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La muerte de Steve Jobs™

Estimado lector: Seguramente cuando lea esto, se acabará de levantar. Como toda persona de bien, habrá hecho una visita de rigor al lavabo y, mientras se calienta el Nespresso, le está echando un primer vistazo a esta página para comprobar si el mundo sigue en orden. Le da los primeros sorbos al resultado de su cápsula favorita, ristretto o fortissio (porque usted es un hombre y nunca toma descafeinado). Se le va atragantar. Nunca una tostada estuvo tanto tiempo reposando en el fondo de la taza, desatendida de sus ojos atónitos. Sí, querido lector, el mundo no sigue en orden. No hablamos de minucias, no nos han lanzado bombas nucleares India y Pakistán a la vez, nuestro país no ha sido intervenido tras una prima de riesgo desmesurada esta noche. No, mucho peor. Se ha muerto Steve Jobs.

Despierte a su mujer, a su novia, a esa enésima semi-desconocida que, sin darse cuenta, se ha quedado a dormir. Que sea comprensivo con usted. Es como si para ellas se hubiera muerto Sarah Jessica Parker (la de Sexo en Nueva York). Es decir, una de esas personas que nacen cada 500 años. Si 1519 fue el año de la muerte de Leonardo, 2011 será el año del fallecimiento de Steve. Todo lo que ha dado sentido a nuestra existencia, esa sensación de que vivimos en el futuro, de que nos desplazamos con petróleo en el mundo anodino pero que en nuestro mundo doméstico somos la hostia, con móviles que te dicen qué tiempo hace en Singapur, con ordenadores que se estropean menos que un coche soviético y con aparatejos que te hacen sentir que estás a la última. Y qué diseño, Dios mío, qué diseño. ¡Pero si hasta ha conseguido que saquemos nuestro lado femenino!

¿Qué hizo Steve Jobs? Todo.

 

 

¿Cómo se podría resumir? Complicado, pero lo intentaremos con un brevísimo resumen.

1. Es bueno y progre. Mientras Bill Gates se convirtió, durante demasiados años, en un icono por copiarse los ordenadores de Apple y crear Microsoft, Steve Jobs era como una especie de artista underground al que muy pocos conocían. Gates desquició a todo ser humano creando un axioma: los ordenadores siempre se cuelgan, se estropean y se quedan desfasados en dos meses. Eso le convirtió en un tipo tan imprescindible como vilipendiado. Llegó un momento en que Gates se encontró sin estímulos: ¿a qué más puede aspirar un tío que siempre figura en lo más alto de los tíos más ricos del mundo? Pues a retirarse y a fingir ser progre con sus obritas de caridad por todo el mundo. Que sí, que habrá abierto muchos hospitales y escuelas en el Tercer Mundo, pero el verdadero progre era Steve Jobs, que hizo que la sociedad progresara cambiando la industria cultural y ese axioma informático tan desquiciante.

2. Es trabajador. Ha aguantado casi hasta el final al frente de su compañía. Numerosos testimonios directos dicen que era un cabrón de tomo y lomo, exigente, caprichoso, intratable como jefe. Pues claro, como tiene que ser, como el Dios del Antiguo Testamento porque, al igual que Él, ha tenido que crearlo Todo de la Nada, donde antes sólo había oscuridad. Ahora los ordenadores funcionan como un tiro, nunca se cuelgan ya ni siquiera en Wall Street y todos somos mucho más felices.

3. Es americano y blanco. Todo en él rezumaba esa sensación de profesionalidad de los americanos: las keynotes, su imagen simpática, su control de todos los medios de comunicación. Y sacando unos ordenadores preciosos, con un diseño de color blanco inmaculado, porque el ordenador no era un aparato para dejar en una esquina, todo lleno de roña y con las carpetas llenas de juegos. Para nada. Con Mac, el ordenador era el electrodoméstico más sofisticado de la casa, no estaba diseñado para jugar y ni siquiera tenía virus. Dicen los que entienden de esto que el porno visto en un Mac parecía incluso mejor, como si las secuencias las hubiese filmado Godard.

Y, sobre todo, 4. Nos ha hipnotizado totalmente. Su iPad y su iPhone son el soma de Un mundo feliz, de Huxley. Los obreros ya no silban y piropean a las chicas porque están demasiado entretenidos mirando el iPhone. La gente no habla, no se mira a los ojos ni en las peleas, conduce con un ojo puesto en el WhatsApp. Pero eso sí, es más feliz, porque va siempre sonriendo, maravillado por el cacharrito que ha definido su vida: un dispositivo que te permite tener una súper agenda de una vida súper banal. Pero bueno, ¿no hacía Leonardo más feliz a la gente con sus inventos? Pues lo mismo Steve™.

Ande, ande, váyase ya al tajo, querido lector. Ya nada será igual, ya no tendremos un gurú que nos guíe por estos procelosos mundos que hemos dado en llamar “vida real”. Pero piense que los milagros existen, que existe la inmortalidad. ¿Acaso conoce algún Mac que se haya muerto? Entonces, ¿qué otra prueba quiere?translate russian into english free [1]