- La Página Definitiva - http://www.lapaginadefinitiva.com -

La batalla municipal. Madrid: Trono de sangre

Existe la duda de si el voto en las elecciones autonómicas y municipales de Madrid viene determinado por las políticas de la presidenta y el alcalde y las objeciones de la oposición, o por los acontecimientos recientes que hayan sucedido en las colonias de ultraebro. No se equivoca quien se queja de que en Madrid lo que ocurre en el País Vasco y Cataluña invade la opinión pública a golpe de megáfono durante todo el año, hasta un punto en que las políticas municipales o de la comunidad son ecos lejanos completamente secundarios. Tampoco se equivoca, por otro lado, quien señala que por razones puramente sociológicas, o por las dimensiones de la ciudad, el residente en la capital generalmente viene de fuera y las mejoras o escabechinas que se puedan perpetrar en la misma le dejan indiferente. En ambos casos es el devenir de la política nacional lo que decide a qué siglas votar. Y en esta ciudad la política nacional se expresa en los términos de las idas y venidas de ‘la ETA’ y lo que hagan ‘los catalanes’ -siempre desde el punto de vista de que Cataluña no es España, sino de España-, y esto es lo que empuja a votar a ‘los nuestros’ y no a ‘traidores e hijos de puta’ y viceversa.

Todo esto no quita que el alcalde de Madrid sea una de las personalidades políticas más conocidas del país. Alberto Ruiz-Gallardón ya tenía una carrera fulgurante en los ochenta, cuando era el delfín del mismísimo Fraga. Era el niño maravilla. Con aspecto de querer ser el primero en todo y el que más y mejor trabajaba. La fórmula le debió funcionar porque siguió haciéndolo todo perfecto y requetebién hasta cuando le encargaron la investigación interna del Caso Naseiro, episodio en el que muy bien podría haberse dejado llevar por la pereza y la flojera si lo que quería era hacer carrera en el PP. Se cuenta que desde aquel día muchos dirigentes le cogieron gato por su osadía en la autocrítica a los compañeros y como Gallardón nunca ha ocultado su ambición de dominar el mundo tirando por lo bajo, pues todos los que medran en este partido se han cuidado muy bien de tenerlo apartadito sin dar la lata.

Y el sótano en el que se encerró al monstruo fue ni más ni menos que la Comunidad de Madrid, cuya deuda aumentó en un 300%, para llevarlo después al Ayuntamiento, cuya deuda aumentó un 500%. Un gasto con el que se ha llevado a cabo uno de los mayores cambios en la historia de la ciudad y que se podría decir que da al fin por concluida la obra del Conde de Mayalde, el alcalde que comenzó a inyectar coches cepillándose los bulevares para meter dos carriles más. Lo que pasa es que nadie se acuerda de esto porque como este alcalde también fue el embajador en Alemania en los años cuarenta, invitó a Himmler a los toros y redactó el censo de los judíos españoles lamentando que “por su adaptación al ambiente y su similitud con nuestro temperamento poseen mayores garantías de ocultar su origen”, según cita Javier Reverte, o porque gustaba de salir de noche a darle palizas a homosexuales, según aparece en al Wikipedia, sus pecadillos en el ámbito municipal están olvidados y perdonados y se le ponen calles, avenidas y colegios, como es costumbre en la región con personalidades de este peso.

El caso es que tras los bulevares desaparecieron los tranvías y después los trolebuses para dejar paso a cuantos más coches mejor. Cuando la situación empezó a ser preocupante, llegó Álvarez del Manzano y empezó a hacer pasos subterráneos y aparcamientos. Gallardón tomó el testigo con gran satisfacción y ahora, con la garantía que da la deuda de que no se acometerán más proyectos de envergadura, podemos decir con orgullo que tenemos una ciudad sumamente avanzada para… 1971. Es gracioso. Resulta que no sólo cuatro chalados piden medios para poder circular en bicicleta, sino que es lo que se hace en las capitales europeas y en España Zaragoza, Valencia o Barcelona ya lo tienen funcionando. Después de tanto gasto ahora estamos atrasados.

Pero que nadie se asuste. Gallardón viene al rescate y éste es el punto fuerte de su programa: un carril bici. Hasta ahora en la ciudad se habían trazado vías para bicicletas con el mismo espíritu con el que se acota una zona de un parque para uso infantil y se la dota de columpios y toboganes. Una serie de caminillos serpenteantes plagados de obstáculos, escalones, desapariciones sin señalizar, pensados para actividades de fin de semana, no para ir a trabajar en bicicleta. Cosa que imposible no es, siempre puedes ir por la calzada, el problema es que quien más quien menos se ha encontrado en algún momento de su vida un ciclista tirado en un charco de sangre y no a todos les alcanza el valor para meterse en el corazón de la bestia en hora punta. En cuanto al anillo que rodea la ciudad, camino de la sierra, las salidas y entradas de la autovía son trampas mortales. En la de Colmenar, por ejemplo, se dejaron la vida unos cuantos ciclistas. Por eso, para que se pueda fomentar el uso de la bicicleta sería precisa una separación física. Si uno ha de confiar su seguridad a la educación vial de los conductores de la capital es mejor que haga funambulismo en las cataratas del Niágara. En cualquier caso, las fotos de Gallardón en bicicleta en los periódicos fueron acompañadas de cierta reflexión sobre la falta de fondos en el Ayuntamiento hasta para afrontar un proyecto como éste. No puede ni ponerle fecha al servicio de alquiler de bicicletas, aunque si hubiera que celebrar una olimpiada la semana que viene no faltarían instalaciones. Sólo la Caja Mágica, 170 millones. Ha hecho tanta obra que ya ni tiene para el servicio ‘Mybici’ que hay en cualquier ciudad de las que nos tienen envidia.

Y son obras muy bien acompasadas con la vida política. El soterramiento de la M-30, como no llegaba para las pasadas elecciones, se tuvo que hacer con tanta prisa que le costó la vida a algunos trabajadores. Una vez revalidada la mayoría absoluta, paso a ocurrir lo contrario. El proyecto Madrid Río iba a ser el caramelito de éstas y, para que coincidiera, se tuvo que parar las obras convirtiendo toda la zona en un bardal durante tres años para acometerlas al final de la legislatura y llegar a hace unas semanas con el proyecto recién acabadito.

La locura constructora en la capital no ha sido un asunto baladí. Excede hasta las llamadas ‘faraonadas’ del alcalde. Hay multitud de obras sin acabar y lo que te rondaré morena. En la zona de Canal tiraron el polideportivo a los vecinos para levantar una maravilla del siglo XXI y al final no pudo hacerse. Destruir para no hacer nada. Como enfrente les hicieron un campo de golf en mitad de la ciudad, ya pueden pasear por la acera hasta que la situación económica lo permita, una frase que se escucha mucho. En La Latina, por el contrario, los polideportivos se quedaron sin mantenimiento, se caen a cachos y están ocupados por indigentes. Alguno inaugurado con toda pompa en las elecciones anteriores. Una solución involuntaria a la indigencia, que fue el primer debate de precampaña lanzado por Gallardón: Esconder en otra parte, él dijo ayudar, a los mendigos aunque no quieran, porque la asistencia hay que darla aunque sea contra su voluntad, explicó, precisando que al menos no se los llevaría la policía, sino el Samur. Concretamente, prohibir por ley dormir en la calle. En su día, Álvarez del Manzano avanzó en este sentido partiendo en dos todos los bancos con reposabrazos de hierro. ¿Saben quién se sacó una foto en uno? Paul Simon. Y tampoco están muy bien los que no son mendigos. Madrid es una de las ciudades donde mueren más ancianos solitarios sin poder ser atendidos. Gallardón se ocupó personalmente de esto nada más llegar al cargo en 2003: prohibió de forma expresa informar a los medios de comunicación de este tipo de fallecimientos. En una ocasión, unos jóvenes pintaron un graffitti con su cara. En menos de veinticuatro horas unas excavadoras echaron el muro abajo. Que sube la contaminación a niveles no permitidos por la Unión Europea y te ves obligado a recomendar que los ciudadanos no hagan footing, pues mueves los centros de medición, los pones en mitad de la Casa de Campo y, cuando vuelves a hacer la media, los niveles están perfectamente dentro de lo soportable. Claro que, aún así, se ha vuelto a sobrepasar el límite cuando no llueve…

El tema de los mendigos enlaza directamente con la idea de fomentar aún más el turismo en la ciudad. El asunto se ha debatido alguna vez en el pleno. La oposición recordaba al alcalde que en los barrios no turísticos también vive gente, pero él tiene un lema que dice que detrás de cada turista hay un madrileño trabajando. Y por si acaso, él ya se ha situado en el Palacio de Telecomunicaciones de Cibeles en unas obras que han costado 125 millones. Sólo su despacho, de 78 metros cuadrados, 25 millones. Desde la terraza, el alcalde presume de que puede distinguir su casa a lo lejos y así se lo dijo a la prensa en la inauguración. No es el único palacete en el que trabajan nuestros funcionarios. La Junta Municipal de Hortaleza tiene su sede para hacer la trazabilidad de los alimentos y dar licencias a nuevas mercerías en Villa Zacarías Homs [1], un espacio con aspecto de hotel marbellí donde es insultante que no haya un centro social o de mayores, pero mejor no abrir la boca porque entonces la salida lógica en estos tiempos es privatizarlo. Eso ha ocurrido con el Canal de Isabel II, el agua que bebemos. Una empresa perfectamente saneada que se va a privatizar. La única batalla en la que Esperanza y Gallardón han ido de la mano. Así es el alcalde, liberal en lo político, que luego te casa unos gais, que en su día te apoya la guerra de Irak. Aunque hay quien dice que este hecho, por algún casual, no solía aparecer en los medios de Prisa. Para despejar dudas, Gallardón dio una calle a Polanco un mes después de su fallecimiento.

En cuanto al paro y la crisis, se imprimieron unos manuales recomendando no ir de compras bajo de ánimo o elaborar platos con las sobras de otros. Una página web informa de los objetivos cumplidos del programa del alcalde. Muchos de los que figuran, ni siquiera existen. También había un problema con los taxis. A determinadas horas en determinadas fechas, no había. Se dieron más licencias y se permitió contratar conductores para que el taxi no deje de rodar las veinticuatro horas. Ahora los taxis no saben si circular vacíos gastando gasolina o quedarse en las paradas con cinco o seis compañeros. Solución, acaban de aprobar un límite de horas por taxi, que parece que irá por tacógrafo, y todos los conductores contratados, muchos de ellos parados de la construcción metidos en agradables jornadas nocturnas de doce horas, a la calle.

Y todo esto para coger a Zapatero por las solapas el día del desfile para pedirle más dinero. La guerra contra Esperanza Aguirre, que le llamó hijo de puta en un descuido con micrófono abierto en el asunto de Caja Madrid, no entiende de cifras. Es la verdadera batalla para él en estas elecciones, sacar más porcentaje de voto que la lideresa, pues sus miras siguen puestas en gobernarles a todos ustedes, sí, los que ahora se están riendo de la suerte que corre la capital. Es vox populi que si gana Rajoy su marcha a los asuntos del Estado será inevitable. En 2008 no pudo ser y amenazó con dejar la política, pero como tiene tanta vocación de servicio no llegó a cumplir la promesa. No obstante, y hete aquí la paradoja, que gane Gallardón y que luego pierda Zapatero, es el principio del camino para que la izquierda recupere el Ayuntamiento. Si esto sucede, sería la número dos en las listas quien se hiciera cargo del consistorio: Ana Botella. La esposa del ex presidente, que ahora hace vida intelectual, según ella, recuerda mucho a la Esperanza Aguirre de Caiga Quien Caiga, aquella que, a la primera, perdió la Comunidad contra Simancas e Izquierda Unida. Ana Botella, responsable de mover las estaciones de medición de la contaminación del aire, preguntada por los niveles nocivos para la salud alcanzados replicó que “más asfixia el paro” y “que le pregunten a los parados si les preocupa la contaminación”. También ha echado la culpa de la suciedad de la calle a los vagabundos y en una ocasión en la que una polaca le dijo en un acto que era absurdo limpiar con máquinas y con personas a la vez, contestó que eso en España se llama “limpieza general”, que a ver qué tendrían en su país. En el caso del río, a raíz del tema de la pobreza de fauna que lo habita, zanjó el asunto así: “Hay una cosa que se llama microbiología, en el agua, en el núcleo de agua más insignificante usted tiene cantidad, miles de distintas especies”.


“El fundamentalismo climático es una desgracia” (Vanity Fair)

Estas cosas movilizan al electorado de izquierdas. Y es, hoy por hoy, la única luz al final del túnel que pueden tener PSOE e IU. Los socialistas presentan al que fuera consejero de Educación y Deportes de la Comunidad, Jaime Lissavetzky, con una lista elaborada cuidadosamente por Tomás Gómez. Sólo un nombre ha metido don Jaime, aparte del suyo. Todos los que apoyaron a Trinidad han sido erradicados. Lissavetzky vivió en primera persona las salvajes luchas entre guerristas y renovadores de la FSM. A un guerrista que apoyó firmemente a Tomás Gómez, Cabaco, se lo han puesto de número cinco. 18.000 afiliados tiene el PSM por 90.000 del PP, que sigan discutiendo entre ellos. Por otro lado, Lissavetzky, en su cargo de secretario de Estado para el deporte no se ha lucido precisamente. Palmero de los proyectos olímpicos de Gallardón, con él se ha rebajado el presupuesto para la lucha contra el dopaje, operaciones como la Puerto han quedado con más sombras que luces, fue con Rubalcaba, con quien veranea, a ver en directo colgarse medallas por primera vez a atletas en el ocaso de sus carreras, que luego, vaya, estaban en la Operación Galgo, pero a Odriozola ni tocarlo, que, hombre, también veranea con el ministro del Interior y él en Asturias. Pinchen en la etiqueta que lleva su nombre en Ciclismo 2005 [2] y extraigan sus propias conclusiones. Lo más benevolente es tildarle de otro gran mediocre político profesional. Si les digo que está contestando las entrevistas con símiles deportivos…

Luego, con Izquierda Unida, Lissavetzky mantiene la batalla de lo que se llama “la calle”. Se tiran a firmar pacos y acuerdos con las asociaciones de vecinos. Pero éstas sólo representan hoy por hoy a unos cien mil ciudadanos por un millón y medio de votantes. El meollo se encuentra en estos comicios en los inmigrantes. Son 300.000 votos en la Comunidad de Madrid y 250 asociaciones de nada que, estás sí, votan como un solo hombre , pero éste es un capítulo a analizar en la próxima entrega sobre las autonómicas. Sobre UPyD, un tal Luis Velasco me ha enviado una carta en un sobre rosa contándome literalmente que no promete milagros, ni el paraíso, pero sí las grandes reformas que necesita España ¿Qué les parece el prenda? Su candidato a alcalde, David Ortega, sólo pactará con quien reforme la ley electoral, como debería hacer IU, y devuelva la competencia de Educación al Estado, lo que ahora mismo significaría acercarla a la ETA y los pérfidos catalanes ¡horreur!

translator russian polish [3]youtube language translator [4]