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Operación Barbarrojita

Empezamos atacando duro a los ingleses, que se defendieron tenazmente y cuando menos lo esperábamos nos empataron gracias a uno de sus héroes anónimos -bueno, se llamaba Walker-. Desviamos la atención al Este y en Checoslovaquia sólo hubo que preocuparse de que estuvieran bien señalizadas las carreteras para que no se nos salieran los carros en las curvas. En Ucrania aquello fue un festín, aunque igual se nos fue la mano. Ahora espera Bielorrusia el miércoles. Vamos tan sobradetes que va a ser complicado resistirse a quemar todas las aldeas, ahorcar a los que nos miren a los ojos y levantar un gueto judío en Minsk. Nuestro general Von Paulus, por otra parte, tampoco es muy amigo de variar de estrategia.

Dijo Milla tras vencer fácil a los checos que si este once había funcionado para qué cambiarlo frente a los ucranianos. Cierto. Como cierto era que lo único que cambió de la alineación que empató con Inglaterra fue a Jeffren. El jugador, que gusta de llevar fulares, tiene todo el cuerpo tatuado con las iniciales de sus familiares y su dibujo animado de la televisión del Barça, igual que él, lleva crestita. Jeffren se comió los mocos a base de bien contra la Pérfida jugando perdido, trotón e impreciso. Al Generalfeldmarschall no le costó mucho sentarlo y sacar a Muniain en lo sucesivo. De este chico quería yo hablar.

Decían de un compañero de profesión que había ganado su puesto gracias a sus dotes para las relaciones personales y que luego resolvía, no obstante, el curro de forma poco brillante, burocrática cuando no pacata y precedible, que dada su condición de lameculos era una persona de la que nunca verías algo así como ‘ni un buen gesto, ni una mala palabra’. Luego, en otro contexto, a la hora de definir a las clases medias españolas surgidas del desarrollismo, escuché a alguien decir lo mismo de los Alcántara de Cuéntame. Esa gente que unos años atrás se limpiaba el culo con piedras cuidadosamente seleccionadas en la ribera de un río pero que una vez pagó la primera letra de una lavadora se convirtieron en ultraconservadores de los que no cabía esperar, lo dicho, ‘ni un buen gesto, ni una mala palabra’.

Pues bien. Ese no es el caso de Muniain. Secuestrado, poco menos, por el Hatlético de Bilbao cuando era un tierno púber acostumbrado a jugar en la plaza del pueblo, nunca ha medrado para llegar donde está ahora mismo. Su padre no es José Miguel González Martín del Campo ni su suegro es Cruyff, para entendernos. Tampoco le ha faltado nunca de nada, pero habiéndose hecho las primeras pajillas en la grisácea y lúgubre residencia del Atlético de Bilbao donde creció confinado llorando echando de menos a su familia -él ha confesado en entrevistas- muchas noches, se conoce que el lujo le resbala. Máxime cuando fue descubierto y promocionado por Joaquín Caparrós, caballero que se afeita por las mañanas frotando la cara contra el gotelé del pasillo de su casa. Y es por ello que este año, cada vez que se han enfrentado el Osasuna y la Real de Bilbao, Muniain ha abierto la boca y ha subido la calificación de la deuda española. Les dijo que les iba a “meter caña”, que no les debía nada, que no les tenía ningún cariño -el chico es navarro, de Pamplona para ser exactos- y la prensa venga y dale con los titulares.

Le llaman el nuevo Torres y a mí me cae bien, aunque bien puede terminar siendo el nuevo Onésimo. Pero lo importante, insisto, es su jeta de hormigón. Hago notar que al paso que vamos cuando nuestros hijos tengan nuestra edad y traten de recordar con nostalgia el fútbol de la actualidad, dirán: “¿Recuerdas cuando Guardiola felicitó al rival por haberle empatado? ¿Te acuerdas de aquel día que Del Bosque dijo que lo importante es participar? ¡Qué divertido esa jornada en la que Víctor Fernández advirtió de que le balón era redondo!”. Mientras, nuestros recuerdos de deportistas yugoslavos con tatuajes de líderes nacionalistas serbios tatuados [1] que montan la de Dios es Cristo si les toca jugar en Sarajevo, se perderán como lágrimas en la lluvia. Y yo les digo. Si ven el fútbol de forma tangencial, por ver algo de vez en cuando, vale. Pero si dedican su vida a esta formidable y despiadada pérdida de tiempo, aboguen por todo lo comprendido entre Muniaines, Mourinhos y Mihailovics (Sinisa, el Bombardero de Borovo, amigo de Arkan) por el bien de sus hijos ¡no les dejen sin infancia!

Dicho todo esto, el caso es que tenía yo ganas de ver a Muniain en este escenario internacional y, desgraciadamente, no vi nada. No porque no lo hiciera contra los checos, que no lo sé, porque ese encuentro me coincidió con el posado de la Obregón llegando por satélite y no me pude centrar en las evoluciones del esférico. Y frente a Ucrania, la verdad, estuvo discreto. Si eso, mejor que Jeffren, que podría asegurar ahora sin miedo a equivocarme que no dio una.

Esto no quita que a Ucrania la pasásemos por encima de mala manera. Vaya tostón de partido. Toda la posesión nuestra. Es más disputada la inauguración de unos Juegos Olímpicos. Sólo hubo una nota de color muy curiosa de ver en el monólogo de tiquitaca que impusimos, los ucranianos, en la única jugada que elaboraron allá por el minuto sesenta y cinco, la jodieron por darle de tacón. Se ve que la revolución naranja aquella con la que los servicios secretos occidentales querían derrotar a los servicios secretos rusos en la libre e independiente Ucrania ha hecho verdadera mella en lo que antes eran férreos y disciplinados soviéticos, que si el gol en el campo de hielo del barrio más popular no llegaba trabajado con pases en ángulo recto se consideraba troskismo, bohemia y degradación afeminada y todos los niños apedreaban al que cambiaba de banda en un sagaz giro de cintura.

Cabe destacar, por otra parte, que Ander Herrera, maño nacido en Camberra obligado a buscar trabajo en el País Vasco por la crisis y la deuda y las agencias y la Merkel, es lo más fino que tenemos. Vaya por delante que seguramente Thiago sea mejor, pero yo lo noto mucho menos audaz. No son pocos los clubes que tienen fastuosos chupones, aspiran a hacer del Santos una filial y se comen los mocos -aunque causen estragos en la Copa del Rey-. Tampoco es que Thiago chupe como Cristiano, mee siempre fuera como Guti o sea tan especial como De la Peña, pero está más en esa línea que en la del certero y excelso Ander.

Mata está viviendo su momento, ahí con los peques. De Gea hizo un penalti que no era. Me hizo mucha gracia el delantero ucraniano buscando esa pena máxima, parecía Fran Rivera con la muleta en mitad de la M-30, y una vez lograda, más por misericordia que por otra cosa, se la paró el presunto guardameta del Manchester como un antidisturbios de la Generalitat con pica-pica en el casco.

En fin, aplastante triunfo español. Sin concesiones, tocando el balón hasta el insulto, con dos centrales, Álvaro Domínguez (expulsado de la cantera del Real Madrid) y la Grace Jones blanca esa del Sporting con cinco años psicólogicos más que sus rivales ambos. Y de remate De Gea, quien preparó el europeo yéndose con su novia Edurne, la ex concursante de Operación Triunfo, a Disneyland Paris en lo que ha sido por el momento el único gesto adolescente de esta sub-21.
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