Bardem. Con la credibilidad ya muy menguada por los sucesivos incumplimientos de promesas, y con el público más que quemado, las palabras de Rajoy, aunque realmente su discurso –leído- no estuvo mal, han servido de muy poco.

También ha sido un error no haber hecho de la necesidad virtud en un asunto que ha aparecido en paralelo con los papeles de Bárcenas: los viajes, las vacaciones, las fiestas con confeti y payasos que montaba el entonces marido de Ana Mato para la ministra de Sanidad y su familia y que ésta disfrutaba sin plantearse el origen, ni el objeto, ni nada de nada. ¡Yo no sabía lo que estaba pasando! ¡Tiene que creerme!

Ana Mato, vestida para la ocasión para la Conferencia Sectorial de Sanidad. El confeti es de oro y pedrerías, a 4000 € el puñao

Rajoy, que podría haber ofrendado esta pieza a los leones para calmar mínimamente la sed de sangre, que es mucha, ha decidido respaldarla. Es decir: aplicarle a Mato la misma doctrina que a Camps inicialmente, o que a él mismo. Dimitir, jamás. Resistir, todo lo que haga falta. Pero en este contexto, y con un caso como el de Ana Mato, que combina con primor lo indignante y lo ridículo como sólo los escándalos D.O. Amy Martin y Fundación Ideas [4] logran hacerlo, el mensaje que se desliza a la ciudadanía es que dimitir, sencillamente, no se contempla. Que los políticos del PP son totalmente incapaces de asumir responsabilidades. Lo cual socava aún más la posición de Rajoy. Parece que si niega no es porque no haya nada que le incrimine, sino porque así es como funciona el PP. Que si mañana estallase un escándalo que afectase a Ana Mato como ministra de Sanidad ella diría que es que en realidad el ministerio se lo lleva su ex marido, que ella se limita a ver cómo visten a sus hijos [5], y bastante tiene ya con eso. Y que no pasaría nada.

Los tambores para sacrificar a Rajoy han arreciado en apenas un par de días. Tenemos a toda la izquierda mediática y a buena parte de la derecha. A los medios internacionales. A la mayoría de la sociedad española. Y, por supuesto, a parte del propio PP, buscando la dimisión de Rajoy. ¡Figúrense lo avanzado que está el asunto que incluso Alfredo Pérez Rubalcaba ha pedido su dimisión, en lugar de ofrecer un pacto de Estado contra la corrupción solemnemente sellado en un sobre!

Desde la recién inaugurada ala Rajoyista de LPD, de la que soy, además de presidente y fundador, socio único (creo), he de decir que sería una pena perder a Rajoy. Contrariamente a lo que muchos piensan, al menos Rajoy mantiene cierta alma autonomista; no es un neoliberal desalmado que quiera desarticular el Estado del Bienestar, sino un gestor gris que quiere administrarlo; y, sobre todo, no es un sicario de Bruselas dispuesto a convertir esto en una colonia subdesarrollada al modo portugués o griego. Sin Rajoy, ahora mismo, lo que probablemente nos espere es alguien del PP del ala ultra, que incendie España (más) en su afán por recentralizarlo (más) todo y “dar una lección a los catalanes”. O directamente un tecnócrata impuesto desde Bruselas, previa “gran coalición” PP – PSOE, encargado de desarticular todo esto (todo lo que quede) a mayor gloria del pago de la deuda.

De manera que: ¡mucho ánimo, Mariano! ¡Y si sobrevives a esto, recuerda qué medio te apoyó cuando todos intentaban moverte del sillón! ¡Recuerda qué medio es el adecuado para presentar tus ambiciosas campañas de publicidad institucional en las que explicarás que harás lo que tengas que hacer! ¡Y, además, nosotros pagaremos impuestos!