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España es Azul (VII): Moros y piratas

Para completar el análisis de la España que vota en las elecciones de hoy nos queda lo que podríamos llamar la España Exterior. Los dos archipiélagos (Baleares y Canarias), así como Ceuta y Melilla. Son zonas de las que se suele pasar. Están demasiado lejos de la península y no dan muchos problemas, por lo que pasan inadvertidas. Ya saben que los medios de comunicación nacionales tienen una visión peculiar de la realidad, muy mesetaria. Todo lo que ocurre más allá del ámbito de influencia de Madrid se ve poco, se ve sólo si afecta a los intereses de ese constructo peculiar que nos hemos dado como nación española y se ve muy deformado. La mejor prueba de ello es el propio mapa del tiempo, que durante años incluso ubicaba mal las islas Canarias. Pones en Google “mapa de España” y la primera imagen que te llega sigue en esa línea, con unas islas muy mal ubicadas. Pero da igual. Porque todo eso pilla lejos y no parece que sea demasiado grave dejarlo más o menos olvidado. La idea general que se tiene en la península (íbamos a decir, en España, pero luego la gente extrapeninsular se enfada si usas la terminología habitual) es que estamos hablando de moros (porque sí, todo lo que está en el norte de África, lo sentimos, es eso) y piratas (porque si son de unas islas, y hablan catalán, sólo pueden ser eso, al menos hasta que se hacen respetables y montan un banco o un partido político regionalista), que andan por ahí lejos y que sirven para tener lugares a los que ir de turismo (antaño de viaje de bodas, hoy a pasar semanas tontas de desempleo gracias a los beneficios sociales que el mileurismo ha reportado a esta sociedad) o que permiten exaltar el orgullo patriótico (¡somos una potencia militar, controlamos los dos lados del Estrecho!).

 

 

Baleares:

Las islas Baleares son conservadoras sociológicamente. Pero no al modo mesetario. Como cualquier conservadurismo, el balear lo es, como no puede ser menos, de lo suyo. De su lengua, de sus costumbres, de su tendencia a tomarse las cosas con calma. Nada de ello ha impedido que el PP balear (y antes AP) haya sido históricamente el partido hegemónico en las islas. Es más, la esencia del conservadurismo mallorquín está bien avenida con votar a partidos como AP o el PP de las Islas Baleares. Pero lo está porque se trata de un PP diferente al que hay en otras partes de España. Si no se lo creen, escuchen a Libertad Digital o lean El Mundo, o asistan a las críticas que se hacen a Rajoy ritualmente por consentir que su filial mallorquina ayude a la disgregación de España en temas lingüísticos.

Aprovechando una limpieza derivada de los pequeños problemas de corrupción legados por el modelo democrático español y la época de paz y prosperidad inmobiliaria, el PP presenta ahora a un gonella en toda regla por primera vez en su historia. Un gonella es un facha españolista de los de toda la vida, que enviaba a los hijos a estudiar a Madrid para que no se contaminaran con los al·lots de poble venidos de Inca o Manacor, que para disimular se disfraza de “mallorquinista” defensor a muerte de la esencia pura, prístina y española (que vendría a ser lo mismo) de las islas. Ya saben, que si el mallorquín es una lengua diferente del catalán y que, en consecuencia, lo que hay que hacer es usar sólo el castellano y eliminar la enseñanza en mallorquín y cosas de esas. El PP nunca en la vida se habría podido permitir el lujo de presentar un candidato así si no estuviéramos en un contexto de desplome de la izquierda, a nivel social, europeo y español, como el que tenemos. Porque puede costar muy caro. De todos modos, tampoco conviene dar demasiada importancia al detalle. Por muy gonella que sea quien manda en el partido, el partido no lo es. Y eso garantiza el contacto con el país y que los votos al PP tampoco faltarán, aunque a cambio no podrá aplicar el programa de máximos que querría poner en práctica Esperanza Aguirre. El problema de las autonomías es ése, fíjense. Que Esperanza Aguirre no les puede decir a los mallorquines cómo enseñar a sus hijos o en qué lengua. Así se rompe España, día tras día.

Con todo, siendo el PP el partido dominante en Baleares, no es hegemónico. Lo que sí es hegemónico es el conservadurismo, que ha ganado siempre las elecciones. Sin embargo, la izquierda ha podido, como en la actualidad, gobernar Baleares en dos ocasiones gracias al apoyo táctico prestado por Unió Mallorquina, una formación clientelar y apegada al terruño, de centro-derecha, mallorquinista, poco amiga de la confusión de las islas con el resto de España y muy sólidamente implantada. Siempre ha obtenido un apoyo notable, entre el 5% y el 10% de los votos, y su implantación rural en algunas zonas de la isla de Mallorca es muy importante. Algo que el clan de Felanitx, tan importante en los 80 en la isla, nunca llevó muy bien. Este partido, viendo cómo fueron fagotizadas fuerzas semejantes como UV en Valencia o el PAR en Aragón lo ha tenido claro en las últimas legislaturas: siempre lo más cerca posible del poder, pero si soy la llave entre la izquierda y el PP, por muy de centro derecha que sea mi votante, me largo con la izquierda. Mi electorado no lo ve mal, porque esos del PP son poco de fiar, y además me evito el abrazo del oso.

Estas elecciones, con todo, son las primeras en que el panorama no cuenta con UM, que ha sido desarticulada por la Guardia Civil. Ya saben nuestros lectores que, en España, en estos años, corrupción y robo de dinero público, normalmente asociado al urbanismo, ha habido sólo en la zona levantina, que dicen en Madrid. Porque son unos piratas. Y hablan raro. La Guardia Civil se ha llevado esposados a los calabozos a dirigentes foralistas del PP valenciano, a gente de Convergència i Unió y en general a todo el que se haya movido cerca del mediterráneo con ánimo recalificador. Pero con ciertos límites. No habrán oído de detenciones de relumbrón en los partidos mayoritarios de Murcia o Andalucía. Obviamente, tampoco en la meseta o en Madrid porque, como es sabido, ahí no hay corrupción. En cambio, la Guardia Civil ha estado muy activa desarticulando a UM, que ha visto cómo iban pasando por el cuartelillo casi todos sus líderes de los últimos cuatro años, incluyendo a nuestra admirada Sa Princesa Munar. Fue empezar a hablar esta gente, como la izquierda nacionalista, del déficit fiscal y la cosa se desencadenó en dos días. El mensaje a los mallorquines es claro: haced como siempre, pasad un poco de este tema, que a fin de cuentas vivís bastante bien con eso del turismo y a cambio de que nos paguéis unos miles de millones cada año os dejamos tranquilos y nos metemos poco en vuestras cosas. Ése es el pacto, y el PP balear, por ejemplo, lo entiende a la perfección. Y hay armas de intimidación eficaces para hacerlo cumplir. Que por mucho que los jueces tengan la desagradable costumbre de acabar poniendo algo de sordina a los éxitos policiales (recientemente han declarado limpio al presidente de la Diputación de Alicante al que se detuvo con una espectacular operación policial y sobre todo mediática) la cosa, si se hace bien, funciona. UM ha desaparecido y ese espacio político ya queda a disposición de los dos partidos nacionales. Por mucho que haya surgido una coalición renvada que aspira a pillar alguno de los restos del naufragio.

El PSOE de les Illes, partido hegemónico de la izquierda, ha consentido estas operaciones impuestas desde arriba aunque sabe que le condena a la oposición por 4 años y a saber cuántos. Aunque el futuro no está escrito. Ya hay movimientos del sector menos gonella del PP balear por construir algo con los restos de UM y a lo mejor Bauzà acaba logrando, a poco que se ponga talibán con el tema de la lengua, que le aflore un partido de centro-derecha cachas en el futuro. A esa esperanza se agarra el socialismo balear.

Mientras tanto, Esquerra Unida ha desaparecido del mapa fagocitada electoralmente por el PSM, nacionalismo mallorquín de izquierdas en origen pero cada vez más centrado. Estabilizados en torno al 10% de los votos, también aspirar a pescar algo en la disolución de UM, que han celebrado con entusiasmo que se descubrirá esta misma tarde como ingenuo y apresurado. El desgaste del PSOE les puede hacer crecer a medio plazo, pero lo más normal es que las cosas sigan como casi siempre. Ya hemos dicho que las islas son tranquilas y conservadoras. Las cosas van a su ritmo y se salen pocas veces del guión habitual.

 

Canarias:

Las islas Canarias, el otro archipiélago, es el que se encuentra en el imaginario colectivo español al este de Melilla, allá por el norte de África. Lleno de moros. Ya dijimos en algún análisis de elecciones autonómicas, allá por 2003, que de Canarias los españoles pasamos a base de bien [1]. Y pusimos ciertos ejemplos de desinterés en lo que pretendía ser una acción irónica que reflejaba la manera en que desde España se ve (o, mejor, se no-vo) a las islas. Sufrimos tal cantidad de correos y comentarios de lectores canarios indignados que aprendimos la lección: las islas están lejos, pero Canarias es España. Y son tan godos como el primero en lo importante: regionalismo pacato incapaz de entender una broma que pueda interpretarse como crítica con uno mismo (aunque en el fondo fuera una denuncia de ciertas actitudes hacia ellos).

Con eso de que están lejos, son medio moros medio sudamericanos y nadie se entera demasiado de lo que pasa por allí porque desde que entramos en la UE ni siquiera sale a cuenta viajar a Tenerife a comprar un transistor, los canarios consiguen lo que los baleares pero con el mérito añadido de que ni siquiera tienen que pagar una pasta anual en transferencias fiscales a cambio (a Canarias España le mete pasta para que no tengan la tentación de escuchar los cantos de sirena de Mohammed VI): les dejamos que hagan lo que les dé la gana y no nos preocupamos en exceso por cómo se las apañan.

Eso ha generado un sistema con tres partidos de perfiles ideológicos cada vez más difusos, de implantación territorial muy dispar y de potencia electoral a la postre muy parecida. Entre el 25 y el 35% de los votos se suelen mover siempre tanto PP y PSOE locales como Coalición Canaria, conocida simpáticamente en Madrid como Corrupción Canaria porque, ya se sabe, las cosas que hacen el PP y el PSOE por la gobernabilidad y el desarrollo del país a veces son corrupción si las lleva a cabo, en cambio, otro partido. Ya hemos hablado de este tema al referirnos a Baleares, pero los partidos dominantes en España, PP y PSOE, declinan la corrupción como verbo irregular: yo (PP o PSOE) me lo curro para defender los intereses de los ciudadanos, intermediar entre empresas y Administración y facilitarles el trabajo para que creen riqueza; tú (le dice el PP al PSOE o el PSOE al PP) eres un sinvergüenza que te financias irregularmente y amigo de los chancullos, ellos (cualquier partido que no sean estos dos) son unos delincuentes profesionales que no hacen política sino prácticas mafiosas y a los que hay que meter en la cárcel. El caso es que Canarias, de lejos, ha vivido los episodios al uso, incluyendo la novedad de las dos últimas legislaturas de que las imputaciones también pueden llegar a presidentes del PP periféricos (en este caso, lo del señor Soria, como es sabido, también acabó judicialmente liquidado y en agua de borrajas, en medio de un ridículo importante de la Fiscalía). Pero en realidad Coalición Canaria no es tan diferente a los PP o PSOE locales. Complementarios, con una red y tejido social alternativo y ya está. Mientras que CC está muy implantada en Tenerife e islas cercanas, lo está mucho menos en Las Palmas y su provincia, donde ha surgido con músculo desde hace años y tiene mucho poder local otra coalición, Nueva Canarias, que no tiene en cambio representación hasta la fecha debido a una ley electoral, la canaria, absolutamentye kafkiana, que no deja a los partidos tener representación hasta que no son mayoritarios en alguna de las islas (o alcanzan, al menos, un 30% o así), según nos han explicado. Sin embargo, esta vez podrían entrar. Y a partir de que lo logren por primera vez es posible que se estabilicen como habituales, dando lugar a un sistema de poder basado en cuatro partidos que han de llegar al poder por la vía de pactos y componendas complejas donde tiene más que ver el tema personal y la complementariedad de las redes que el tema ideológico.

Hay, además, un elemento central en todo esto. Coalición Canaria, sea el primero de los tres partidos grandes, sea el último, tiene una cosa clara. O gobiernan y ponen presidente ellos o no hay pacto. Como PP y PSOE no han llegado todavía al punto de decir que CC además de corrupta es la ETA no pueden presentar a los ojos de España un pacto, con lo cual saben que alguno de los dos acabará ofreciéndole a CC lo de siempre (normalmente el que queda por debajo de CC, pues eso hace más presentable el apaño) y el Presidente de Canarias está llamado a ser siempre un regionalista. Así pasó hace 4 años, por ejemplo, a pesar del triunfo (bastante holgado) del PSOE. De modo que lo que voten en concreto los canarios hoy dará un poco igual, pues gobernará CC. Históricamente, por lo demás, CC se podía permitir incluso cambiar de pareja según quien  mandara en Madrid. Porque el partido pensaba que así se podía “vender” el apoyo al Gobierno de turno y recibir alguna cosilla más que poder publicitar ante el electorado como un logro de gestión. Como estos años el PSOE ganó con mucha diferencia y hubieron de pactar con el PP sí o sí, han podido descubrir que tampoco pasa nada por mantener pactos diferentes aquí y en Madrid, lo que es la cuadratura del círculo a efectos de liberarles si cabe más para pactar.

De hecho, los mayores riesgos para CC vienen de su propio magma social, del surgimiento de movimientos regionalistas alternativos con fuerza en algunas islas, respondiendo a la lógica de redes, familias y clanes. Porque negociar a 4 siempre es más complicado que hacerlo 3, sobre todo si tú eres el tercero con todos los ases en la manga.

Ceuta y Melilla:

Más moros, pero con alma española. Tras el susto dado por el GIL en ambas ciudades hace años, y la demostración de D. Jesús y los suyos de que ellos eran capaces de integrar a lo que hiciera falta (moros, rojos, antiespañoles) para mandar, las cosas han vuelto a la normalidad. Previa desarticulación judicial, pero algo es algo. Uno de los momentos más divertidos de la política española ha sido la acusación de que Gil lo que quería era especular inmobiliariamente… ¡en Ceuta y Melilla! y que por eso había que pararle los pies. Sabido es que tanto Ceuta como Melilla cuentan con mucho territorio alrededor para recalificar y que, como meca turística que son, todo el mundo tiene ahí depositadas sus zarpas.

Pero vamos, que salvo esta anomalía, hace dos décadas largas que la lógica de la “ciudad asediada” y en riesgo de dejar de ser española, amén de la cantidad de funcionarios primados y militares que las pueblan, garantizan mayorías absolutas al PP de dimensiones sólo equiparables a las de Murcia (o a las que se prevén en Valencia).  Y cada cosa que hace Mohammed VI en plan agresivo, pues más votos al zurrón. No parece que la cosa vaya a cambiar pero, lo que es más notable, tampoco se atisba ningún elemento que permita un cambio estructural de futuro. Todo lo más, la evidencia de que el PSOE es incapaz de hacer oposición y no sabe por dónde tirar, con lo que es la izquierda más cañera, aliada con la población musulmana y partidos que a puntito están de ser confesionales (en una alianza rarísima) la que marca el paso. El debate gobierno – oposición en nuestras “plazas africanas” es cada vez de forma más clara un debate entre “españoles y católicos” en un lado, con los “no españoles” y los “no católicos” en otro. Y un debate con muy poca transversalidad. Vamos, que el contexto es un poco feo y muy poco político, en el fondo. Pero probablemente no se puede esperar otra cosa de unas ciudades muy mal encajadas en el proyecto social y cívico que es (o debería ser) España.translation english russian free [2]pr продвижение сайта москва [3]