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Sangre, sudor… ¡Y chuches!

El PP llegó al poder prometiendo alejarse totalmente de la inoperancia e ineptitud de Zapatero, y la probada incapacidad de los socialistas para gestionar la crisis, que estaba abocando al país a una lenta agonía culminada quién sabe por qué desastres. Con Zapatero, la economía española languidecía, los recortes proliferaban, y la prima de riesgo y el paro subían, implacables, con un goteo quizás lento, pero sostenido. ¡Incluso algunos agoreros hablaban de la posibilidad de una intervención!

Ocho meses después, hay que concluir que, sin ningún género de dudas, el PP ha tenido éxito en su cometido. La lenta agonía se ha visto sustituida por una terapia de shock aún más eficaz, que ya tiene en el zurrón el mérito de un primer crédito en condiciones muy ventajosas para salvar a la banca española [1]. Si de lo que se trataba era de socavar totalmente la credibilidad de la economía española, desde luego es difícil mejorar la prestancia en la materia del PP: nadie se fía de España, nadie cree en España [2]. Y si alguien se fía aún, ya aparecerá el ministro Montoro, por ejemplo, para decir que la economía española es una mierda. ¡Que se jodan los inversores, que además no pensamos pagarles!

Continuos desmentidos, mentiras, medias verdades, irresponsable tacticismo político en momentos cruciales, y grandes dosis de ineptitud que harían palidecer de envidia al mismísimo Zapatero, han conseguido, en meses, aquello para lo que Zapatero estaba tardando años. Con ZP la agonía era inacabable. La prima subía, sí, pero lentamente. Zapatero recortaba con mala cara y como pidiendo perdón. En cambio, ahora… ¡Qué prima más lozana, cómo engorda! ¡Y qué recortes! La hipótesis de la intervención, o de algo peor (la salida del euro, la suspensión de pagos), o de primero una cosa y después la otra, parece ya una posibilidad cercana. El progresivo desmantelamiento del Estado del Bienestar, en cambio, es ya una realidad.

¡Y todo gracias a Rajoy! Bueno, casi todo; Rodrigo Rato y Su Majestad, cada uno aportando su granito de arena, entre muchos otros representantes de nuestra clase dirigente (y, por supuesto, Zapatero y su sucesor, un joven chaval cántabro que apunta maneras), también han ayudado. Pero justo es reconocer que Rajoy, con su indecisión, su afán por dilatar los tiempos, su incomparecencia sistémica y sus caprichitos futbolísticos, merece un lugar de honor.

¿A ver por qué creen que todo el PP, en bloque, le aplaudió cuando anunció la última tanda de recortes? ¡Eso sí que es un discurso churchilliano como Dios manda, a ver quién tiene esos huevazos para largar un discurso en el que dices que harás todo lo contrario de lo que dijiste que harías, y por lo que te pegaste años fustigando a tu antecesor! Y si a los ciudadanos no les gusta… ¡Que se jodan! (En LPD estamos muy contentos por la afortunada confluencia planetaria que llevó al tuitero @manuelribera [3] a proponernos un apodo para Rajoy que pasará a la historia y ya ha llegado a Twitter [4]: “Winston Chuches”).

Winston Chuches en acción

En el PP, que saben ver la llamada de la oportunidad, aplaudieron porque son conscientes de que no todo el mundo es igual; que los políticos no son irrelevantes; que la política importa. Ahí tienen, por ejemplo, a Monti, ese gris tecnócrata italiano, y sus ministros llorones. No tiene el pulso político, español, el orgullo de la raza que caracteriza a los dirigentes del PP, y eso pasa factura. Al llegar Rajoy a La Moncloa, Italia llevaba 200 puntos de ventaja a España en prima de riesgo. Apenas ocho meses después… ¡Zas! ¡Vuelco sorprendente [5]! ¡Sorpasso! ¡Campeones! ¡Que se joda Italia también!

Aunque tal vez los aplausos y ese “¡Que se jodan!” tan sentido tuvieran un significado más profundo aún. El del reconocimiento de los diputados del PP a los denodados esfuerzos de su jefe por recortarlo absolutamente todo… Excepto lo que a ellos les interesa, es decir: sus canonjías, puestos –chollo de designación directa en las administraciones públicas que controlan (que son casi todas), sillones en empresas públicas y demás residuos purulentos de décadas de descontrol, impunidad e hipertrofia, no del sector público, sino de los que se lo han apropiado para sí.

Rajoy lo tiene claro: para ellos la sangre y el sudor, y para nosotros los golosos chuches. Y por si quedara alguna duda, allá va un dato, uno más: Rajoy, la vicepresidenta Sáenz de Santamaría y todos los ministros que son también diputados continúan percibiendo una dieta de “alojamiento y manutención”, que oscila entre los 870 y 1800 € mensuales, según sean o no diputados por Madrid [6]. Y Ustedes dirán: ¿pero para qué quiere Winston Chuches esos 870 € mensuales, si vive en el palacio de La Moncloa y tiene absolutamente todos sus gastos pagados? ¡Joder, qué cortedad de miras! ¿Pero es que no se dan cuenta de que Winston Chuches tiene que pagar los chuches de alguna forma? ¡Con lo caros que se han puesto ahora tras la subida del IVA decretada por Winston Chuches!

Mientras sigue la juerga, retumba cada vez con mayor insistencia el rumor de fondo de que a Rajoy le quedan dos telediarios. El rescate de España se da por supuesto y ha quedado sobradamente demostrado, a ojos de todo el mundo, que Winston Chuches es un incompetente. Y que, aunque por supuesto que él hará lo que le manden en todo momento con tal de seguir obteniendo los chuches del cargo (que si las dietas, que si el sueldo, que si el sillón futuro en alguna empresa española, que si colocar asesores, que si tener camisetas firmadas de La Roja y regalárselas a los secretarios de Estado [7], …), el problema es que no sabe hacerlo. Comienzan a proliferar nombres, o perfiles: que si Piqué [8], que si alguien nombrado por Aznar [9], que si un tecnócrata del gusto de Aznar, … En LPD, a pesar de todo, seguimos confiando en Rajoy y su mítica capacidad para aferrarse al sillón. ¡Buenos somos nosotros para perder a un presidente que puede darnos años de “Winston Chuches”!