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Editorial conjunto de LPD y la prensa española en defensa de la Monarquía

Dada la sucesión de noticias que están poniendo el foco en nuestro querido Caudillo Monarca, y dada que su legendaria Campechanidad empieza a no ser suficiente para que le esquiven las balas, La Página Definitiva quiere unirse a los distintos medios de comunicación que, de forma conjunta pero descoordinada, están defendiendo una institución tan nuestra y tan avanzada como es la Monarquía encarnada en la Dinastía Borbón. De manera entusiasta y bienintencionada, sí, pero desgraciadamente sin la necesaria Unidad en un momento tan grave como el que vivimos. Para remediar esta triste situación LPD propone el siguiente editorial conjunto.

 

¡Vivan las Caenas!

Ante la serie de informaciones que con ánimo claramente desestabilizador y propias del periodismo amarillista que ni siquiera es digno de este nombre asociado a la proliferación de medios en Internet, páginas web, blogs y demás pendejillos electrónicos, los españoles hemos de ser conscientes de hasta qué punto la Monarquía como institución, y la Dinastía Borbón encarnada en Su Campechana Majestad  actual, así como en el maravilloso, educado y formado Príncipe que Dios, la Providencia y el furor de nuestro actual Rey nos ha dado, son esenciales para la Paz y las libertades.

Sin Borbones y sin Monarquía, como es bien sabido, sólo habría Caos, Anarquía, Guerra Civil y violaciones masivas de niños pequeños. Es un ejercicio de responsabilidad, por ello, asumir calladitos, como el pacto transicional nos enseñó a todos, que la Casta Real dirigente ha de poder tener libertad para hacer más o menos lo que más le apetezca. Un súbdito responsable debe saber lo que está en juego. Desde aquí hacemos un llamamiento, por ello, a la prudencia. Y a seguir poniendo la pasta son rechistar, que conviene recordar este último extremo dados los tiempos que corren. Hay que arrimar el hombro.

La Monarquía, como desde hace unos días nos ha sido debidamente recordado invocando ni más ni menos a la primera autoridad mundial en materia de instituciones políticas, nuestro querido José María Pemán, poeta, pensador y español, es la más perfecta forma de organización política. Frente a las envidias y desorganización innatas a pretender que todo el mundo participe es mucho más ordenado, eficaz y sano que las cosas de verdad importantes se resuelvan por el Sacrosanto y Primer Principio de Bragueta, fundador de la civilización y que distingue a los países que la tienen grande de los países que la tienen pequeñita.

A las innumerables y evidentes ventajas de que el mando esté determinado por el Carisma otorgado por la genética la Monarquía une otras virtudes prácticas indudables en este mundo de globalización y de crecientes exigencias. Asegura tener a disposición una elite, darwinistamente seleccionada entre los mejores, que además es educada desde su más tierna infancia en el ejercicio de las funciones de su cargo. En esto, como en otras muchas cosas, nuestros Borbones son ejemplares, y ya desde pequeñita nuestra prole real se empieza a habituar en algunas de las labores esenciales para el buen desempeño de labores de gobierno y responsabilidad institucional en el mundo de hoy: manejo prudente y adolescente de armas de fuego, participación desde la más tierna infancia en consejos de administración de empresas destinadas a poner en valor los recursos y necesidades del país, asistencia a actos religiosos bajo palio y la esencial excelencia en deportes náuticos y relacionados con la equitación llamados a sacar al país de la crisis. Es obvio que de entornos ajenos a la Dinastía pueden salir sujetos igualmente preparados, pero es casi por casualidad, generación espontánea o porque algún Übermensch como ex-presidentes del Gobierno cachas han logrado descendencia tan digna y brillante casi como la de los Monarcas. Pero mejor no dejar estas cosas al azar o, peor incluso, a las elecciones y la decisión de los ciudadanos, y apostar sobre seguro. A fin de cuentas, si el Generalísimo, Espada Más Limpia de Occidente, a quien las balas no tocaban, vio con lucidez que incluso su propia descendencia no estaba a la altura y que mejor instaurar un régimen de Monarquía Campechana en España, ¿acaso alguno de nosotros puede osar contradecir su visión (y la de José María Pemán)?

Junto a todo ello conviene recordar, porque hay mucho desagradecido por ahí, que la Monarquía encarnada en la Dinastía Borbón ha rendido grandes servicios a España. Nos trajo la Democracia con sus propias manos, arrancándosela a unos malvados militares que habían logrado colarse en todos los estamentos del Estado, llegando incluso a contaminar los círculos de amistad y negocios del propio Campechano I, que en ese mismo momento, hábilmente, les dio cuerda para poder descubrirlos, dejarlos en evidencia y desbaratar sus planes. Posteriormente, para dar una lección más a los malvados, decidió excluir a esta gente del mundo de los negocios reales, dejándolos en manos de gente de fiar y solvente como emprendedores españoles de acrisolada honradez, monarcas de otro países (que por la “regla Pemán” son, sin duda, gente muy recomendable) y oligarcas que han demostrado en las últimas décadas ser los mejores de entre los mejores. Nos dio las Libertades, como bien ha explicado recientemente el Padre de la Constitución Gregorio Peces Barba, luchando contra la hidra separatista desde un primer momento (su sola presencia garantiza una España Unidad pues incluso los malvados vascos y catalanes, ya se sabe, no pueden sino rendirse admirados ante la Grandeza Campechana de su Esquiadora, Cazadora y Naútica Majestad Católica). Y nos ha dado Luz, Ejemplo y Guía, como Faro de Virtudes desde siempre. De hecho, la clase política y económica española nacida de la Transición ha tomado buena nota y poco a poco ha ido aprendiendo del Rey, decantando buenos hábitos y mejores actitudes, gracias a todo lo cual tenemos en estos momentos una clase dirigente que, como es sabido, es la envidia de Europa y ha llevado a España a una posición de preeminencia y de poderío mundial tal que hace que incluso desde Botsuana soliciten la presencia de los mejores de entre nosotros para que demos Ejemplo.

Por si todo ello no bastara, los españoles, además de deber a nuestro Rey la tranquilidad y libertades gracias a las que podemos vivir en paz, estamos en deuda con el Rey por sus numerosas gestiones en pro de nuestras empresas y del país ante gobernantes extranjeros y, muy especialmente, ante sátrapas de todo tipo que, como también suelen perpetuarse mucho tiempo en el poder, acaban ligando relaciones más o menos fluidas porque son mucho años de encontrarse en reuniones y cacerías, fiestorros de todo tipo, bodas, bautizos y comuniones. Y es que el Rey, y más todavía Su Campechana Majestad, trabaja incluso cuando los demás holgamos. Por este motivo resulta especialmente mezquino que alguien pueda criticar actividades aparentemente de ocio pero que en realidad son serena diplomacia, una suave manera de engrasar relaciones para defender España y a los españoles.

Sólo un pero puede ponérsele a nuestro Campechana Lucecita de la Zarzuela. Que no es Eterno y un día nos dejará. Pero incluso eso lo ha hecho Bien, como es consustancial a la Monarquía, y más a la Monarquía española, dejándonos un Heredero que es la envidia del mundo, formado, preparado, que es general de todas las armas de nuestros ejércitos, que ha estudiado una carrera, que ha sido abanderado olímpico, que ha hecho un máster y que incluso se ha ligado a una presentadora de la tele, dejando claro que el Relevo está más que asegurado. Por todo ello, frente a la pretensión de la reacción desestabilizadora, marchemos todos por la Senda de los Elefantes.

¡Viva España! ¡Viva el Rey! ¡Viva el Príncipe! ¡Viva Corinna zu Wittgenstein!