El telegrama Zimmermann – Barbara W. Tuchman

Barbara Tuchman es una periodista e historiadora estadounidense especializada en período victoriano del cambio de siglo y la I Guerra Mundial. Tuchman es conocida, sobre todo, por su libro “Los cañones de agosto”, narración de los prolegómenos y el primer mes de conflicto armado en la I Guerra Mundial, que era una de las obras de cabecera de John F. Kennedy (cuando estalló la crisis de los misiles, Kennedy obligó a sus miembros del gabinete a leerse este libro; Rajoy les pondría un vídeo del Madrid – Barça de la final de Copa del Rey del año pasado). En LPD hemos reseñado otro libro de Tuchman, “La torre del orgullo”, una semblanza –muy recomendable- de las principales potencias occidentales en una especie de “previa” a la I Guerra Mundial.
El telegrama Zimmerman es una obra inferior a las dos anteriores. Pero, a pesar de ello continúa revistiendo un notable interés. El título se refiere a otro episodio fundamental de la Gran Guerra: el telegrama del ministro de Asuntos Exteriores alemán, Arthur Zimmermann, enviado a principios de 1917 a su embajador en EEUU para que éste se lo rebotase al embajador en México. El telegrama contenía una oferta explosiva de Alemania: una alianza con México para que este país declarase la guerra a EEUU, a cambio del apoyo económico y material de Alemania y la promesa de una ulterior entrada de Japón (aliado de la Entente) en la guerra contra EEUU.

Zimmermann y el famoso telegrama. A ver quién no le va a dar credibilidad al telegrama de marras, por irreal que sea, con un bigote así

El telegrama fue interceptado por los servicios secretos británicos, que lograron decodificarlo. Los alemanes siempre se jactaban de la diabólica complejidad de sus claves criptográficas, razón por la cual tendían a no renovarlas, puesto que consideraban imposible que se pudieran descifrar. Sin embargo, eso es exactamente lo que ocurriría, tanto en la Primera como en la Segunda Guerra Mundial.
El contexto histórico en el que se envía ese telegrama no puede ser más conflictivo: la I Guerra Mundial lleva tres años empantanada en las trincheras. EEUU es la gran esperanza blanca de los Aliados, que intentan desde hace años conseguir su participación en el conflicto. La situación de los Aliados, tras la batalla del Somme y el progresivo desmoronamiento de Rusia, es muy precaria. Contra todo pronóstico, y a pesar de enfrentarse a medio mundo, Alemania no sólo resiste, sino que tiene visos de triunfar. De hecho, si no lo ha hecho ya es porque sólo admite una paz derivada de una victoria aplastante (como la que firmará en el Este con Rusia tras la Revolución de Octubre).
A principios de 1917 ocurren tres acontecimientos de calado: Alemania comienza su guerra submarina sin límites (es decir: que incluye torpedear cualquier navío que pueda llevar pertrechos a Gran Bretaña, aunque sea de un país neutral); la autocracia zarista es sustituida por un Gobierno democrático en marzo (que, por el momento, continúa en la guerra al lado de los Aliados). Y el propio telegrama, que pasa a manos de EEUU justo en este momento, en el que Alemania y EEUU ya están al borde de la guerra por causa de los submarinos, y en el que, además, que EEUU se una a los Aliados, una vez derribado el zarismo, no resulta tan difícil de vender a la opinión pública.
El telegrama, una vez hecho público, es la gota que colma el vaso: la entrada en la guerra, paralizada por el importante partido pacifista – aislacionista, hasta entonces mayoritario en EEUU, y por la actitud Bambi – dubitativa del presidente Wilson, se convierte en inevitable. Alemania intenta provocar una guerra en el patio trasero de EEUU sin que medie conflicto entre ambos; además, al mismo tiempo en que se envía el telegrama, el gobierno alemán está participando en las conversaciones de paz montadas por Wilson; y por si lo anterior fuera poco, el famoso telegrama se envía utilizando el cable de EEUU, por cortesía del presidente Wilson. En resumen: salvo por la ausencia de menciones a la escasa virilidad de Wilson en el famoso telegrama, la verdad es que ni el mismísimo Mourinho lo habría hecho mejor.
La entrada de EEUU en la guerra se produce en el momento preciso para mantener el espíritu de lucha de los Aliados y para lograr, año y medio después, la victoria, incluso a pesar de la defección de Rusia. Y aunque retrospectivamente dicha entrada en la guerra pudiera parecer inevitable, con o sin telegrama, la verdad es que ni siquiera la guerra submarina sin límites había conseguido doblegar el espíritu pacifista de Wilson.
La figura del presidente estadounidense trazada por Tuchman en el libro resulta contradictoria: de elevada moralidad, obsesionado con la justicia y con el recto proceder, Wilson también es presa de su grandeza. Despreciativo con las opiniones de los demás, Wilson tiende a fiarse sólo de sí mismo y de su privilegiada inteligencia, y forma equipos más basados en las afinidades personales que en su competencia; lo que a menudo le jugará malas pasadas.
Sin ir más lejos, en el caso de México. Este país, que ya había sido humillado por EEUU en el siglo XIX (les robaron la mitad de su territorio en una indisimulada guerra de conquista), vuelve a serlo en la presidencia de Wilson. En aquel momento, México se encuentra en plena guerra civil. Wilson, nos dice Tuchman, no sentía ninguna simpatía por el presidente mexicano, Victoriano Huerta, por indio y espadón, y quería poner en su lugar a otros espadones con más aspecto de patricio europeo. Por otra parte, Huerta vendía sus recursos naturales a los europeos. ¿Qué más quieren?
En ese estado de las cosas, se produce el indicente de Tampico, consistente en esto:

El U.S.S. Dolphin, al mando del almirante Mayo, se hallaba anclado en aguas territoriales mexicanas, cerca de Tampico, y (…) el 6 de abril [de 1914]mandó una lancha cañonera, con seis marinos a bordo acompañados del tesorero, para que fuesen a buscar provisiones. Cuando desembarcaron en Tampico, donde se había declarado la ley marcial, un oficial de bajo rango del ejército huertista arrestó a los norteamericanos y los condujo a su superior, quien, al darse cuenta de las implicaciones conflictivas que aquel incidente podía ocasionar, ordenó que condujesen inmediatamente a los marinos norteamericanos a su buque. Poco tiempo después, un oficial mexicano se personó en el barco norteamericano donde, en nombre del comandante de Tampico, se disculpó profusamente por la detención de los marinos. El almirante Mayo consideraba, sin embargo, que, ante tal ultraje, los mexicanos debían brindarle veintiuna salvas y castigar al oficial responsable de la detención, lo que hizo saber a las autoridades mexicanas en forma de ultimátum, de las que esperaba recibir una respuesta en el plazo de veinticuatro horas. A continuación, el almirante comunicó lo ocurrido a Washington (…) El presidente mexicano, haciendo gala de una lógica aplastante, no llegaba a comprender que Estados Unidos exigiese un saludo de veintiuna salvas a un gopbierno que no habían reconocido. Huerta, al borde de la derrota y de la ruina, presionado por una nación cuyo poder era diez veces superior al suyo, postergaba el momento decisivo con sucesivos argumentos” (págs. 73-74).

La historia es conocida: la arrogancia desmedida del imperialismo anglosajón, disfrazada de dignidad, frente a la efervescencia suicida del nacionalismo mexicano, disfrazada también (aquí, mucho mejor disfrazada) de dignidad. O eso, o la activación, en el general Huerta, de lo que podríamos denominar “gen español”. El honor, ante todo. Bueno, la religión también, pero el honor por delante. Yo me meto en todas las guerras absurdas que hagan falta, pero aquí que nadie dude de mi honor, o me pongo a repartir leña y me quedo solo. Ahora las guerras se hacen por objetivos honorables, como bajar el precio de la gasolina o aumentar la popularidad del que las propicia; pero entonces, en el envarado mundo aristocrático de la sociedad victoriana, a todo se le intentaba dar un absurdo matiz honorable.
Ante la ausencia de respuesta al ultimátum, EEUU bombardea y ocupa el puerto de Veracruz. Dos años después, y para rematar la faena, Wilson envía una expedición punitiva a México, con la misión de capturar al líder guerrillero Pancho Villa. La misión fracasa, pero consigue el efecto de enervar, aún más si cabe, a los mexicanos. Por eso el telegrama Zimmermann, aunque el proyecto que presentaba era en sí una locura, podía tener visos de triunfar a ojos de EEUU: porque tanto se habían afanado en humillar a México que, a poco que tuvieran ocasión, era evidente que los mexicanos intentarían desquitarse. ¡Así de desagradecidos son los sucios latinos inferiores, que no entienden nada de democracia!
El libro no se ahorra críticas al gobierno de EEUU y a Wilson en su relación con México, aunque claramente es un trabajo parcial, destinado al público americano, frente al cual emerge la figura de Alemania como enemigo perfecto: traicioneros, imperialistas, antidemocráticos, sin honor, aún más arrogantes que los propios estadounidenses… Los alemanes lo tenían todo, incluso al líder ideal para granjearse enemistades por todo el orbe en el inefable Káiser Guillermo II, que Tuchman nos pinta como un auténtico zoquete y un “bocas”, siempre mostrando su afán expansionista y sus delirantes proyectos:

Las irrupciones personales de Wilhelm en la diplomacia sorprendían frecuentemente a los embajadores europeos, entre quienes se le conocía con el sobrenombre de Guillermo el Repentino. Debido a sus disparatados cambios, que oscilaban entre el complejo de persecución y el optimismo delirante, nadie sabía lo que se podía esperar del emperador alemán. Según Bismarck, el emperador hubiese querido que siempre fuese domingo. La corte bizantina de Berlín contribuía a la fantasía de Wilhelm, imprimiendo un periódico matutino, del que se publicaba un solo ejemplar, impreso en oro, con artículos seleccionados cuidadosamente de la prensa mundial (pag. 46)


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  1. Comentario de Lluís (02/01/2012 21:14):

    A quién deberían hacer un monumento los Aliados es al genio del estado mayor alemán que tuvo la brillante idea que los mexicanos podían aguantarles medio asalto a los yankees.
    Los alemanes nunca han sido unos linces a la hora de seleccionar aliados. Les tocó la lotería cuando Italia y Rumanía decidieron venderse al oro de Londres y Moscú respectivamente, pero hacían proposiciones deshonestas a unos (los mexicanos) de una calidad apenas comparable con los turcos, por lo menos a éstos podían suministrarles con relativa facilidad material bélico, instructores y un par de divisiones de arios del Reich para encuadrar a la tropa turca, pero a los mexicanos lo único que podían hacerles llegar era un submarino con unas cuantas fotos dedicadas del Kaiser y de Hindenburg & Luddendorf ataviados de Batman y Robin con mostacho, pero sólo con eso ni siquiera los alemanes son capaces de ganar una guerra.

    En fin, esperemos que la Merkel tome nota. Por lo menos, ahora parece que en lugar de conquistar al enemigo se contentan con comprarlo, y está por ver si con la reforma laboral que quieren imponer convierten a los PIGS en gigantgescos campos de trabajo…

  2. Comentario de Pogrom Pom Pom (03/01/2012 09:48):

    Muy interesante. Desconocía la historia de este telegrama y siempre había pensado que la entrada de EEUU fue debida a la campaña de los u-boot alemanes.
    Lo de la hipotética alianza germano-mexicana me ha matado. Menuda geopolítica se gastaban en Berlín. Sólo les faltaba completar el cerco con una alianza germano-esquimal que amenazara Nueva York y quizá el D.C.

  3. Comentario de Regularizado (03/01/2012 10:55):

    En 1917, Estados Unidos llevaba ya 3 años comprando bonos de guerra a los Aliados y vendiéndoles armas. Eso de neutralidad tiene poco, pero como el Tio Paco aún no había aportado el término de “no beligerancia activa” al vocabulario de las relaciones internacionales, hubo que llamarlo así.

    Alemania ya sabía que sus recursos no bastaban para ganar a todos a la vez, así que en 1917 se dispuso a ganar uno por uno (el Plan Schliefen original, solo que empezando por Rusia en vez de por Francia): me mantengo en el oeste y debilito a los rusos con todo lo que tengo a mano, bolcheviques incluidos, para firmar una paz por separado; luego lanzo todas mis tropas al oeste. Como los americanos pueden decidir la guerra con sus vastos recursos, tomo dos medidas -desesperadas- para ganar tiempo: guerra submarina indiscriminada y alianza con los mexicanos. Con que me entretengan a los yankees seis meses puedo ganar la guerra.

    El plan falló porque los submarinos no pudieron evitar la llegada de los americanos (el Alto Mando alemán le había vendido esa milonga al Kaiser para convencerle; los militares alemanes, cuando se han metido en política, la han cagado siempre a lo grande) y porque la Ofensiva de Primavera de 1918 no logró romper el frente oeste. Pero estuvo cerca, hasta el punto de que los Aliados decidieron unificar el comando de sus tropas bajo el mariscal Foch (imagínense que palo para los ingleses, que cruzaron el canal en 1914 en plan “vamos a sacarles las castañas del fuego a los come-ranas estos”, ¡Y acabaron poniendo sus tropas al mando de un mariscal francés!) para poder resistir mientras llegaba la caballería.

    Al final, yo creo que una entrada de México en la guerra no habría cambiado nada. La ofensiva de primavera falló por el agotamiento del ejército alemán, y los americanos habrían llegado aunque fuese dos meses después. Y no lo digo por los mexicanos, que si estos supiesen organizarse, México iría desde Panamá hasta Kansas…

  4. Comentario de CusCus (03/01/2012 17:33):

    No crean que los mexicanos siguen resentidos con eso de que les quitaran medio país. Sobretodo, el medio que no tiene gente y sí tiene petróleo.

    Aunque me cuesta de imaginarme un Valle del Silicio con empresas como Manzana, Mogollón, Hernández & Puértolas… Lo que sí me imagino es un Cisco del quince.

  5. Comentario de Bah (04/01/2012 03:16):

    Hombre, no seáis así, la guerra submarina sin límites no era más que una de las formas que tienen los alemanes para imponer la tan beneficiosa austeridad a los manirrotos del resto de Europa.

    Por otro lado, quizá estemos cegados por la excepcionalidad de las últimas décadas (sin incluir los años más recientes) pero si en algo han sido generalmente malos siempre los alemanes es en la política exterior y especialmente dados a tener ministros de exteriores inverosímiles, y para eso no hay que mirar atrás tampoco.

    Lo cierto es que a principios de 1917 la Entente estaba realmente jodida y las cosas pintaban aún más negras. Dependían absolutamente de la ayuda financiera y material de los EEUU, y esta ayuda estaba pendiendo de un hilo. A la par que los británicos (que ha su vez actuaban como garantes informales de la deuda francesa) empezaban a quedarse sin reservas de dólares, al otro lado del Atlántico empezaban a plantearse la prohibición de comprar bonos y acciones extranjeros (i.e, de los PIGS, digo la Entente)no fuese a ser que no pudiesen pagarlos después y el sistema financiero estadounidense pagase el pato. De hecho esta misma prohibición se había decretado en 1916 pero Wilson la revocó rápidamente por razones políticas obvias. Por otra parte, el dilema: esta prohibición habría supuesto una muy posible derrota de la Entente (que habría colapsado económicamente y se habría quedado, literalmente, sin material de guerra) y gente como la de JP Morgan (que, recordemos, le habían sacado las castañas del fuego al Gobierno Federal sólo unos años antes)se preocupaba por lo que esto podría suponer para sus inversiones. Vamos, que el dilema era algo así con aires griegos, como que si le prestamos más dinero a esta gente no sabemos cómo cojones lo van a pagar, y si no se lo prestamos quiebran y pierden la guerra y así lo mismo tampoco lo van a pagar. Y todo esto sin tecnócratas disponibles.

    Con todo este berenjenal a los alemanes no se les ocurre otra cosa entrar cual elefante en una cacharrería, como bien explica Guillermo y darle una excusa a Wilson no sólo para mantener la ayuda financiera a la Entente, sino para entrar además en la guerra. Lo que no habían conseguido ni siquiera hundiendo todo lo que flotaba sin mayor miramiento (aunque estaban cerca de conseguirlo) lo consiguieron en una conferencia diplomática haciendo el cafre y abusando de la confianza de los demás con un telegrama. Para colmo de desdichas, Zimmermann en vez de explotar las sospechas que levantaron algunos por ahí de que el telegrama pudiese ser un acto de falsa bandera urdido por los británicos, no confirmó la autenticidad del telegrama una, sino dos veces en declaraciones a la prensa.

    En otro orden de cosas, los turcos no eran tan mal aliado. Al menos sabían retirarse ordenadamente, que es mucho más que lo que podían ofrecer otros grandes aliados del Reich.

  6. Comentario de auskalo (04/01/2012 05:31):

    Jodé qué nivel!

    Me callo y, aupa!

  7. Comentario de Q33 (04/01/2012 08:19):

    No conocía tampoco el incidente de dicho telegrama. Se cubrieron de gloria un rato XD.

    La verdad es que como comentáis todos, la política exterior alemana durante ambas guerras siempre ha sido un desastre, aunque en su favor hay que decir que los aliados que le han tocado por naturaleza han estado a la altura, creándoles más problemas a los alemanes que ayuda obtenida a cambio (tanto Austria-Hungría en la primera, como Italia en la segunda por poner ejemplos).

    Entiendo que una vez se ha ganado en el frente del este, desde el punto de vista en el que están sucediendo los hechos te ves ganador de la contienda (por poder volcar todas tus fuerzas en el frente occidental) pero no se tuvo en cuenta el hecho de que tres años de guerra tenía las fuerzas vivas del país al límite (aunque Inglaterra y Francia estaban en la misma situación).

    Y ahora entrando en el terreno de la imaginación, pedir un alto el fuego y empezar a negociar con Francia y con Inglaterra en ese momento, desde la situación de fuerza en la que estaban en ese momento Alemania podría haber evitado la dolorosa rendición de Versalles (en esta situación creo que como muy mal que negociaran lo peor que podía sacar es volver al “status quo” inicial) con todas las consecuencias que lleva esto para Alemania a corto y largo plazo.

  8. Comentario de x (04/01/2012 11:29):

    Pues yo creía que entraron en la guerra por el hundimiento del Lusitania…

  9. Comentario de David (04/01/2012 12:58):

    El Lusitania fue hundido en 1915, dos años antes de la entrada de los Estados Unidos en la Primera Guerra Mundial. Fue uno de los argumentos esgrimidos para justificar la decisión, y tradicionalmente se cita como la causa de la declaración de guerra, pero la verdad es que el lapso de dos años invita a ponerlo seriamente en duda, por no decir descartarlo.
    El telegrama Zimmermann, como dice Guillermo, fue mucho más trascendente porque provocó un cambio inmediato y decisivo en la opinión pública y dejó prácticamente sin argumentos a los aislacionistas. ¿Se imaginan Ustedes a Zapatero en aquella época, diciendo que “es opinable si hay guerra” o “la guerra es un estado mental”?

  10. Comentario de Jiri (04/01/2012 15:49):

    “los turcos no eran tan mal aliado. Al menos sabían retirarse ordenadamente” eso no irá por lo de Armenia, ¿no?

  11. Comentario de Q33 (04/01/2012 15:53):

    Cierto Jiri, los turcos lo hicieron bastante bien dentro de sus posibilidades: Entretienen a bastantes tropas británicas durante meses, y no solo eso, sino que incluso les obligan a retirarse.

  12. Comentario de Pogrom Pom Pom (04/01/2012 17:04):

    Y además los turcos le hicieron un Gadafi a Lawrence de Arabia. No se puede negar que hacían lo que podían para dejar el orgullo británico herido… en lo más íntimo.

  13. Comentario de Lluís (04/01/2012 18:30):

    Los turcos, como aliado, bastante flojillos. De hecho, en el Cáucaso fueron derrotados por los turcos, en Gallípoli les salvó la dirección y el material alemán (que el comandante era un tal Von Sanders), y pese al primer fracaso inglés contra Bagdad, acabaron perdiendo también en Palestina.
    Lo único positivo de la alianza turca fue que permitió mantener cerrada la mejor vía que tenía la Entente para mandar suministros a Rusia.
    Por lo demás, en 1917 en Alemania también iban mal las cosas (aunque, eso si, iban peor en Austria). De hecho, se estima que los problemas alimentación provocaron, durante la guerra, varios cientos de miles de muertes en Alemania, el bloqueo inglés si que fue eficaz, Alemania invirtió un pastón en una flota que, a la hora de la verdad, no le sirvió para casi nada. Lo de la guerra submarina, además de meter en la guerra a los EEUU, acabó fracasando cuando el Almirantazgo consiguió imponer el sistema de convoyes, al parecer muchos eran reacios porque consideraban que un crucero de Su Majestad no podía rebajarse a escoltar mercantes.
    Y eso que, según parece, los alemanes organizaron mucho mejor su economía de guerra durante la Gran Guerra que durante la II Guerra Mundial, por lo menos de eso se queja Albert Speer en sus memorias.

  14. Comentario de Bah (05/01/2012 04:22):

    Hombre Jiri, en Armenia no se retiraban ellos, más bien “retiraron” a otros, ciertamente de manera bastante desastrosa. Era una broma, pero si nos ponemos medio serios, me refería a que hasta el final de la guerra fueron capaces de ir retirando a su ejército hacia Anatolia sin que la cosa colapsase y cundiese el pánico. Si se hubiesen visto obligados a seguir luchando seguramente habrían podido seguir haciéndolo.

    Alemania, claro, tampoco estaba para alegrías, pero por lo que sabemos, estaban al menos en condiciones de seguir en la guerra durante otro año y medio. La cuestión es si los aliados, de suspenderse las ayudas estadounidenses, hubiesen sido capaces de aguantar tanto y de manera efectiva.

    Y un off topic: ¿No va a dedicar la Paella Rusa o quien sea en esta cueva de valencianos ningún artículo al rescatito de la CA de Valencia?

  15. Comentario de Otto von Bismarck (05/01/2012 13:01):

    Pues tampoco es que sepa yo mucho del tema. Pero por un lado, a Keynes le leí decir que Wilson fue poco menos que un corderito al que se camelaron LLoyd George y Clemenceau para que terminara haciendo lo que ellos querían en Versalles. Y es que, no en vano, ambos tenían bigote. Y ya digo que lo cuenta Keynes, que estaba allí. En cualquier caso, y en referencia al comentario #14 de Bah, lo que yo tengo entendido es que eso de que Alemania podía continuar la guerra era lo que pensaban los aliados. Fue precisamente el darse cuenta tras los combates de que el agotamiento alemán era tan completo lo que les llevó a los británicos a incumplir el armisticio e imponer unas condiciones leoninas a cambio de no dividir el país. Y no dividir Alemania lo que les llevó a los alemanes a aceptarlas. De hecho creo recordar que, ya en el primer año de guerra, Alemania solo podía satisfacer el 80% de las necesidades mínimas de su población. Esto fue yendo a peor y en el último año la mayoría de la población sobrevivía a base de una dieta de pan y sopa de verduras. Algo así no puede mantenerse en secreto y hay una anécdota bastante cachonda de activación en los alemanes del “gen español”: los boches lanzaron un jamón en paracaídas durante un bombardeo sobre Londres de un zepelín con una nota que decía algo así como: regalo del bien alimentado pueblo alemán.

    Por otra parte coincido con Bah en pedir que nos cuenten que coño pasa en violencia. Queremos saber.

  16. Comentario de Jiri (05/01/2012 14:47):

    Hombre, con lo de la retirada otomana de Armenia me refería a las matanzas, como es natural, por eso me choca el término “ordenada”, no porque les pegaran una paliza los rusos, sino por la masacre que ocasionaron, y que aún niegan. Es como decir que los alemanes se retiraron “ordenadamente” del gueto de Varsovia en la II GM.
    Por otra parte, como aliados alemanes fueron flojillos, como dice Luis, pero si los comparamos con los austrohúngaros (o los italianos de la II GM), fueron unos verdaderos titanes.
    El hambre hizo mucho por rendir a Alemania, pero como dice Hew Stratchan o como cohoneh sescribra, la diferencia demográfica entre las potencias centrales y los aliados, así como el hecho de que los alemanes no tuvieran nuevos aliados desde 1915 (Rumanía, creo), ayuda bastante. Por mucha “carne de cañón para Flandes” que trajeran del frente del Este en 1918, no veo como en ese año iban a poder conquistar lo que no conquistaron en 1914, dada la evolución de la guerra.
    ¿Alguien puede ilustrarnos sobre cómo le afectó la “gripe española” del 18 a Alemania y Austria?

  17. Comentario de Q33 (05/01/2012 17:52):

    Como valenciano me uno a la petición de pedirle a la Paella Rusa que hable sobre lo que esta pasando en Valencia :S

  18. Comentario de Bah (05/01/2012 19:24):

    Herr Otto, tiene usted razón, salvo en una cosa. Yo hablaba de Febrero de 1917 y usted me está hablando del armisticio. Que en febrero de 1917 Alemania podía continuar en la guerra al menos un año y medio creo que es un hecho incontrovertible, porque eso es lo que hicieron. Los aliados, de quedarse sin ayuda estadounidense, habrían empezado a tener serios problemas incluso para proveerse de municiones porque sus ya precarias economías muy probablemente habrían hecho catacrack inmediatamente y porque carecían de otra fuente de financiación y recursos comparable a los EEUU.

    Jiri, tienes razón en lo de Armenia, fue un desastre y una brutalidad (aunque más complicado que lo del ghetto de Varsovia,que los armenios tampoco andaban mancos cepillándose a sus vecinos musulmanes), pero yo hablaba en términos estrictamente militares, hombre. Claro que en estas cosas los que más piedras lanzan son los que tienen igual o peor mierda en sus armarios, y más reciente, pero supongo que eso a Sarkozy no le importa.

  19. Comentario de Destripaterrones (06/01/2012 02:33):

    T.H. Lawrence, normalmente ponderado, dice en “Rebelión en el Desierto” algo así como “el ejército otomano no era más que otro obstáculo físico en nuestro avance”.

  20. Comentario de Pululando (07/01/2012 10:17):

    Es curioso, porque yo tengo asociada esta mujer a la Guerra de los Cien Años, en vez de os inicios del s. XX… por casualidad (y un frikismo que no viene al caso) lo primero que leí de ella fue “Un espejo lejano”, que por cierto es un tostoncillo muy recomendable.

  21. Comentario de Guillermo López García (07/01/2012 13:00):

    Pues vamos en contradirección, porque yo lo que desconocía es su faceta de historiadora medieval. Corro raudo a hacerme con Un espejo lejano. También he visto en la Wikipedia que tiene un libro sobre las relaciones entre Gran Bretaña y España: http://es.wikipedia.org/wiki/Barbara_Tuchman

  22. Comentario de Lluís (07/01/2012 20:03):

    Yo he leído el libro de marras. Interesante, si, da una visión muy interesante de la época, diría que más cercana, aunque el tono que emplea con el “protagonista” del libro, Enguerrand de Coucy, es digno de una biografía oficial del Campechano.

  23. Comentario de Regularizado (09/01/2012 10:37):

    En Alemania las pasaron putas durante la Guerra, aunque en parte por falta de conocimientos. En realidad, Alemania tenía una economía bastante equilibrada (zona industrial en el oeste, mucha agricultura en el este), y eran Francia (pais muy agrario, incluso hasta la Segunda) y Gran Bretaña (importador neto de alimentos desde hace más de 100 años) quienes dependían del comercio para abastecerse. Alemania, aunque necesitaba importar nitratos y fertilizantes, no sufrió estrecheces hasta 1916.

    La ciencia de la nutrición estaba bastante menos desarrollada, y la población desarrolló carencias de vitaminas y minerales, y la primera gripecilla la tumbaba. Esto lo aprendieron bien, y en la Segunda la cosa estaba mucho mejor organizada (eso si, de una forma muy alemana: si han visto DAS BOOT, en muchas escenas se ve a marinos comiendo limones a palo seco, por la vitamina C).

  24. Comentario de Pogrom Pom Pom (09/01/2012 17:51):

    #23 Regularizado: La relación entre la falta de vitamina C y el escorbuto ya se conocía desde el s. XVIII. Esa escena de la pelicula Das Boot no era característica de la segunda guerra mundial.
    Y dicho esto, y ya que hablamos de hambrunas, Holanda, desde su neutralidad, estuvo vendiendo alimentos a Alemania durante la 1GM ignorando las amenazas de los aliados y el apresamiento de algunos de sus mercantes. Incluso les donaron más alimentos terminada la contienda y dieron asilo al Kaiser. Las pocas simpatías de Guillermina de Holanda por los ingleses tras la guerra de los boers se dice que tuvieron mucho que ver.
    ¿Y cómo devolvió Alemania el favor al país que les había aliviado algo las penas tras Versalles? Pues ya se sabe, bombardeando Rotterdam, invadiendo su pais y haciéndoles pasar hambre de la buena en las postrimerias de la 2GM, ya que gran parte del pais no pudo ser liberado hasta la capitulación. ¡Diplomacia alemana über alles!

  25. Comentario de Destripaterrones (09/01/2012 22:50):

    Por no hablar de las andanzas del último Kaiser en el (ex-)bosque de Doorn…

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