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Tectónica de placas e independencia de Cataluña

Aunque los tiempos que se avecinan prometen ser tormentosos, y no sólo en lo económico, lo que augura emociones fuertes y no siempre agradables, ello no quita para que los movimientos producidos tras la Manifestación del 11-S en Barcelona, donde quedó probado que la maquinita de generar independentistas que tenemos puesta en marcha está funcionando a ritmo de récord [1], estén siendo fascinantes.

La enconada reacción desde los poderes centrales del Estado a la exhibición de músculo independentista no oculta que, quizás por primera vez en años, han sonado las alarmas al constatar no sólo que el independentismo crece, sino que lo hace cada vez más, que es ya mayoritario, probablemente hegemónico y que cuaja con independencia de origen social y económico a un ritmo vertiginoso. Está bien que, al menos, se empiece a analizar el tema con un mínimo de seriedad y preocupación. Los analistas, think tanks, servicios de inteligencia e incluso el Centro de Investigaciones Sociológicas llegan con al menos una década de retraso, si no algo más, pero al menos lo hacen antes de que el Espanyol juegue regularmente la Champions League. Algo es algo. Mientras tanto, al otro lado, Artur Mas, que es la personalidad secreta de ese súper-villano al que los medios de comunicación españoles audiovisuales llaman Árthur-Má, ha sufrido una repentina transformación, aclamado por las calles de Barcelona y rodeado por multitudes ataviadas con banderas catalanas cuando hace apenas una semana las turbas lo envolvían en gritos contra los recortes y tijeras gigantes de cartón. Y en breve, para rematar la faena, elecciones. O paseo triunfal en barca, como prefieran llamarlo.

Fascinante es también comprobar que pueda ser Mariano Rajoy el Presidente de España que tome medidas de gran dureza constitucional contra la Comunidad Autónomas de Cataluña. No lo es menos que quepa la posibilidad de que sea precisamente Artur Mas el President de la Generalitat que acabe siendo investido con un programa abierta y explícitamente independentista cuando no, qué sé yo, organizando una Hacienda propia al margen del ordenamiento jurídico español o convocando a saber qué consulta. Porque ni Mariano Rajoy tiene pinta de ser el más jacobino de los centralistas, ni el más españolista de los nacionalistas-patriotas, ni el más autoritario de la derecha española. Como Artur Mas, así, desde lejos, no ha dado nunca la impresión de ser el más osado, valiente y corajudo adalid de la independencia y de la ruptura institucional. Que hayamos llegado a una situación en la que ambos, inevitablemente obligados por dinámicas que van mucho más allá de lo que ellos controlan, se han reunido en Moncloa para certificar que no hay espacio para el entendimiento y que, de un lado, España exige a Cataluña que se conforme en todo (y en el dinero que recibe) con el Estado actual de cosas y que no se va a mover de ahí y, del otro, para sencillamente notificar que Cataluña no puede permitirse seguir asfixiada jurídica y económicamente y que por ello o las cosas se mueven o tenemos juerga de las que sólo la península Ibérica es capaz de producir, es un elemento más de la situación que la hace más preocupante y que, además, demuestra hasta qué punto esto tiene difícil arreglo.

Da la sensación de que, en el fondo, estamos ante un movimiento de placas tectónicas, lento, imperceptible, pero diario, empujado por corrientes de fondo tan potentes que da ya, a estas alturas, exactamente igual quién sea Presidente del Gobierno de España y quién Presidente de la Generalitat. Ninguno de los dos tiene demasiado margen de maniobra y no hay nada dentro de ese escaso margen que permita maniobrar para evitar el choque. La crisis económica, en este sentido, ha actuado como un potentísimo catalizador pues ha dejado sin opciones a ambos bandos. De ahí el sorprendente giro de los acontecimientos y su aparente rapidez, con CiU tradicionalmente tenida en Madrid por un seguro de vida de responsabilidad y pacaterío capitaneando reclamaciones independentistas. Y con Rajoy, del que todavía hoy dicen no pocos de los supuestos apoyos mediáticos de la derecha española que en el fondo es un entreguista con ganas de rendirse a los periféricos, convertido en muro infranqueable de cualquier autonomismo con aspiraciones federales y embarcado en el mayor proyecto de recentralización política en España desde el Caudillo, aprobando leyes que cercenan la autonomía de las Comunidades Autónomas día sí, día también, como ni siquiera Aznar López se atrevió nunca a hacer. Porque la crisis ha eliminado muchas posibilidades de entendimiento al impedir esa cómoda holgura en la que puedes ceder algo (sobre todo, dinero, claro) y en cambio obligar a repartir sólo sufrimientos (pero en diferente medida, claro, y eso es clave). Rajoy no puede ceder no ya porque el concierto económico, por matizado que sea, de Cataluña reventaría las finanzas públicas españolas a medio plazo, es que ni siquiera puede aportar miguitas o una pequeña compensación para los desequilibrios fiscales presentes porque, sencillamente, en la caja hay sólo telarañas y deudas. Mas estructuralmente no puede consentir una situación en que Cataluña, incluso habiendo hecho más recortes en servicios básicos que nadie, sigue teniendo una deuda enorme y con los mercados cerrados, lo que le aboca a tener que recortar más todavía en prestaciones sociales. Y menos todavía se lo puede permitir siendo una región supuestamente rica y que aporta dinero a la caja común. Estructuralmente no es sostenible un modelo donde los ciudadanos de una región reciben mucho menos que los de otras. Pero si, además, esos mismos ciudadanos aportan más de lo que reciben, y más que la media, y mucho más de lo que ponen otros (lo que es lógico si tienen menos) que, a pesar de ello, reciben más que ellos, el problema estructural es enorme. Agravado porque, además, no hay manera, siquiera, de dar un alivio a corto plazo al mismo. Mas tiene dos opciones para 2013: o decirle a sus ciudadanos que todo eso es normal y que mira, aquí seguimos cerrando hospitales y coles porque esto es así y estar en España lo vale o les plantea alguna otra opción, que sólo puede ser de ruptura frente a la cerrazón absoluta que las circunstancias imponen a Rajoy.

Pero además de este bloqueo estructural, este marco tectónico viene construido desde mucho antes de la crisis y se ha ido consolidando poco a poco, pero de forma muy sólida. Las placas respectivas, la catalana y la castellana, están enrocadas en sus pétreas convicciones sobre la identidad respectiva y cómo hay que articularla para convivir, en cómo hay que repartir el dinero, en qué pasa con las lenguas propias… en casi todo. Son placas incompatibles, llamadas a chocar. Cada vez, además, menos matizadas. Los federalistas que pudiera haber en España están desertando a la carrera: los unos, en ciertas regiones, porque desencantados por no creer el federalismo posible y alentados en soltar lastre dado que a ellos solitos les iría sin duda mejor, se hacen independentistas; los otros, porque el discurso unitarista les explica que el federalismo sólo es un arma más para quienes quieren destruir la patria y su unidad. Así, sinceramente, no hay manera. Pero es en lo que estamos. En una dinámica de placas incansable, agotadora y repetida a la que casi todo el mundo se entrega con fruición.

De manera que, para todos aquellos que estábamos un poco hartos de la abusiva sucesión de Barça-Madrid que hemos tenido en las últimas temporadas, la saturación va a ser máxima. Vamos a tener Madrid-Barça hasta en la sopa y en todos los órdenes. Porque geológicamente no hay más española opción que ésta. Las placas son las que son y no hay manera, a estas alturas, de evitar un choque. Quizás es muy traumático, a lo mejor de momento vemos sólo un temblorcillo que queda en nada… hasta que se vuelva a meter presión al sistema. Pero la energía que viene acumulando el proceso no augura nada bueno. The Big One is coming. En la espera, mientras tanto, podemos tratar de consolarnos contemplando el espectáculo. Que además de estar llamado a ofrecer momentos de gloria incuestionables es extraordinariamente interesante desde un punto de vista intelectual y analítico por esa deriva continental que se antoja como imposible de detener y que marca con cierta claridad el camino que vamos a recorrer. ¡A ver si va a ser verdad eso de que los procesos históricos están marcados a fuego en elementos estructurales ingobernables!

Así que, si se trata de pasar el rato, al menos pues mira, algunas ventajas hay. Ya ni hablamos de la prima de riesgo. ¡Como si no hubiera crisis! ¡Si hasta la prensa europea, incluyendo la económica, ha dejado de hablar de la quiebra de España en sentido económico para hablar únicamente de su quiebra como país!