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La farmacéutica de la Stasi aplica sus nuevas recetas mediante copago

Hubo una época en la que la Unión Europea deparaba alegrías a todos los españoles. Pero esa época ha terminado ya: se han acabado los fondos europeos y el río de dinero para acercarse a la media europea, en parte a causa de la entrada de los países de Europa del Este (que han reordenado las prioridades de financiación), en parte por lo bien que lo ha hecho España, creciendo a golpe de ladrillazos.

Desaparecidos los fondos, queda el mercado alemán: la UE al servicio de Alemania, donde las decisiones de política económica las toma Angela Merkel desde Berlín, previa llamada a Cameron y Sarkozy (y, en ocasiones especiales, burofax a doquiera esté Berlusconi tirándose a un par de velinas a la vez). Un Directorio napoleónico pensado para preservar los intereses de la locomotora europea, de sus empresas y sus bancos, a expensas de lo que sea menester.

Merkel, en los felices tiempos en que militaba y formaba parte de los cuadros dirigentes de las Juventudes del Partido Comunista de la RDA

 

Alemania envía, en este estado de cosas, en el que la prima de riesgo de la deuda española respeto a la Alemania (algo que hace tres años ni sabíamos que existía y ahora va camino de convertirse en materia para los afamados cursos de CEAC) no hace más que subir, Portugal se tambalea y Grecia se hunde, un mensaje diáfano: los PIGS, que se jodan. Grecia tiene en perspectiva unos 50 años de recortes brutales [1] si quiere seguir en la moneda única, con el objeto de pagar su deuda al BCE y los bancos del Directorio. Un modelo eminentemente latinoamericano, cuya alternativa es salirse de la moneda única, volver al dracma, devaluarlo un 50% o más y, acto seguido, declararse en suspensión de pagos. La situación es, como puede verse, dramática: ¿quién va a financiar los rutilantes fichajes del Olympiakos?

Tan mal está la cosa que incluso en España se han superado ya las cinco fases de Kübler-Ross para asumir noticias catastróficas:

1. Negación (2008): “esto es una leve desaceleración”, decía el aún vicepresidente Solbes, mientras la gente continuaba comprándose plasmas y pisos a porrillo.

2. Ira (principios de 2009): Algunos se sentían engañados. Ya lo explicamos en LPD: ¡Aquí están pagando justos por pecadores [2]! ¡Exijo mi derecho constitucional a cobrar 8000 € al mes para gastármelos en droja y putas! ¡Aquí el vecino tiene una promoción de cincuenta pisos colocada y me los ha colocado a mí! Justos que pedían créditos para financiarse la casa, la segunda casa, el BMW, el BMW 4×4 para la segunda residencia, el televisor de plasma en cada habitación, … A cuenta del sueldazo de 4000 € como paleta de obra, por pecadores que recalificaban suelo en connivencia con el concejal de Urbanismo. O sea, Españistán [3].

Aún recuerdo el bochornoso espectáculo de ese gran programa que fue “Tengo una pregunta para Usted”, en la segunda participación de Zapatero [4], con un supuesto empresario mallorquín exigiéndole al presidente que el Estado le pagase una compensación por todo lo que estaba dejando de ganar ahora que el mercado inmobiliario comenzaba a hundirse.

3. Negociación (finales de 2009): bueno, sí, parece que la crisis ha llegado, pero se irá en un par de meses, ¿no? No será para tanto. Unos mesecillos de paro, o de trabajo poniendo y quitando aceras con fondos públicos, y vuelta a empezar, que aún queda mucho suelo, y muchas promociones inmobiliarias, por colocar.

4. Depresión (2010). Comienza a asumirse que la crisis está aquí para quedarse. Que no hay un modelo económico alternativo, y que es muy difícil que el mercado laboral absorba a la masa de trabajadores infracualificados (o cualificados sólo para el ladrillo), en un contexto en el que se ha venido extendiendo cada vez más, hasta casi universalizarse, la lógica de un mercado laboral que ofrece puestos infrarremunerados a trabajadores sobrecualificados: el mileurismo ha pasado de ser un mal endémico a convertirse casi en un objetivo utópico para las generaciones más jóvenes.

Es la época de las “necesarias reformas [5]” para salir del pozo y reactivar la economía. De apretarse el cinturón. De asumir la responsabilidad. Los exégetas que aún quedan de Rodríguez Zapatero han propalado esta especie: el presidente ha hecho lo que ha hecho, ha destruido totalmente los derechos laborales de los trabajadores, porque no había otra salida. O eso, o el caos. Y si las reformas le venían dictadas desde Alemania, con el firme apoyo de la banca y los empresarios, sólo era con propósito altruista y en el mejor interés de España.

La cuestión es que, un año después, no parece que esas reformas hayan mejorado sustancialmente el asunto y que España vaya de puta madre, bien a secas, o al menos no tan mal como en 2010. A mí la cosa me recuerda al comportamiento del FMI tras el estallido de la crisis asiática de finales de los noventa, que luego se extendería a Rusia y más adelante a Argentina. Primero, antes de la crisis, el FMI alababa desaforadamente a países en la ortodoxia más pura, como Argentina o Thailandia. Cuando estos países se hundían, el FMI arrugaba la nariz y decía que el problema era la ausencia de reformas para acercarse más y más a la ortodoxia. Así que los chicos del FMI se viajaban al país en cuestión, se tiraban a un par de camareras aborígenes y, de paso, a todo el país, al que dejaban hecho unos zorros, tras haber exacerbado el problema (el caso argentino parece paradigmático) con unas recetas de delirante neoliberalismo “droga dura” que, por supuesto, jamás se aplicarían a los países que regentan el FMI, puesto que aquí hablamos de poder y punto.

Aún recuerdo con una lagrimilla de emoción lo acontecido en Rusia. Tras los años de debilidad y alcoholismo funcional de Boris Yeltsin y su programa de privatizaciones “Anunciado en la TV de la Escuela de Chicago”, tomó los mandos de la nave Vladimir Putin, un hombre serio del KGB que hizo lo que tenía que hacer: edificar de nuevo la autocracia zarista. Así que en Rusia le dijeron al FMI: ¿ves estos paraguas de la KGB rellenos de polonio 210? ¿Los ves? ¿Los ves? Pues como volvamos a veros por aquí se os va a a caer el pelo en cuestión de días, y algo más. Y problema solucionado. Pero Rusia, como no hace falta ni explicarlo, es otra historia [6].

5. Aceptación (2011): de un tiempo a esta parte, comienza a estar claro que la crisis va para largo y que lo peor aún puede estar por llegar. ¡Si incluso Rodríguez Zapatero dice ahora que la burbuja inmobiliaria fue una locura y un error! ¡En 2011 se ha dado cuenta! (LPD, como en relación con casi cualquier tema, ya estuvo allí antes [7]). Al nuevo carro de la indignación con la burbuja inmobiliaria se ha subido también el ministro de Fomento, José Blanco, diciendo que los aeropuertos sin aviones y trenes sin pasajeros son una barbaridad. Todo es culpa del PP y de Aznar, que es muy, muy, pero que muy, de derechas. Como Aznar dejó el poder en 2004, debe ser que desde entonces aquí ha gobernado Izquierda Unida con apoyo de la Chunta Aragonesista.

El paisaje muestra un país plagado de promociones inmobiliarias fantasmales, sin terminar, en lugares inverosímiles. En el sector público, el exceso queda reflejado, años después, mediante el apabullante testimonio de los aeropuertos sin aviones, trenes de alta velocidad sin pasajeros y Palacios de Congresos sin público que jalonan toda la geografía española.

Habrá que ver si España logra escaparse del destino de Grecia. A su favor juega el tamaño de su economía, mucho mayor que el de Grecia, que el origen de su deuda es fundamentalmente privado y que, en resumen, Alemania no puede permitirse dejarnos caer. También está muy claro que los poderes económicos han aprovechado torticeramente la crisis para metérnosla doblada, y hasta el fondo, ante la vergonzosa connivencia del gobierno que venció en las Elecciones Generales de 2008 para cerrarle el paso a la derechona más reaccionaria de Europa.биметаллические батареи отопления [8]