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RIPSOL – YPF: España entra en el rincón de la Historia por la puerta grande

Apenas dos días después de que el ministro Soria (¡póngase bigote de nuevo de una vez, señor Ministro!) nos trasladase la idea de que, al final, los argentinos no tenían ni media hostia y se habían achantado, como dejaba claro la portada del Mortadelo del sábado [1], la presidenta de Argentina, en un discurso que demuestra el estado de salud del peronismo, más populista y chabacano que nunca, ha anunciado la expropiación de YPF.

YPF fue comprada por Repsol a finales de los años 90, a un precio indudablemente muy barato. La situación era muy distinta: Argentina, en los años finales de Carlos Menem, lo privatizaba todo a precio de saldo. Las grandes empresas españolas, en pleno proceso de privatización y con el dinero fresco que sólo un monopolio de décadas puede proporcionar, se lanzaron a comprar. En el caso de YPF, como la propia prensa española supo reconocer sin rubor en 1999, la cosa fue un chollito, puesto a tiro por el fervor privatizador de Menem. Y tenía una ventaja muy importante: ¡por fin la principal petrolera española iba a tener petróleo! (puesto que, hasta entonces, Repsol se limitaba, fundamentalmente, a comprar y distribuir el petróleo de otros).

Diez años después, Argentina ha decidido recuperar YPF. De mala manera, con argumentos demagógicos que ignoran que fue el propio Gobierno argentino el que decidió malvender YPF en su momento. Las alusiones a las corruptelas y el ventajismo con el que operó Repsol para hacerse con esa perita en dulce también tienden a ignorar que, al fin y al cabo, fueron los propios dirigentes argentinos los que decidieron lucrarse a costa de los recursos públicos (una práctica en la que Argentina no tiene nada que envidiar a España).

Sin embargo, todo lo anterior no debe hacernos olvidar que Argentina tiene perfecto derecho a nacionalizar YPF, siempre y cuando pague un precio razonable por las acciones. Que es evidente que el petróleo es un bien de valor estratégico para cualquier país (y la prueba de ello es que ni siquiera los demás países latinoamericanos de entidad, como Venezuela, Brasil o México, soltaron sus monopolios ni en sus momentos más delicados; sólo en Argentina alcanzaron ese nivel de esperpento); sobre todo, ahora que vale seis veces más que en 1999. Y que, por supuesto, es evidente que jode que a uno le quiten un chollito tras disfrutarlo estos años; pero toca mucho las narices que al Gobierno español le indignen mucho más las dificultades de una empresa privada de raigambre española en una ex colonia que las patadas en los huevos que diariamente le propinan instituciones económicas, partidos políticos y medios de comunicación occidentales.

Por supuesto, la nacionalización tendrá consecuencias para Argentina. Las nacionalizaciones son poco habituales porque el que se atreve a hacerlas se convierte en un apestado para los mercados, a los que no les hace ninguna gracia ese factor de descontrol. Y menos en una región en la que se han expoliado sistemáticamente, durante siglos, los recursos nacionales en beneficio de los que los compraron por cuatro duros en su momento. Y menos aún si hablamos de petróleo. De manera que es posible que esto le salga a Argentina peor de lo que ahora creen: demagogia para hoy, corralito para mañana.

Todo ello, con independencia de las medidas que adopte el Gobierno español como represalia, que, sean las que sean, sin duda llevarán ese sello de fábrica, prepotente y chulesco, que ya ha podido apreciarse en sus declaraciones, tan propio de la derecha española cuando se maneja con las ex colonias.

Y, por supuesto, también tendrá consecuencias para España. Sobre todo porque, una vez más, pone el dedo en la llaga sobre el estado de indefensión del país, noqueado por una crisis económica que nunca remite, y cuyas medidas para, teóricamente, superarla sólo parecen conseguir una “socialización del sufrimiento” cada vez más extendida. Con un Jefe del Estado que se dedica a cazar elefantes en compañía de Corinna Zu Seyn-Wittgenstein, en clara muestra de solidaridad con la plebe. Ahora, con la nacionalización de YPF, Argentina nos ha llevado a lograr la cuadratura del círculo. Como diría el siempre acertado y simpático Javier Marías [2], España es la “Comunidad Valenciana [3]” del mundo. El hazmerreír.

Su Majestad, con su Alta Representante del Jefe del Estado para las Relaciones con Oriente Medio, Cinegéticas y de Esparcimiento. Corinna lo intentó en Arabia Saudí, pero la cosa no salió, parece. ¡Que Campechano llame a Kirchner y la ponga firmes de una vez!