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Con ZP el Poderoso no habría pasado esto

El Gobierno Rajoy está marcando auténticos hitos en sus primeros meses de ejecutoria. Uno de ellos, en absoluto el menor, es que ha conseguido algo totalmente insólito: que haya gente que ya eche en falta al ex presidente Rodríguez Zapatero. No hay muchos sobre la faz de la Tierra que puedan lograr algo así, y justo es reconocérselo a Rajoy como una de sus realizaciones más difíciles y de mayor mérito. Al César lo que es del César.

Estaba claro que Rajoy iba a dar menos explicaciones que ZP (aunque quizás no lo estaba que sólo daría explicaciones en actos de su partido). Los que nunca nos llamamos a engaño respecto de lo que cabe esperar del PP y su visión de los medios públicos teníamos claro que les faltaría tiempo para cargarse el principal legado de Zapatero [1]: TVE. Pero lo que jamás podíamos imaginarnos es que echaríamos en falta a Rodríguez Zapatero… ¡Por su firmeza!

Por ejemplo: ¿alguien se imagina a Zapatero acercando a los presos de ETA? ¡Pues aquí tienen a este Gobierno traidor, a este Gobierno antiespañol y separatista, a este Gobierno que ha hecho de la amistad con el terrorismo un modo de vida, acercando a los presos al País Vasco! ¿Pero esto qué es? ¿No habíamos quedado en que al terrorismo, ni agua? ¿Que el PP sólo esperaba una nota de disolución de la ETA? ¿Para esto se rindió la ETA ante ZP, el Firme [2]? ¿Para que luego sea Rajoy el que se rinda a la ETA?

Luego están, naturalmente, los éxitos de la gestión de Zapatero como Ministro de Deportes: una Eurocopa, un Mundial [3], tres Copas de Europa del Barcelona, incontables Tours sanísimos, naturales, de Alberto Contador [4]… Con Zapatero, España mandaba en el deporte, los deportistas llegaban a lo más alto, y aquí no nos tosía ni Dios. Ni siquiera los franceses se atrevían a decir demasiado alto que había gato encerrado. Pero ha sido llegar Rajoy y que todo se desmorone: que si Contador se dopa y le birlamos los Tours (el propio ZP tuvo que salir a la palestra en Marca para defenderle [5], con todo su poder y prestigio internacional, mientras que Rajoy, como siempre, se escondía); que si el Barça y el Madrid son ignominiosamente eliminados en semifinales [6]; que si comienza a decirse por ahí que en la Liga española se amañan partidos; … ¡Este tío de la barba logrará incluso hacernos perder la Eurocopa!

También cabría hacer mención a la firmeza con la que este Gobierno de proetarras está llevando los recortes económicos. Ni siquiera entraré a valorar si las medidas adoptadas por el Gobierno son útiles o contraproducentes: la cuestión es que las toman porque les vienen dictadas desde Alemania. Y, sobre todo, la cuestión es cómo las adoptan. Baja cinco puntos la Bolsa y a Rajoy le entra el pánico, envía una nota de prensa y te recorta 10.000 millones. Rebajan la calificación de la deuda y presentamos el penúltimo incumplimiento electoral en el Viernes de Terror del Consejo de Ministros. Sube la prima de riesgo y al Gobierno le falta tiempo para salir a la palestra y anunciar más y más y más recortes. Esto no es un plan, es poner parches sobre la marcha [7]. Y no es que Zapatero difiriese mucho en este particular, pero, con aquello de que ya se iba, al menos evitó hacer las mayores barbaridades para que se las tuviese que comer el PP. Lo cual nos sirve para abundar en lo mismo: ¡ZP sí que sabía torear a Merkel! ¡ZP, con convicciones!

Y luego está, naturalmente, el rutilante éxito de la gestión de Rajoy en Asuntos Exteriores, por contraste con la irrelevancia en que nos había metido Zapatero. Hace dos semanas, Argentina se rió en la cara del Gobierno español expropiándole YPF a Repsol [8]. El Gobierno español, por boca de su inefable ministro de Industria, José Manuel Soria, anunció “graves consecuencias”. Y, como ya es sabido que este Gobierno si algo tiene es honor, y que lo que dice, lo cumple, allá van las terroríficas represalias que se han adoptado contra Argentina: ¡España reducirá las importaciones de biodiésel argentino! ¡Oh, no! Las cosas se han puesto tan difíciles en Argentina que incluso cabe la posibilidad de que alguien muera como consecuencia de estas medidas (que muera… de la risa, naturalmente).

Visto lo visto, y como cabría esperar, otros países se han unido a la fiesta. El siguiente ha sido Bolivia, que anunció la expropiación de la filial de Red Eléctrica Española en ese país (REE compró las acciones de dicha filial hace diez años, también en la época de los grandes designios imperiales aznaristas). ¡Y todo por no nombrar finalmente al marido de Cospedal como miembro del consejo de administración de REE [9], que seguro que él lo habría parado!

El Gobierno boliviano se ha manejado en esto de forma mucho menos agresiva y hostil que Argentina, es cierto (¡incluso afirman que pagarán por la expropiación!). También es verdad que se trata de un país de mucho menos peso que Argentina, en población y en PIB. Y, sobre todo, que por muchas caras de “aquí no ha pasao ná” que haga el Gobierno español, está muy claro de dónde vienen estos tan repentinos tambores de expropiación. Como cuando los maromos de turno detectan en una discoteca que hay una mujer particularmente alcoholizada, casi inconsciente, y se lanzan en masa a por ella, la debilidad española es un acicate evidente para aprovecharse de ella desde todos los puntos de vista: con declaraciones, con expropiaciones, u obligando a recortarlo todo, no vaya a ser que España tampoco pueda pagar su deuda.

Y aquí entra no sólo la debilidad económica española, sino también su imagen exterior y su comportamiento con otros países, en especial países con los que tenemos un vínculo equívoco: mismo idioma, relaciones convulsas como corresponde a una antigua metrópoli venida a menos y a sus ex colonias. Y aquí, el enfoque de ZP parece mucho más inteligente que el que en su momento aplicó Aznar y que parece seguir Rajoy ahora (aunque con Bolivia se ha moderado bastante, desautorizando la reacción inicial del embajador español en Bolivia).

Con ZP todo eran risas: "¡Evo, dame un jersey igual y me lo pongo también, qué coño!"

Conviene recordarlo de vez en cuando: España no es EEUU. No es una superpotencia. Ni siquiera es una potencia regional. España es un país medio, con bases industriales y financieras poco sólidas, que vive del turismo. No somos Alemania, ni Francia, ni Gran Bretaña. Como mucho, podemos aspirar a ser Italia. Es lo que hay. En la acción exterior, España tiene algo que decir fundamentalmente en su relación con Latinoamérica, por sus obvios vínculos culturales y lingüísticos. Pero esta vinculación nunca puede darse en los términos surrealistas en que se produjo en los años de Aznar o en los términos que propone, por poner un ejemplo de medio de comunicación reaccionario con delirios imperiales, el diario El País.

La chulería, el afán por dar lecciones, las intromisiones en la política de otros países, están de más tratándose de España. Realmente, no se nos ha perdido nada en Latinoamérica en términos políticos, y debería darnos bastante igual si hay una revolución chavista en medio continente. No es nuestro problema. Si los líderes de la zona nos parecen impresentables, lo que hay que hacer es adaptarse a ello. Si además es verdad que son impresentables, adaptarnos nos resultará, en tanto españoles, muy fácil. Esto es algo que ZP siempre entendió bastante bien: no fue por la vida de matón en su relación con estos países, sonrió mucho y las cosas, en líneas generales, funcionaron bien.

El aznarismo, en cambio, resultó tan insoportable para esta gente como para cualquiera que tuviera que relacionarse con Aznar, y respecto del cual Aznar pensase que estaba por debajo de él. En ese caso, el mismo Aznar de natural Lacayazo con el poderoso se transmutaba en un chulopiscinas sobrevenido que miraba por encima del hombro a los demás, con la ridícula actitud del palurdo de pueblo que se cree muy importante porque se ha sacado medio millón de euros en la recalificación urbanística del campo de patatas de sus abuelos. Pero en los años de Aznar la economía española iba tan bien como hundida estaba en Latinoamérica, y no tuvieron más remedio que hacer de tripas corazón. En esta época de debilidad, en cambio, las actitudes chulescas, si no se pueden respaldar con hechos (y el Gobierno español ya ha dejado muy claro que, en efecto, no puede), pasan factura.