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Soft-porn, bondage et soseguío

Desde los años 80, existe una sólida tradición mujeriega (perdón, de “grandes seductores”) entre los presidentes de Francia: Mitterrand tenía dos familias y un rollo con Dalida a la vez, Chirac da para hacer listas [1] y Sarkozy, bueno ¿qué decir de un tipo que oficia una boda, se liga a la novia, se casa con ella, se divorcia y se arrejunta con una modelo que quedó embarazada del hijo de su entonces pareja oficial?

Con esta tradición, el candidato mejor situado para ganar las próximas elecciones presidenciales francesas (en abril y mayo), obviamente, es Charlie Harper. No siendo éste francés ni político ni tan siquiera real, todos pensaban que Dominique Strauss-Kahn (DSK para los amigos, el judío socialista calentorro para los no-amigos) era el candidato ideal. Sin embargo, una maniobra hotelera [2] le ha descabalgado de mala manera de la carrera.

Así pues, se abre ante nosostros un panorama de incertidumbre sobre quién será el próximo representante de la grandeur: el primero de los amantes del mundo, el mejor representante de las esencias francesas, de su opinión y su visión del mundo (mejor, más culta, libre, igualitaria, fraternal y refinada que la cosmovisión anglosajona imperante, dónde vas a parar). O eso creen ellos. LPD está en condiciones de afirmarles que lo que eligen los franceses la próxima primavera es mucho más simple: se elige acompañante y palmero de nuestra führerin Angela.

Napoleón de Juguete y sus mujeres

Y hay candidatos. En Francia cualquiera puede presentarse a presidente. Cualquiera que sea francés y de carne y hueso, lo que descartó ya a Charlie Harper (y a Charlie Sheen), y que consiga reunir 500 firmas de “grandes electores” (diputados, senadores, alcaldes, consejeros regionales…) antes del 16 de marzo (mira, algo parecido a lo que el PPSOE impuso con nocturnidad y alevosía unos días antes del 20N). Este último requisito siempre da para unos cuantos sesudos debates al saber que Le Pen no logra las firmas, pese al más de 15% del voto que venía obteniendo (en Francia hay suficientes alcaldes que encuentran justificación en Voltaire [3]).

Dado que, una vez proclamados los candidatos, éstos disponen de EXACTAMENTE los mismos minutos en televisión pública, los mismos metros cuadrados de carteles electorales… hay multitud de candidatos sin opciones que se presentan a mejorar su caché personal, a joder a Sarkozy (hola, M. De Villepin, usted que habla español seguro que nos lee), a saber cuál de los 3 partidos anticapitalistas representa la verdadera izquierda, a conseguir un trabajo como diputado, a defender su derecho a cazar cuando y donde quieran… Así, este año tenemos ya unos 40 pre-candidatos recogiendo firmas como locos.

Sin embargo, la pomada se decide entre 3 candidatos: Sarkozy (derechooooonaaaaaa), Hollande (sociolisto) y Le Pen (Marine, aunque parezca el mismísimo Jean-Marie con un lifting y pelucón rubio). En condiciones normales, Sarkozy partiría con una enorme ventaja al ser el palmero actual y disponer de todo el aparato mediático público y de Bouygues a su favor (la entrevista retransmitida por 15 televisiones simultáneamente es la envidia de Berlusconi). Sin embargo, va tercero en las encuestas. La crisis, dirán ustedes. Y yo les diré, sí, pero no sólo: aunque le duela a Marca, los franceses no son tontos. Se han dado cuenta de que, puestos a elegir, mejor el bondage que el soft-porn. Poner a los franceses calientes con promesas de limpiezas con Kärcher para luego dejarles con la miel en los labios le funcionó en 2007, pero los electores recuerdan la frustración que produce pensar que vas a follar y que, de repente, aparezcan los reparos éticos, dolores de cabeza…

En cambio, Le Pen promete sexo duro: cadenas, látigos, aviones con haloperidol, esposas, darle caña a Merkel, devolver la grandeur a Francia y trabajo para todos los franceses. Y sólo ellos (una pena que Le Pen no se llame José Antonio, lo entenderían ustedes mejor). Y todos saben que, al menos en los cuatro primeros casos, cumplirá sin reparos. Aunque Le Pen en los últimos años ha demostrado las ventajas de la reencarnación en una persona más joven y de modales más moderados [4], sigue siendo invotable para gran parte de la población.

Lo cual nos deja con… François Mariano Hollande. Un hombre cuyos mayores méritos (y no es poco) consisten en haber sobrevivido a las luchas intestinas del socialismo francés (fijénse si son chungas que el PSOE hizo su congreso en Suresnes’74 para aprender), ganar unas primarias abiertas y haber perdido 20kg tras divorciarse de la señora que perdió contra Sarkozy en 2007. Mariano ha empezado la campaña a saco: ha identificado a las altas finanzas como el enemigo a batir. Para ello, propone algo revolucionario: regularlas. Este mensaje renovador e ilusionante le permite ser el primero en las encuestas holgadamente.

En resumen: los franceses tienen que elegir entre un hombre bien follado, excelente palmero de Frau M y ejemplo de la pérdida de opinión propia; una mujer que promete emociones fuertes, entre ellas tener una opinión propia contundente (y no sería lo único contundente) y un señor de 50 años con pinta de soso. Parece que ganará el soso. Es el que tiene pinta de que puede tener más y más diversas amantes. E, incluso, no reírle todas las gracias a la Dama del Bolso Naranja.