- La Página Definitiva - http://www.lapaginadefinitiva.com -

Camps dimite

Ha ocurrido un acontecimiento inusitado en la Historia de España: un líder político, a la cabeza de un Gobierno, ha dimitido. La última vez que ocurrió algo semejante, en 1981, el político en cuestión [1] dimitió merced a las amables palabras de la cúpula militar y el mismísimo Campechano I, que tenía una operación en ciernes para arreglar los problemas del país. Treinta años después, la dimisión de Camps no guarda excesivas similitudes con la de Suárez. [Actualización: me dicen que en mitad de ellos, en 1986, dimitió el entonces presidente de Castilla y León, Demetrio Madrid, del PSOE. Luego me he enterado de que además de él dimitieron otros presidentes autonómicos: Javier Otano (Navarra, PSOE, 1986); Carlos Collado (Murcia, PSOE, 1993); Gabriel Cañellas (Baleares, PP, 1995); y José María Marco (Aragón, PSOE, 1995). ¡España, tolerancia cero a las irregularidades!]

Vamos a adentrarnos un poco en el fascinante universo de la política valenciana, aunque ahorraríamos tiempo si Ustedes se leen La Paella Rusa [2] de pe a pa, como deberían. Camps era una peculiar estrella en ascenso dentro del alucinante mundo del PP post aznarista. La prensa se permitió especular, incluso, con sus aspiraciones a suceder a Rajoy tras las Elecciones Generales de 2008. Pero, un año después, estalló el caso Gürtel, y con él, el principio del fin para Camps. Un caso judicial, hay que decirlo, muy poco importante (los “cuatro trajes”), pero de enormes repercusiones y derivaciones políticas [3]: un Gobierno autonómico, con su President a la cabeza, aceptando regalitos y relaciones estrechísimas con personajes tan oscuros que incluso asistieron a la boda de Ana Aznar y Alejandro Agag; y a los que luego concedían adjudicaciones millonarias a cargo de la Generalitat Valenciana.

Y, sobre todo, un President de la Generalitat cuya imagen pública quedó destruida, a ojos de la mayoría (incluso aunque continuasen votándole), con las espeluznantes conversaciones entre Camps y “El Bigotes” del “amiguito del alma”, “te quiero un huevo”, y demás. En España, no pasa nada por robar, pero hay que tener mucho cuidado con convertirse en objeto de burla, mofa, befa y escarnio. Ese es el principio del fin.

Estalla Gürtel, y una estrategia política genial se pone por delante del normal desarrollo de los sucesivos juicios y sumarios: la de negarlo todo. El PP valenciano, acaudillado por su vicepresidente tercero, Juan Cotino [4] (ex Director General de la Policía con Jaime Mayor Oreja), decide asomarse a la misma estrategia que, desde tiempos inmemoriales, ha cosechado éxitos en España: aquí no ha pasao ná. Con ello, consiguen convertir la imputación de Camps en un asunto mucho más importante, y que además se prolongue durante meses y meses y meses. El “aquí no ha pasao ná” llega también al líder del PP nacional, el afable Mariano Rajoy, quien, entre partido del Madrid y etapa del Tour de Francia, se acerca a un restaurante en Castilla – La Mancha para departir por Camps. Éste le dice la misma frase que hizo fortuna en los medios de comunicación: “yo me pago mis trajes”.

Pero en el PP van poniéndose nerviosos conforme Camps se convierte, cada vez más, en un leit motiv de los medios, y no sólo los de izquierda, pues también Pedro J. decide cargarse a Camps (que para algo apoyó a Rajoy en el crucial Congreso de Valencia de 2008, cerrándole el paso a la Lideresa y sueño perverso de Pedro J., Esperanza Aguirre). Intentan descabalgarlo, pero él, con notable habilidad y un discurso criptoregionalista que impregna cada vez más al PP valenciano, logra encastillarse en su feudo. Es candidato de nuevo en 2011, y cosecha una nueva mayoría absoluta (aunque con cierto desgaste [5]).

Entonces llega el penúltimo acto del drama: habrá juicio, con jurado popular, a la vuelta del verano. Es decir, en plena campaña electoral. Y lo habrá porque, después de todo, no era verdad aquello de “yo me pago mis trajes”. La genial estrategia de negarlo todo le estalla al PP valenciano en la cara. El cabreo de Génova es, cabe suponernos, descomunal (¡si incluso Rajoy dejó de leer el Marca del día a mitad cuando se enteró!), pues Camps les ha engañado durante años (o ha sido muy incompetente para ocultarlo al juez) y ahora les crea un problema. Precisamente ahora, en pleno vértigo en el que se ve muy cerca de La Moncloa, pero en el que, al mismo tiempo, aumenta la aprensión por cualquier cosa: ¡que viene Rubalcaba y nos moviliza a la izquierda! ¡Que viene el BCE y nos compra deuda para rebajar el diferencial! ¡Que alguien hace más recortes de la cuenta en su Comunidad Autónoma y perdemos un diputado…! A las puertas de la victoria, cualquier inconveniente molesta.

Es entonces cuando a los estrategas de Génova se les ocurre una idea genial; tanto, que creemos que, sean quienes sean, han asistido al mismo seminario FAES que Juan Cotino y los asesores de Camps: ¿Por qué no se confiesan culpables, y así acaba todo ya? ¡Así dejaríamos de arrastrar este pequeño problemilla, esta molestia insistente!

La genial idea tiene dos pequeños inconvenientes: el primero, que, desde luego, el código ético del PP (¡no se rían!) no dice en ningún sitio que esté bien tener a cargos públicos de esa relevancia condenados en un juicio por sobornos. Y, por mucho que retuerzas el código ético, por mucho que pueda interpretarse creativamente la realidad que a uno le rodea, no parece que el código ético pueda soportar algo así. Si el PP es un partido que ve normal, ante un caso de soborno, echar una firmilla reconociendo que tal soborno se ha producido, pagar la multa, si es posible mientras escuchas el Himno [6], y Santas Pascuas… Qué quieren que les diga, a mí no me parece que algo así sea mucho mejor para la campaña electoral que arrastrar un juicio con jurado popular. Y, además, lo de “yo acepté tener a un Presidente autonómico condenado” permanece por muchos años.

El segundo inconveniente es que, al parecer, Génova no ha lanzado la maniobra con todo atado y bien atado (¿es que nadie ha aprendido nada de lo que le pasó a la herencia del Caudillo?). Para que la cosa funcionase tenían que firmar los cuatro imputados en el juicio. La mañana de hoy ha comenzado con el ex vicepresidente de la Generalitat Valenciana, Víctor Campos, y el jefe de Protocolo de la Diputación de Valencia, Rafael Betoret, aceptando sus horrendos crímenes y autoinculpándose. Pero la maniobra no ha llegado a consumarse, porque ahí ha cesado el desfile de contritos culpables delante del juez.

Sea por negativa de Ricardo Costa (a quien le espera un segundo juicio en relación con Gürtel, bastante más serio que este, y no es buena idea afrontarlo con antecedentes penales), del propio Camps (por aquello de “no me veo gobernando tras mi condena”), o de ambos, al final no ha habido autoinculpación. Lo que sí hemos tenido, sin duda motivada por las presiones de Génova (dicen que Rajoy se ha negado a levantarse para echar más hielos al whisky, de tan enfadado que estaba), es una comparecencia surrealista de Camps a media tarde, en la que ha explicado que es inocente, que no puede probarse nada, y que dimite por España y por Rajoy. Si a Ustedes les parece una explicación confusa, imagínense a los espectadores de Canal 9, que no tienen ni idea de qué es eso de Gürtel ni de que el President estuviera acusado de algo; ¿pero no estaba ayudando a la Justicia?

Con esta dimisión, el PP cierra el círculo: tienes un President imputado, lo mantienes, consientes que forme un Gobierno autonómico de técnicos semidesconocidos, a su imagen y semejanza y, a continuación, consientes su dimisión. Y, lo que es peor, sientas un horrible precedente: en determinadas condiciones, si se da cierta conjunción planetaria, en España, en el PP, un político… ¿Dimite? ¿Pero es que esta gente no ha entendido nada de nada? ¿Es que no saben que en España los votantes solo castigan a quienes castigan la corrupción, no a quienes demuestran firmeza ignorándola?

El PP nacional se quita un problema de encima, aunque pueda tener consecuencias a medio y largo plazo, en concreto: el cabreo en el PP valenciano y la demostración, ante todos los que se creían eso de que el PP de la Comunitat Valenciana es “el partido de los valencianos”, de que está dirigido desde Madrid. El PP valenciano tiene ahora que elegir al sucesor. Las quinielas están por todo lo alto, con Paula Sánchez de León (vicepresidenta del Consell) y Alberto Fabra (alcalde de Castellón) como candidatos más probables. Al final el sucesor ha sido el alcalde de Castellón, Alberto Fabra, “Anodino Man”. No se pierdan su perfil en La Paella Rusa [7]. Aunque a nosotros, plagiándole vergonzosamente la ocurrencia a Jaime Rubio [8], nos gustaría que el sucesor fuese Carlos Carnicero [9].