- La Página Definitiva - http://www.lapaginadefinitiva.com -

Los Juegos Olímpicos de Winston Chuches

Está claro que todo lo malo que le pasa a España es culpa del legado de Zapatero. El paro, la crisis de deuda, la recesión, y -sobre todo- los recortes aplicados por el PP [1], son culpa de Zapatero. Ítem más: seguro que también es culpa de Zapatero la sorprendente política de comunicación de Rajoy (esconder la cabeza en un agujero [2]), su modelo de política exterior y de negociación con los socios europeos (esconder la cabeza en un agujero [3]) y su agenda ultraderechista que viene acompasando con los recortes de naturaleza económica, a su vez, cada vez más sesgados hacia un modelo social ultraliberal (pero, por supuesto, con todos los poderosos, y sobre todo los que estén en la órbita del PP [4], con el riñón bien cubierto).

Ahora bien: si todo lo malo es culpa del Gobierno anterior y Rajoy es, al parecer, un señor que pasaba por ahí y que poco puede hacer, dado que todo proviene de “el legado”, habrá que convenir en que también lo bueno, si es que hay algo, será culpa de Zapatero.

Y por eso vencimos brillantemente en la Eurocopa [5], a pesar de que el mejor Ministro de Deportes de la Historia de España, José Luis Rodríguez Zapatero, ya no esté al frente del deporte patrio. Porque las semillas que él plantó durante su mandato continúan floreciendo, y ahí tienen los resultados: dos Eurocopas y un Mundial en cuatro años. Y luego lo demás, lo que no es fútbol y también está por ahí, de vez en cuando, más que nada molestando al personal, pues también iba bastante bien, con una estimable actuación española en los JJOO de Pekín hace cuatro años.

Pero… ¡Ay! Rajoy se las prometía muy felices en los actuales Juegos Olímpicos de Londres, pues creía que seguiría chupando rueda de la virtuosa gestión de Zapatero. Por desgracia, los primeros días de las Olimpiadas ya han dejado muy claro que ese legado acaba de caducar. Ni una mísera medalla, día tras día, hasta que el miércoles, por fin, sacamos una plata en natación (y he de decir que me molestó, y mucho, que la nadadora de marras no fuese una holandesa asimilada, o un hijo de españoles nacido y criado en EEUU que apenas sabe decir una palabra en español), y el jueves un bronce en piragüismo. Dos honradas y esforzadas disciplinas que, afortunadamente, no pertenecen al turbio y absurdo mundo de los deportes que dependen de la puntuación de los jueces (natación sincronizada, gimnasia, judo, salto de trampolín,…), sino de hechos objetivos. O sea: dos medallas “de verdad”. Pero sólo dos. Una debacle en toda regla.

Winston Chuches con la delegación española en los JJOO de Londres

Y no es sólo esto. A estos Juegos España llega sin apenas expectativas en la mayoría de los deportes, salvo los de siempre (la vela y algunos deportes de equipo), además de los deportes en los que sigan apareciendo los mismos deportistas que ya nos dieron alegrías en el pasado (David Cal en remo, el tío de ciclismo de persecución que creo que se retiró ya en Pekín…). Y, además, naturalmente, luego tenemos el espectáculo que nos ha deparado la “Rojita”. Un espectáculo bochornoso, lamentable, sonrojante y… ¡divertidísimo, qué coño! No me dirán Ustedes que no ha sido una maravilla ver a los niñatos de la Rojita chuleándole al árbitro y lloriqueando por un penalty tras perder contra Japón y Honduras. O a Milla fardando en el Marca, antes de los Juegos, y diciendo que el oro, bueno, lo ganamos seguro, pero aún no hay que lanzar las campanas al vuelo. Milla. Uno más de los paniaguados del Madrid colocados por Fernando Hierro en todas y cada una de las categorías inferiores del fútbol español durante su paso por la Federación Española de Fútbol. Milla. “Guardiola Oscuro”, como jugador y ahora como entrenador.

Bravo por la Rojita, que nos ha proporcionado estos grandes momentos de fútbol. Dos derrotas que, unidas al empate en el postrero partido contra Marruecos, ubican a estos chavales de La Rojita en lo más alto de la leyenda negra de la Selección Española, al nivel del Mundial 82 y la despedida de Clemente en Francia 98. Queda claro: con estos chicos, una vez envejezca la generación que nos ha llevado a alcanzar las mayores cotas de gloria (casi las únicas) de nuestra historia, volveremos a donde España acostumbraba: a la mediocridad teñida esporádicamente (cada dos años) de ridículo.

Nos encontramos ya, por fin, en la era de Mariano Rajoy. El legado de Zapatero en los deportes ha finalizado. Y, si ha finalizado en los deportes, … ¿Qué cabe pensar de lo demás? Miren lo que ha pasado hoy: Su Majestad Campechana se ha pegado un costalazo, la bandera de la plaza de Colón se ha desprendido del mástil y la bolsa se hundía al constatar que todo eso del BCE desinflando la prima de riesgo está muy bien, pero que primero hará falta solicitar un segundo rescate, esta vez del país [6] –no de su sector bancario-, por parte de España. Todo en un día. Winston Chuches rules!