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Brotes verdes (versión 2013)

Señores, ya es oficial. El Partido Popular en el Gobierno, tras un año de delicada gestión, empieza a proclamar que sí, que hay brotes verdes, que aunque los seis milloncejos de parados de nada que tenemos (y subiendo) no nos permiten verlo, ahí están ellos, lozanos, como respuesta a nuestras plegarias y a esas reformas estructurales que por lo visto, sin que nos hayamos enterado por estar demasiado atentos a los recortes, se han sucedido. Empezando, como es evidente, por la reforma laboral, que no sólo ha permitido alcanzar cotas nunca vistas de desempleo sino que está haciendo caer la cotización a la Seguridad Social como nunca, en una tormenta perfecta de desempleo, gente que deja de buscar trabajo, inmigrantes que vuelven a sus países y españoles (preferentemente formados) que huyen a la carrera.

El primer brote verde, pues, es la situación estructural del país en materia de población activa y su relación con la pasiva. Estamos a punto de perforar el suelo que marca la diferencia entre un país desarrollado y cosas como la franja del Gaza, el 50% de tasa de población ocupada de entre los que están (estamos) en edad de trabajar:

Gráfico donde se ve la luz al final del túnel en forma de tasa de población ocupada de España comparada con otros países de nuestro entorno (gráfico tomado del blog de @alfonsotwr http://alfonsotwr.posterous.com/el-paro-de-2012)

 

Mientras la afiliación a la Seguridad Social está en 16 millones y medio de personas, y bajando [1] (lo que sin duda es un nuevo brote verde, a buen seguro) los 6 millones de parados se unen a 8 milloncesjos de pensionistas (que cobran 9 millones de pensiones, por esas cosas que tiene España [2]) para conformar un duelo en la cumbre que ni los próximos Madrid-Barça que se avecinan: el tanteo de momento favorece (es un decir) a los activos por 16’5 millones a 14 millones, pero la evolución a la baja de la afiliación y la tendencia al alza de pensionistas y desempleados auguran un partido bronco y copero de los que hacen historia. España, los españoles y su Gobierno se enfrentan a esta realidad con la convicción de que no será para tanto, de que ya escampará, de que las matemáticas y los números son un invento europeo que desde el extranjero difunden para atacar al buen pueblo español y que, caramba, en todo caso, con el buen tiempo que hace aquí ya retomaremos la cosa y se creará empleo, si eso, un día de estos, cuando los europeos vengan si cabe más en masa a comprarnos casas.

Y es que, afortunadamente, los brotes verdes van más allá de este gran retrato estructural de la población activa española y su equilibrada composición. Piénsese en que el salario medio español está ya en los 14.000 euros al año, y con perspectivas de bajar, así como en los moderados y estructuralmente impecables efectos de nuestro mercado laboral (incluyendo su reforma) que ha convertido a los otrora llamados “mileuristas” como símbolo de precariedad en unos opulentos pachás, privilegiados españoles con sueldo fijo de los buenos, de los generosos, al menos en comparación con lo que viene detrás y con el mercado laboral de las nuevas contrataciones en muchísimos sectores, donde el “ochocientoseurismo-si eso” es cada vez más la norma. Un indudable brote verde más, pues no se pueden imaginar Ustedes lo bien que sientan estos sueldos a nuestras empresas, a su competitividad y a nuestras exportaciones, que suponemos que habrán leído todos desde hace meses que van viento en popa gracias a la sabia e inteligente política del Gobierno. Tan bien va la cosa que en 2012 sólo vamos a tener un déficit de 50.000 millones de euros de nada [3]. Lo cual está muy bien, porque así, si seguimos ganando competitividad, despidiendo gente, bajando salarios y exportando un poco más a lo mejor hasta llega el día en que logremos medio compensar lo que perdamos por aquí (siempre y cuando sólo sean dos o tres decenas de miles de euros) con ingresos por cosas como el turismo y, poco a poco, a lo mejor en un millar de años o dos, podemos ir pagando la deuda contraída a base de comprar cosas fuera a crédito que no podíamos pagar con lo que producíamos.

De los brotes verdes en materia de regeneración democrática [4], fundaciones que nutren de ideas a todo el orbe civilizado [5] e incluso de la lozanía con la que la oposición está ayudando a tirar del carro [6], que casi parece tan activa y eficaz en esto de ayudar al país y sus gentes a salir del marasmo como el Gobierno, la verdad es que no vale la pena hablar demasiado porque a todos nos consta. Pero sí vale la pena tener en cuenta que nada de lo que hace nuestra casta de bienhechores nos es ajeno, pues a fin de cuentas son extracción de lo mejor de la sociedad española y, ¡qué caramba! somos nosotros los que los votamos. No es de extrañar, por ello, que el país en su conjunto esté dando el callo y asumiendo la situación con tanto o más sentido de la responsabilidad como sus clases dirigentes. Los numerosos brotes verdes en el sector privado, que abarcan desde la ternura de las cuentas y actividades de la CEOE a casi cualquier empresa privada, la boyantía del sector cooperativista y el esfuerzo de reciclaje de trabajadores, empujados por un Estado que cree en la formación (a ser posible en valores religiosos) por encima de todo, son testigos mudos del impresionante movimiento de fondo que está sacudiendo España para sacarla del fango y empujarla de nuevo donde le corresponde.

Todo esto se combina con las excelentes previsiones económicas para 2013, donde el Gobierno, muy optimista, nos explica que sólo vamos a perder uno o dos puntos de PIB de nada, lo que es un éxito sin paliativos. Y que en 2014, si eso, ya seguro que crecemos un huevo, como un 0’5% o así. Mientras tanto, las Administraciones públicas españolas, aunque el Estado está un poco remolón  a la hora de acabar de hacer los números sobre cómo hemos cerrado 2012 (ya se sabe, de nuevo, que esto de sumar y restar es muy antiespañol), se presume que habrán cerrado el ejercicio con un déficit de un 7% del PIB en cálculos de enero de 2013, del 7’5% si cogemos la cifra de primavera, del 8% si nos fiamos de la de junio y del 8’5%-9% si damos por válida la que el Gobierno, el Banco de España y el INE certificarán de aquí a unos cuatro o cinco años. Pero gastar unos 100.000 millones de euros (sí, estamos usando la cifra de dentro de cuatro o cinco años) más de lo que ingresas, joder, es un brote verde. A fin de cuentas, caramba, ¿eso qué es?, ¿qué significa? ¿Que no somos capaces de financiar el 15% del gasto público y tenemos que pedir deuda para ello?, ¿el 20%?, ¿el 25%? ¡Bah, si eso no es nada! No nos ahoguemos en un vaso de agua. ¡Máxime si tenemos en cuenta que nos lo siguen financiando en “condiciones muy ventajosas” del 5-6% que hacen que el brote verde de la deuda española esté ya en el límite que todos los estudiosos, con Keneth Rogoff a la cabeza, entienden que determinan que no la podrás devolver toda nunca! Con lo cual, pues españoleemos un poco. Si no se puede pagar, ¿para qué preocuparse? Emitamos más y más deuda alegremente y festejemos los sucesivos “éxitos” del Gobierno de España colocando nuevas emisiones de deuda.

A todo esto, los brotes verdes no son meros apuntes e incoación de recuperación incierta sino un vigoroso bosque bastante intimidante si nos referimos al proyecto de futuro de este país en lo económico, en lo social y en cuestiones de convivencia.

En lo económico, como es sabido, hemos definido un modelo que tiene pinta de ir fenomenal, basado en salarios africanos para que Europa deslocalice industria aquí en lugar de en el Magreb combinado con turismo en las zonas mediterráneas y un pool de servicios que dé cobertura a todo esto con salarios algo mejores para los directivos allí asentados desde Madrid, con AVE subvencionado por los impuestos de todos para que estos jefecillos puedan ir y venir rápido y dormir en casita siempre que quieran y no tengan juerga nocturna en alguno de los prestigiosos puti-clubs Marca España que están llamados a generar el I+D necesario para cosas como EuroPutas, BarcelonaPutas y demás modelos de reactivación empresarial previstos para el país. Si además logramos reactivar la construcción, pues tanto mejor. Y mientras tanto hay que hacer cualquier cosa para tratar de vender el stock, con subvenciones públicas para ello, oxígeno en vena desde el Banco de España y regalos de la nacionalidad española como colofón por si alguien se anima y por un casual tiene interés en formar parte de esta gran nación.

En lo social el panorama en materia de derechos, libertades y modelo civilizatorio está plagado también de brotes verdes, con reformas previstas en la ley de huelga, en la de manifestación, en la de extranjería, en las normas de transparencia, en las habilitaciones para se gobierne por decreto y sin el parlamento… que dan un gustirrinín como sólo los españoles de la gloriosa generación que siguió a la Santa Cruzada debieron sentir. Ya era hora de que se produjera un aggiornamento al nuevo contexto europeo de esos valores hispanos, que aquí tenemos un modelo propio de democracia, de derechos humanos y de civilización que no conviene dejar que se pervierta demasiado con chorradas extranjeras como, por ejemplo, la transparencia. Afortunadamente la Unión Europea, que durante unas décadas nos tuvo a todos engañados, ha acabado por asumir que la vía española no estaba tan mal, de modo que nuestros brotes verdes tienen pinta, en lo democrático y participativo, de acabar integrados perfectamente en el modelo de convivencia que ahora se impone como más molón entre las elites más concienciadas y sabias. Y en materia de convivencia, ¡qué me van a contar que no sepa nadie a estas alturas sobre el indudable éxito que se atisba en Cataluña -y en Euskadi- a la hora de definir entre todos un marco donde queramos ir de la mano! Ya lo hemos hablado muchas veces [7], así que no vale la pena iterar argumentos para festejar una vez más, con razones y entusiasmo, al macizo de la Raza, pero resulta tan bonito, tan brote tierno, jugoso, esperanzador, que el discurso para ilusionar a los españoles sea un remedo patriótico del “la maté porque era mía” que a uno, la verdad, la cosa le emociona tanto que le entran ganas de llorar.