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Juego de Bonos

Anda Guillermo muy empeñado en que La Página Definitiva complete su ya famoso análisis de la teleserie Juego de Tronos [1] con un artículo dedicado a otro de esos ámbitos en los que no hay dragones ni brujería, ni enanos ni nada: los mercados de deuda pública y la presión sobre el bono español. Mi tendencia a la pereza me hizo, cual Mariano Rajoy, pretender posponer el encargo. Joder, Guillermo, espera a que España viva el rescate como inminente, allá cuando además nos eliminen en la Eurocopa y el país caiga en la depresión colectiva… para a continuación largarnos de vacaciones y ya veremos en septiembre qué pasa. Pero la realidad ha conspirado contra mí, los mercados contra España y los electores griegos contra Mariano Rajoy, con lo que apenas dos días después parece que sí, que hay que hablar de la titánica lucha entre el Bien y el Mal que estamos contemplando. Un Juego de Bonos donde, salga lo que salga, siempre gana ZP, que en un mundo de espada y brujería sin superpoderes ni nada sobrenatural o artificial es lo más parecido a un monstruo de dimensiones míticas: él solito, en unos años, se ha cargado España, Grecia, el euro, todo gobierno europeo que se ha pretendido presentar a la reelección (con las notables elecciones de los de muchas Comunidades Autónomas españolas) y, para rematar, el matrimonio decente y de bien.

Como es tradición de esta página abundar todo lo que se pueda en el #yoyalodije, pues a fin de cuentas ahorra trabajo y acaricia el ego, toca en este punto remitirnos a algo escrito hace ya casi un año cuando hablábamos de los cabrones de los alemanes, entonces acusados, ya desde hacía tiempo, de “no rescatarnos” y, a la vez, de “pretender rescatarnos e imponernos políticas de ajuste”. Una esquizofrenia que, afortunadamente, ha menguado con el tiempo. Las cosas, que se están poniendo definitivamente tan chungas como desde hace años se intuía, y la cosa lleva ya tanto tiempo que incluso los Ministros del Gobierno de España (y a lo mejor incluso alguien en el Banco de España) han provocado que, más o menos, se empiece a intuir lo que ocurre. A entender que los alemanes están enfrentados a un dilema que no es de espada y brujería, sino de un materialismo rampante y descorazonador [2]: la bromita de Grecia y el resto de países mediterráneos, incluyendo a Francia, por cierto, ¿por cuánto nos va a salir? Y, hechos más o menos los números, ¿compensa pagar por mantener el lujillo de una zona monetaria unida y tal?

A fin de cuentas, una vez sumidos (y a creciente velocidad) en esta espiral de deuda, decrecimiento, paro y abatimiento está más o menos claro que cualquier salida al desastre de la zona euro se agrupa en uno de estos dos grandes grupos:

– destrucción del euro (en mayor o menor medida, esto es, dependiendo de cuántos países lo abandonen… o se vean “invitados” a abandonarlo), lo que permitirá a cada cual ir a su bola (los unos, devaluar y ofrecer cubatas y ladrillo residencial, o lo que sea que fundamente su economía, a precios más competitivos… e incluso, en el caso de que se atrevan, negarse a pagar la deuda y decir que ponen el contador a cero… y así seguiría un tiempo, claro, mientras nadie les comprara demasiada deuda; los otros, librarse de la inestabilidad y problemas que causan esos periféricos derrochadores);

– que los ricos pongan (más) pasta para ayudar a salir del agujero (lo cual se puede hacer de muchas formas, desde monetarizando deuda e imprimiendo billetitos -dándolo a un click, más bien- a emitiendo eurobonos, a meter pasta del BCE e inyectar liquidez, etc. pero todo viene a ser lo mismo, es sólo cuestión de grado).

El Juego de Bonos no es un juego moral, ni de buenos y malos. Los ricos, que ya están metiendo pasta (hasta cierto punto) y que van a tener que arrimar el hombro más, lo hacen única y exclusivamente si piensan que les compensa. Está claro que tener un mercado común como la UE y más todavía como es la zona euro mola mucho para economías como la alemana, muy exportadora, o como la holandesa, con sus especialidades como paraíso fiscal honorable y encauzador de flujos de capitales -circulen, circulen, aquí no hay nada que ver-, por mencionar dos ejemplos. La cuestión es cuánto compensa el tema. Y, añadiendo los costes políticos (o las ganancias en términos de poder y geoestrategia), a partir de qué momento deja de ser un negocio interesante seguir financiando el chiringuito actual. Quienes no entiendan de qué va el asunto sólo han de pensar, por poner un ejemplo muy sencillo, si en estos momentos de crisis y problemas económicos aceptarían de buen grado una subida de impuestos para meter dinero para pagar los intereses de la deuda griega. La respuesta es bastante obvia. Ciertos sacrificios se hacen bien porque te conviene (la actual UE), bien porque te obligan (militarmente, suele ser el caso), bien por “patriotismo” cuando  hay una idea unitaria que permite apelar a la Justicia y no al Mercado para actuar (y aquí, por cierto, pueden probar a “jugar” a los bonos intraespañoles y meter en la casilla que prefieran las transferencias fiscales que se hacen desde unas regiones de España a otras y entender las razones por las que tienen cada vez más cabreada a más gente).

Obviamente, una vez establecidas las condiciones de la partida, cada jugador ha de tratar de maximizar el beneficio con las fichas que tiene y su posición en el tablero. Así, desde una perspectiva alemana, que es la que más importa a estas alturas, en un mundo ideal ellos querrían que la zona euro se conservara como tal y sin demasiadas turbulencias ni problemas. Pero, como es obvio, lógico y natural, no están dispuestos a pagar la millonada que eso requeriría. Así, han puesto el dinero poco a poco, a medida que la situación se deterioraba. Y de esta manera han conseguido “más” (cesiones políticas y de soberanía) de los receptores con “menos” (pasta e implicación). Que esta táctica nos pueda llevar a todos al colapso y sea vista como algo antipática no deja de ser inevitable. Pero la táctica en sí misma también lo es. Los alemanes, por la vía de intervenciones al límite, pueden imponer medidas de política económica impensables, incluso en el contexto actual, de otro modo. Y que de ninguna manera los Estados que reciben la ayuda están, por el momento, dispuestos a asumir a cambio, por ejemplo, de los famosos “eurobonos”.

Obviamente, en estos términos, una aparente salida sería que los Estados del sur estuvieran dispuestos a ceder todo lo que cederían en caso de intervenciones a cambio de eurobonos, inyecciones masivas de liquidez y demás. Pero no parece la cosa madura (todavía) para algo así.Y por “madura” ha de entenderse, como es evidente a estas alturas, que el incendio empiece a abrasar también a los centroeuropeos. De modo que en Alemania van poco a poco. De momento están resolviendo el tema griego y decidiendo si los dejan caer ya, si el cortafuegos que llevan 2 años instalando para aislar a su banca y a su economía de la debacle que supone la salida de un miembro de la moneda única y el impago de la deuda que tiene con ellos es suficiente y se puede dejar que, como fruta madura, sean los propios griegos los que digan que no quieren más Europa unida y que les conviene más ir por su cuenta. Eso les tiene ocupados. Como es táctica de muchos jugadores en el Juego de Bonos, van paso a paso. Uno a uno. Lean la prensa Alemania de hoy. En sus portadas, en toda la extensión y longitud de las ediciones digitales en Internet, hay entre 0 y 1 menciones a España (y la mención es porque un corredor español ha ganado una etapa del Giro, o algo así). El problema, de momento, es Grecia. Luego pasaremos al siguiente estadio del Juego. Mientras tanto, por aquí, a sufrir. Y a ver cuándo se resuelve la salida de los griegos, y a esperar que sea ordenadita. Luego ya nos tocará a los siguientes. Y si se pone muy malita la cosa, que va a ser que sí, pues entonces, a lo mejor, hasta vemos una “profundización federal” en el diseño de la UE. Vamos, que nos manden más y con más intensidad desde Centroeuropa. O si no, simplemente, el cierre del chiringuito.

Inevitablemente, además, la estabilidad por la que aquí se suplica, traducida materialistamente en dinero de Centroeuropa, llegará, cuando llegue, en contrapartida a los famosos sacrificios, que ya estamos más o menos adelantando. Que si armonizar impuestos, que si hacer los deberes de una severa “consolidación fiscal” (que es la expresión de moda para hablar de tijeretazos y más tijeretazos) que trate de borrar algunos de los efectos de la borrachera del ladrillo, etc. Esas cosas. Que el Gobierno de España siga a estas alturas afirmando que no cogimos una coroza del copón en la burbuja ladrillil y que no entendemos por qué en el alcoholímetro nos salimos del medidor pues apenas nos tomamos un par de cervezas con los amigos y eso, obviamente, no ayuda en exceso. Son 5 años y contando de negación ante la Autoridad. ¡Ni un gin-tonic! ¡Ni una hipoteca-basura! ¡Ni un crédito a promotores dudoso! De forma que la “consolidación” a nuestra manera consiste, de momento, en tajos (especialmente en Educación y Sanidad, oiga, que por lo visto son las excrecencias de un modelo que de cara al futuro entiende que no se necesita formación ni nada de eso) y en pedir esfuerzos a los ciudadanos. Todo sea por la Patria y su salvación, por seguir en Europa. Con los añadidos tradicionales, ya puestos, al uso. Ya sabe: esto lo arreglamos entre todos o nuevas campañas con famosos en televisión para darnos palmaditas en el hombre. Que continúe la juerga, que continúe el Juego de Bonos: