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Operación Principito

Un fantasma recorre España: el fantasma de las críticas al juancarlismo desde el propio juancarlismo. ¡Campechano se ha pasado de campechano! Y eso que ya ha dicho que lo siente mucho, y ha prometido que no lo volverá a hacer [1]. ¿Qué más queréis? ¿Tendremos que hacer otro editorial conjunto [2]? Las críticas al Monarca menudean más y más y más en los medios de comunicación, por parte de afamados tertulianos, de cabeceras históricamente acunadas en los amorosos brazos de la campechanía monárquica, e incluso de algún que otro dirigente político. La cosa comienza a estar clara: el poder español ha olido sangre y, por si acaso, comienza a posicionarse para lo que está por llegar; para seguir mandando con Felipito. ¡La Hermandad Campechana se revuelve contra su líder [3]!

Como dictan los cánones de este tipo de organizaciones, los aduladores de Campechano, que han sostenido durante décadas el chiringuito de su reputación inmaculada y el cordón sanitario con la monarquía, se han puesto de los nervios ante los primeros síntomas de debilidad. Con ello, han comenzado a mover la maquinaria de las profecías autocumplidas: a fuerza de creer en la abdicación, con un poco de suerte acabarán provocándola. A fuerza de buscar la abdicación como remedio para conjurar la III República, quizás, vete tú a saber…

No es un sombrero: ¡Es la boa juancarlista comiéndose al elefante Campechano en pro de un nuevo reparto de chollos con el Principito!

La virulencia y alcance de la operación ha sorprendido a LPD, el único medio de comunicación de España que lleva desde 2000 señalando que Campechano estaba desnudo. No hablamos, por supuesto, de los que paulatinamente se han venido subiendo al carro de LPD estos años y ahora piden la República. Hablamos de los que, desde la derecha y (sobre todo, por llamativo) desde la “izquierda” (o desde ahí dicen ellos que hablan), se han lanzado estos días, por primera vez, a criticar al Monarca. Por lo que dicen los que ahora le critican y piden su abdicación, y por quiénes son. ¡Pero si incluso se han colado críticas en El País, por el amor de Dios! ¡En El País!

Las críticas se establecen a varios niveles. No es lo mismo la crítica contundente de un Zarzalejos [4] o un Gabilondo [5] que los argumentos típicamente buenistas de “el Rey es excelente, pero… ¡Felipito es incluso mejor!”. Y capítulo aparte merecen críticas devastadoras de algunas de nuestras más privilegiadas plumas, tan elevadas en lo intelectual y moral como comprometidas en lo político. Hablamos, cómo no, de Rosa Montero [6], que ayer le dedicó al asunto uno de sus precisos e incisivos análisis a los que nos tiene acostumbrados [7]:

Siempre pensé que tanto la monarquía constitucional como el sistema presidencial tienen sus pros y sus contras. Pero desde que he visto las fotos del Rey (…) me ha entrado un frenesí republicano (…) Me gusta el animalismo de la Reina y el Príncipe Felipe me cae bien. La crisis arrecia y tal vez no sea el momento de cambiar el sistema. Pero sí podemos cambiar a este Borbón: que se vaya.

Parece que la Operación Principito, las prisas por provocar la abdicación del Monarca para salvaguardar los chollos que muchos han cultivado a su sombra estos años, está en marcha. ¡Cuán desagradecida es España! ¿Tendrá que ser LPD la que les recuerde a todos ellos los méritos que alumbran la trayectoria de Campechano a lo largo de estas décadas, según ellos mismos nos contaron [8]? Pues si ha de hacerse, lo haremos: ¿acaso hemos olvidado ya que Campechano, con sus propias manos, sucedió al Caudillo del sillón en el que el propio Caudillo le había designado para sucederle y nos trajo la democracia? ¿Que volvió a salvarnos a todos años después, parando sin vacilar el Golpe de Estado que su propio entorno había perpetrado? ¿Que generó en torno a sí una clase de emprendedores que desarrollaron una economía moderna en España según el principio de autoridad moral? (Sobre esto, véase Urdangarín [9]. O Mario Conde [10]. O Javier de la Rosa. O Manuel Prado y Colón de Carvajal [11]. O los Albertos). ¿Que ha sido siempre un factor moderador y un ejemplo para todos nosotros, como es notorio a la vista de lo sucedido en la última semana?

Pues todos estos servicios, esta hoja plagada de méritos y realizaciones, está siendo malbaratada por, como decía el editorial de El País de este domingo, un mero percance real [12]. ¿Tendremos que recordar, junto a todo lo anterior, que el Rey es nuestro mejor embajador en el extranjero? ¿Que abre puertas por el bien de España? ¿Acaso alguien puede reprocharle que, a cambio de esos servicios, los amigos que ha hecho el Rey en países aliados (cuando no nos tiran aviones a la cabeza), ejemplo para todos en materia de derechos humanos, como Arabia Saudí, le paguen una pequeña gratificación [13]?

Sin el Rey, no es sólo que Argentina nos hubiera robado YPF [14]. Es que, además, habría conquistado Ceuta y Melilla sólo para dárselas a Marruecos. Con el Rey, en cambio, Rajoy puede amenazar a Argentina con… ¡Aguantar la respiraxión si no se pliegan a sus deseos!

Enviamos al Principito a negociar con Kirchner y ya ven lo que ha pasado

Aún es pronto para saber si la abdicación se convierte en realidad (Campechano ya se ha apresurado a decir que lo siente mucho y que no lo volverá a hacer); pero, desde luego, hay una operación en marcha (seguro que para salvarnos, como la de la Transición, y urdida por los mismos de entonces, salvando las distancias). Una operación que tiene por objeto sustituir a Campechano por el Principito lo antes posible; antes de que, como piensan ellos, la cosa se les vaya aún más de las manos y el propio “hecho sucesorio” comience a ponerse en duda. Es decir: los biempensantes piden abdicación hoy para evitarse la República mañana. Está ocurriendo lo nunca visto: ¡Al Rey le quieren borbonear! ¡A él! ¡Borboning in your face!

Se supone que el Principito tiene la ventaja de que no está imputado por corrupción (como uno de sus cuñados, en un caso estrechamente ligado con la esposa del interfecto), ni se dedica a irse de caza mayor con supuestas amantes para dar ejemplo (como su padre), ni está divorciado de un individuo que se dedica a disparar con su hijo de trece años (como su otra hermana). Y ello le convierte, sin duda, en compendio de todas las virtudes: ¡El Príncipe no mata ni roba! ¡Viva el Príncipe!

En opinión voluntarista de LPD, la abdicación sería un grave error. En primer lugar, porque el Principito no es –ni de lejos- campechano. Todo lo que sabemos de él nos muestra a un individuo prepotente, chulesco, con tendencia a dejar claro lo mucho que manda y lo que le molesta tener que aguantar a la plebe. En segundo lugar, porque ya sabemos que Campechano nos ha salvado estos años de prácticamente todo, salvo de una invasión extraterrestre (y porque no se ha dado el caso, que si se pone abate a los extraterrestres como piezas de caza mayor y aborta la invasión en un par de semanas). Pero… ¿Cuáles son los méritos, exactamente, que concurren en el Principito, según el propio relato que los “Juancarlistas” han elaborado trabajosamente estos años para justificar la figura del Monarca? Y por último (y sobre todo): los poderes público – económicos que rigen el tinglado no pueden dar síntomas de debilidad. Esto se sostiene, contra toda evidencia, merced al poderoso argumento de “esto es lo que hay”, “no hay otra”, como mucho complementado por un oportuno “no es el momento de abrir este debate” (y no lo es desde 1975). Si abres el melón, la cosa te puede estallar en la cara. Echar a Campechano para meter al Principito viene a ser como permitir la entrada de la familia Eskenazy en Repsol. Abdicación para hoy, República para mañana.

Desde LPD sólo podemos, por tanto, felicitar a los que, desde la Monarquía, no cesan de trabajar en pro de la causa republicana. Sugerimos, a lo sumo, que, como emocionado recuerdo al forjador del actual sistema, a Campechano le envíen su abdicación a través de un motorista de El Pardo.