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Chapuzas y parches para cumplir con el déficit

Está claro que ser español es lo más grande que hay en este mundo. Por otra parte, uno le echa un vistazo a España y la cosa cabrea en el mismo grado en que aterroriza. Con la prima de riesgo por las nubes y la Bolsa hundida; con la credibilidad del país en el fango, con Argentina riéndose en nuestra cara [1] y los países europeos asegurando que no, que ellos no son España [2]; con el PP gobernando a golpe de decreto ley [3], adoptando medidas sobre la marcha, y enviando señales muy preocupantes a los ciudadanos, la cosa está como para que aparezca Contador [4] y te diga esa gigantesca ridiculez de “Soy español: ¿a qué quieres que te gane?”.

Uno podría pensar, maquiavélicamente, que la estrategia del Gobierno de adoptar un sinfín de medidas durísimas, que afectan a la mayor parte de la población de muy diversas formas, obedece a un plan prediseñado: agolpar todas las barbaridades al principio del mandato, cuando queda mucho camino por recorrer y existe margen de maniobra más que suficiente para enjugar las inevitables pérdidas electorales, debidas no sólo a los recortes en sí, sino a que la mayoría de ellos fueron previamente negados por el Gobierno. Además, el Gobierno está aprovechando el ritmo frenético de adopción de medidas en este tramo inicial de la legislatura para “colar” también la agenda del PP de toda la vida: su agenda represiva – penal para contener a lo bestia cualquier conato de protesta y su obsesión por controlar, de manera tan evidente como zafia y mezquina, los medios de comunicación a su servicio, que son casi todos los medios públicos y muchos de los privados.

Podríamos creernos que aquí hay orquestado un siniestro plan de actuación de no ser por la evidente imagen de descontrol y falta de seriedad que, desde un principio, ha dado el Gobierno del PP, que parece salido de la fértil mente del mismísimo Rodríguez Zapatero. El Gobierno toma medidas en el día a día que anuncia con una nota de prensa o tuiteando decretos – ley, pero la cuestión es por qué desarrolla estos decretos. ¿Se debe a que, más o menos, lo tenía previsto, o más bien a que la coyuntura del día a día le obliga a improvisar? ¿A sacar unos cuartos de aquí, otros de allá, y así ir tapando los agujeros más perentorios?

Las reformas que está adoptando el Gobierno no son tales. No cambian nada estructural; no han atacado a la raíz del problema (toda la porquería invendible e impagable que tiene hipotecados a los bancos y al público, e impide que fluya el crédito). El único cambio realmente estructural que se ha llevado a cabo hasta la fecha ha sido la reforma laboral, que quizás sea el único que ofrezca algún resultado (a base de crear mierdaempleos que sirvan, fundamentalmente, para echar a andar la recuperación estadística del paro). Todo lo demás: impuestos, recortes aquí y allá, aumento de tasas, de horarios, despido de interinos, … Son medidas coyunturales para sacar pasta de donde sea, y lo más rápidamente que sea posible. Medidas que difícilmente servirán para acelerar la recuperación, sino más bien al contrario.

Casi lo único que le ha salido bien a Rajoy en estos meses ha sido la negociación de la cifra de déficit. Al llegar al Gobierno, el PP reveló que el déficit era del 8,5%, mucho más que el 6% previsto. Este aumento inesperado sirvió, en última instancia, para que el déficit que finalmente se comprometió a cumplir España fuese del 5,3%, casi un punto más del que exigía Alemania. Surgieron dudas (aireadas por la agencia Reuters) respecto de si ese 8,5% era una cifra real o maquillada por el Gobierno para hacer trampas al póker con Bruselas, pero finalmente Eurostat ha validado la cifra de déficit (así que los que en su momento nos lo creímos [5] nos la envainamos ya mismo).

El problema económico es muy grave, pero no es, ni mucho menos, el único que tiene el PP sobre la mesa. Tiene un problema en el exterior, donde, tras el primer arranque chulesco “quien toque a Repsol se va a enterar”, las gravísimas consecuencias que iba a padecer Argentina y su robo a un ladrón se están convirtiendo, a marchas forzadas, en un “anda, dame argo, payo” de Repsol y el Gobierno, mientras en Argentina, con ese pétreo rostro de trilero que sólo la genética hispánica puede proporcionar, comienzan a aclarar que no tienen intención de pagar nada [6]. Si sacas músculo, ha de ser porque puedas permitirte usarlo.

El Gobierno tiene también un problema con el independentismo, que sube en Cataluña (espoleado a lomos de la crisis y el enorme déficit fiscal) y en el País Vasco que da gusto. Tiene un problema muy serio de credibilidad: el déficit es casi lo único con lo que no ha mentido Rajoy, que sí lo hizo con impuestos, sanidad, educación, … Por no hablar de que los meses pasan y no parece que la mera llegada del PP haya generado un tsunami virtuoso de creación de empleo y confianza de los mercados.

Y tiene un problema de conflictividad social evidente que en cualquier momento, mientras las cosas no mejoren (y parece que no mejorarán en al menos un año y medio, según dice el propio Gobierno, que fía los brotes verdes a mediados de 2013 [7]) puede desembocar en violencia. Un problema que no sólo es de paro, sino de fractura social: el Gobierno está siendo fuerte con el débil y débil con el fuerte. Sus medidas recaudatorias y de ahorro están llegando a casi todos los ciudadanos; pero, con la excepción de la subida del IRPF, son medidas que afectan más al “eslabón débil”: a los interinos, a los jubilados, a los que tienen contratos eventuales, a los jóvenes, … Mientras protegen a una minoría social cada vez más encastillada en sus privilegios [8].

El Gobierno, por último, tiene un problema de desgaste electoral que puede ser mayor, y más veloz, de lo esperado. Evidenciado inicialmente con el fracaso en Andalucía [9] y las primeras encuestas que desvelan un desgaste de ocho puntos, hasta el 38% [10]; una cifra parecida a la de 2004, aunque con el consuelo de que las del PSOE son casi ridículas: un 23%. ¡En cualquier momento IU y su 11,5%, con un empujoncillo más, te montan un sorpasso a la griega que da gusto! ¡Cayo Lara, referente de la izquierda! ¡El Lacayazo habría superado al maestro Rubalcaba [11]!

La única ventaja del PP es que, en principio, el horizonte electoral está despejado. Pero es tan profunda la crisis, y tan remota una recuperación que ni se atisba, que no resulta aventurado decir que, en 2013, vistos los datos de paro y las encuestas, el PP puede perder Galicia, y en 2014 llevarse una yoyah particularmente dolorosa en las Elecciones Europeas (en el supuesto de que España siga formando parte de la UE, o que ésta exista en los términos actuales). Cuatro años son muchos, pero los milagros económicos no salen de la nada. Y menos en un contexto en el que cada vez resulta menos creíble que España cumpla el objetivo del déficit, e incluso las mismas recetas germánicas para combatir la crisis (el mamporrero mayor de Alemania, el gobierno holandés, acaba de estrellarse contra su propio objetivo de recortar el déficit al 3%, delineado con devoción fanática por la disciplina).

¡Se nos ha olvidado mencionar el papel del Monarca en todo esto! Lo sentimos mucho, no volverá a ocurrir