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Dispositivo antisilbidos para la final de Copa

Esta vez no ocurrirá. Hace dos años la providencia quiso que la final de la Copa de SM Campechano I se disputase entre el Barcelona y el Athletic de Bilbao. Y pasó lo que tenía que pasar. Esta gente, antiespañola como la que más, se apresuró a silbar -¡silbar!- impunemente el himno [1]. Y claro, pues en TVE dieron la orden de que aquello se cortara, maquillaron la posterior redifusión en diferido de la interpretación del himno (en un silencio pétreo, reverencial, sin silbidos) y luego se cargaron a un par de responsables de Deportes, al parecer responsables de todo aquello. Meses después, y por si acaso, Alberto Oliart, a sus 84 años, pasaba a ser el encargado de gestionar RTVE, ante el alivio de Su Majestad: a partir de ahora, las cosas se harían mucho mejor.

Y, en efecto, así será. Con el infame recuerdo de 2009 aún cercano, la RFEF ha tomado medidas para impedir que algo así pueda repetirse el próximo miércoles, en la final Real Madrid – Barcelona que se celebrará -como hace dos años- en Mestalla. Claro está que no se duda de la buena voluntad de los seguidores del Madrid (los otros, ya se sabe [2]), pero se teme que puedan reaccionar a las provocaciones de los energúmenos barcelonistas, armando más barullo aún y, en suma, emborronando la interpretación del himno y la entrada de SM en el estadio. Y para que algo así no pase, la RFEF ha dispuesto instalar unos dispositivos de megafonía que permitirán que el himno ahogue cualquier protesta habida y por haber [3], ante el chorro de 100.000 vatios que la Federación arrojará contra la Antiespaña, y que se estima que podrá oírse a lo largo y ancho de la ciudad de Valencia [4]. Y si la gente que hay en el estadio se queda sorda, pues que se jodan: ¿no queríais ensordecer el himno? ¡Pues ahora el himno os ensordecerá a vosotros!

Desde los tiempos de Evasión o Victoria que no veíamos nada tan original e innovador. Evasión o Victoria (la resumo por si alguien ha tenido la suerte de esquivarla hasta el momento) es una película de John Huston en la que Sylvester Stallone era el portero y Pelé el delantero centro de un equipo formado a partir de un grupo de prisioneros de guerra, a los que los nazis obligaban a jugar un partido en París contra la selección alemana. Circunstancia que ellos aprovechaban para tratar de huir en el descanso, pero claro, los alemanes los tenían calentitos, el público estaba con ellos, y pues decidían terminar el partido y ganarlo.

Lo interesante de la película (además de que, como acabo de descubrir, está “basada en hechos reales [5]“) era que, como el público francés estaba abrumadoramente en contra de los nazis (ya ven que toda relación de la película con la realidad es pura coincidencia), éstos utilizaban la megafonía del estadio programando aplausos y abucheos enlatados para enmascarar la realidad, que subían y bajaban en volumen a su antojo.

¡Qué malvados eran los nazis! Pero esto es distinto, pues se trata de una buena causa. Y además, abre una interesante veta de actuación de los poderes públicos, si éstos saben aprovecharla. Por ejemplo: cada vez que salga un catalán en la tele, que se sobreponga el Himno a sus declaraciones. Cada vez que alguien abra la boca para criticar a Telefónica, o al Banco Santander, o a Florentino Pérez, le ponemos el Himno, y que se joda.

El Himno es una forma tan candorosamente eficaz de darle a alguien en la cabeza con Españaza que puede condimentar cualquier acción en pro de la libertad de expresión bien entendida. Por ejemplo: cada vez que alguien niegue la existencia del Holocausto en tono inequívocamente jocoso, no sólo montamos una infame campaña de prensa contra él conducente al cierre de su blog [6], sino que lo sustituiremos por un blog dedicado a reproducir el Himno constantemente (y si se tercia, pues ponemos también la letra esa tan bonita que en su día aprobó la SGAE [7], y que desgraciadamente no prosperó). Cada vez que la masa social afín a un grupo terrorista quiera presentarse a unas Elecciones cumpliendo la Ley de Partidos creada para demostrar que todo es defendible en democracia si se renuncia a la violencia, pues les decimos que no y además les ponemos el Himno. Cada vez que alguien quiera montar una manifestación pro ateísta en plena Semana Santa [8] (¡en plena Semana Santa!), totalmente hiriente para con los sentimientos religiosos vulnerados por el hecho de poner en duda la verdad revelada que nos comunica la Fe, pues la prohibimos y, además, ponemos el Himno. ¡Y Santas Pascuas!репутация в интернете serm [9]загранпаспорт нового образца список документов [10]