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Batallas municipales (VII): Granada

Llora como socialista lo que no has sabido defender como oposición, por Manuel Jácar

En Granada, cada 2 de enero, se celebra la tradicional fiesta de la Toma, conmemorando la entrada en la ciudad de los Reyes Católicos tal día del año 1492. En la Plaza del Carmen, a las puertas del Ayuntamiento, se congregan alegremente los muchachos de Falange, a un lado, y al otro un grupo heterogéneo de difícil definición en el que se unen independentistas andaluces, anarquistas y hippies varios, fundamentalmente Erasmus que no saben irse a ensuciar a sus países, si uno le pregunta a la policía municipal. Los unos para celebrar el Imperio y los otros para denunciar la fiesta por racista, xenófoba y, es de suponer, madridista.

Acude también una representación del Mando de Adiestramiento y Doctrina (MADOC) del Ejército de Tierra, que tiene su sede en la ciudad y lleva su propia banda de música, además de ir encabezada por el teniente general Francisco Puentes Zamora. En 2010, los anarquistas, independentistas andaluces o lo que sean, chavales con infancias difíciles en general y que no se lavan, abuchearon el himno nacional con sonora fanfarria. A Puentes Zamora se le calentaron los humos y se dedicó a pegarles voces, con el consiguiente jolgorio en las filas falangistas, que saltaron en defensa de ‘su’ ejército.

Puentes Zamora en acción

En 2011, Puentes Zamora, que al fin y al cabo dirige el organismo destinado a la I+D de nuestras gloriosas y humanitarias Fuerzas Armadas, maquinó un magnífico plan para evitar que el incidente –que había provocado él– se repitiese, proponiendo un acto de conciliación a ambos bandos, falangistas y ‘bishos’, aunque a cada uno por su cuenta. Al presidente de Falange Española de las JONS de Granada le propuso, simplemente, hacerse una foto con él saludando a la bandera una vez acabado el acto. Sencillo detalle que retrata la afable figura de Puentes Zamora, que el día de San Juan suele organizar, a eso de las 12 del mediodía, ‘una copita’ para celebrar la onomástica de su majestad Campechano I.

El tema es que lo de retratarse con la bandera, por parte de los ‘bishos’, era más complicado, porque lo más probable es que la arrancasen del pendón y se measen encima. Además, el tema se complicaba porque, al contrario que los falangistas, estos no tenían un presidente, caudillo, portavoz o lo que sea. Así que llamó al portavoz de una ong contra el racismo y a un sindicalista que estaban multados por mirar mal un día al alcalde, o algo así, y les ofreció que, si aceptaban no gritarle a la bandera, en cuanto llegasen a la plaza, los saludaría militarmente. Para que así los falangistas “los respetasen”.

La cuestión es que, primero, a los ácratas comeflores estos se la sudaba un poco, la mitad ni se enteraron, y además no son conocidos por su puntualidad. Y, por otro lado, la policía nacional y la local, cada una por su cuenta, se dedicaron a parar e identificar, así al voleo, a cualquiera que ese día se hubiese levantado sin afeitar, fuese negro o llevase pantalones pirata que no fuesen de color blanco. Así que el teniente general Puentes Zamora, con uniforme de gala, que no se daba besos a sí mismo por no excitar los más bajos instintos de la tropa, se encontró con cinco estudiantes, digamos, más o menos emporrados, con un símbolo anarquista dibujado en un folio de libreta y pegado con fiso en una valla de seguridad. Y como es hombre de palabra, pegó dos taconazos y los saludó militarmente, que daba gusto verlo. Los pocos falangistas que ya estaban allí y la soldadesca todavía se están recuperando.

La foto con los cascajos falangistas saludando a la bandera junto a “su” teniente general, huelga decirlo, se produjo. Puentes Zamora, mientras se marchaba, se cruzó con el alcalde de la ciudad, don José Torres Hurtado, que se dedicó a repartir abrazos entre la alegre muchachada seguidora del movimiento a una hora en la que esperaba que no hubiese nadie cerca para dar fe del episodio. Algún periódico nacional y todos los locales tienen fotos del hecho en sí. Les invito a comprobar si alguna se ha publicado.

Granada es, pues, una ciudad de orden.

Las encuestas le dan al PSOE un batacazo que, si no llega a histórico, va a ser porque el partido lleva sin ganar unas elecciones en la ciudad desde 1987, y a nadie le va a extrañar si acaba de tercera fuerza o algo así. Ninguna le otorga al PP menos de los 16 concejales, sobre 27, que ya tiene. Alguna lo pone en 18.

Esta aplastante mayoría que acabará sacando el señor Torres Hurtado se explica por el carácter muy apegado a su propia historia del granadino. Me refiero, por supuesto, a su propia historia a partir de 1492, y no antes, que eso era la morería y, probablemente, la ETA. Torres Hurtado, conocido como ‘cagarrecio’ en Piñar, su pueblo natal –un sitio donde una vez al año todos sus habitantes se disfrazan de extras de ‘En busca del fuego’ y lo llaman promocionar el turismo rural–, es un señor educado en los maristas, como Federico Trillo, y con gusto por hacer ostentación de su ‘sencillez’.

El modelo de ciudad del PP es convertir Granada en el parque temático para guiris más grande del mundo. Su campaña electoral, que es, por otro lado, constante, consiste en echarle la culpa de todo lo que no funciona en la ciudad a Zapatero o a Griñán y en azuzar la más bajuna y miserable avaricia del granadino. Un granadino modelo que, a tenor de lo que se deduce de dicha campaña pepera, es un tendero o propietario de un bar, beato, cateto, avaricioso, miserable y putero. Y su señora, a juego, está encantada con ello.

La promesa estrella de este año –en 2003 fue conseguir una exposición universal que todavía estamos esperando– es construir un túnel en el cerro de La Sabika, bajo la Alhambra, y luego conectarlo con el monumento en ascensor, un ascensor que aparecería en pleno Patio de los Aljibes. La idea es que con esa “conexión peatonal”, el turista estaría “obligado a pasar por la ciudad, y así compraría algún recuerdo, se tomaría algún café… y eso son puestos de trabajo”. El Patronato de la Alhambra lo controla la Junta de Andalucía, o sea el PSOE, o sea, ETA. Y por eso dicen que no, porque odian al honrado empresario granadino. Y la Unesco, lo mismo.

La lista del PP no tiene desperdicio. Incluye a un concejal en ejercicio con dedicación exclusiva que sigue teniendo una empresa de eventos a su nombre, la cual recibió hace pocos meses la explotación de los palcos de Semana Santa de la calle Ángel Ganivet. Obra estrella a primeros de este año fue la reforma de dicha calle, total, ni que el Ayuntamiento no acumulase una deuda de 270 millones de euros, que es culpa de Zapatero, además. El número 4, que figura como independiente, fue el candidato del PA en 2007. La número 8 está imputada por falsedad de documentos. Y la 15 (puesto de salida, recuerden) dimitió al conocerse que había sido militante del PSOE hasta unos meses atrás. Cosas veredes.

Capítulo aparte merece el número 2, Sebastián Pérez, presidente provincial del PP de Granada que aspira a serlo también de la Diputación provincial y es teniente de alcalde en ejercicio. Directivo de Metrovacesa, entre otras cosas, Pérez es conocido por sus grandes frases en los mitines, tales como “Los socialistas no se enteran de que Andalucía es la tierra de María Santísima”. En la penúltima retirada de Miguel Ríos, anunció el concierto de despedida en Granada dándole un abrazo que todavía le está dando dentera a media ciudad. Ríos, por supuesto, puso la mano, fuese, y no hubo nada.

Más cosas. En 2009, el Ayuntamiento aprobó una ordenanza llamada “de la convivencia” que fue la primera en Andalucía y la segunda en España en multar la prostitución callejera. Además, se metía, como quien no quiere la cosa, un montón de medidas destinadas a mantener las calles limpias de vagos y maleantes, tales como multar cualquier reunión de más de 20 personas que no tenga permiso, o a los mimos, músicos callejeros, los graffitis –aunque tengas permiso del dueño de la casa donde pintas– y a los negros en general. De 300 euros para arriba, pudiendo llegar a 3000.

En la Zona Norte, que son cinco barrios a cada cual más marginal –incluido Cartuja, distrito universitario–, ni el Ayuntamiento ni, justo es decirlo, la Junta de Andalucía han hecho nunca el huevo por impedir que se convierta en una pocilga de sitio para vivir, donde los clanes gitanos de la droga campan a sus anchas. Al PP le vale con comprarse unos cuantos votos y poner una escuela de flamenco para cumplir. Al PSOE con que a sus candidatos no los atraquen y violen cuando se pasan por allí.

En fin, a este sin Dios de ciudad, donde las gitanas del Sacromonte –barrio donde Emasagra, empresa de aguas municipal, te cobra 3000 euros por instalar el desagüe que a todo ayuntamiento le obliga la ley a poner– abrazan al alcalde llorando por ponerle una estatua en un bulevar a María la Canastera, se tenía que oponer el PSOE. Ya ves tú. El PSOE.

En 2007, se presentaba el excelentísimo señor don Javier Torres Vela, nacido en la provincia de Jaén. Como quiera que no pilló cacho, se marchó a los seis meses rumbo a ninguna parte, dejando al partido más desnortado de lo que ya estaba. En tres años de legislatura, los pobres concejales pringados, nueve del patíbulo, lo más parecido a hacer oposición que les salió fue quejarse porque al Granada CF no se le daban subvenciones suficientes, que a ver si no iba a subir a Primera. El resto era, básicamente, “el granadino odia a la izquierda, así que intentemos parecer lo menos de izquierdas posible”. Cosa que clavaron.

Desde donde se le ha dado todo el por saco posible a Torres Hurtado ha sido desde la Junta de Andalucía. Lo han puteado hasta niveles tan indecibles como absurdos, de manera que le han dado la campaña hecha. El alcalde sólo tiene que quejarse de que todo lo que va mal en la ciudad es culpa de Zapatero y ya está.

El candidato actual, Francisco Cuenca, es conocido como “el de las gafitas ese que se presenta por el Soe” entre los granadinos. Su trayectoria política previa a la candidatura ha consistido en ser el niño mimado de Francisco Álvarez de la Chica, actual consejero de Educación de la Junta de Andalucía. Antes de eso, De la Chica era el secretario provincial del PSOE en Granada, pero salió escopetado a la que Griñán le abrió la posibilidad, ya que simplemente pasaba a mandar desde lejos lo que antes mandaba desde cerca, pero se ahorraba el marrón de comerse los muchos y muy variados casos de corrupción del partido en la provincia o papelones como el de la ‘fusión fría’ de CajaGranada.

Lo de la caja es otra historia que no desarrollo por no aburrir, pero que prueba la actitud granadina –o que los políticos atribuyen a los granadinos– de “antes que muerta que pa Sevilla”. Así que, efectivamente. Muerta.

Digamos que Paco sabía que lo iban a proponer candidato desde, que te digo yo, finales de 2009. Sin embargo, la proclamación oficial no llegó hasta julio del año pasado. ¿La razón? El mismo Cuenca no tenía ni puñeteras ganas de presentarse, las bases no lo querían por venir impuesto desde arriba y todo esto espoleaba las ambiciones de lo peorcito del PSOE granadino, useasé, el señor César Girón, elemento de difícil catalogación que, para que se hagan ustedes una idea, diremos que deja a PP Bono como un marxista-leninista de los de la vieja escuela.

Cuenca, en fin, ejerció desde 2007 hasta poco menos de un mes antes de las elecciones como delegado provincial de la Consejería de Economía e Innovación. Vamos, que le pagaban por salir en la foto, porque este señor el único título que tiene es de profesor de educación física. En plena campaña, ha saltado la liebre de que su señora creó, fíjate tú por donde, una empresa de “gestión cultural” en el mismo 2007, y que desde el primer día empezó a hincharse de contratos con ayuntamientos gobernados por el PSOE. El cuñado de esta criatura, María del Mar Franco, se llama Pablo Suárez y hasta 2009 fue director de museos de la Consejería de Cultura. El escándalo –que tampoco es para tanto, porque en principio no hay nada ilegal y a ver cómo prueba usted el tráfico de influencias– igual hasta le ha hecho un favor. Ahora los granadinos se saben su nombre, y el partido ha cerrado filas. Por lo menos hasta el día 22, que ya se oye de fondo el sonido de las navajas afilándose.

Así las cosas, IU se las promete muy felices pensando en crecer a costa del previsible costalazo de los socialistas. El techo de representación de la coalición son 4 concejales, por dos que tiene actualmente. Igualarlos sería un éxito que no está nada claro que vayan a conseguir, sobre todo porque cada vez que lo dicen demuestran que les viene bien que gane el PP. El candidato, Francisco Puentedura, es un señor curtido en las peleítas de las asociaciones de vecinos que está ahí porque el número dos de la lista en las anteriores municipales, Manuel Morales, un aspirante a Bernard Henri-Levy de la vida que si va a al campo se pone poncho, se fue a ejercer de coordinador provincial –y así poder ir de guay sin quemarse mucho– y a la candidata de 2003 y 2007, Lola Ruiz, la “dimitieron” por decir, básicamente, que demostrar tan descaradamente que se aspiraba a pillar silloncito a base de demagogia barata y pactar con el PSOE, más que ser de izquierdas, era ser unos impresentables.

Por ahí le anda un señor que se llama Mario Ortega, portavoz andaluz de Los Verdes que pretende sacar “el primer concejal verde en una ciudad importante fuera de Cataluña de la historia de España”. Tiene calculado que le hacen falta 6000 votos. Y pide por favor que no lo mezclen con las minorías en las crónicas periodísticas. Un tipo supertierno, porque parece que se cree lo que dice, aunque a saber. Por cierto que un par de propuestas se las ha plagiado Paco Cuenca. Literal. Un asesor del campaña del PSOE cortó y pegó párrafos enteros del blog de Ortega en varias notas de prensa y programas electorales.

También están Jesús Valenzuela, último concejal del PA en salir elegido, allá por 1999, y que duró lo que suele durar el PA en cuanto accede a un pacto de gobierno –el temible ‘tripartito’ PSOE-IU-PA ante cuyo recuerdo las señoras mayores se santiguan en los mitines de Torres Hurtado–: una legislatura. Y Mayte Olalla, la candidata de UPyD, que dice cosas tan sensatas que lo más probable es que no la vote ni Dios. Luego hay cosa que se llama “Llamamiento 2011 por Granada”, que incluye a media universidad y a la rebotada de IU, Lola Ruiz. Han elegido el orden de la lista por sorteo, debatido el programa en asamblea en lugar de cortipegarlo y se presentan, fundamentalmente, por joder, así que tampoco los va a votar nadie.

Un panorama que sería desolador de no entender uno que al granadino, en el fondo, como buen católico, le gusta sufrir para ganarse el cielo.

Manuel Jácarphoto to cartoon [1]загран [2]